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Un tal Dardo Pereyra

Hoy hace 39 años que murió Dardo Pereyra. Nacido el 18 de febrero de 1910, —años difíciles— en Monroe, un pueblo actualmente casi desaparecido, a 20 kilómetros de Salto en la Provincia de Buenos Aires, estación del ferrocarril San Martín, ramal Rawson – Arribeños. Tengo pocos recuerdos transmitidos de su niñez, hizo sus estudios primarios, creo que entonces eran 3 años, sobreviviendo apenas en esa época a una fiebre tifoidea. Alguna vez me mostró una casa, cercana al actual balneario municipal de Salto, donde transcurrió parte de su niñez, frente al río, cuando el agua del manantial, —luego adjudicado a Pancho Sierra, santo y prócer lugareño— discurría entre las toscas elevadas del margen izquierdo del río.

Recordaba de esa época, la visita clandestina de un tío, hermano de su madre, que llegó una noche a visitar a la hermana y partió antes del amanecer, era un “gaucho renegado” al estilo de Juan Moreira, perseguido por la justicia, no sé por qué crímenes, que le dijeron no mucho tiempo después murió enfrentado en duelo criollo con un sargento de la policía, ambos murieron, contaba la historia, “uno sobre el otro, en cruz…”

Abuelo Vicente Pereira

Don Vicente Pereira

Su padre, Vicente Pereira, hijo de portugueses, (la “i latina” se perdió cuando en los registros civiles de principios del siglo XX no se prestaba mucha atención al tema, por lo cual tanto Dardo como sus hijos, pasaron a ser Pereyra con “y”), contaba que escapó al reclutamiento forzado para la lucha en los fortines, ocultándose en un tanque de agua elevado de la estancia “La Paloma” de los Pacheco Alvear, terratenientes de la zona. Fue arriero, hombre de campo toda su vida, curtido, una cicatriz surcaba su cara, la historia cuenta que provocada por un vengativo que quiso cobrarse una vergüenza que le había hecho pasar, dándole un hachazo con su cuchillo mientras dormía con su apero como almohada, dicen que lo corrió facón en mano hasta que la sangre en sus ojos no le permitió ver como para alcanzarlo. Murió en la década del 40.

Borbonia

Borbonia Quiroga

Su madre Borbonia Quiroga, altiva, cultivada —se conserva alguna carta con buena letra y prosa— personaje entrañable a la que llegué a conocer muy poco, murió en el 62, su familia provenía de la zona de Cuyo me contaron; había tenido una amiga que había estado cautiva de los indios y logrado finalmente escapar reintegrándose a la vida en el pueblo de Salto, fortín de avanzada en las épocas de finales del siglo XIX.

Vicente y Borbonia

Borbonia y Vicente

Dardo tuvo cinco hermanos, dos varones uno mayor y uno menor y tres hermanas.

Peón de campo en su juventud, Dardo hombreaba bolsas, jugaba al fútbol y bailaba muy bien el tango, lo cual le proporcionó el apodo de “Tangón”. Seductor, con sus trajes de casimir y sombrero “gacho” como el que usaba Carlos Gardel, exitoso con las chicas de la época y con algunas señoras también, acumuló peleas por celos, fugas en las oscuras noches de los pueblos vecinos y otras historias que mi vieja, risueña, contaba a veces.

Dardo Pereyra

Dardo en Luján

Con amigos

Con amigos (abajo a la izquierda)

Fue peón golondrina, (aquellos que viajaban en los trenes cargueros, a veces sobre los techos de los vagones, hacia pueblos donde había cosecha y la posibilidad de ganar unos pesos), recuerdo que me comentó, que entre otros sitios, había andado por Quequén en el sur de Buenos Aires.

Año 1931 ingresa al servicio militar, con su metro ochenta, su ancha espalda y siendo excelente jinete, fue destinado al Regimiento de Granaderos a Caballo, conociendo por primera vez Buenos Aires en ese año, contaba que recorrían con los compañeros los lujosos prostíbulos de la capital, con sus mujeres europeas en batas de seda y luego terminaban —por lógica— en algún modesto cuchitril, donde alguna criolla le haría olvidar por un rato a su familia y amigos, para esa época, a la incómoda distancia de 180 kilómetros.

Granaderos 1931 1

Segundo arriba de izquierda a derecha

La foto del desfile muestra a los granaderos el 9 de julio de 1931, acto presidido por José Félix Uriburu, que había derrocado el 6 de septiembre del año anterior al presidente Hipólito Yrigoyen.

Granaderos 1931 3

Desfilando el 9 de julio

Por esas épocas supongo, habrá transcurrido un hecho policial en su familia, su hermano dos años menor, Manuel, le había disparado con su “38” un balazo, a alguien con quien había mantenido una disputa en la calle principal de Berdier, frente al “Restaurant Pira”, propiedad de mi abuelo materno. Enterado de los sucedido por boca de su hermano, tomo el revólver y fue a ver si el herido, en caso de haber sobrevivido pensaba hacer la denuncia, en cuyo caso preveía volver a usar el arma para terminar con el problema, por suerte la víctima decidió dejar todo como estaba y la única resultante fue la requisa del Smith y Wesson 38 a manos de la policía, pérdida que siempre lamentó, (eran épocas en las cuales volver a caballo por las noches a la casa, por caminos rodeados a ambos lados por maizales o sombríos montes, hacían de un buen revólver una compañía deseada).

Restaurant Pira

Restaurant y Hotel Pira con las banderas de Argentina y Cerdeña

Paseando un día con él por la vereda del ya abandonado restaurant y hotel de mi abuelo, me mostró el agujero que había dejado en una de las paredes, la bala después de rebotar en las costillas del antiguo rival de la familia.

Documento 06 1941

Dardo en 1941 (Cedula de Identidad)

Alrededor de los 30 años se casó con Octavia Pira, mi vieja, hija de inmigrantes de Cerdeña, que contaba en ese momento con 20, comenzando otra etapa ya mucho más dura, de su vida.

Dardo y Octavia

Dardo y Octavia

Trabajaron duramente, en la localidad de Brandsen, como ayudantes de un capellán mayor del ejército  en tareas de limpieza y mantenimiento de lo que supongo sería una chacra en las afueras de la ciudad.

Más tarde recalaron en Buenos Aires, sé por cartas que se intercambiaban y que aún se conservan, que estuvieron dolorosamente separados un tiempo —habiendo nacido ya mi hermano mayor, en el año 48, (segundo hijo, pues uno anterior murió al nacer o muy pequeño)— Dardo se vino a buscar trabajo para luego de establecido, volver a vivir juntos.

Logrado esto se radicaron en Ciudadela, —Estación ferroviaria al Oeste del Gran Buenos Aires— en un ambiente que estaba destinado a cochera, de la casa en la que vivía su hermano menor Manuel.

De ese sitio fue secuestrado una noche por la policía, en las oscuras épocas de la llamada “revolución libertadora”, durante una serie de eventos que culminaron con los fusilamientos del General Valle y en José León Suarez de 12 civiles, el 9 de junio de 1956, como represalia a un levantamiento contra el gobierno militar —buscaban en realidad a un primo de él que vivía en un sitio cercano y pertenecía a la resistencia peronista contra el régimen— y luego de varios días en la comisaría de Ciudadela, donde negaban su presencia a la familia, fue trasladado a la cárcel de Olmos, donde permaneció un par de meses bajo amenaza de fusilamiento inminente.

Segunda vez que estuvo a punto de morir por ser peronista, aunque ni siquiera estaba afiliado al partido; la primera había sido cuando, trabajando en la fábrica Mercedes Benz, fue trasladado con sus compañeros en ómnibus hacia la Plaza de Mayo el 16 de junio de 1955, —día del criminal bombardeo y ametrallamiento contra la casa de gobierno y la población civil, perpetrado por la aviación naval con el objetivo de matar o derrocar a Juan Domingo Perón— cuando las bombas comenzaron a caer estaban ya en el centro, a pocas cuadras, pero lograron detener los ómnibus y huir a salvo.

En alguno de los inolvidables paseos que hacíamos cada tanto los domingos, durante mi niñez, me mostró los agujeros de la metralla naval en los frentes cubiertos de granito del actual edificio de la AFIP frente a Plaza De Mayo.

Llegado el año 1958 nace su segundo hijo —yo— y se mudan a Haedo, también en el Oeste del Gran Buenos Aires, a una casa de un cuñado que estaba deshabitada, sobre la Avenida Gaona aun de tierra, a metros de donde hoy se encuentra el Showcenter de Haedo, trabaja en la fábrica de telas plásticas Plavinil en Villa Lugano de la Ciudad de Buenos Aires, saliendo de casa cada día a las 4 de la mañana para retornar a las 17 hasta que se jubiló. En dicha fábrica —contado por mi madre— le ofrecieron el puesto de capataz, ascenso que declinó por no querer mandar sobre sus amigos y compañeros de trabajo, me lo contó con orgullo, aun sabiendo que ese ascenso habría significado una mejoría en su estándar de vida, pero para él siempre prevaleció la idea del compañerismo por sobre los bienes materiales, —que les eran escasos— reflejando su elección la forma de vida elegida, sobre la cual nunca se permitió transar.

1963

Año 1963, Alberto, Juan Carlos, Octavia y Dardo en el cumpleaños de un vecino.

Allí vivió el matrimonio y sus dos hijos hasta el año 1967; luego que le anoticiaran que debía devolver la casa, lograron comprar en cuotas, un terreno a pocas cuadras y con mucho esfuerzo y la ayuda de vecinos y familiares se levantó la que fue la primera casa propia, utilizando dos paredes medianeras antiguas existentes y contando con la mano de obra de algún albañil, lento pero económico, que fue levantando el resto de las paredes de las dos habitaciones, baño y cocina que conformaron la vivienda. Recuerdo el día que se techó, día de solidaridad de familiares y amigos y correspondiente asado.

Esa es la época que mejor puedo testimoniar por haberla compartido. En esa casa, a través del primer televisor que tuvimos, teniendo él la edad con la que cuento ahora, —en ese momento yo tenía 11—  vivimos la llegada del hombre a la luna, cuestionada su realidad después, pero inolvidable para quienes lo presenciamos entonces.

Eran tiempos de vecindario en formación, había muchos terrenos aún baldíos en esas manzanas y era común la amistad y ayuda entre vecinos, con los chicos jugando hasta tarde en la noche en la calle, primero de tierra y más tarde asfaltada, mientras los padres y madres tomaban mate y charlaban mientras espantaban los abundantísimos mosquitos que por allí pululaban.

Se organizaba cada tanto un asado multitudinario siendo siempre él, el encargado de la parrilla, al igual que en Plavinil, donde esa tarea siempre estuvo a su cargo con reconocimiento y agradecimiento de sus compañeros.

De esos tiempos recuerdo muy intensamente las manifestaciones de sus pasiones, el tango, Boca Juniors y Perón.

El tango lo llevaba consigo todo el tiempo, los silbaba o cantaba mientras hacía alguna tarea y lo bailó con destreza y buen gusto toda su vida.

Con el fútbol tenía una sufrida relación, por ejemplo, recuerdo que llegó a  permanecer puteando a un tal Curioni, un jugador de Boca desafortunado en la concreción de los tantos, hasta media hora luego de haber finalizado el partido, por haber errado un par de goles que habrían definido el resultado a favor de su equipo, escuchaba los partidos por la radio portátil, caminando de un lugar a otro e insultando a viva voz a quien correspondiere en cada situación.

Respecto a su fervor peronista, la historia involucra a un vecino extremadamente anti peronista —vulgarmente conocido como “gorila”— que cada 16 de septiembre, aniversario del golpe militar que había derrocado a Perón en 1955, colgaba en una de las ventanas de su casa, que daba a la calle, una bandera argentina; don Dardo, como lo llamaban los vecinos, pasaba una y otra vez por la vereda, silbando lo más fuerte que le salía la “Marcha Peronista”, que identificaba a Perón y su pueblo, con la esperanza que el gorila vecino saliera a increparlo, pero… Pese a que cada año lo hacía, pasando capaz diez veces en el día, el susodicho nunca asomó ni la nariz de su casa.

En el año 73 falleció con 53 años de edad, Octavia, su compañera durante más de treinta años a la cual seguía llamando “Tavita” y ella a él “Dito”, haciéndose él a partir de ese momento cargo del hogar, con todo lo que conllevaba, nunca le oí quejarse de su suerte. Ya jubilado utilizaba algún terreno que aún quedaba sin construir vivienda en él, para, con permiso de los dueños, hacer quintas en las que sembraba tomates, lechuga, zapallitos, ajo, cebollas y todo lo que era factible cultivar en pequeña escala, disfrutando todos de excelentes verduras en calidad y cantidad, provenientes de su labor.

Fueron esos años en los cuales lo llegué a conocer mejor, ya llegado el momento de mi servicio militar, cuando charlábamos mientras le cebaba unos mates en tanto él regaba las plantas de la quinta de turno o cuando compartíamos un whisky mientras veíamos por la noche el partido de Boca de la fecha después de cenar.

Dardo en los 70's

Dardo en los años 70

Lamentablemente llegó ese 14 de julio de 1978, tenía 68, cuando una operación luego de estar un tiempo internado en el Hospital Posadas, terminó con sus días, capaz la enfermedad, capaz el cirujano, quizá el anestesista… Algo provocó que ese viaje al quirófano fuera el último que emprendiera, tras una noche que tuve la suerte de compartir con él en el desvelo del miedo a la operación que vendría, donde charlamos como amigos, en voz baja, con la luz tenue que entraba desde las ventanas de la habitación, hasta que llegó con la mañana, el momento de la despedida…

Pocos días atrás había terminado el mundial de fútbol del año 1978, que había ganado Argentina, mundial controvertido, utilizado como tapadera por el gobierno militar de turno para cubrir sus asesinatos y violencia institucional, pero siempre para mí un recuerdo grato, porque fue su última gran alegría, un sueño hecho realidad como futbolero fanático que fue.

Dardo fue un hombre que hizo un culto de la humildad, la amistad y el compañerismo, buen marido, buen padre, querido por familiares y vecinos, conciliador pero firme en sus convicciones, cabrón cuando se le daba, pero por sobre todo buena persona, ese fue don Dardo Pereyra, mi viejo.

Juan Carlos Pereyra

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Berdier – Estación abandonada

Berdier es una estación de ferrocarril ubicada la localidad del mismo nombre, en el Partido de Salto, Provincia de Buenos Aires, Argentina.

Fue construida por la Compañía General de Ferrocarriles en la Provincia de Buenos Aires en 1908, como parte de la vía que llegó a Rosario en ese mismo año.

Estación de 1ª categoría, habilitada para todos los servicios, perteneciente al Ramal G del Ferrocarril General Belgrano. Su ubicación se halla en el kilómetro 196 del ramal a Rosario.

Debe su nombre a Agueda Pacheco de Berdier, antigua propietaria de las tierras de la zona. En el año 2010 el INDEC determinó una población de 177 habitantes.

Se encuentra ubicada en el partido de Salto, al norte de la provincia de Buenos Aires, y unos 10 kilómetros al sudoeste de la ciudad de Salto.

Ubicación geográfica: 34°24′00″S 60°16′00″O

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