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Armando Mariño – Cuba

Armando Mariño, pintor cubano


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Armando Mariño

Nació en la ciudad de Santiago de Cuba, Cuba en el año 1968.
Estudió pintura desde 1982 a 1987 en la Escuela Provincial de Arte Joaquín Tejada en Santiago de Cuba y desde 1987 a 1992 en la Facultad de Educación Artística del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona en la Habana, Cuba. Desde el 2004 al 2005 estudió en el Rijksakademie van beldeende kunsten en Amsterdam, Holanda.
En el año 1999 la galería Gary Nader presentó la primera exposición personal de Armando Mariño en la ciudad de Miami titulada Pintura Reciente en la galería Gary Nader fine art en Coral Gables, Florida.
Dos años más tarde, Gary Nader realiza la curaduría de la segunda exposición de Mariño en Miami titulada In Utero e inaugurada en la galería Gary Nader fine art en coral Gables, Florida en Agosto del 2001.
Su trabajo ha sido ampliamente exhibido internacionalmente y forma parte de las colecciones permanentes de Deutsche Bank Collection USA, 21cMuseum, Shelley and Donald Rubin Private Collection, Sarah and Darius Anderson Collection, Howard Farber Collection, Centro Wifredo Lam, en la Habana, Colección Berardo Museo de Arte Moderna en Sintra, Portugal, National Museum of Valjevo, Coca Cola Foundation en España, University of Virginia Art Museum, Rijskakademie van beeldende kunsten en Amsterdam, Holanda, Museo Nacional de Bellas Artes en la Habana, Cuba, Gary Nader Collection, entre otros.
Actualmente vive y trabaja en Nueva York

Pagina Web de Armando Mariño

Alejo Carpentier – Los fugitivos

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Alejo Carpentier

Nació el 26 de diciembre de 1904 en la calle Maloja, La Habana.
(NdeTC: Hallazgo de documentación más reciente fijan su lugar de nacimiento en Lausana, Suiza, lo cual carece de importancia), Su padre, Jorge Julián Carpentier era un arquitecto de origen francés y su madre Lina Vamont, de origen ruso, fue profesora de idiomas. El ambiente musical de la familia determinó la pasión por la música que sentiría de siempre Carpentier ya que su padre fue cellista, discípulo de Pau Casals y su abuela paterna había sido pianista, discípula de César Franck.
Alejo estudió en el Candler Collage, y después en el Colegio Mimó de La Habana. En 1913 viajó con sus padres a Rusia, Francia, Austria y Bélgica.
El futuro escritor tuvo una educación singular ya que su padre consideraba que la enseñanza primaria en La Habana era muy anticuada y decidió poner a su hijo al frente de una granja, El Lucero, en las afueras de la ciudad, y él mismo lo inició con clásicos de la literatura como Balzac, Zola, y Flaubert, aunque en 1917 ingresó en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana a la vez que estudiaba teoría musical, y en 1921 fue admitido en Escuela de Arquitectura de la Universidad de La Habana, pero los abandonó posteriormente. En 1922 empezó a colaborar como periodista en La Discusión. En esta época conoció a Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena y Juan Marinello y se integró en el Grupo Minorista. Fue nombrado jefe de redacción de Hispania, y colaboró en la revista Carteles, La revista Chic, el periódico El Universal, El País, La revista Social, y
El Heraldo. Fue también jefe de redacción de la revista Carteles. En 1926 fue invitado a un congreso de escritores en México y allí tuvo la oportunidad de hacer amistad con Diego Rivera y con José Clemente Orozco. Fue encarcelado el 9 de julio de 1927 por haber firmado el Manifiesto Minorista, y pasó siete meses en prisión. En 1928 se fugó de la Habana sin pasaporte lo que se debió, según Carpentier, a la presencia en la ciudad del poeta surrealista Robert Desnos. Éste lo ayudó a embarcar en el buque España, con su pasaporte. Vivió en Francia de 1928 hasta 1939, donde trabajó como jefe de redacción de la revista Musicalia, y colaboró en Bifur y  Documents, revistas de vanguardia, e inició su investigación profunda, a través de las lecturas del continente americano, fundamentales para su obra posterior. André Breton lo invitó a colaborar en la revista La Revolución Surrealista, lo que le permitió conocer a Louis Aragón, Tristan Tzara, Paul Eluard, Georges Sadoul, Benjamín Péret, y a los pintores Giorgio de Chirico, Ives Tanguy y Pablo Picasso.
También en este año conoció a Ernest Hemingway, con quien mantendría una gran amistad.
En 1932 inició su trabajo en la radio en Poster Parisién, la estación más importante de la época. Al año siguiente ya dirigía los estudios Foniric de París hasta 1939. Su primera novela, ¡Écue-Yamba-O!, fue publicada en Madrid, donde hizo amistad con Federico García Lorca, Rafael Alberti, José Benjamín y Pedro Salinas. En 1937, en plena guerra civil, participó representando a Cuba, junto a Juan Marinello, Nicolás Guillén, Félix Pita Rodríguez y Leonardo Fernández Sánchez en el II Congreso Internacional de Escritores para la defensa de la cultura, celebrado en Madrid, Valencia y Barcelona. En 1939 regresó a Cuba, donde dirigió diversos programas de radio hasta 1945. En
1941 contrajo matrimonio en Santa María del Rosario con Lilia Esteban. Desde 1945 tuvo a su cargo la Cátedra de Historia de la Cultura en la Escuela de Artes Plásticas hasta 1957. Carpentier manifestó claramente su compromiso con la Revolución Cubana, para la que se ocupó de la administración general de la Editorial de Libros Populares de Cuba y el Caribe. Siguió su colaboración en publicaciones como El Mundo, Revolución, Granma, Gaceta de Cuba, Unión, Cuba, Islas, Casa de las Américas, Bohemia y Revolución y Cultura. En 1960 fue nombrado subdirector de Cultura del Gobierno Revolucionario de Cuba y vicepresidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), y más adelante director ejecutivo de la Editorial Nacional de Cuba, cargo que ocuparía hasta 1966.
Falleció en París el 24 de abril de 1980.
Carpentier está considerado como uno de los grandes escritores del siglo XX, fue uno de los artífices de la renovación de la literatura latinoamericana, en particular a través de su estilo de escritura, que incorpora todas las dimensiones de la imaginación —sueños, mitos, magia y religión— en su idea de la realidad. Él fue el primer escritor latinoamericano que afirmó que Hispanoamérica era el barroco americano abriendo una vía literaria imaginativa y fantástica pero basado en la realidad americana, su historia y sus mitos.

BIBLIOGRAFÍA
El reino de este mundo (1949)
Los pasos perdidos (1953)
Guerra del tiempo (1958)
El siglo de las luces (1962)
Concierto Barroco (1974)
El recurso del método (1974)
La consagración de la primavera (1978)

Los fugitivos

El rastro moría al pie de un árbol. Cierto era que había un fuerte olor a negro en el aire, cada vez que la brisa levantaba las moscas que trabajaban en oquedades de frutas podridas. Pero el perro —nunca le habían llamado sino Perro— estaba cansado. Se revoleó entre las yerbas para desrizarse el lomo y aflojar los músculos. Muy lejos, los gritos de los de la cuadrilla se perdían en el atardecer. Seguía oliendo a negro. Tal vez el cimarrón estaba escondido arriba, en alguna parte, a horcajadas sobre una rama, escuchando con los ojos. Sin embargo, Perro no pensaba ya en la batida. Había otro olor ahí, en la tierra vestida de bejuqueras que un próximo roce borraría tal vez para siempre. Olor a hembra. Olor que Perro se prendía, retorciéndose patas arriba, riendo por el colmillo, para llevarlo encima y poder alargar una lengua demasiado corta hacia el hueco que separaba sus omoplatos. Las sombras se hacían más húmedas. Perro se volteó, cayendo sobre sus patas. Las campanas del ingenio, volando despacio, le enderezaron las orejas. En el valle, la neblina y el humo eran una misma inmovilidad azulosa, sobre la que flotaban cada vez más siluetas, una chimenea de ladrillos, un techo de grandes aleros, la torre de la iglesia, y las luces que parecían encenderse en el fondo de un lago. Perro tenía hambre. Pero hacia allá, había olor a hembra. A veces lo envolvía aún el olor a negro. Pero el olor de su propio celo, llamado por el olor de otro celo, se imponía a todos los demás. Las patas traseras de Perro se espigaron, haciéndole alargar el cuello. Su vientre se hundía, al pie del costillar, en el ritmo de un jadeo corto y ansioso. Las frutas, demasiado llenas de sol, caían aquí y allá, con un ruido mojado, esparciendo, a ras del suelo, efluvios de pulpas tibias.

Perro se echó a correr hacia el monte, con la cola gacha, como perseguido por la tralla del mayoral, contrariando su propio sentido de orientación. Pero olía a hembra. Su hocico seguía una estela sinuosa que a veces volvía sobre sí misma, abandonaba el sendero, se intensificaba en las espinas de un aromo, se perdía en las hojas demasiado agriadas por la fermentación, y renacía, con inesperada fuerza, sobre un poco de tierra, recién barrida por una cola. De pronto, Perro se desvió de la pista invisible, del hilo que se torcía y destorcía, para arrojarse sobre un hurón. Con dos sacudidas, que sonaron a castañuela en un guante, le quebró la columna vertebral, arrojándolo contra un tronco… Pero se detuvo de súbito, dejando una pata en suspenso. Unos ladridos, muy lejanos, descendían de la montaña.

No eran los de la jauría del ingenio. El acento era distinto, mucho más áspero y desgarrado, salido del fondo del gaznate, enronquecido por fauces potentes. En alguna parte se libraba una batalla de machos que no llevaban, como Perro, un collar con púas de cobre con una placa numerada. Ante esas voces desconocidas, mucho más alubonadas que todo lo que hasta entonces había oído, Perro tuvo miedo. Echó a correr en sentido inverso, hasta que las plantas se pintaron de luna. Ya no olía a hembra. Olía a negro. Y ahí estaba el negro, en efecto, con su calzón rayado, boca abajo, dormido. Perro estuvo por lanzarse sobre él siguiendo una consigna lanzada de madrugada, en medio de un gran revuelo de látigos, allá donde había calderos y literas de paja. Pero arriba, no se sabía dónde, proseguía la pelea de los machos. Al lado del cimarrón quedaban huesos de costillas roídas. Perro se acercó lentamente, con las orejas desconfiadas, decidido a arrebatar a las hormigas algún sabor de carne. Además aquellos otros perros de un ladrar tan feroz, lo asustaban. Más valía permanecer, por ahora, al lado del hombre. Y escuchar. El viento del sur, sin embargo, acabó por llevarse la amenaza. Perro dio tres vueltas sobre sí mismo y se ovilló, rendido. Sus patas corrieron un sueño malo. Al alba, Cimarrón le echó un brazo por encima, con gesto de quien ha dormido mucho con mujeres. Perro se arrimó a su pecho, buscando calor. Ambos seguían en plena fuga, con los nervios estremecidos por una misma pesadilla, tina araña, que había descendido para ver mejor, recogió el hilo y se perdió en la copa del almendro, cuyas hojas comenzaban a salir de la noche.

II

Por hábito, Cimarrón y Perro se despertaron cuando sonó la campana del ingenio. La revelación de que habían dormido juntos, cuerpo con cuerpo, los enderezó de un salto. Después de adosarse a dos troncos, se miraron largamente. Perro ofreciéndose a tomar dueño. El negro ansioso de recuperar alguna amistad. El valle se desperezaba. A la apremiante espadaña, destinada a los esclavos, respondía ahora, más lento, el bordón armoriado de la capilla, cuyo verdín se mecía de sombra a sol sobre un fondo de mugidos y de relinchos, como indulgente aviso a los que dormían en altos lechos de caoba. Las gallos rondaban a las gallinas para cubrirlas temprano, en espera de que el meñique de la mayorala se cerciorase de la presencia de huevos aún sin poner. Un pavo real hacía la rueda sobre la casa-vivienda, encendiéndose con un grito, en cada vuelta y revuelta. Los caballos del trapiche iniciaban su largo viaje en redondo. Los esclavos oraban frente a cazuelas llenas de pan con guarapo. Cimarrón se abrió la bragueta, dejando un reguero de espuma entre las raíces de una ceiba. Perro alzó la pata sobre un guayabo tierno. Ya asomaban machetazos en los cortes de caña. Los dogos de la jauría cazadora de negros sacudían sus cadenas, impacientes por ser sacados del batey.

—¿Te vas conmigo? —preguntó Cimarrón.

Perro lo siguió dócilmente. Allá abajo había demasiados látigos, demasiadas cadenas, para quienes regresaban arrepentidos. Ya no olía a hembra. Pero tampoco olía a negro. Ahora Perro estaba mucho más atento al olor a blanco, olor a peligro. Porque el mayoral olía a blanco, a pesar del almidón planchado de sus guayaberas y del betún acre de sus polainas de piel de cerdo. Era el mismo olor de las señoritas de la casa, a pesar del perfume que despedían sus encajes. El olor del cura, a pesar del tufo de cera derretida y de incienso, que hacía tan desagradable la sombra, tan fresca, sin embargo, de la capilla. El mismo que llevaba el organista encima, a pesar de que los fuelles del armonio le hubieran echado tantos y tantos soplos de fieltro apolillado. Había que huir ahora del olor a blanco. Perro había cambiado de bando. Sigue leyendo

Santiago Feliú – Ansias del alba

           

Viaja en el tiempo
todo el silencio
que los hombres dejaron
detrás de sí.
Monta en su cuento
todo el invento
que su corazón deja
escapar.
   
Pasarás y las piedras serán
tu perdón, caminante
que vas volviendo a nacer.
Si te acercas, verás
que podemos sentirlo los dos
y por fin de nuevo… a volar.
   
Tintos en sangre,
mares y el viento
del humano que pide vivir aquí.
Toda tu vida
corre el peligro
de vivir lo que quieres creer.
   
Savia del alma,
aventura en la sangre
que no ha de morir.
Y si no, ¿cómo hay que seguir?
Pronto será cuando estemos
sintiendo otra vez por amor;
y si no, ¿qué puedes tener?
   
Dame un pedazo,
llévame en brazos,
que otra vez necesito
sentirme en paz.
Patria sagrada,
ansias del alba,
no te olvides que andamos
muy mal sin ti.
   
Danza en el hombre
un infierno capaz
de matarse y matar,
desde la ternura hasta el sol.
Fieles amantes,
cerrojos y pactos,
y madres que están
reclamando milagros del bien.
   
Vueltas eternas,
calles desiertas,
la memoria girando
en la luz.
Y viaja en el tiempo
todo el silencio
que los hombres dejaron
detrás de sí.

Santiago Feliú – Iván Latour

Nació en La Habana, Cuba, el 29 de marzo de 1962, es un cantautor que pertenece al movimiento conocido como la Nueva Trova.
Fue aprendiz de los amigos músicos de su hermano Vicente, aunque formalmente fue alumno de Silvio Rodríguez.
A sus 13 años conoce artistas de su generación que más adelante le acompañarán en los escenarios, algunos como Ferrer, Ismael Serrano, Gerardo Alfonso, Fito Páez, entre otros.
A los 16 años comienza a integrarse al grupo actual de trovadores, siendo además un candidato constante en los espacios de la Nueva Canción.
Da un giro revolucionario al género de la trova por medio de canciones en las que se elabora una guitarra más detallada que la que se usa normalmente como mero acompañamiento.
Se ha presentado junto a grandes exponentes de las dos generaciones de trova como Noel Nicola, Frank Delgado, Luis Eduardo Aute, Luis Pastor, León Gieco, Silvio Rodríguez, Vicente Feliú, entre otros.
En sus canciones, se pueden encontrar un sin fin de enfoques dirigidos tanto al sentido de la vida, al existir humano, a la historia y sus cuestiones como la revolución, la evolución, la guerra o el tiempo mismo. Falleció en La Habana el 12 de febrero de 2014
.

 

Santiago Feliú

Liuba María Hevia – Como un duende

Porque atravesó la noche tu mirada
porque aceleró mi verso su coartada.
 
Porque tropezó la risa con tu cara
porque distinguí la estrella más lejana.
 
Porque el día es como un duende
que se prende en tu mirada
porque me perdí en tu orilla
y me bebí la madrugada.
 
Porque organizó la luna tu llegada
porque aceleró mi verso su coartada.
 
Porque combinó la rosa con la almohada
porque distinguí la estrella más lejana.
 
Porque el día es como un duende
que se prende en tu mirada
porque me perdí en tu orilla
y me bebí la madrugada.
 
Porque tu has dejado en esta guitarra
 
tu olor a luna llena.
 
Porque has traído la primavera
 
Porque el universo que nos abraza
no tiene idioma, no tiene raza.
 
Porque atravesaste con tu mirada
el techo azul de la madrugada.
 
Porque se renueva el agua del río
porque tu amor es el canto mío.
 
Porque el día es como un duende
que se prende en tu mirada
porque me perdí en tu orilla
y me bebí…
 
Porque me perdí en tu orilla
y me bebí la madrugada.

Liuba María Hevia

Yusa – Mares de inocencia

                 
Como me ahogaba ese recuerdo
de que tus mares no sean míos
y no tener tu cuerpo entre mis olas,
de sentir al viento deslizándose
hacia mi como gaviotas,
expandiendo su divina humanidad.
 
Pero en este momento entiendo
esos placeres como el paraíso del alma,
la vida no nos concede tan facilmente
sino que nos hace tropezar y correr
hacia esa libertad de amarlo todo
permitirnos alcanzar esa verdad.

yusa
Yusa

Katia Cardenal – Sueño de una noche de verano

 

Yo soñé con aviones
 que nublaban el día,
 justo cuando la gente
 más cantaba y reía,
 más cantaba y reía.
    
Yo soñé con aviones
que entre sí se mataban
destruyendo la gracia
de la clara mañana
de la clara mañana.
    
Si pienso que fui hecho
para soñar el sol
y para decir cosas
que despierten amor.
¿Cómo es posible entonces
que duerma entre saltos
de angustia y horror?
    
En mi sábana blanca
vertieron hollín,
han echado basura
en mi verde jardín
si capturo al culpable
de tanto desastre
lo va a lamentar.
    
Anoche tuve un sueño
y anoche era verano
oh verano terrible
para un sueño malvado,
para un sueño malvado.
    
Anoche tuve un sueño
que nadie merecía
¿Cuánto de pesadilla
quedará todavía,
quedará todavía?
    
Si pienso que fui hecho
para soñar el sol
y para decir cosas
que despierten amor.
¿Cómo es posible entonces
que duerma entre saltos
de angustia y horror?
    
En mi sábana blanca
vertieron hollín,
han echado basura
en mi verde jardín
si capturo al culpable
de tanto desastre
lo va a lamentar.
    
Yo soñé un agujero
bajo tierra y con gente
que se estremecía
al compás de la muerte,
al compás de la muerte.
    
Yo soñé un agujero
bajo tierra y oscuro
y espero que mi sueño
no sea mi futuro,
no sea mi futuro.
    
Si pienso que fui hecho
para soñar el sol
y para decir cosas
que despierten amor.
¿Cómo es posible entonces
que duerma entre saltos
de angusti a y horror?
    
En mi sábana blanca
vertieron hollín,
han echado basura
en mi verde jardín
si capturo al culpable
de tanto desastre
lo va a lamentar

Silvio Rodriguez

Katia Cardenal

Liuba María Hevia – Con los hilos de la luna

   

Mi abuelo llegó en un barco, pero se trajo la luna
dibujada en un pañuelo que un día colgó en mi cuna.
La inmensa luna diamante era la mejor fortuna
que acompañó al emigrante de aquella España lorquiana y dura.
    
Cantaba con ese acento que tanto lo distinguía,
risueño me revelaba la copla que así decía:
“Niña, nunca te enamores si hay luna cuarto menguante
que puede robarte el sueño un asturiano emigrante”.
    
No sé si he podido ser lo que él soñó que yo fuera,
lo cierto es que, mire usted, mi abuelo fue mi primera escuela,
puso raíz en el puerto y estrenó bajo una ceiba
las alas del papalote que me llevaban hasta su tierra.
    
Mi abuelo tejió mi hamaca con los hilos de la luna,
abuelo pintó mi infancia con un verdor aceituna.
Se puede viajar el mundo en los ojos de un abuelo
que nos regala la luna dibujada en un pañuelo.
    
Un día llegué a su tierra y allí me estaba esperando
la luna de aquel dibujo que desde el cielo iba pregonando:
“Niña, nunca te enamores si hay luna cuarto menguante
que puede robarte el sueño un asturiano emigrante”.
    
Niña, nunca te enamores si hay luna cuarto menguante,
que puede robarte el sueño un asturiano emigrante.
    
Trajo la gaita asturiana y el pasodoble elegante
pero se quedó conmigo entonando “De dónde son los cantantes…”
    
Abuelo tejió mi hamaca con los hilos de la luna,
artesano de mis alas, carrusel para la altura.
    
Su sonrisa desafiaba el trueno y el aguacero.
Cuánta ternura cabía bajo las alas de su sombrero.
    
Mi abuela besó a mi abuelo en luna cuarto menguante;
mi abuela bebió el misterio bendito del asturiano emigrante.
    
No sé si he podido ser lo que él soñó que yo fuera,
lo cierto es que, mire usted, mi abuelo fue mi primera escuela,
puso raíz en el puerto y estrenó bajo una ceiba
las alas del papalote que me llevaban hasta su tierra.
    
Mi abuelo llegó en un barco, pero se trajo la luna
dibujada en un pañuelo que un día colgó en mi cuna.


Liuba María Hevia
Nació en La Habana, el 14 de diciembre de 1964.  De formación autodidacta, comenzó su carrera artística acompañando su canto con una guitarra. Estudió guitarra con Leopoldina Núñez. En 1982 concluyó sus estudios de Terapia Musical. Inició su carrera artística en 1983; después estuvo un año en Cienfuegos, junto al trovador Lázaro García. De regreso a La Habana, trabajó con el Conjunto Artístico de las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias).
Desde 1982 es parte del prestigioso movimiento de la Nueva Trova, fundado por figuras legendarias como Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, con quienes ha compartido varios de sus trabajos discográficos. Sus canciones se caracterizan por la poesía, el lirismo de los textos y la acertada fusión de géneros musicales. Dentro de sus composiciones podemos encontrar guajiras, boleros, sones, habaneras así como cuidadas versiones de grandes clásicos latinoamericanos.
Otra de sus cualidades especiales y donde desborda su gran comunicación con el espectador es su trabajo para los niños, con obras de la poetisa y trovadora cubana Ada Elba Pérez (Cuba, 1961 – 1992), temas propios y la interpretación de clásicos del repertorio infantil hispanoamericano. La presencia, en su grupo acompañante, de las cuerdas clásicas como el cello  y el violín junto a instrumentos folklóricos cubanos como el tres y el laúd y la percusión, unidos a su inconfundible voz, imprimen a su trabajo un sello personalísimo.
Ha participado en el festival Internacional del periódico francés L’Humanité, 1986; Festival Iberoamericano de la Décima, 1990. Entre sus influencias se encuentra la de Pedro Luis Ferrer. Ha realizado giras por Colombia y España. Obtuvo, en el Cubadisco 2002, por Travesía mágica, el Premio en la categoría de Música infantil.
 
Discografía:
  • Coloreando la esperanza, (1993)
  • Señor Arcoíris, (1995)
  • Habaneras en el el tiempo , (1995)
  • Alguien me espera, (1996)
  • Del verso a la mar, (1998)
  • Travesía mágica, (2001)
  • Ilumíname, (2002)
  • Ángel y Habanera, (2004)
  • !Atentos! Traigo un regalo, (2005)
  • Secretos cantados, (2007)
  • Puertas, (2010)