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Pueblo Emberá – Historia / Cosmogonía

Chocó fue el nombre que los conquistadores dieron a los nativos del litoral Pacífico. Entre ellos estaban los que se autodenominaban Emberá (“Gente”) ocupando las cuencas medias y altas de los ríos Atrato y San Juan y los afluentes orientales del río Baudó.

El pueblo Emberá estaba integrado por cuatro grupos principales, de los cuales se han desprendido los actuales grupos dialectales:
• Tatamá. En el alto San Juan y sus afluentes Sima y Tatamá.
• Citará. Alto Capá y Atrato.
• Cimbará. Medio San Juan.
• Grupo habitante de los afluentes orientales del río Atrato.

Los grupos compartían la lengua, la cosmovisión jaibaná, la movilidad territorial, el gobierno no centralizado, la cultura selvática y la estructura social, con unidades familiares como base de su sociedad y unidades más amplias para tareas cooperativas. Su economía se basaba en la agricultura itinerante del maíz, caza, pesca y recolección.

Además, se distinguían los grupos por su relación con el medio geográfico (bida: existencia):
• Eyabida. Gente de montaña   Eyo: Parte alta de la montaña y las laderas.     Emberá Chamí
                                                                                                                                                                  Emberá Katío
• Dobida. Gente del río                 Do: Río.
• Pusabida. Gente de mar           Pusá: Mar.
• Oibida. Gente de selva              Oi: Monte, selva adentro.

Con el establecimiento de la Gobernación de Nueva Andalucía, Alonso de Ojeda fundó el 20 de enero de 1510 el poblado de San Sebastián de Buenavista, en el margen oriental del Golfo de Urabá, estaba a cargo del más tarde famoso Francisco Pizarro. Hacia fin del año de su fundación, Núñez de Balboa la traslada al margen occidental, a Santa María de la Antigua del Darién, primer éxito colonizador en Tierra Firme. Se iniciaba el proceso de conquista y con ello la fragmentación de los territorios y cultura Emberá.

El carácter segmentario de su organización social les permitió resistir a la colonización de su territorio. Para rechazar las expediciones europeas se agrupaban bajo la autoridad de jefes de guerra temporales, o se dispersaban a sitios más inaccesibles.

A principios de siglo XVII, con los Emberá debilitados por las guerras y la viruela, se establecen los primeros centros para la extracción de oro en forma aluvial en el Alto San Juan – Nóvita y Sed de Cristo, los principales -, los emberá son utilizados como mineros y resultan víctimas de las guerras por el control de las minas.

En la segunda mitad del siglo XVII, se intenta la pacificación de la región por medio de las misiones, jesuitas en el San Juan y franciscanos en el Atrato. Estos últimos decidieron implantar el corregimiento, los castigos y la obligación de estar en los pueblos, hubo protestas y levantamientos disueltos por el ejército español; los nativos se dispersaron formando núcleos autónomos, explicando este hecho su supervivencia y la amplísima dispersión territorial que hoy presenta.

Entre 1718 y 1730, se crearon nuevas poblaciones en el alto San Juan y en el Atrato, incentivándose la colonización aurífera. A lo largo del siglo XVIII hubo constantes levantamientos nativos contra los españoles que respondieron con entradas de su ejército hasta consolidar su dominio. Las fundaciones posteriores de Dabeiba (1850), Puerto Rico (1876), Monte Líbano (1907), Tierra Alta (1913), profundizaron la desintegración de los resguardos Emberá.

A mediados del siglo XX, comienza una nueva etapa de fractura de la comunidad Emberá, al encontrarse sus territorios incluidos en el ámbito de la violencia generada por las guerrillas (FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), ERG (Ejército Revolucionario Guevarista), ELN (Ejército de Liberación Nacional) y el ejército colombiano.

La dispersión de las comunidades emberá condicionaron desarrollos disimiles, a partir de los contextos naturales en los que se albergaron y condicionados también por el tipo de poblaciones y de interacciones que afrontaron y que ejercieron diferentes influencias en cada grupo asentado en diferentes territorios. Hoy los encontramos distribuidos en en Colombia, Ecuador y Panamá. A pesar de ello, mantienen una cohesión a nivel cultural con elementos de identidad muy fuertes como su idioma, tradición oral, jaibanismo, y estructura social.

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El Universo Emberá y el Jaibanismo

Los emberá consideran a Dachizeze (Tatzitzetze, también conocido como Ankore), como el ser primordial, masculino/femenino, creador de todos los elementos y los primeros seres.

Engendró a Caragabi quien dio origen a los Emberá y a su mundo, ordenando el cosmos y permitiéndoles el acceso al agua, al fuego y a los alimentos.

Trutruica, era el dueño de Armucura (mundo subterráneo), según algunas versiones era también creación de Dachizeze; según otras nadie le dio existencia, y en ese sentido era semejante a Dachizeze.

El Universo Emberá esta compuesto de tres niveles principales:

1. El mundo de Caragabi. Algunos lo llaman “Mundo de las cosas azules”. En él residen Dachizeze, Caragabi, una serie de seres primordiales y el alma de los muertos.

2. Armucura. Mundo gobernado por Trutruica, debajo del humano, en ellos habitan los jai (esencias, espíritus).

3. Mundo del hombre, que vive en constante enfrentamiento con los jai y los seres primordiales.

En un principio, la relación entre el mundo humano y el de Caragabi era buena, los hombres podían acceder a él por una escalera, pero cuando no cumplieron con los tabúes, se rompió la posibilidad de visitar el mundo de arriba. A partir de ese momento, sólo los jaibanás (chamanes) pueden acceder a los niveles esenciales.

Los jai del mundo de Trutruica, son agentes de la enfermedad y la agresión, pero también de la curación y protección. Entre los jai están los “dueños” de cada especie animal, a los que el jaibaná invoca para propiciar su abundancia o ahuyentarlos.

Entre los jai más importantes, se destacan:

Antumía: Jai maligno, equivalente al demonio. Considerado también espíritu del agua.
Pakore: Madre del monte, custodia las cacerías.
Nusi: Pez gigante.


Representaciones del los jai, según los jaibaná del noroccidente de Antioquía.

Izquierda: Antropomorfas. Las figuras con doble línea de color rojo representan espíritus poderosos, las que tienen círculos o puntos representan jai disfrazados de serpiente.
Derecha: Zoomorfas. La representación de la fauna no se diferencia mucho de los jai con forma de animal.
Trabajo de campo de Sergio Carmona, publicado en “Percepción y representación gráfica del mundo Embera del noroccidente de Antioquia”, Seduca 1988.

El Jaibaná

La interacción con los espíritus jai, esta a cargo de los jaibaná, quienes continúan la labor de Caragabi. Los tratos de los jaibaná con los jai garantizan las actividades fundamentales de la sociedad y la continuidad de los ciclos naturales, estableciendo a la vez la territorialidad de las comunidades. Los jaibanás pueden penetrar en la esencialidad de todas las cosas presentes en el universo, entablar comunicación con ellas, y volverlas sus aliados para curar o agredir.

Jaibaná puede ser hombre o mujer, sin ningún tipo de particularidad. Inicia su aprendizaje desde niño, guiado por un maestro, un jaibaná sabio y poderoso. Gran parte de su enseñanza le es transmitida por el maestro apareciendo en sus sueños, permitiéndole ver por encima de los límites del tiempo y la distancia. En su comunicación con los jais conocen las propiedades curativas de las plantas.

El jaibaná realiza una serie de ceremonias cuyo fin es la comunicación con los jai. Estas se realizan en las noches y deben tener los siguientes elementos de parafernalia ritual: bebidas embriagantes para los jai; bastones de madera, tallas de curación, hojas, totumas, pintura facial y corporal. El jaibaná las oficia sentado en bancos de madera generalmente tallados con la figura de un animal.

La ceremonia curativa recibe el nombre de “canto del jai” . El jaibaná se sienta en su banco sosteniendo sus bastones con la mano izquierda y agarrando una hoja de palma en su derecha comienza a cantar, como lo hará rítmica y sostenidamente durante toda la noche, hasta terminar su tarea. Llamará a los jai dueños de la enfermedad para que, a sus órdenes y bajo su control, saquen el jai de la enfermedad y alivien al enfermo. Al final, los jais se marchan llevando el jai causante del mal, el cual ha quedado ahora bajo control del jaibaná.

También realizan curaciones de casas, de la tierra para su siembra y cosecha, del río y la selva cuando los recursos son escasos. Su poder se amplía a los fenómenos naturales, produciendo provocar lluvias, rayos, truenos, tempestades e inundaciones y hasta temblores de tierra.

Entre sus ritos más sobresalientes está la “ombligada” que se le practica a los niños en luna llena, pocos días después de nacer, aplicando diferentes sustancias sobre su vientre. Dicen que con este ritual, los niños adquieren fuerza para cazar, pescar y navegar. Celebran el bautizo de los niños, la iniciación de los adolescentes y la cosecha.

Creación
Dachizeze o Ankore
Ser primordial,
femenino/masculino.
 
Caragabi
Da origen a los Emberá y a su mundo.
Trutruica
Opuesto a Caragabi, con el mismo poder.
 Niveles del Mundo
1.  Mundo de Caragabi
De las cosas azules, residen Dachizeze, Caragabi, seres primordiales y el alma de los muertos.
Jabainá (Chamán).
Controla las esencias y entabla relación con los diversos mundos.
2. Humano
Habitado por los emberás, que sufren el constante enfrentamiento entre los jai y los seres primordiales.
3. Mundo de Trutruica
(Armucura)
Habitado por los jai (espíritus).

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Pueblo Ayoreo – Cultura / Religión

También conocidos como morotocós, moros, corazo, kursumoros, samococios, coroinos, potureros, guarañocas, yaniaguas, tsirákuas, takrats, o zamucos. Los guaraníes los llamaban “talón enfrente”, por la creencia de que tienen otro talón a cambio de dedos en los pies.

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Líder ayoreo (“dacasute”) identificado por su gorro elaborado con piel de jaguar.

La primera mención de gentilicio ayoré aparece en 1955, para referirse a grupos ubicados al norte de San José de Chiquitos en Santa Cruz, Bolivia.

La autodenominación -que significa “personas”- varía en función de número y sexo: ayoré (femenino singular), ayoréi (masculino singular), ayorédie (femenino plural), ayoréode (masculino plural). A los que no son de esta etnia, los llaman cojñone: “los que hacen cosas raras, sin sentido”.

Hábitat: El territorio tradicional de los ayoreos era la región del Chaco septentrional, entre el sudeste boliviano y el norte paraguayo. Organizados en más de cincuenta grupos locales, con liderazgos independientes, abarcaban unos 300.000 Km² entre los ríos Paraguay, Pilcomayo, Itikaguasu o Parapetí y Guapay o Grande; desde las serranías de Chiquitanía, en Bolivia, hasta la zona que ocupan en la actualidad las colonias mennonitas del Chaco central paraguayo (a la altura de Filadelfia).

Área Cultural: Gran Chaco (América del Sur).

Lengua: Zamuco

Ayorr

Familia Ayoreo actual

Para el ayoreo su territorio, el monte (“eami”), es un ser vivo que los cobija y se ilumina con su presencia, formando con ellos un cuerpo. Eami les da lo que necesitan y les protege, y ellos lo cuidan. Tan preciado tesoro, lo fueron perdiendo a manos del hombre blanco. Primero los jesuitas lograron reducir un grupo y fundar la misión de de San Ignacio de los Zamucos (1724), que en 1745 debió ser abandonada, ante el fracaso de los misioneros por cambiar sus hábitos de vida. Lograron continuar aislados hasta 1930, cuando los aprestos de la Guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay, que tenía epicentro en su territorio, provocaron que muchos huyeran al norte, a tierras chiquitanas, donde los encuentros eran geneneralmente sangrientos. Finalmente hacia 1950 comienza la expulsión masiva de sus territorios, intereses de los cojñone (extranjeros) en sus territorios, y misioneros católicos, mennonitas, y evangelistas, los fueron detectando en el monte y obligándolos a sedentarizarse.

Hoy en día, se han establecido en grupos locales, que los misioneros continúan adoctrinando. Quedan aproximadamente 6.000 ayoreos repartidos en Bolivia y Paraguay; y pequeños grupos – aproximadamente 100 personas- que siguen rechazando el contacto, son los “silvícolas”, o “indígenas en aislamiento voluntario” que mantienen la manera de vivir ancestral.

Los sedentarizados se han unido, peticionan el reconocimiento de un territorio binacional, donde los que aún no ha sido contactados sean respetados: “Vamos a solicitar al Gobierno nacional que respete a los compañeros que se encuentran en la selva. Pedimos una reserva territorial para salvaguardarlos”

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En violeta: Áreas con presencia de “silvícolas”, ayoreos que viven en aislamiento.

Organización Social

Los grupos locales y sus territorios no eran permanentes, cambiaban dinámicamente, divisiones provocaban a veces la desaparición de un grupo, la constitución de otro nuevo, o uniones entre grupos diferentes y cambios de nombres con nuevas definiciones de territorios.
Había más de cincuenta grupos, cuyos jefes tenían poder de decisión en situaciones extremas, en la vida cotidiana las decisiones eran consensuadas. Carecían de una organización común, sólo con fines bélicos hubo confederaciones temporales bajo un liderazgo único.

Según la tradición Gedé (el sol), héroe cultural ayoreo, decidió que había siete diferentes grupos de pertenencia, e instituyó que los matrimonios debían celebrarse entre distintos clanes (sibs), y que los recién nacidos pertenecían al clan del progenitor.

La divinidad solar había enviado a la “gente verdadera”, siete clanes que habitaron el universo y poblarían la tierra: Dosapeode, Jnuruminone, Picanerene, Chiquenone, Etacorone, Cutamurajnane y Posorajnane. Estas unidades sociales no sólo agrupaban a los hombres, también a los animales, vegetales, etc.; no hay ente ser o realidad alguna que no pertenezca a determinada sib.

Para el nombre, utilizaban la tecnonimia, es decir dirigirse a una persona como el progenitor de un hijo que tiene nombre propio, y no por el nombre de esa persona. Cada ayoreo posee un nombre propio que se le pone al nacer -generalmente decidido por los abuelos-, lo conservará hasta que nazca su primer hijo. Luego padres y abuelos reciben otros denominativos agregando un sufijo al nombre del recién nacido. El padre de Neque será Nequede, la madre Nequedate, el abuelo Nequedaqude y la abuela Nequedacode.


El cosmos ayoreo esta formado por tres planos: el cielo, la tierra -hábitat de los hombres- y el submundo, morada de los muertos, todo rodeado de agua, un dominio inaccesible que marca el fin del universo. El Sol y la Luna se desplazan continuamente iluminando el plano terrestre y el subterráneo, cuando en el primero es día, en el segundo es noche y viceversa.

El origen de todo lo que conforma su cosmos, han sido hombres: los nanibaháde (antepasados originarios), que en forma generalmente trágica, murieron y se metamorfosearon en un ente actual, de características particulares con las que debe interactuar el pueblo.

Los relatos miticos que cuentan estos hechos, por su carácter violento que involucran muertes, venganzas y toda clase de daños y sentimientos negativos, determinan su carácter tabú o puyák, debido a que de ser contados, se producirán nuevamente los acontecimientos luctuosos evocados en los relatos.

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Pueblo Taíno – Cosmología / Religión

Distribución del Pueblo Taíno antes de la llegada del invasor español

Distribución del Pueblo Taíno antes de la llegada del invasor español

La cosmología taína es explicada por Sebastián Robiou Lamarche en Encuentro con la Mitología Taína con círculos concéntricos.

cosmos

En el centro está Yaya, el comienzo, “espíritu, esencia, causa primera de la vida”, rodeado primero por tres ciclos míticos -Yayael-Deminán Caracaracol-Guahayona-, y luego por otros tres en los que se representa la doble oposición de la mitología.

El segundo círculo -primero mítico- el Ciclo de Yayael manifiesta la rebelión del hijo de Yaya que produjo la creación del mar y los peces.

El siguiente es el ciclo de Deminán Caracaracol, líder de los cuatro gemelos míticos, que robaron a Bayamanaco iracundo dios del fuego, el fuego, el secreto del casabe (pan de yuca) y el rito de la cohoba. Su posterior apareamiento con Caguama -la tortuga hembra- dio origen a los seres humanos.

El último círculo mítico, es el Ciclo de Guahayona, la rebeldía de Guahayona, asociada a Venus vespertino, coincide con las correrías ruidosas de Deminán y la rebeldía original de Yayael, las que se oponen al silencio del mundo -Conel-, el sacrificio de los héroes para obtener el patrimonio cultural y al propio Albeborael Guahayona, quien renace como Venus matutino e integrando los opuestos culmina la mitología taína.

Rodeando los círculos míticos, el primero de los tres círculos siguientes, distingue entre arriba-abajo versus abajo-afuera; el balance versus el desbalance; la rebeldía de los héroes, con su sacrificio o muerte versus la rebeldía de la naturaleza.

El posterior contiene los aspectos astronómicos y meteorológicos, oponiendo los solsticios y equinoccios, las épocas de sequía y lluvia, que integran el ciclo agrícola taíno.

El círculo externo, que todo lo contiene, está dividido en dos grandes áreas, una corresponde a Yocahú-Bagua-Maorocoti, “Señor de la Yuca”, lo masculino que encierra los segmentos de los círculos donde predominan los elementos relacionados con el sol y la sequía. La otra pertenece a Atabey , “Madre de las Aguas”, lo femenino que rodea elementos vinculados a la luna y el agua. La unión de estos opuestos cielo-tierra da lugar a la creación del Universo.

En este esquema, cada elemento tiene su opuesto especificado sobre el mismo eje. Así, Itiba Cahubaba, la Madre Tierra, símbolo de lo interior, equivalente a la cueva mítica origen de los taínos, simétricamente se opone la calabaza conteniendo los huesos de Yayael, también un útero mítico, de la cual sale el mar, donde se sumerge Anacacuya para dar paso a la Estrella Polar y la navegación en canoa, lo cual permite la comunicación de lo interior-exterior, lo cercano-lejano.

Al conjunto mítico Pléyades-rana-agua-crudo, se opone Orión-tortuga-fuego-cocido. Por su parte, al cacique, símbolo solar, del día, de lo seco, se opone el behique, símbolo lunar, de la noche, de lo húmedo.

El laberinto representado es un proceso iniciático interno, que debe ser interpretado para llegar al centro, donde se logra una compresión íntegra del Universo taíno.

El Universo

La tierra era un disco circular, que ondulaba con las montañas y las islas. Estaba salpicada por cuevas y pozos, que eran entradas al inframundo acuoso. Por encima estaba la bóveda de los cielos, lleno de estrellas, la Vía Láctea, La Luna y el Sol, todos actuando ordenadamente. Sin embargo de ellos también surgían los presagios de fenómenos celestiales como los huracanes.

El centro del disco terrestre del mundo triple era un árbol mítico, axial que une la tierra, el mundo subterráneo y el cielo. Este árbol axial era la ceiba; se la puede imaginar en cualquier lugar, cada asentamiento es el centro del universo, y ahí la ceiba con sus raíces que crecen desde las profundidades del mar y sus ramas que llegan a los cielos vincula los elementos del Universo.

El behique -en trance- puede comunicarse con los espíritus tanto del cielo como el inframundo, trayendo respuestas para la gente de la esfera terrestre.

La religión taína incorpora todos los aspectos de la vida. El punto central eran los cemíes, figuras modeladas en piedra, madera, concha o algodón que les proporcionaba una representación física al culto de los espíritus.

Los cemíes eran un vínculo entre el mundo psíquico de los seres humanos y la naturaleza. Explicaban el caos de la vida a través de rituales de fertilidad, curación, adivinación y culto a los antepasados. Sirvieron como medio sagrado que permitía el fluir del poder de las divinidades en dos direcciones: desde el mundo espiritual hacia el hombre, y desde éste hacia el cosmos. Eran usados por todos los miembros de la comunidad, los de mayor poder pertenecían al cacique o al behique (chamán), correspondiendo a éste autorizar y supervisar su construcción.

La comunicación con ellos se lograba a través del Rito de la Cohoba, ceremonia que tenia claramente fines religiosos. En la siguiente tabla, se consignan los cemíes más importantes con sus funciones mitológicas, indicando los opuestos (Tomado de “Cave of the Jagua: The Mythological World of the Tainos”. Antonio M. Stevens Arroyo)

Sexo y Generación Deidades fecundas

Orden inverso.

Principales diosas
femeninas
 Atabey  Principio de los demás dioses, es la “Madre de las Aguas”, controlando los ríos y lagos de la tierra. Protectora de la maternidad y la lactancia. Guabancex Diosa de los vientos, espíritu caótico e indomable, cuando se sentía ofendida enviaba los huracanes para manifestar su furia sobre los desobedientes.
Dioses menores creados por las principales diosas femeninas. Marohu “Sin nubes”, trae el tiempo despejado.BoinayelPortador de las lluvias Guataubá Era el pregonero que, con nubes, truenos y relámpagos, anunciaba a deidades y mortales la inminencia de la tempestad.Coatrisquie Tenía a su cargo las aguas incontenibles que todo lo destruyen. Provocaba la furia de las corrientes que inundaban valles y sembradíos, trayendo muertes y enfermedades.
Principales dioses
masculinos
Yocahú (Yocahú-Bagua-Maorocoti)Espíritu de la yuca, divinidad suprema, señor del mundo, el cielo y la tierra. Símbolo de la humanidad, y la nación taína, dictó las normas para el desarrollo de la vida. Maquetaurie Guayaba Señor de los muertos. Simbolizado por el murciélago, lo incomprensible. Su función era mantener el equilibrio entre las fuerzas antagónicas del día (orden, mundo de los vivos) y la noche (desorden, mundo de los muertos).
Dioses menores creados por los principales dioses masculinos. Baibrama Deidad del cultivo de la yuca, guardián de la fertilidad y severo juez de la calidad del casabe (pan de yuca).Faraguvaol  (también llamado Baraguabel o Araguabaol)Guardián de las plantas, animales y peces; regenerador de la naturaleza. Opiyelguobirán Guardián de los muertos. Tiene la obligación de mantener a los seres vivos y no vivos en el mundo que les corresponde, controla lo que entra y lo que sale de un domino al otro.Corocote Espíritu picaresco, guardián del romance y el placer sexual. Representa la virilidad sexual y el amor carnal.

El ritual de la cohoba era la ceremonia taína más importante. Los caciques, miembros masculinos de su clase -nitaínos- y behiques -chamanes- participaban en ella para consultar a los cemíes acerca de eventos importantes para la comunidad. Sigue leyendo

Cultura Agustiniana / San Agustín

El pueblo había desaparecido cuando llegaron los conquistadores en el siglo XVI. Se la denomina Agustiniana por estar localizada en el municipio de San Agustín, que recibió ese nombre al momento de su fundación por los españoles.

Pez alado - oro (cera perdida)

Pez alado – oro (realizado por cera perdida)

Ubicación y Hábitat: La cultura se desarrolló en el Valle del Alto Magdalena (sur del departamento del Huila), ocupado por actuales municipios de San Agustín, San José de Isnos y Salado Blanco, situados en las estribaciones del macizo colombiano; es un sector donde abundan las rocas volcánicas, materia prima empleada para sus colosales trabajos de estatuaria.
El accidentado relieve determina una rápida sucesión de climas, desde el frío del Páramo de las Papas al templado en las vertientes y cañones de la cordillera. El río Magdalena -Yuma, como lo llamaban en tiempos precolombinos- fue el eje físico y simbólico del territorio, a ambos lados se distribuyeron las expresiones culturales de la cultura agustiniana.

Ídolo de oro

Ídolo de oro

Vasija cerámica

Vasija cerámica

El mayor complejo de monumentos megalíticos de la América precolombina está conformado por un grupo de yacimientos arqueológicos dispersos en una amplia región en el valle alto del río Magdalena, en el suroccidente de Colombia, conocido como la “zona arqueológica de San Agustín”, reconocida por la Unesco en 1995 como patrimonio cultural de la humanidad.
Los conjuntos funerarios presentes identifican la cultura agustiniana: explanadas, montículos y terraplenes artificiales, templetes, tumbas, sarcófagos y magníficas estatuas hechas sobre piedras de origen volcánico en el período Clásico Regional (1 – 900 d.C.).
Las esculturas evidencian elaboradas técnicas y el complejo conjunto de creencias que expresan. El estilo es particular: monumental -los personajes son representados en gran tamaño-, rígido -figuras de pie, piernas juntas y brazos pegados, casi siempre con las manos sobre el pecho- y cabezas grandes -desproporcionadas respecto al cuerpo- realizadas con mayor esmero que el resto de la figura.
Hay estatuas que combinan rasgos animales y antropomorfos sugiriendo la capacidad de transformación del personaje en otro ser y otras exclusivamente antropomorfas o zoomorfas.
Por lo general, las estatuas hacen parte de conjuntos funerarios que incluían la elaboración de un montículo funerario dentro del cual se depositaba el cuerpo del difunto sobre lajas o en un sarcófago de piedra; algunas se enterraban dentro de los montículos a manera de ofrenda y otras asociadas pero fuera de los conjuntos funerarios.

En la vereda -zona rural- Mesitas a 2,5km del centro de San Agustín se encuentra la mayor concentración de vestigios arqueológicos de la cultura agustiniana. En un área de menos de un kilómetro cuadrado se encuentran los ejemplos más impresionantes de montículos funerarios y estatutaria, además de obras de arquitectura, ingeniería y escultura no vinculadas con las tumbas o sepulturas.

El paisaje es el resultado de grandes movimientos de tierra realizados por los agustinianos. Cuatro grandes montículos funerarios -Mesitas A, B, C y D- fueron artificialmente construidos y aplanados en su cima. Los montículos funerarios están conformados por una gran laja de piedra horizontal sostenida por columnas que se asemejan a la forma de una mesa.
También conforman el Parque un terraplén artificial, el Bosque de las Estatuas, el Alto de Lavapatas y la Fuente Ceremonial de Lavapatas.

Mesita A
El sitio fue utilizado como zona de vivienda hace aproximadamente 2.000 años, en el Formativo Superior (300 a.C. – 1 d.C.).

Montículo occidental

Montículo occidentalMontículo orientalMontículo oriental

Mesita B

Área utilizada como residencia 3.000 años atrás, posteriormente durante período Clásico Regional (1 d.C. – 900 d.C.).

Mesita B

Aguila

Águila

Mesita C
Estaba conformada por un sólo montículo funerario acompañado de unas quince estatuas y rodeado de cuarenta y nueve tumbas.

Mesita C
Mesita D
Contiene una estructura funeraria y dos conjuntos de esculturas traídas de diferentes lugares de San Agustín e Isnos.

Mesita D
Terraplén
Esta elevación es una plataforma construida, por los antiguos habitantes de la región durante el período Clásico Regional, con tierra trasladada de la loma donde se encuentra la Mesita D, con el fin de conectarla con la Mesita B.

Fuente Ceremonial de Lavapatas
Los agustinianos realizaron un elaborado y sofisticado monumento lítico -no asociado a la funeraria- tallando y esculpiendo el lecho rocoso de la Quebrada de Lavapatas.
Obtuvieron un complejo laberinto de canales y figuras talladas; originalmente el agua cubría todos los grabados produciendo pequeñas cascadas y otorgando sonido y movimiento a la obra. Seguramente era un lugar sagrado dedicado a ceremonias religiosas y baños rituales.

Fuente de lavapatas

Fuente de lavapatas

Alto de Lavapatas
Está ubicado en una colina de 1.750 metros sobre el nivel del mar, la mayor elevación del Parque. Desde allí se tiene una vista panorámica de la región.
Durante el período Clásico Regional se construyó un monumental montículo funerario, acompañado por siete estatuas y rodeado por numerosas tumbas simples de lajas; al sur del montículo se ubicó un grupo de diez tumbas pequeñas, interpretadas como entierro de infantes.

Alto de Lavapatas
Bosque de las Estatuas
En un circuito de 600 m de camino ondulado de tierra y cascajo en el bosque contiguo a la Mesita D que conserva árboles centenarios, se exhiben 39 esculturas recuperadas de sitios saqueados.

 Bosque de las estatuas 1 Bosque de las estatuas 2 Bosque de las estatuas 3 Bosque de las estatuas 4


Ubicación de los principales yacimientos y formas de estatuas en San Agustín, según Luis Duque Gómez en "San Agustín, Reseña Arqueológica".

Ubicación de los principales yacimientos y formas de estatuas en San Agustín, según Luis Duque Gómez en “San Agustín, Reseña Arqueológica”.

La evolución de la cultura en San Agustín suele presentarse dividida en los períodos que resumimos a continuación, la funeraria y estatuaria que la identifican corresponden exclusivamente al Clásico Regional.

– Arcaico. 4.000 a.C. – 1.000 a.C.
Grupos de 15- 25 personas, cazadores y recolectores nómadas. Evidencias de carbono 14 del año 3.300 a.C. en un fogón del Alto de Lavapatas. Se han encontrado hachas, puntas de proyectil y morteros de piedra.
– Formativo. 1.000 a.C. – 1 d.C.
Agricultura incipiente, particularmente de maíz, fríjol, quinoa, yuca y batata. Aumento de la población. Aparece la cerámica. Enterramientos en tumbas con pozo y cámara lateral, excavadas cerca de las viviendas, en las que se depositaban los restos sobre en suelo o en urnas y con un ajuar formado principalmente por vasijas cerámicas y utensilios de piedra.
La organización política era de cacicazgos independientes formados por unas doscientas familias cada uno. El patrón de asentamiento era estrictamente rural y disperso.
– Clásico Regional. 1 d.C. – 900 d.C.
Corresponde al período del pueblo escultor. Mayor densidad de población, sin conformar aldeas eran comunidades relativamente densas que contenían centros ceremoniales de importancia política.
Grandes montículos de tierra se construyeron para cubrir dólmenes funerarios edificados con enormes lajas, que contenían cada uno los restos de un personaje importante. Estatuas de piedra de seres mitológicos señalaban su tumba.
A pesar de la imponente arquitectura funeraria, las tumbas contenían pocas ofrendas y esporádicamente objetos finos como colgantes de oro puro.
La cerámica era abundante, relativamente burda y poco elaborada.
La organización política era de fuertes cacicazgos independientes probablemente en competencia. que reunían cada uno unas seiscientas familias dispersos en territorios de unos 100 km cuadrados y que participaban de ceremonias en su centro político y funerario.
– Reciente. 900 d.C. – 1.500 d.C.
Dejan de realizarse los monumentos funerarios, enterraban a los muertos en tumbas bajo las casas.
Aumento de la población y desarrollo de tecnología agrícola. Los sistemas de canales de drenaje y la adecuación de las tierras indican que que la agricultura se intensificó para alimentar a una población cada vez más densa.
La organización política del periodo Reciente era más centralizada e incorporaba unidades políticas o cacicazgos más grandes que en los periodos previos.
La región fue abandonada en el siglo XV por razones desconocidas, a la llegada de los conquistadores estaba habitada por los timanáes en la margen derecha del río Magdalena, los yalcones en la izquierda y los paéces sobre el río de la Plata.

Fuente: http://pueblosoriginarios.com/sur/andina/san_agustin/cultura.html

Cultura Paracas – Reseña / Características

Paracas. Del quechua, para: lluvia; aco: arena. En referencia a los fuertes vientos de la zona que -especialmente en agosto y setiembre- levantan y transportan arena.

En lengua kauke, hablada en la zona de Yauyos, significa “gentes de frente grande”.

Captura

El ilustrador arqueológico Pedro Ponce Rojas, recreó el aspecto del hombre de Paracas.

Hábitat:

Valles costeros del sur peruano. Desde Cañete al norte, hasta el valle de Yauca en Arequipa la sur. Área de clima cálido y seco en verano, ligeramente húmedo en invierno.

Al ocaso de la cultura Chavín, surgió -entre otras- la Cultura Paracas. El equipo a cargo del arqueólogo Julio César Tello, en una expedición realizada en 1925, identificó la cultura en la garganta de la península Paracas, y por las distintas formas de los sepulcros -ver funeraria- encontrados en dos sitios, la dividió en fases:

• Paracas Cavernas, 800 a.C. – 100 a.C. en ladera norte del Cerro Colorado.

• Paracas Necrópolis, 100 a.C. – 200 d.C. en el promontorio Wari Kayan en el sureste de la bahía.

Aún no es claro si esta división corresponde a dos fases, o si se desarrollaron contemporáneamente; inclusive hay autores que indican que la cultura Paracas Cavernas no existió, sus vestigios serían simplemente cementerios, y la fase Paracas Necrópolis corresponde a la serie inicial de la Cultura Nasca, o bien a la Cultura Topara.

De cualquier manera, esta gente dejó un excepcional legado: el arte textil de los Paracas, es considerado como uno de los más finos y sofisticados del mundo.

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Kon – Dios Creador

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Dios Oculado

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Personaje Sagrado

Sitios:

De Cabezas Largas, Cerro Colorado y Wari Kayan los primeros sitios relevados por Tello y que permitieron reconocer la cultura Paracas poco ha quedado debido a los constantes saqueos.

En el valle de Ica hallamos dos de los sitios más extensos: la aldea fortificada de Tajahuana y en el bajo, Ánimas Altas, un lugar con clara influencia Chavín, con plazas, viviendas, talleres, cementerios, y una plataforma en forma de “U”. Ente ellos está Ocucaje, donde en 2008 se descubrió en un cerro un geoglifo en forma de cóndor junto a tres figuras.

En la provincia de Chincha, encontramos las principales manifestaciones de urbanismo. El Complejo Soto con tres montículos alineados de este a oeste, Huaca Alvarado con dos. Extensas aldeas en Pampa del Gentil y construcciones de adobe en San Pablo y Santa Rosa donde hay vestigios de una gran construcción que debió ser un templo y hoy se encuentra bajo construcciones modernas.

En los valles de Palpa y Nasca: Pernil Alto, un asentamiento excavado en el año 2005 a la margen derecha del Río Grande, que registra ocupaciones muy antiguas -3.800 a. C. -, y donde, en palabras del arqueólogo Johny Isla “Se logró encontrar un conjunto de edificaciones perteneciente al período inicial, de la cultura Paracas”. Los petroglifos de Chichictara, los geoglifos de Llipata y Jauranga un lugar con ocupaciones continuas entre los años 600 a.C. y 200 a.C.

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Geoglifos de Llipata

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Petroglifos de Chichictara

En las costas de la Bahía de la Independencia, se ubica el extenso sitio de Karwas, donde se encontraron construcciones y restos textiles y cerámicos, cuyos elementos iconográficos muestran una clara influencia Chavín.

Características

Fue una sociedad con una clara división del trabajo, permitiendo el desarrollo de actividades altamente especializadas que requerían ingentes recursos humanos, fundamentalmente en la industria textil y agrícola. Debió estar gobernada por una aristocracia teocrática, con una importante casta sacerdotal a cargo de los centros ceremoniales repartidos en su territorio. La nobleza guerrera fue una clase predominante, al tratarse de un pueblo belicoso como sugieren las reiteradas expresiones artísticas de cabezas trofeo.

Su economía se basaba en la pesca, caza, recolección de frutos y mariscos y el cultivo – pallar, algodón y maíz – en sus valles. La tarea agrícola no fue fácil, debieron fertilizar los suelos y realizar canales de irrigación.

Para sus construcciones utilizaron el adobe. En metalurgia utilizaron el oro, la plata y el cobre, existiendo orejeras, narigueras, anillos, pectorales, brazaletes y objetos ornamentales. Entre las prendas de vestir aparece intensamente el uncu – camiseta andina -. La cerámica evolucionó desde una fuerte influencia Chavín al estilo inicial de la cultura Nasca.

Era usual la práctica del alargamiento craneano, colocando tablillas en la frente y detrás de la cabeza, sujetando ambos lados con sogas fuertemente apretadas.

Realizaron trepanaciones craneanas con fines medicinales; anestesiaban al paciente con bebidas vegetales, utilizaban el tumi -cuchillo ceremonial-, luego cubrían la perforación con una lámina generalmente de oro. Se encontró un número significativo de cráneos con estas operaciones, algunos de ellos presentaban regeneración de tejidos, indicando que sobrevivieron.

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Craneos
1) trepanaciones
2) alargamientos

Consideraban a Kon como su dios creador, al que representaban volando con máscaras felinas y portando alimentos, cabezas trofeo y un báculo; o bien con su cabeza y ojos prominentes por lo que también es conocido como el “Dios oculado”. Creían en la vida después de la muerte, dedicando atención y esmero a las prácticas mortuorias.

Fuentehttp://pueblosoriginarios.com/sur/andina/paracas/paracas.html

Cultura Chiriguano – Chané / Historia y mitos

Los chiriguanos

Son grupo de lengua Tupí – Guaraní que desde el Amazonas ocuparon sectores de Paraguay, Bolivia y Argentina.
Fue el punto culminante de su expansión hacia el sur, en la búsqueda mesiánica de la “Tierra sin mal” o de nuevas tierras para cultivo.
Eran agricultores sedentarios, a base de mandioca, zapallos, batata y maíz. La técnica de cultivo era la típica “milpa” amazónica: talado de árboles, corte de la maleza, incendio y posterior cultivo sobre el terreno quemado. La tarea era compartida entre hombres y mujeres, los primeros se encargaban del talado, ellas del sembrado, cuidado y cosecha. Lo producido era almacenado en graneros construídos sobre pilotes.
Caza y pesca eran actividades secundarias de subsistencia. Las viviendas de planta circular con techos cónicos, eran comunales albergando hasta cien individuos. Un conjunto de ellas constituían una aldea generalmente ubicada en las cercanías de un río.
En alfarería mostraba la influencia andina en sus formas.
La familia extensa era el núcleo de la comunidad. Cada aldea estaba a cargo de un jefe de carácter hereditario, con autoridad no cuestionada. Se le denominaba “mrubicha”, tenía lugartenientes (“igüira iya”), hechiceros benignos (“ipaye”) y capitanes de guerra (“queremba”).
En tiempos de guerra los caciques de cada aldea pasaban a depender del cacique regional (“tubicha rubica”, “el más grande de los grandes”).
La antropofagia estaba muy difundida y ligada a prácticas relacionadas con la toma de potencia del enemigo.
Entre los siglos XV y XVI sometieron a los Chané a los que esclavizaron. Algunas crónicas indican que ese dominio se sustentó en una sistemática antropofagia que prácticamente devastó a los Chané.

Fotografía tomada en 1.903, familia chiriguana en un arroyo de Caiza, Bolivia cerca de la frontera argentina

Fotografía tomada en 1.903, familia chiriguana en un arroyo de Caiza, Bolivia cerca de la frontera argentina

Los Chané

La cultura chané pertenece a la familia lingüística arawak que se desplazó por toda Sudamérica y el Caribe. Su llegada al Chaco argentino (hace unos 2.500 años) fue el punto final de su expansión.
Tenían patrones culturales semejantes a las culturas de la selva.
Agricultores incipientes, de productos como: mandioca, maíz, batata, maní, algodón y porotos; criaban llamas, para cazar utilizaban arco y flecha, trampas y rodeo, para la pesca: redes y flechas.
Debido a la proximidad de sus aldeas con los grupos andinos, aprendieron pastoreo, uso de fertilizantes, técnicas ceramistas, trabajo de metales y tejidos.
Tallaron ídolos y máscaras de madera. Vivían en aldeas con casas de madera y paja; la familia era monogámica, poseían división del trabajo y realizaban trabajos comunitarios.
Los jefes mantenían el poder político y eran secundados por un consejo de ancianos.
Entre ellos siglos XV y XVI llegaron hasta su región oleadas de Guaraníes (Chiriguanos en lengua quechua), su rápida derrota sugieren una organización débil.
Fueron reducidos a esclavos y obligados a cultivar los sembradíos chiriguanos, el guaraní paso a ser la lengua común. A pesar de ello el “alma arrawak” fue tan fuerte que les permitió mantener una entidad propia a través de los siglos, la comunidad de Tuyunti en la provincia de Salta (Argentina) es la descendiente actual del orgulloso núcleo chané que venía de la selva amazónica.

mascaras Chiriguano - Chané

Las máscaras en Tarde Croaste: https://tardecroaste.wordpress.com/2011/06/18/cultura-chiriguano-chane-mascaras/

Personajes míticos y leyendas

Tunpa
También Tunpaete, Tunpaete Vaé y Yanderú Tunpa.
Es el dios creador de los chiriguanos. Ser benéfico que mora en el cielo. Es el hacedor de todas las cosas, tanto visibles como invisibles.
Entregó a los hombres semillas y utensilios, hace llover y ayuda a madurar las algarrobas, el maíz, las calabazas y demás plantas alimenticias. Es abstracto, no se le da representación alguna.

Aguará-Tunpa
Su traducción literal es Dios-Zorro. Deidad del mal a quien le gusta jugar con el destino de los hombres. Su morada es la constelación de Escorpio (“El cerco de Aguará-Tunpa”).
Lucha siempre con Tunpa, el dios creador chiriguano, procurando deshacer su obra.
Añá-Tunpa le encargó introducir la guerra, la discordia y la muerte entre los hombres. Una vez incendió los campos y pastizales a fin de matar a los animales con los que se alimentaba la gente, lo que desató una gran hambruna que por poco hace desaparecer a la humanidad de la faz de la Tierra. En otro intento por destruir al género humano, envió un Diluvio del que sólo se salvo una pareja de niños navegando en un hoja, de cuya unión descienden los miembros de la tribu

Añá-Tunpa
También Añá-Tubicha. Es el señor de todos los añás, que reina en el Añarentá, especie de infierno situado en el inframundo.
Para los chiriguanos, los añás son las almas de los que tuvieron mala muerte, ya sea por haberse suicidado o porque se prolongó demasiado su agonía. Se trata de un conjunto de seres tenebrosos de naturaleza demoníaca, que se oponen al concepto de avá, lo humano. Cuando Añá-Tunpa los envía a provocar daños en la gente, la mejor forma de protegerse de ellos es llevar un tizón encendido.

Cururú
Es el sapo mitológico de los chiriguanos. Socorrió a Cuimbaé y Cuñá, la pareja de niños que sobrevivió a la segunda destrucción del mundo, ocasionada en esa oportunidad por un diluvio que desató Aguará-Tunpa.
Cuando se dio cuenta de que la humanidad corría peligro de desaparecer, Cururú guardó aquello que consideró más importante para garantizar su subsistencia: el fuego. Una vez que las aguas bajaron, encontró a los niños y les entregó la brasa que había logrado conservar dentro de su propia boca. Con este regalo, los niños pudieron calentarse y asar los peces que lograban extraer del agua dulce.

Mito de “El diluvio”
Aguará-Tunpa, ser sobrenatural poderoso y malvado declaró la guerra a Tunpa dios creador de los chiriguanos.
No se sabe a ciencia cierta el motivo de la declaración de guerra, pero se la atribuye al puro despecho o al simple espíritu de contradicción.
Para irritar al creador, Aguará-Tunpa prendió fuego a las praderas al comenzar el otoño, de modo que no sólo ardieron las plantas y árboles, sino que también perecieron entre las llamas los animales, de los cuales dependía la subsistencia de los chiriguanos, ya que aún no habían comenzado con los cultivos de maíz.
Al faltarles la comida casi mueren de hambre. Fueron escapando al fuego hasta las orillas de los ríos, y allí mientras la tierra de los alrededores humeaba, se las arreglaron para vivir de los peces que podían capturar.
Al ver que los hombres podían arreglarse, Aguará-Tunpa hizo caer lluvia a torrentes y confió en que toda la tribu se ahogase en las aguas.
iguiendo las indicaciones del dios creador Tunpa los chiriguanos buscaron una gran hoja de mate, pusieron sobre ella dos niños muy pequeños (Cuimbaé y Cuñá), un niño y una niña, hijos de una misma mujer, y dejaron que esa especie de minúscula arca flotase sobre las aguas con su preciosa carga.
Por fin la lluvia dejó de caer y bajaron las aguas de la inundación, dejando todo cubierto de un barro fétido.
Entonces los niños salieron del arca, porque si hubiesen permanecido en ella habrían muerto de frío y hambre.
Los peces y demás criaturas que viven en el agua habían cobrado nuevas energías y sirvieron de alimento a los dos infantes.
¿Pero cómo íban a arreglarse para cocinar el pescado?. Era lo difícil, el diluvio había apagado todos fuegos del mundo. Entonces Cururú el gran sapo acudió en ayuda de los pequeños.
Antes de que la inundación hubiese cubierto toda la tierra, aquella prudente criatura había tenido la precaución de esconderse en un agujero y de llevar en la boca algunas brasas, que consiguió mantener encendidas durante el diluvio soplándolas continuamente. Cuando vio que la superficie de la tierra volvía estar seca, salió de su agujero con las brasas encendidas en la boca y dirigiéndose directamente a donde estaban Cuimbaé y Cuñá les entregó graciosamente el fuego.
De ese modo pudieron asar los peces que atrapaban y calentar sus ateridos cuerpecitos. Con el tiempo fueron creciendo, y de su unión descienden los miembros de la tribu chiriguana.

Fuente: 

Cultura Muisca – Mitos y leyendas

Guatavita
 
El Lago de la leyenda de El Dorado
 
Para los muiscas, las lagunas eran la morada de los dioses. De la de Iguaque, la diosa Bachué salió con un niño en sus brazos, siendo los ancestros de toda la raza humana. Veneraban también las de Siecha, Chisacá, Fuquene, Chingaza, Bocagrande y Guatavita, peregrinando entre ellas recorriendo decenas de kilómetros.
 
Según la tradición muisca, en Guatavita gobernaba un cacique llamado Sua, casado con una hermosa princesa de otra tribu. Sin embargo, era gran aficionado a la chicha y a las bacanales, y su mujer, con la que había tenido una hija, se enamoró de un guerrero que la cortejaba.
 
Los amantes fuero sorprendidos y Sua sometió al guerrero a torturas horrendas, al extremo de sacarle el corazón y servírselo a su esposa. La mujer huyó desesperada, tomó a su hija en brazos y se zambulló con ella en la laguna.
 
El cacique ordenó a los sacerdotes que recuperaran a su familia. Estos le informaron que la mujer vivía ahora bajo el agua, donde una gran serpiente la había desposado. El cacique reclamó que le trajeran a su hija y le llevaron una niña sin ojos. Abatido, Sua la devolvió a las aguas y ordenó que a partir de ese día, se arrojaran a la laguna las mejores esmeraldas y filigranas de oro. El propósito de la ceremonia era rogar a la cacica para que le pidiera a los dioses prosperidad y bonanza para su pueblo.
 
Cada luna llena, la serpiente de Guatavita emergía de las aguas para recordarle al pueblo las ofrendas, los sacerdotes vigilaban su aparición que era señal de prosperidad.
 
El indio dorado
 
Al llegar la conquista el ritual había adquirido un nuevo significado. Se llevaba a cabo en ocasión del ascenso de un nuevo cacique generalmente sobrino del anterior. Así lo ha contado Juan Rodríguez Freyle:
 
“…En aquella laguna de Guatavita se hacía una gran balsa de juncos, adornada todo lo más vistoso que podían… Desnudaban al heredero, lo untaban con una tierra pegajosa y lo espolvoreaban con oro en polvo y molido, de tal manera que en la balsa iba cubierto todo de este metal…
 
Hacía el indio dorado su ofrecimiento echando todo el oro y esmeraldas que llevaba en el medio de la laguna, y los cuatro caciques que iban con él hacían lo propio; y partiendo la balsa a tierra comenzaba la fiesta, gaitas y fotutos con muy largos corros de bailes y danzas a su modo, con la cual ceremonia recibían al nuevo electo y quedaba reconocido por señor y príncipe…
 
De esta ceremonia se tomó aquel nombre tan celebrado del Dorado…”
La búsqueda del tesoro
La historia del “indio dorado” dio lugar al “El Dorado”, lugar mítico que los conquistadores buscaron desde los Andes hasta el Amazonas, con tanto afán que en 1539 en el plazo de una semana coincidieron en Guatavita tres expediciones que dirigían Benalcázar, Federmann y Jiménez de Quesada, procedentes del Perú, Venezuela y Santa Marta, respectivamente.
 
En la propia Guatavita, se trazaron diversos planes por drenar la laguna en busca de las ofrendas legendarias. En 1580, un comerciante llamado Juan Sepúlveda empleó 5.000 indios y excavó un canal para desaguarla. El nivel del agua llegó a bajar 20 metros, pero luego el canal se derrumbó y el rey de España se negó a seguir financiando la empresa. Sepúlveda tuvo que abandonar, pese a haber rescatado varias piezas de filigrana y una esmeralda del tamaño de un puño.
 
Los intentos infructuosos prosiguieron a lo largo de la colonia, pero el oro legendario sigue alimentando los sueños de los buscadores de tesoros hasta hoy.