Archivo de la etiqueta: Ecuador

Cultura Shuar – Historia / Cosmogonía

Descendientes de los Bracamoros y Yaguarzongos, anteriores habitantes de sus territorios. Los españoles los llamaron jíbaros, como sinónimo de salvaje.

Están localizados en la parte sureste de la Región Amazónica de Ecuador -sur de la provincia de Pastaza, y este de las de Morona Santiago y Zamora Chinchipe- encontramos algunas familias shuar al otro lado de la frontera con Perú.

Resistieron los avances del Imperio Inca hacia fines del siglo XV, y la Conquista Española al siglo siguiente, manteniendo su aislamiento hasta los inicios de la década de 1960.

mapa

Basan su economía en la horticultura itinerante de tubérculos, complementada con la caza, pesca y la recolección de frutos e insectos. Utilizan el sistema de cultivo de roza y quema para obtener yuca, “papa china”, camote, maní, maíz, chonta y plátano. El cuidado de la parcela y también la recolección, la preparación de la chicha y la cocina le corresponden a la mujer; la caza y la pesca al hombre.

Tradicionalmente el asentamiento fue disperso, normalmente zonificado de acuerdo a las relaciones de parentesco.

g2

La familia constituye la unidad de reproducción biológica, económica, social, política y cultural más importante entre los Shuar, sus miembros se encuentran unidos por lazos de sangre y conformados por familias ampliadas. El padre ejerce el rol de jefe dentro de la familia dictando sus propias leyes.

El matrimonio sororal, es decir con de un hombre con las hermanas de la esposa, era aceptado. El número de esposas dependía de las cualidades del hombre.

La estructura de poder tradicional era descentralizada; el poder político y religioso estaba ejercido por un uwishín (chamán). En caso de guerra se nombraba un jefe cuyo mandato terminaba con la finalización de la misma.


Sus Dioses

cosmos Shuan 

Arútam es el Dios de los Dioses, espíritu supremo, protector, trascendente y sobrenatural que transmite una fuerza especial al hombre. Es la raíz y la mentalidad del mundo Shuar. No tiene un cuerpo, se manifiesta en una amplia gama de seres superiores relacionados con fenómenos tales como la creación del mundo, la vida, la muerte, y las enfermedades.

Los principales son:

Etsa

es el señor de los animales terrestres. Su principal manifestación es el Sol, pero también puede aparecer con la forma de cualquiera de los animales diurnos.

Ayuda al shuar dándole el poder para la caza a través de la piedra llamada yuka que encontraban dentro de los animales cazados (un cálculo que a veces se forma en el interior de algún órgano, generalmente del aparato digestivo o urinario). Con ella lo invocaban y la colocaban en los corrales para multiplicar los animales domésticos.

A través de diversos mitos, el personaje transmitió las técnicas de caza, la vida de los animales de la selva y los peligros de la selva.

Tsunki

Es un ser supremo, una deidad que vive bajo el agua y tiene poderes. Enseña a los Shuar todo lo que tiene que ver con la pesca y con la salud. Según algunas interpretaciones es el hermano de Nunkui.

Su principal manifestación es la sal, pero también toma la forma de todos los animales acuáticos: pato, cangrejo, etc, y en los arroyos donde la gente se baña -para visitarlos- el de una culebrita. Por ese motivo el shuar considera el baño casi como un rito, lo realizan diariamente con el deseo de encontrarse con Tsunki.

Enseña las técnicas y los anent (cantos) de la pesca. Entrega los poderes a los uwishín (chamán), a través de una piedra llamada Namur.

Nunkui

Deidad de las huertas, los cultivos, del hogar y la cerámica. Su protección se extiende a todo el mundo femenino. Dueña de la tierra y de todo lo que existe bajo de ella. Todas las mujeres son también hijas de Nunkui, para contactarla ingieren jugo de tabaco en sus propias huertas.

Si se quiere tener una plantación fecunda, buena caza y prestigio social, se le deben dedicar “anents” (cantos) para atraer sus fuerzas creadoras. Las plantas, simbólicamente son hijas de Nunkui, y están representadas por las nántar, piedras que cada mujer esconde en sus huertas.

Shakaim

Protector de la selva, provee a los shuar de los animales y de cuanto necesitan para vivir. Su principal manifestación es la de un hombre trabajador, su fuerza se recibe en el ritual de Nua Tsanku, que es una celebración de iniciación del matrimonio.

Numerosos árboles de la selva disimulan bajo un porte frágil o majestuoso una conciencia a flor de la corteza. Son las criaturas de Shakaim, hermano o esposo de Nunkui según las interpretaciones, que cultiva la jungla como una gigantesca plantación e indica a los hombres los lugares más apropiados para abrir claros. Los límites de la naturaleza son así alejados por esta socialización de los vegetales, pues la selva, tan salvaje en apariencia, no es más que el huerto sobrenatural donde Shakaim ejerce su talento de horticultor. Al crear claros para instalar sus cultivos, los hombres no hacen más que sustituir las plantaciones de Shakaim con las de Nunkui, unas y otras domesticadas en provecho propio por espíritus complacientes.


La cultura Shuar no establece una separación tajante entre los mundos del hombre, la naturaleza y los espíritus.

Estos mundos adquieren “realidad” no solo a través de los sentidos o las creencias, sino también por los sueños. Existe un tenue umbral entre la realidad de los sentidos y la realidad de lo onírico y de lo espiritual.

Con los sueños se comunican y relacionan con las almas de cualquiera de los tres mundos, el uwishín (chamán), es el mediador. Cada ser humano, planta, animal. creencia o sueño está revestida de un carácter sagrado y terrenal al mismo tiempo.

El gran mundo espiritual de los shuar es repetitivo. No creen en que el ser humano tenga un final. Creen que luego de nacer y cumplir su vida, no llegan a un estado permanente con la muerte, sino que su espíritu, es recibido por otro ser humano que puede ser su hijo o su nieto, quien cumple nuevamente otro ciclo vital, así en forma indefinida.

Fiesta de la Chonta

La chonta, es una palmera, cuyo fruto color rojizo, llamado chontaduro, es de alto valor nutritivo, y considerada fuente de alimento principal dentro de la población indígena de la Amazonia. La época de cosecha se inicia en febrero y se puede extender hasta abril, cuando se desarrolla la fiesta.

Se prepara abundante chicha, la amasada la realizan los varones elegidos por el organizador. La fiesta comienza al anochecer y termina al amanecer. Participan hombres y mujeres de todas las edades, los hombres llevan tampur (tambor) y las mujeres shakap (cascabeles).

Al comienzo de la danza se debe saludar diciendo “chai, chai, chai” para que la chonta no se enoje.

En el transcurso de la noche se ejecutan varios cantos en honor a la chonta, haciendo peticiones para pedir fecundidad en los cultivos y contando historias sobre las fases de la siembra y la cosecha.

Fiesta de la Culebra

Cuando una persona sobrevive a la picadura de una serpiente, los Shuar realizan una fiesta para celebrar el triunfo sobre la amenaza de muerte que representan las serpientes. La fiesta se inicia entre las tres y las cuatro de la mañana, tras una serie de rituales culmina al amanecer del día siguiente.

Uno de los ritos consiste en colocar en las tenazas de un cangrejo un pedazo de carne para luego soltarlo en la selva mientras los acompañantes cantan: “Vete a avisar a las culebras que les hemos comido y que ya terminamos con su chicha”. Con este acto espera que las culebras les teman y se alejen.

Fiesta de la Tsantsa

“La Gran Fiesta”, se realiza para presentar la cabeza reducida a la comunidad. Se compone de dos ceremonias: Numpenk (“Su sangre misma”) y Amiamu (“La Realización”), cada una de ellas dura varios días y están separadas por un intervalo de aproximadamente un año.

  • Ver: Reducción de cabezas y rituales consecuentes. (Más abajo)

Rito de la Cascada Sagrada

Tiene una profunda significación en el pueblo Shuar, a través de este rito solicitan al ser supremo Arútam, para que les otorgue poder, energía positiva para su futura sobrevivencia.

Rito de Natem (Ayahuasca)

Mediante la ingesta de un brebaje alucinógeno, a través de visiones se busca la autosanación de los pacientes.

  • Ver: Ayahuasca (Más abajo)

 Tsantsa. Reducción de cabezas y rituales consecuentes.

shrunken_heads

Tsantsa (o Tzantza) es la práctica de los shuar de reducir cabezas. La preparación de la cabeza no tiene mucho de misterioso.

Muerto el enemigo es decapitado. En la parte posterior de la cabeza se le practica una incisión desde la nuca hasta el cuello y se le extraen el cráneo, los maxilares, el cartílago de la nariz y la mayoría de los músculos antes de hacerla hervir en una vasija para quitarle la grasa.

La piel es entonces rellenada con arena caliente y comienza a contraerse y endurecerse a medida que el agua se evapora de los tejidos. Cada vez que la piel se estrecha se remodelan los rasgos de la víctima.

Para finalizar, se suturan la incisión posterior. los ojos y la boca; el interior se rellena con fibras de kapok (ceiba).

El ritual que comienza después es más enigmático, pero constituye la única clave que se dispone para comprender esta desconcertante costumbre, cuya explicación los mismos shuar no proporcionan.

El ritual, “La Gran Fiesta”, se compone de dos ceremonias: Numpenk (“Su sangre misma”) y Amiamu (“La Realización”), cada una de ellas dura varios días y están separadas por un intervalo de aproximadamente un año.

Coreografías y cantos se realizan primero en la del gran hombre que dirige los rituales, luego en la del victimario, las principales son:

Waimianch, ronda cantada al crepúsculo en torno a la tsantsa, seguido por cantos de las mujeres llamados ujaj hasta el alba.

 Ijianma, procesión que acompaña la tsantsa en ocasión de cada una de las entradas ceremoniales en la casa entre una hilera de escudos golpeados por los hombres simulando el ruido del trueno.

Los protagonistas:

La tsantsa misma.

El victimario, una pariente consanguínea -madre o hermana-, y una aliada, en general su mujer, formando un trío denominado tsaankram (“atabacados”) por la gran cantidad de jugo de tabaco verde que ingieren durante el ritual.

El wea, maestro de ceremonias encargado de dirigir el coro ujaj femenino.

Ujajan-ju, el hombre que oficia de intermediario entre el ujaj por una parte y el wea y los atabacados por la otra, ya que estos últimos no pueden en ningún caso comunicarse con los demás participantes.

Amikiu, los iniciados que ya han participado en un ciclo completo de la “Gran Fiesta”.

Los Yaku, guerreros encargados de imitar el ruido del trueno.

 Entre los cantos y las danzas, diversos oficiantes realizan numerosas acciones durante varios días y noches cargadas de alusiones esotéricas a la muerte y al renacimiento:

 Se indica a la tsantsa las características sociales y especiales del territorio a donde fue transportada.

Se adorna y recuece la tsantsa en un caldo genésico llamado “agua de las estrellas”. Las mujeres la rocían de esperma metafórico.

El victimario es primero aislado como una bestia salvaje y fétida, luego en el curso de un trance inducido por alucinógenos irá a la selva en busca de la visión de un antepasado, finalmente purificado y decorado su cuerpo con nuevas pinturas.

El wea y el victimario se rocían mutuamente los muslos con sangre de gallo para figurar una menstruación. El victimario es sometido a los ritos habituales de duelo -corte de cabellos y marcas de pintura negra en la cara-, introduce hongos en una chicha especial de mandioca para hacerla fermentar, poniéndose así en el lugar de las mujeres, cuya saliva cumple la misma función.

Se consumen puercos como imiak (“sustitutos”) de los enemigos.

El complejo ceremonial de esta “Gran Fiesta” sugiere que la tsantsa no es un trofeo ordinario, testimonio de una hazaña y del que se desprenden sin miramientos al final del ritual, no es tampoco una especie de amuleto, fuente de energía y poder que permite granjearse los espíritus, atraer a los animales de caza o multiplicar la fertilidad de los huertos.

 La tsantsa, abstracta de identidad susceptible es un operador para la fabricación de identidades nuevas. Es lo que da su razón de ser al tratamiento de la cabeza que perpetúa la representación de un rostro reconocible. La miniaturización es un efecto secundario no buscado que busca preservar los rasgos del decapitado de la corrupción de la carne.

 El realismo resultante de la tsantsa puede parecer paradójica si se piensa que la gente a la que se recurre para su elaboración es generalmente desconocida. Es una regla inmutable de la caza de cabezas que sus víctimas sean jíbaros, pero jíbaros de otra tribu, con los que no exista ningún lazo de parentesco, que hablen otro dialecto y cuyo patrimonio se ignore, es decir enemigos genéricos y no adversarios individuales, muy lejanos para ser idénticos a sí mismos y, sin embargo, bastante próximos para no ser percibidos como totalmente diferentes.

Los jíbaros tienen la idea que la identidad individual está contenida menos en las características físicas que en ciertos atributos sociales de la persona: el nombre, la manera de hablar, la memoria de las experiencias compartidas y las pinturas faciales asociadas con el encuentro de los antepasados.

 La fase preliminar del ritual consiste en despojar la tsantsa de referencias que le impidan encarnar una identidad jíbara genérica: nunca se la llama por el nombre -en caso de ser conocido- de aquel a quien ha sido sustraída, su cara es ennegrecida para ocultar las pinturas que pudiera tener; todos sus orificios son cosidos, condenando a los sentidos a una eterna amnesia, finalmente es sometida a un aprendizaje de su nuevo espacio social.

 La despersonalización a la cual se somete la tsantsa consiste en construir desde su apariencia original una génesis progresiva de una nueva identidad. A lo largo de toda la “Gran Fiesta”, la tsantsa, el wea y los atabacados permutan sus situaciones originales, cambiando por turno de sexo y de posición de parentesco de unos respecto de los otros en una serie de relaciones de sentido único o recíprocas, antagónicas o complementarias, desdobladas o simétricamente opuestas, expresiones figuradas de una genealogía ficticia elaborada en episodios. Al término, la tsantsa ha asumido todos los papeles sociales de una procreación simbólica: no pariente, dador de mujer, tomador de mujer, concubina del victimario, amante de sus esposas y, por último, embrión, “morro colado en el vientre de la mujer”, según los cantos que se le dirigen al final del ritual.

El fruto real de este simulacro de alianza -un niño a nacer en la parentela del victimario en el curso del siguiente año- presenta la paradoja de ser perfectamente consanguíneo sin ser incestuoso. Virtualidad de la existencia sustraída a desconocidos no del todo extraños, debe su engendramiento a la puesta en escena de una afinidad ideal, la única satisfactoria para los jíbaros pues se desentiende de toda obligación recíproca; en suma, una afinidad sin afines.

La extraña unión entre una comunidad victoriosa y un enemigo genérico y desconocido, es rematada en el ritual de la tsantsa al robar identidades productoras de niños a no parientes con los que se simula una afinidad ideal.


Ayahuasca

ayahuasca

(palabra quechua, aya: muerto; waskha: soga, cuerda) significa “la liana que permite ir al lugar de los muertos” y es el nombre utilizado en Perú y Ecuador para denominar un brebaje alucinógeno que recibe diversas apelaciones indígenas en gran parte de la Amazonia: natem por los jíbaros, caapi en el Amazonas central, yagé desde Colombia hasta el Orinoco.

 Las lianas utilizadas que proceden de la Banisteriopsis Caapi, no proporcionan los efectos alucinógenos, pero al ser ricas en beta-carolinas, permiten que la dimetiltriptamina -un compuesto relacionado con la “imaginería del sueño” que causa visiones- provistas por las hojas del yají pueda ser usada en forma oral, al inhibir la enzima que degradaría esta sustancia en el estómago, permitiendo así que llegue al cerebro.


Fuente: Pueblos Originarios

Anuncios

Aleyda Quevedo – Poesía – Ecuador

¿Quién soy?

¿Quién soy?
Tal vez la mujer senos de ámbar
y pies helados que escribe versos
para reconfortarse.
Más la poesía
solo logra descarrilarme.
Como el tren rojo que soy
Ese tren que se abre paso
entre las montañas puntiagudas
y difíciles de algún país.
Ese tren que nunca llega
a ninguna estación de humo.
Esta mujer que emana voces.
Trenes y más trenes
que me esperan.
Versos para sobrevivir
¿Quién soy?
Quizá este cuerpo encendido
que aún guarda tus huellas en los pliegues.


Canto animal

Obedezco al llamado
de las cenizas de la mujer
enterradas al borde del cielo
son los restos de Alejandra Pizarnik
que descansan en mi territorio
Descalzos sus pies y los míos
sienten la madera
la astilla de los corazones
y el trabajo de las hormigas
Boca abajo
apretando los senos
contra la tierra y las hojas
respiramos los tallos
los breves encuentros con el amor
1972 yo nacía
el territorio estaba definido
tú te ibas con los “prófugos del mundo”
con esos pájaros que escogieron
estrellas no conocidas
en este espacio
reconozco tu último día
que siempre es el mío.


La opacidad del desierto

Recorro las autopistas de la noche
nada me detiene
ni siquiera el canto del destino
que circunda mi piel
como extraño medallón astral
Las dunas del miedo
reducen mis manos a polvo
En la arena me mimetizo y pulverizo
repitiendo un acto fallido
No se deja huellas en el desierto
Un camello aparece en el rabo del ojo
sonámbula
sudando gotas agrias
lo sigo viendo en mi arenario


_dsc0017

Aleyda Quevedo

Aleyda Quevedo Rojas nació en Quito, Ecuador en el año 1972.

Es poeta y periodista. Ha publicado los libros de poesía: Cambio en los clima del corazón, 1989, Editorial Universitaria, Ecuador. La actitud del fuego, 1994, Ediciones de los lunes, Lima Perú. Algunas rosas verdes, 1996, Ediciones del Sistema Nacional de Bibliotecas, Ecuador. Espacio vacio, 2001, Ediciones de la Línea Imaginaria, Casa de la Cultura Ecuatoriana. Música oscura, 2004, Cuadernos de Caridemo, Almería, Junta de Andalucía-España. En 1996 su libro Algunas Rosas Verdes, recibió el Premio Nacional de Poesía Jorge Carrera Andrade. Ha representado al Ecuador en los más importantes Encuentros Internacionales de Poesía en Argentina, México, España, Colombia, Chile y Perú. Textos suyos traducidos al inglés aparecieron en las revistas norteamericanas: Hubbud, Calapooya, de la universidad de Oregon y EYE-RHYME. Así como en diversas publicaciones de Colombia, Perú, México, Argentina, Brasil y Ecuador, y e las recientes antologías de poesía: presencia de Grecia en la Poesía Hispanoamericana, Ediciones LOM, Chile; Trilogía Poética de las Mujeres en Hispanoamérica: Pícaras, Místicas y Rebeldes, México; La Voz de Eros, dos siglos de poesía erótica de mujeres ecuatorianas, TRAMA, Ecuador.


Mi canto

El cariño de los amigos
se traduce en cartas besos
bálsamos contra la enfermedad.

Los claveles que dejaron
reconfortan las madrugadas ásperas.

Amigos protectores quieren inutilizar mi sufrimiento.


Hondo muy hondo

Me afeito la cabeza
y empiezan las preguntas
sobre lo que dejamos de hacer.

La alfombra verde que se hace hierba
cuando la pisas y se extiende como
mancha de insectos sobre mis manos
aún permanece en la sala de televisión.

Un presentimiento puro
sale de mí.
Las preguntas cubren mi cabeza afeitada


Limón perfumado

Soy mi cuerpo
atrapado por partículas
de otros cuerpos
Cuerpo
que enjabono en el mar
reconociendo suciedades
y miedos
Miedos míos
enjuagados con
el agua que todo lo cura
la sal de mi sudor
los celos bien guardados
los dulces jugos
y de nuevo el agua
que me concede
un cuerpo nuevo cada día
Cuerpo fresco
tendido en la cama
como limón al filo
de la ventana
Y el sol quemando
el vidrio
la madera
el limón
perfumado y desnudo
de la ventana que soy
¿Sé quién soy?
me miro
en el largo espejo del baño
tengo 33 años
nunca estuve tremendamente sola
abandono de perras
que te marca y deja sin curiosidades
Lloro y mis piernas blancas
se vuelven negrura profunda
que bloquea los sentidos
Quién es mi cuerpo
puede afrontar sus propias
desgracias
incluso las más asfixiantes horas
ansiedad
falta de ti
horas cuando me fundo con un monstruo
que conozco bien
Cuerpo mío
pólvoracielo
intenso estallido
de lámparas que filtran tu claridad
sobre mi pecho
Soy este cuerpo mío.


Los jadeos

empañando
eléctricamente
la puerta cerrada
Laten
nalgas
y forman arcos
Una repentina
calma
reposa
sobre las cabelleras
Pulsan
sus sexos
húmedos y tibios
Otra vez
los jadeos
los arcos perfectos de las nalgas
El cansancio
que produce
la agitada posición
Y la calma
final
que abre la puerta.

Pueblo Emberá – Historia / Cosmogonía

Chocó fue el nombre que los conquistadores dieron a los nativos del litoral Pacífico. Entre ellos estaban los que se autodenominaban Emberá (“Gente”) ocupando las cuencas medias y altas de los ríos Atrato y San Juan y los afluentes orientales del río Baudó.

El pueblo Emberá estaba integrado por cuatro grupos principales, de los cuales se han desprendido los actuales grupos dialectales:
• Tatamá. En el alto San Juan y sus afluentes Sima y Tatamá.
• Citará. Alto Capá y Atrato.
• Cimbará. Medio San Juan.
• Grupo habitante de los afluentes orientales del río Atrato.

Los grupos compartían la lengua, la cosmovisión jaibaná, la movilidad territorial, el gobierno no centralizado, la cultura selvática y la estructura social, con unidades familiares como base de su sociedad y unidades más amplias para tareas cooperativas. Su economía se basaba en la agricultura itinerante del maíz, caza, pesca y recolección.

Además, se distinguían los grupos por su relación con el medio geográfico (bida: existencia):
• Eyabida. Gente de montaña   Eyo: Parte alta de la montaña y las laderas.     Emberá Chamí
                                                                                                                                                                  Emberá Katío
• Dobida. Gente del río                 Do: Río.
• Pusabida. Gente de mar           Pusá: Mar.
• Oibida. Gente de selva              Oi: Monte, selva adentro.

Con el establecimiento de la Gobernación de Nueva Andalucía, Alonso de Ojeda fundó el 20 de enero de 1510 el poblado de San Sebastián de Buenavista, en el margen oriental del Golfo de Urabá, estaba a cargo del más tarde famoso Francisco Pizarro. Hacia fin del año de su fundación, Núñez de Balboa la traslada al margen occidental, a Santa María de la Antigua del Darién, primer éxito colonizador en Tierra Firme. Se iniciaba el proceso de conquista y con ello la fragmentación de los territorios y cultura Emberá.

El carácter segmentario de su organización social les permitió resistir a la colonización de su territorio. Para rechazar las expediciones europeas se agrupaban bajo la autoridad de jefes de guerra temporales, o se dispersaban a sitios más inaccesibles.

A principios de siglo XVII, con los Emberá debilitados por las guerras y la viruela, se establecen los primeros centros para la extracción de oro en forma aluvial en el Alto San Juan – Nóvita y Sed de Cristo, los principales -, los emberá son utilizados como mineros y resultan víctimas de las guerras por el control de las minas.

En la segunda mitad del siglo XVII, se intenta la pacificación de la región por medio de las misiones, jesuitas en el San Juan y franciscanos en el Atrato. Estos últimos decidieron implantar el corregimiento, los castigos y la obligación de estar en los pueblos, hubo protestas y levantamientos disueltos por el ejército español; los nativos se dispersaron formando núcleos autónomos, explicando este hecho su supervivencia y la amplísima dispersión territorial que hoy presenta.

Entre 1718 y 1730, se crearon nuevas poblaciones en el alto San Juan y en el Atrato, incentivándose la colonización aurífera. A lo largo del siglo XVIII hubo constantes levantamientos nativos contra los españoles que respondieron con entradas de su ejército hasta consolidar su dominio. Las fundaciones posteriores de Dabeiba (1850), Puerto Rico (1876), Monte Líbano (1907), Tierra Alta (1913), profundizaron la desintegración de los resguardos Emberá.

A mediados del siglo XX, comienza una nueva etapa de fractura de la comunidad Emberá, al encontrarse sus territorios incluidos en el ámbito de la violencia generada por las guerrillas (FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), ERG (Ejército Revolucionario Guevarista), ELN (Ejército de Liberación Nacional) y el ejército colombiano.

La dispersión de las comunidades emberá condicionaron desarrollos disimiles, a partir de los contextos naturales en los que se albergaron y condicionados también por el tipo de poblaciones y de interacciones que afrontaron y que ejercieron diferentes influencias en cada grupo asentado en diferentes territorios. Hoy los encontramos distribuidos en en Colombia, Ecuador y Panamá. A pesar de ello, mantienen una cohesión a nivel cultural con elementos de identidad muy fuertes como su idioma, tradición oral, jaibanismo, y estructura social.

mapa


El Universo Emberá y el Jaibanismo

Los emberá consideran a Dachizeze (Tatzitzetze, también conocido como Ankore), como el ser primordial, masculino/femenino, creador de todos los elementos y los primeros seres.

Engendró a Caragabi quien dio origen a los Emberá y a su mundo, ordenando el cosmos y permitiéndoles el acceso al agua, al fuego y a los alimentos.

Trutruica, era el dueño de Armucura (mundo subterráneo), según algunas versiones era también creación de Dachizeze; según otras nadie le dio existencia, y en ese sentido era semejante a Dachizeze.

El Universo Emberá esta compuesto de tres niveles principales:

1. El mundo de Caragabi. Algunos lo llaman “Mundo de las cosas azules”. En él residen Dachizeze, Caragabi, una serie de seres primordiales y el alma de los muertos.

2. Armucura. Mundo gobernado por Trutruica, debajo del humano, en ellos habitan los jai (esencias, espíritus).

3. Mundo del hombre, que vive en constante enfrentamiento con los jai y los seres primordiales.

En un principio, la relación entre el mundo humano y el de Caragabi era buena, los hombres podían acceder a él por una escalera, pero cuando no cumplieron con los tabúes, se rompió la posibilidad de visitar el mundo de arriba. A partir de ese momento, sólo los jaibanás (chamanes) pueden acceder a los niveles esenciales.

Los jai del mundo de Trutruica, son agentes de la enfermedad y la agresión, pero también de la curación y protección. Entre los jai están los “dueños” de cada especie animal, a los que el jaibaná invoca para propiciar su abundancia o ahuyentarlos.

Entre los jai más importantes, se destacan:

Antumía: Jai maligno, equivalente al demonio. Considerado también espíritu del agua.
Pakore: Madre del monte, custodia las cacerías.
Nusi: Pez gigante.


Representaciones del los jai, según los jaibaná del noroccidente de Antioquía.

Izquierda: Antropomorfas. Las figuras con doble línea de color rojo representan espíritus poderosos, las que tienen círculos o puntos representan jai disfrazados de serpiente.
Derecha: Zoomorfas. La representación de la fauna no se diferencia mucho de los jai con forma de animal.
Trabajo de campo de Sergio Carmona, publicado en “Percepción y representación gráfica del mundo Embera del noroccidente de Antioquia”, Seduca 1988.

El Jaibaná

La interacción con los espíritus jai, esta a cargo de los jaibaná, quienes continúan la labor de Caragabi. Los tratos de los jaibaná con los jai garantizan las actividades fundamentales de la sociedad y la continuidad de los ciclos naturales, estableciendo a la vez la territorialidad de las comunidades. Los jaibanás pueden penetrar en la esencialidad de todas las cosas presentes en el universo, entablar comunicación con ellas, y volverlas sus aliados para curar o agredir.

Jaibaná puede ser hombre o mujer, sin ningún tipo de particularidad. Inicia su aprendizaje desde niño, guiado por un maestro, un jaibaná sabio y poderoso. Gran parte de su enseñanza le es transmitida por el maestro apareciendo en sus sueños, permitiéndole ver por encima de los límites del tiempo y la distancia. En su comunicación con los jais conocen las propiedades curativas de las plantas.

El jaibaná realiza una serie de ceremonias cuyo fin es la comunicación con los jai. Estas se realizan en las noches y deben tener los siguientes elementos de parafernalia ritual: bebidas embriagantes para los jai; bastones de madera, tallas de curación, hojas, totumas, pintura facial y corporal. El jaibaná las oficia sentado en bancos de madera generalmente tallados con la figura de un animal.

La ceremonia curativa recibe el nombre de “canto del jai” . El jaibaná se sienta en su banco sosteniendo sus bastones con la mano izquierda y agarrando una hoja de palma en su derecha comienza a cantar, como lo hará rítmica y sostenidamente durante toda la noche, hasta terminar su tarea. Llamará a los jai dueños de la enfermedad para que, a sus órdenes y bajo su control, saquen el jai de la enfermedad y alivien al enfermo. Al final, los jais se marchan llevando el jai causante del mal, el cual ha quedado ahora bajo control del jaibaná.

También realizan curaciones de casas, de la tierra para su siembra y cosecha, del río y la selva cuando los recursos son escasos. Su poder se amplía a los fenómenos naturales, produciendo provocar lluvias, rayos, truenos, tempestades e inundaciones y hasta temblores de tierra.

Entre sus ritos más sobresalientes está la “ombligada” que se le practica a los niños en luna llena, pocos días después de nacer, aplicando diferentes sustancias sobre su vientre. Dicen que con este ritual, los niños adquieren fuerza para cazar, pescar y navegar. Celebran el bautizo de los niños, la iniciación de los adolescentes y la cosecha.

Creación
Dachizeze o Ankore
Ser primordial,
femenino/masculino.
 
Caragabi
Da origen a los Emberá y a su mundo.
Trutruica
Opuesto a Caragabi, con el mismo poder.
 Niveles del Mundo
1.  Mundo de Caragabi
De las cosas azules, residen Dachizeze, Caragabi, seres primordiales y el alma de los muertos.
Jabainá (Chamán).
Controla las esencias y entabla relación con los diversos mundos.
2. Humano
Habitado por los emberás, que sufren el constante enfrentamiento entre los jai y los seres primordiales.
3. Mundo de Trutruica
(Armucura)
Habitado por los jai (espíritus).

  • Continúa con los dioses y leyendas (clic en “Sigue leyendo”)

Sigue leyendo

Edgar Allan García – Ecuador

Edgar Allan García

Nació en Guayaquil, Ecuador, el 17 de diciembre de 1958.
Tiene publicados más de cuarenta libros en los géneros de cuento, poesía, novela, ensayo y literatura infantil-juvenil.
Ha ganado algunos de los premios más importantes de su país, como el Darío Guevara Mayorga (en tres ocasiones), la Bienal de Poesía de “Cuenca” (en dos oportunidades) y el premio nacional “Ismael Pérez Pazmiño”, entre otros. A nivel internacional, se destaca el premio “Pablo Neruda” en poesía y el “Plural” en cuento. En 2004, ganó el “Hideyo Noguchi”, cuyo premio literario lo llevó a una gira de un mes por Japón.
Algunas de sus obras han sido publicadas en España, Perú, México y Argentina. Su libro Leyendas del Ecuador se ha convertido en un clásico de la literatura nacional en escuelas y colegios, en tanto que su novela juvenil El rey del mundo, fue escogida como parte del programa nacional de lectura de Argentina.
Es parte de múltiples antologías mundiales de poesía y cuento, y en 2010 fue incluido en el Gran Diccionario de Autores Latinoamericanos de Literatura Infantil y Juvenil, de Jaime García Padrino (Fundación SM Madrid).
Ha sido articulista de varias revistas nacionales e internacionales, profesor universitario de Creatividad y maestro de talleres literarios a nivel nacional e internacional, además de presidente de la Fundación “Jorge Icaza”, presidente del Consejo Nacional de Cultura (1996-1997) y Viceministro de cultura (1996-1997) y Director de Cultura del Municipio de Quito (2004-2005).


Cosmogonía elemental
    
En el principio era el caos
entonces apareció ella y puso la ropa
en su lugar los zapatos en su lugar
la hermosura en su lugar y el corazón
del hombre en el lugar preciso
durante los restantes nueve períodos
construyó universos semejantes
a un cuarto de juegos para que en él
retozaran gritos balbuceos y risas infantiles
(vibraciones desconocidas hasta entonces
en aquel espacio desolado)
al amanecer del tiempo noveno
emergió él (primogénito conforme
a sus semejanzas) de las entrañas de ella
y en un principio fue el niño más dulce
la alegría más profunda el más educado
y sumiso y ordenado (o casi) pero pronto
anheló conocer mejor
palpar otros mundos
desafiar la gravedad y el poder
besar la redondez primigenia
de otros cuerpos
desde entonces vive de su sudor
en un barrio de seres extraviados
luminosos absurdos como el caos.
    
Caracol nocturno    

Hoy retorno a vivir
digo, a morir.
J. Ramón Jiménez

Ovillado escucho latidos sombras
murmullos que escapan
de sueños neblinosos
(has despertado gimoteando
palabras oscuras
tus manos crispadas
tus ojos mirando sin mirar)
floto a la deriva
deliro sobre mis restos
tropiezo con espacios
que se expanden rugiendo
(uvas pisoteadas te sumergen
en una antigua ebriedad reciente)
me recuesto empapado
sobre mi germen ojo acuoso
ojo de fuego que gira
entre veloces cuerpos esmaltados
(emerges animal salvaje
sucio de fango y sangre
bestia rojiza que galopa desaforada
entre los estallidos de un incendio)
luces oxidadas
cielo de melaza caliente
destellos feroces
en la desembocadura de un desierto
(desciendes gritando
entre dos muslos)
la ciudad viscosa me cerca
(te roza con dedos de pulpo)
aterrorizado
devoro sueños carcomidos
selvas titilantes
astillas de cristales turbios
(en mitad de la resaca
saltas al abismo)
es mi grito demente
que espanta y devora
(es tu grito de pez
que huye torrente arriba)
mírame
(tócalo)
hija de tu hijo
(acaricia su yelmo reluciente)
cubre
(con tu rosado pezón)
mi dentellada.
    
Acerca del uso indiscriminado de los sueños
    
El poeta la soñó febril
minuciosa implacablemente:
formó primero sus ojos enigmáticos
y los dejó flotando sobre dos cuencos de luz negra
soñó luego en su pelo ola de miel salvaje
y en su boca pequeña y carnuda brillando
al final de una palabra misteriosa
determinó la altura de los senos
su consistencia el cálido temblor
del movimiento: en la cima
dos gotas púrpura destilando humedad
creó entonces un ombligo ojival
(ranura hechicera desde donde
-según él- se podía espiar el universo)
y colocó de par en par las ingles anunciando
profundos deliciosos mares internos
moldeó caderas altas nalgas atrevidas
espacios escabrosos
vellosidades
hoyuelos
en tanto las piernas largas largas se perdían
al final del sueño como un paso de danza
semejante al de la Pavlova
en sus buenos tiempos
el poeta la ha soñado
febril minucioso implacablemente
(igual que aquel mago taciturno
soñó un hijo en el cuento inolvidable de Borges)
pero ahora que la siente moverse
como una serpiente de oro bajo su cuerpo
ahora que por fin escucha su oscuro murmullo
inundando la casa y esos labios tiernos y brutales
succionan noche a noche su piel
de lobo solitario el poeta duda
con una duda terrible obsesiva:
¿y si él -brujo de la noche- no es más
que fantasma o simulacro en el sueño
de una mujer taciturna?
    
Oh Sexus Plexus Nexus
    
Ciudad mitológica
laberinto de piedra negra
campanarios flotantes estalactitas
niebla no pájaros no perros no nadie
solo ella
inasible a contraluna
pandereta en mano
entre luciérnagas salta gira vibra
nueve puertas abiertas su cuerpo desnudo
serpiente que danza y canta y viene hacia mí
con olor a almizcle a amapola a piel húmeda
oh hembruna rotación de universos
mira cómo resbalo en tu vientre aceitado
y me pierdo en tu ombligo de almendra
oye cómo despiertan los elfos
que habitan mi pecho
oh sacerdotisa de la carne
oh anaís perversa
que de cerebelo a escroto
me enredas en el anillo de tu cuerpo
y en mitad del ritual líquido me obligas
a gritar: oh peces de éter en remolino
este es el limbo este es el sueño donde abro
y penetro -yo cachorro electrizado-
la ansiada anémona caliente
de anaís la bella.
    
Oscuros racimos del ser    

You reached the secret too soon,
You cried for the moon…
Pink Floyd

Descubro soledades intactas en mi vientre
negras crines palpitando bajo el sol
estoy amaneciendo palpando en sombra
pequeños bosques de amaranto
bramidos húmedos grandes trizaduras
en la imagen del que era
hace apenas un segundo
tras el biombo larvas abandonadas
extrañas criaturas sobre
la tierra confusa
duendes de la calle disputándose
el tesoro de un pájaro muerto
o una rana blanca
oscuros racimos del ser aparecen
y desaparecen en súbitos espejos
son vestigios de la noche
que arrastra el viento
sombrero de mago del que saltan
liebres inverosímiles
y en un parpadeo borran el mundo
de lo verdadero y lo real.
    
Aproximaciones al paraíso    

Hungry clouds swag on the deep.
William Blake

El paraíso espléndidos cetáceos
sobre espejos calientes
incienso negro y ramitas de salvia
que una bruja moldea entre sus manos
el paraíso templos azules
asfixiados por ganglios cenicientos
adán el solitario recorriendo
las ciudades desquiciadas
de rimbaud el maldito
el paraíso la flor escindida
de una princesa remota
su inocente levedad desgajándose
bajo dedos temblorosos
mi lengua en su limbo
el paraíso una mujer enloquecida
cantando obscenidades sobre
el faro en tinieblas
un bonzo que profiere su última
arenga en la plaza vacía
el paraíso la mano furtiva
los dedos gozosos de alondra bajo la mesa
ruleta rusa en incendiados desvanes
bandada de libros cuervos
devorándome los ojos.
    
Oh zuleika
    
Mi prima zuleika
-la precoz-
en su infinita crueldad
se levanta al otro lado del cuarto
acomoda sus cabellos azules
me mira mirarla
cruda entera acezante
pequeña diosa sin alma
se inclina para lamerme los muslos
la miel pulida de las ingles
estos vellos púbicos forjados
en líquidos sueños
estas esferas velludas
como dos monstruos retráctiles
y el húmedo
el opulento venablo
que ya se tensa al olfatear
ese destello opalino
(resinoso aroma de bestia ebria
que navega entre sus piernas)
zuleika oh zuleika
vientre de fiebre espesa
que dejas rastros de baba
sobre mi lengua
mira cómo en silencio arriban
serpientes blancas a la orilla
y desovan.
    
Saturnales    

Y mis deseos brutales se cuelgan de sus labios.
Arthur Rimbaud

    
Ornella me sumerge en su ojo de buey
mis belfos paladea amatista bajo la luna
gozosa melissa socava mi osamenta
con qué alegría se confabulan
para darme a beber pócimas almizcladas
deliciosas glándulas en almíbar
afrodisíacos macerados con sangre
arteras trampas
contra el aprendiz de bárbaro
que en sus orificios obstinado irrumpe
amo a goyesca mesalina pelandusca
cucarachita mandinga prolonga
la bacanal de tannhäuser
miel y leche me aguardan
bajo la lengua de sulamita
justine es justa y entre su piernas
rehace el amor todos los días
estas lolitas venidas del fango
no le pertenecen señor humbert humbert
ahora toda mi verdad
es esta verde edad con mordeduras
henchida crisálida oscilando
entre avezados deseos
y placeres incipientes
rodeado de cornamentas
emplumadas toulouse se empeña en dibujar el vacío
una gorgona ebria se pierde en la humareda
otra yace sobre una montaña de girasoles
si juliette goza torturando
los sueños del divino marqués
y el viejo miller ha vuelto a comulgar
en los senos de cuarzo de afrodita
¿quién pagará el mescal
del sombrío cónsul? ¿quién osará levantar
un templo sobre su amor desorbitado?
cada vez que asciendo a los infiernos
el sagrado cabrón toca su tambor de hojalata
¡muerde! ¡muerde esta manzana!
ordena la sangre
¡yo le arranco el corazón!
    
Sobre los ijares de Rocinante
    
Mi padre tenía manos generosas
muy pocas veces puño o índice acusador
en largas vigilias escuché sus palabras
con la impavidez de quien mira
llover en macondo
(no había en mí tierra madura
para recibir sus profecías)
pero sin saber cuándo ni de qué forma
encarnó sus sueños en los míos
él olvidaba con frecuencia mi edad
solía confundirme con un niño
de perinola y cometa
para añorarme a su manera
otras veces me tomaba por un viejo
muy querido fantasma
y a él le contaba uno a uno sus silencios
mi padre decía que hay borregos y pillos
con mucho miedo y poca vergüenza
o que la vida tendrá que ser otra
o en el futuro o caray o qué cosas hombre
cuando pequeño tuvo una fiebre
que hizo estragos en sus ojos
sin embargo a nadie he conocido
que pudiera ver con tanta precisión y cariño
cosas y seres aparentemente pequeños:
ahí donde otros pisaban
él se hacía a un lado y dejaba
o ayudaba a pasar
esa actitud cotidiana lo convirtió
en sospechoso de buenismo inclaudicable
hecho que motivó el ensañamiento de sus enemigos
mi padre escribió un libro de poemas
y en uno de ellos me decía: “qué alegría
tan grande sentir cómo se agiganta
la espiga de tu espíritu
y se proyecta mi consciencia en la tuya
confundida en la sangre que te dio mi esperanza”
luego abandonó la poesía
(había labores más urgentes)
pero ella se negó a abandonarlo
aduciendo pretextos desesperados
mi padre un día de cuyo nombre
no quiero acordarme fue declarado muerto
por médicos que nada saben de estas cosas
y bajó al útero de su tierra
montado sobre los ijares de rocinante
no dijo luz más luz
sino soledad otra vez soledad
porque han de saber que para los buscadores
el vacío es una sanguijuela voraz
adherida a las sienes
para muchos él siempre había medido
un metro con setenta más o menos
pero aquel día de acuosa y asfixiante sombra
vimos cómo su corazón rompía
el maderamen del ataúd
las paredes de la casa
los invisibles muros de la ciudad
y por sobre gritos escandalizados
de amigos y parientes
la certeza de que teníamos aquella enorme
y palpitante herencia nos hizo dejar de llorar
(salvo una que otra lagrimita)
durante todos estos años
mi padre entra a veces a mi cuarto
por las ventanas abiertas y se sienta
al escritorio a amasar poemas
que luego digo que son míos
(por no delatarlo)
con el tiempo nos hemos acostumbrado
a nuestra soledad inexorable
y en los espejos ya no hay desencuentros
ni miedo ni angustia
solo el reconocimiento de la entrañable
hermandad que nos agranda.
    
You can never drink of it    

-No se dice drink of it, señora Gregorio, lo que
usted quiere decir es think of it.
Malcom Lowry, Bajo el Volcán

    
Me bebo la tarde (la luz mortecina
de la tarde) me bebo la ciudad (sus
pasadizos ocultos sus disecciones
aleatorias su ciego empeño en
incubar azuladas doncellas) me bebo
el chasquido de unos ojos (arcanos
recintos donde un furtivo daimon
se agita) me bebo la noche efervers-
cente (emboscadas de mujeres movedizas
labios efímeros o lenguas rapaces
estallidos de mar contra el insomnio)
me bebo recuerdos amarillos (fugacidades
que el tiempo disecó y ahora guarda
en pequeñas hornacinas blancas)
me bebo los años que he muerto bus-
cándola (en vano te soñaron mis estíos
hembra proteica cuerpo mandala
rostro de bailarina asiria
subiendo con las crepitaciones)
me bebo el resplandor oscuro de
la luna (pienso en ancianos
marchitos amasando vidas secretas
en santos agazapados
ardiendo sobre llamaradas frías
en hermafroditas que un día
tuvieron el coraje de renunciar
al cielo prometido para vadear
el pozo de las revelaciones)
me bebo a mí mismo (es tan
difícil escoger entre promesas
decoradas con amuletos inservibles
o el manantial que profané hasta
desencontrarme o esas precarias
esfinges para resucitar lázaros ajenos
¡denso engrudo donde quedaron
atrapadas mis antiguas marionetas!)
me bebo el amanecer (un caracol
absorto ante su propia huella
yace sobre la arena húmeda
una gaviota se ha perdido mientras
retozaba entre hendeduras de basalto
el borracho continúa sobre el peñón
vigilando el ritmo ciego de las mareas
le han permitido sumergirse
en su lenguaje inútil en esa lucidez
errática y maldita que los cuerdos abominan
pero afirman -quienes saben- que ya ninguna
cofradía podrá unir los cabos sueltos
y que una madrugada -para felicidad
de los turistas- terminará
por ceder al llamado de las aguas)
me bebo el sol (bestia
oronda y perezosa que me empuja al
barranco).

Margarita Laso – Puñales

   
Mi vida es cual hoja seca
que va rodando en el mundo,
que va rodando en el mundo…
No tiene ningún consuelo,
no tiene ningún halago.
Por eso cuando me quejo,
mi alma padece cantando,
mi alma se alegra llorando.
Llorando mis pocas dichas,
cantando mis desventuras,
cantando mis desventuras…
Camino sin rumbo cierto,
sufriendo esta cruel herida…
y al fin me ha de dar la muerte
lo que me niega la vida,
lo que me niega la vida..
Qué mala suerte tienen los pobres,
que hasta los perros les van mordiendo.
Así es la vida guambrita,
Ir por el mundo bonita,
siempre sufriendo…
Así es la vida guambrita,
Ir por el mundo bonita,
siempre sufriendo…
Yaraví ecuatoriano de Ulpiano Benítez

Margarita Laso – Ecuador

Ulpiano Benítez

Nació en Otavalo, provincia de Ibarra, Ecuador, en 1872 y murió en el mismo cantón, el 30 de marzo de 1968, a la edad de 96 años. Músico y compositor, tocaba la guitarra y la flauta; es padre del cantante de música popular Gonzalo Benítez. De su autoría son los yaravíes: Puñales, Despedida y Nunca me olvido, interpretados por el dúo Benítez-Valencia y en nuestra presentación de hoy por Margarita Laso.

Juan Fernando Velasco – A tajitos de caña

   
Para tus ojos verdes amor, de caña verde,
para tu piel dorada mi ser, de espiga sembrada,
para tus ojos verdes amor, de caña verde,
para tu piel dorada mi ser, de espiga sembrada.
Para ti mi cancion bajara la quebrada,
ojala llegue al rio, donde estas amada,
y te diga al oído, que el cañal me ha soplado,
y que ha quebrado mis versos de amor, para decirte mia.
A tajitos de caña llegaste a mi vida,
a tajitos de miel endulzaste mi alma,
y a tajitos de amor, te fui queriendo,
como la caña verde al sol y el pan a la espiga.
Para ti mi cancion bajara la quebrada,
ojala llegue al rio, donde estás amada,
y te diga al oido que el cañal me ha soplado,
y que ha quebrado mis versos de amor, para decirte mia.
A tajitos de caña llegaste a mi vida,
a tajitos de miel endulzaste mi alma,
y a tajitos de amor te fui queriendo,
como la Caña verde al sol y el pan a la espiga.

Juan Fernando Velasco
Nació en Quito, Ecuador, el 17 de enero de 1972.
Además de sus logros profesionales, su lado humano y su compromiso social son reconocidos con diferentes condecoraciones y designaciones, las dos más importantes: la Orden Vicente Rocafuerte (2004), máximo reconocimiento del Congreso Nacional del Ecuador al Mérito Artístico, y la designación como Embajador de la Paz (2004) por parte de la Plataforma Interamericana de Derechos Humanos.
En febrero de 2008, se hizo en Quito el lanzamiento oficial de la Fundación Yo Nací Aquí, una iniciativa de Juan Fernando y un compromiso social con su país.
Invitado por Juanes, fue uno de los siete músicos que participaron en el concierto “Paz sin fronteras”, junto a Miguel Bosé, Juan Luis Guerra, Ricardo Montaner, Alejandro Sanz y Carlos Vives. El concierto tuvo lugar el 16 de marzo del 2008 en el puente Simón Bolivar, en Cúcuta, en la frontera entre Colombia y Venezuela.
La edición de agosto de 2008 de la revista Latina Magazine incluye a Juan Fernando Velasco como el mejor cantautor de su país y como uno de los mejores exponentes musicales de habla hispana en la actualidad.
   
Discografía:
1999:Para Que No Me Olvides
2002:Tanto Amor
2005:Juan Fernando Velasco En Vivo
2007:A Tu Lado
2010:Con Toda El Alma