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Pueblo Emberá – Historia / Cosmogonía

Chocó fue el nombre que los conquistadores dieron a los nativos del litoral Pacífico. Entre ellos estaban los que se autodenominaban Emberá (“Gente”) ocupando las cuencas medias y altas de los ríos Atrato y San Juan y los afluentes orientales del río Baudó.

El pueblo Emberá estaba integrado por cuatro grupos principales, de los cuales se han desprendido los actuales grupos dialectales:
• Tatamá. En el alto San Juan y sus afluentes Sima y Tatamá.
• Citará. Alto Capá y Atrato.
• Cimbará. Medio San Juan.
• Grupo habitante de los afluentes orientales del río Atrato.

Los grupos compartían la lengua, la cosmovisión jaibaná, la movilidad territorial, el gobierno no centralizado, la cultura selvática y la estructura social, con unidades familiares como base de su sociedad y unidades más amplias para tareas cooperativas. Su economía se basaba en la agricultura itinerante del maíz, caza, pesca y recolección.

Además, se distinguían los grupos por su relación con el medio geográfico (bida: existencia):
• Eyabida. Gente de montaña   Eyo: Parte alta de la montaña y las laderas.     Emberá Chamí
                                                                                                                                                                  Emberá Katío
• Dobida. Gente del río                 Do: Río.
• Pusabida. Gente de mar           Pusá: Mar.
• Oibida. Gente de selva              Oi: Monte, selva adentro.

Con el establecimiento de la Gobernación de Nueva Andalucía, Alonso de Ojeda fundó el 20 de enero de 1510 el poblado de San Sebastián de Buenavista, en el margen oriental del Golfo de Urabá, estaba a cargo del más tarde famoso Francisco Pizarro. Hacia fin del año de su fundación, Núñez de Balboa la traslada al margen occidental, a Santa María de la Antigua del Darién, primer éxito colonizador en Tierra Firme. Se iniciaba el proceso de conquista y con ello la fragmentación de los territorios y cultura Emberá.

El carácter segmentario de su organización social les permitió resistir a la colonización de su territorio. Para rechazar las expediciones europeas se agrupaban bajo la autoridad de jefes de guerra temporales, o se dispersaban a sitios más inaccesibles.

A principios de siglo XVII, con los Emberá debilitados por las guerras y la viruela, se establecen los primeros centros para la extracción de oro en forma aluvial en el Alto San Juan – Nóvita y Sed de Cristo, los principales -, los emberá son utilizados como mineros y resultan víctimas de las guerras por el control de las minas.

En la segunda mitad del siglo XVII, se intenta la pacificación de la región por medio de las misiones, jesuitas en el San Juan y franciscanos en el Atrato. Estos últimos decidieron implantar el corregimiento, los castigos y la obligación de estar en los pueblos, hubo protestas y levantamientos disueltos por el ejército español; los nativos se dispersaron formando núcleos autónomos, explicando este hecho su supervivencia y la amplísima dispersión territorial que hoy presenta.

Entre 1718 y 1730, se crearon nuevas poblaciones en el alto San Juan y en el Atrato, incentivándose la colonización aurífera. A lo largo del siglo XVIII hubo constantes levantamientos nativos contra los españoles que respondieron con entradas de su ejército hasta consolidar su dominio. Las fundaciones posteriores de Dabeiba (1850), Puerto Rico (1876), Monte Líbano (1907), Tierra Alta (1913), profundizaron la desintegración de los resguardos Emberá.

A mediados del siglo XX, comienza una nueva etapa de fractura de la comunidad Emberá, al encontrarse sus territorios incluidos en el ámbito de la violencia generada por las guerrillas (FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), ERG (Ejército Revolucionario Guevarista), ELN (Ejército de Liberación Nacional) y el ejército colombiano.

La dispersión de las comunidades emberá condicionaron desarrollos disimiles, a partir de los contextos naturales en los que se albergaron y condicionados también por el tipo de poblaciones y de interacciones que afrontaron y que ejercieron diferentes influencias en cada grupo asentado en diferentes territorios. Hoy los encontramos distribuidos en en Colombia, Ecuador y Panamá. A pesar de ello, mantienen una cohesión a nivel cultural con elementos de identidad muy fuertes como su idioma, tradición oral, jaibanismo, y estructura social.

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El Universo Emberá y el Jaibanismo

Los emberá consideran a Dachizeze (Tatzitzetze, también conocido como Ankore), como el ser primordial, masculino/femenino, creador de todos los elementos y los primeros seres.

Engendró a Caragabi quien dio origen a los Emberá y a su mundo, ordenando el cosmos y permitiéndoles el acceso al agua, al fuego y a los alimentos.

Trutruica, era el dueño de Armucura (mundo subterráneo), según algunas versiones era también creación de Dachizeze; según otras nadie le dio existencia, y en ese sentido era semejante a Dachizeze.

El Universo Emberá esta compuesto de tres niveles principales:

1. El mundo de Caragabi. Algunos lo llaman “Mundo de las cosas azules”. En él residen Dachizeze, Caragabi, una serie de seres primordiales y el alma de los muertos.

2. Armucura. Mundo gobernado por Trutruica, debajo del humano, en ellos habitan los jai (esencias, espíritus).

3. Mundo del hombre, que vive en constante enfrentamiento con los jai y los seres primordiales.

En un principio, la relación entre el mundo humano y el de Caragabi era buena, los hombres podían acceder a él por una escalera, pero cuando no cumplieron con los tabúes, se rompió la posibilidad de visitar el mundo de arriba. A partir de ese momento, sólo los jaibanás (chamanes) pueden acceder a los niveles esenciales.

Los jai del mundo de Trutruica, son agentes de la enfermedad y la agresión, pero también de la curación y protección. Entre los jai están los “dueños” de cada especie animal, a los que el jaibaná invoca para propiciar su abundancia o ahuyentarlos.

Entre los jai más importantes, se destacan:

Antumía: Jai maligno, equivalente al demonio. Considerado también espíritu del agua.
Pakore: Madre del monte, custodia las cacerías.
Nusi: Pez gigante.


Representaciones del los jai, según los jaibaná del noroccidente de Antioquía.

Izquierda: Antropomorfas. Las figuras con doble línea de color rojo representan espíritus poderosos, las que tienen círculos o puntos representan jai disfrazados de serpiente.
Derecha: Zoomorfas. La representación de la fauna no se diferencia mucho de los jai con forma de animal.
Trabajo de campo de Sergio Carmona, publicado en “Percepción y representación gráfica del mundo Embera del noroccidente de Antioquia”, Seduca 1988.

El Jaibaná

La interacción con los espíritus jai, esta a cargo de los jaibaná, quienes continúan la labor de Caragabi. Los tratos de los jaibaná con los jai garantizan las actividades fundamentales de la sociedad y la continuidad de los ciclos naturales, estableciendo a la vez la territorialidad de las comunidades. Los jaibanás pueden penetrar en la esencialidad de todas las cosas presentes en el universo, entablar comunicación con ellas, y volverlas sus aliados para curar o agredir.

Jaibaná puede ser hombre o mujer, sin ningún tipo de particularidad. Inicia su aprendizaje desde niño, guiado por un maestro, un jaibaná sabio y poderoso. Gran parte de su enseñanza le es transmitida por el maestro apareciendo en sus sueños, permitiéndole ver por encima de los límites del tiempo y la distancia. En su comunicación con los jais conocen las propiedades curativas de las plantas.

El jaibaná realiza una serie de ceremonias cuyo fin es la comunicación con los jai. Estas se realizan en las noches y deben tener los siguientes elementos de parafernalia ritual: bebidas embriagantes para los jai; bastones de madera, tallas de curación, hojas, totumas, pintura facial y corporal. El jaibaná las oficia sentado en bancos de madera generalmente tallados con la figura de un animal.

La ceremonia curativa recibe el nombre de “canto del jai” . El jaibaná se sienta en su banco sosteniendo sus bastones con la mano izquierda y agarrando una hoja de palma en su derecha comienza a cantar, como lo hará rítmica y sostenidamente durante toda la noche, hasta terminar su tarea. Llamará a los jai dueños de la enfermedad para que, a sus órdenes y bajo su control, saquen el jai de la enfermedad y alivien al enfermo. Al final, los jais se marchan llevando el jai causante del mal, el cual ha quedado ahora bajo control del jaibaná.

También realizan curaciones de casas, de la tierra para su siembra y cosecha, del río y la selva cuando los recursos son escasos. Su poder se amplía a los fenómenos naturales, produciendo provocar lluvias, rayos, truenos, tempestades e inundaciones y hasta temblores de tierra.

Entre sus ritos más sobresalientes está la “ombligada” que se le practica a los niños en luna llena, pocos días después de nacer, aplicando diferentes sustancias sobre su vientre. Dicen que con este ritual, los niños adquieren fuerza para cazar, pescar y navegar. Celebran el bautizo de los niños, la iniciación de los adolescentes y la cosecha.

Creación
Dachizeze o Ankore
Ser primordial,
femenino/masculino.
 
Caragabi
Da origen a los Emberá y a su mundo.
Trutruica
Opuesto a Caragabi, con el mismo poder.
 Niveles del Mundo
1.  Mundo de Caragabi
De las cosas azules, residen Dachizeze, Caragabi, seres primordiales y el alma de los muertos.
Jabainá (Chamán).
Controla las esencias y entabla relación con los diversos mundos.
2. Humano
Habitado por los emberás, que sufren el constante enfrentamiento entre los jai y los seres primordiales.
3. Mundo de Trutruica
(Armucura)
Habitado por los jai (espíritus).

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Pueblo Ayoreo – Cultura / Religión

También conocidos como morotocós, moros, corazo, kursumoros, samococios, coroinos, potureros, guarañocas, yaniaguas, tsirákuas, takrats, o zamucos. Los guaraníes los llamaban “talón enfrente”, por la creencia de que tienen otro talón a cambio de dedos en los pies.

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Líder ayoreo (“dacasute”) identificado por su gorro elaborado con piel de jaguar.

La primera mención de gentilicio ayoré aparece en 1955, para referirse a grupos ubicados al norte de San José de Chiquitos en Santa Cruz, Bolivia.

La autodenominación -que significa “personas”- varía en función de número y sexo: ayoré (femenino singular), ayoréi (masculino singular), ayorédie (femenino plural), ayoréode (masculino plural). A los que no son de esta etnia, los llaman cojñone: “los que hacen cosas raras, sin sentido”.

Hábitat: El territorio tradicional de los ayoreos era la región del Chaco septentrional, entre el sudeste boliviano y el norte paraguayo. Organizados en más de cincuenta grupos locales, con liderazgos independientes, abarcaban unos 300.000 Km² entre los ríos Paraguay, Pilcomayo, Itikaguasu o Parapetí y Guapay o Grande; desde las serranías de Chiquitanía, en Bolivia, hasta la zona que ocupan en la actualidad las colonias mennonitas del Chaco central paraguayo (a la altura de Filadelfia).

Área Cultural: Gran Chaco (América del Sur).

Lengua: Zamuco

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Familia Ayoreo actual

Para el ayoreo su territorio, el monte (“eami”), es un ser vivo que los cobija y se ilumina con su presencia, formando con ellos un cuerpo. Eami les da lo que necesitan y les protege, y ellos lo cuidan. Tan preciado tesoro, lo fueron perdiendo a manos del hombre blanco. Primero los jesuitas lograron reducir un grupo y fundar la misión de de San Ignacio de los Zamucos (1724), que en 1745 debió ser abandonada, ante el fracaso de los misioneros por cambiar sus hábitos de vida. Lograron continuar aislados hasta 1930, cuando los aprestos de la Guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay, que tenía epicentro en su territorio, provocaron que muchos huyeran al norte, a tierras chiquitanas, donde los encuentros eran geneneralmente sangrientos. Finalmente hacia 1950 comienza la expulsión masiva de sus territorios, intereses de los cojñone (extranjeros) en sus territorios, y misioneros católicos, mennonitas, y evangelistas, los fueron detectando en el monte y obligándolos a sedentarizarse.

Hoy en día, se han establecido en grupos locales, que los misioneros continúan adoctrinando. Quedan aproximadamente 6.000 ayoreos repartidos en Bolivia y Paraguay; y pequeños grupos – aproximadamente 100 personas- que siguen rechazando el contacto, son los “silvícolas”, o “indígenas en aislamiento voluntario” que mantienen la manera de vivir ancestral.

Los sedentarizados se han unido, peticionan el reconocimiento de un territorio binacional, donde los que aún no ha sido contactados sean respetados: “Vamos a solicitar al Gobierno nacional que respete a los compañeros que se encuentran en la selva. Pedimos una reserva territorial para salvaguardarlos”

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En violeta: Áreas con presencia de “silvícolas”, ayoreos que viven en aislamiento.

Organización Social

Los grupos locales y sus territorios no eran permanentes, cambiaban dinámicamente, divisiones provocaban a veces la desaparición de un grupo, la constitución de otro nuevo, o uniones entre grupos diferentes y cambios de nombres con nuevas definiciones de territorios.
Había más de cincuenta grupos, cuyos jefes tenían poder de decisión en situaciones extremas, en la vida cotidiana las decisiones eran consensuadas. Carecían de una organización común, sólo con fines bélicos hubo confederaciones temporales bajo un liderazgo único.

Según la tradición Gedé (el sol), héroe cultural ayoreo, decidió que había siete diferentes grupos de pertenencia, e instituyó que los matrimonios debían celebrarse entre distintos clanes (sibs), y que los recién nacidos pertenecían al clan del progenitor.

La divinidad solar había enviado a la “gente verdadera”, siete clanes que habitaron el universo y poblarían la tierra: Dosapeode, Jnuruminone, Picanerene, Chiquenone, Etacorone, Cutamurajnane y Posorajnane. Estas unidades sociales no sólo agrupaban a los hombres, también a los animales, vegetales, etc.; no hay ente ser o realidad alguna que no pertenezca a determinada sib.

Para el nombre, utilizaban la tecnonimia, es decir dirigirse a una persona como el progenitor de un hijo que tiene nombre propio, y no por el nombre de esa persona. Cada ayoreo posee un nombre propio que se le pone al nacer -generalmente decidido por los abuelos-, lo conservará hasta que nazca su primer hijo. Luego padres y abuelos reciben otros denominativos agregando un sufijo al nombre del recién nacido. El padre de Neque será Nequede, la madre Nequedate, el abuelo Nequedaqude y la abuela Nequedacode.


El cosmos ayoreo esta formado por tres planos: el cielo, la tierra -hábitat de los hombres- y el submundo, morada de los muertos, todo rodeado de agua, un dominio inaccesible que marca el fin del universo. El Sol y la Luna se desplazan continuamente iluminando el plano terrestre y el subterráneo, cuando en el primero es día, en el segundo es noche y viceversa.

El origen de todo lo que conforma su cosmos, han sido hombres: los nanibaháde (antepasados originarios), que en forma generalmente trágica, murieron y se metamorfosearon en un ente actual, de características particulares con las que debe interactuar el pueblo.

Los relatos miticos que cuentan estos hechos, por su carácter violento que involucran muertes, venganzas y toda clase de daños y sentimientos negativos, determinan su carácter tabú o puyák, debido a que de ser contados, se producirán nuevamente los acontecimientos luctuosos evocados en los relatos.

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Pueblo Taíno – Cosmología / Religión

Distribución del Pueblo Taíno antes de la llegada del invasor español

Distribución del Pueblo Taíno antes de la llegada del invasor español

La cosmología taína es explicada por Sebastián Robiou Lamarche en Encuentro con la Mitología Taína con círculos concéntricos.

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En el centro está Yaya, el comienzo, “espíritu, esencia, causa primera de la vida”, rodeado primero por tres ciclos míticos -Yayael-Deminán Caracaracol-Guahayona-, y luego por otros tres en los que se representa la doble oposición de la mitología.

El segundo círculo -primero mítico- el Ciclo de Yayael manifiesta la rebelión del hijo de Yaya que produjo la creación del mar y los peces.

El siguiente es el ciclo de Deminán Caracaracol, líder de los cuatro gemelos míticos, que robaron a Bayamanaco iracundo dios del fuego, el fuego, el secreto del casabe (pan de yuca) y el rito de la cohoba. Su posterior apareamiento con Caguama -la tortuga hembra- dio origen a los seres humanos.

El último círculo mítico, es el Ciclo de Guahayona, la rebeldía de Guahayona, asociada a Venus vespertino, coincide con las correrías ruidosas de Deminán y la rebeldía original de Yayael, las que se oponen al silencio del mundo -Conel-, el sacrificio de los héroes para obtener el patrimonio cultural y al propio Albeborael Guahayona, quien renace como Venus matutino e integrando los opuestos culmina la mitología taína.

Rodeando los círculos míticos, el primero de los tres círculos siguientes, distingue entre arriba-abajo versus abajo-afuera; el balance versus el desbalance; la rebeldía de los héroes, con su sacrificio o muerte versus la rebeldía de la naturaleza.

El posterior contiene los aspectos astronómicos y meteorológicos, oponiendo los solsticios y equinoccios, las épocas de sequía y lluvia, que integran el ciclo agrícola taíno.

El círculo externo, que todo lo contiene, está dividido en dos grandes áreas, una corresponde a Yocahú-Bagua-Maorocoti, “Señor de la Yuca”, lo masculino que encierra los segmentos de los círculos donde predominan los elementos relacionados con el sol y la sequía. La otra pertenece a Atabey , “Madre de las Aguas”, lo femenino que rodea elementos vinculados a la luna y el agua. La unión de estos opuestos cielo-tierra da lugar a la creación del Universo.

En este esquema, cada elemento tiene su opuesto especificado sobre el mismo eje. Así, Itiba Cahubaba, la Madre Tierra, símbolo de lo interior, equivalente a la cueva mítica origen de los taínos, simétricamente se opone la calabaza conteniendo los huesos de Yayael, también un útero mítico, de la cual sale el mar, donde se sumerge Anacacuya para dar paso a la Estrella Polar y la navegación en canoa, lo cual permite la comunicación de lo interior-exterior, lo cercano-lejano.

Al conjunto mítico Pléyades-rana-agua-crudo, se opone Orión-tortuga-fuego-cocido. Por su parte, al cacique, símbolo solar, del día, de lo seco, se opone el behique, símbolo lunar, de la noche, de lo húmedo.

El laberinto representado es un proceso iniciático interno, que debe ser interpretado para llegar al centro, donde se logra una compresión íntegra del Universo taíno.

El Universo

La tierra era un disco circular, que ondulaba con las montañas y las islas. Estaba salpicada por cuevas y pozos, que eran entradas al inframundo acuoso. Por encima estaba la bóveda de los cielos, lleno de estrellas, la Vía Láctea, La Luna y el Sol, todos actuando ordenadamente. Sin embargo de ellos también surgían los presagios de fenómenos celestiales como los huracanes.

El centro del disco terrestre del mundo triple era un árbol mítico, axial que une la tierra, el mundo subterráneo y el cielo. Este árbol axial era la ceiba; se la puede imaginar en cualquier lugar, cada asentamiento es el centro del universo, y ahí la ceiba con sus raíces que crecen desde las profundidades del mar y sus ramas que llegan a los cielos vincula los elementos del Universo.

El behique -en trance- puede comunicarse con los espíritus tanto del cielo como el inframundo, trayendo respuestas para la gente de la esfera terrestre.

La religión taína incorpora todos los aspectos de la vida. El punto central eran los cemíes, figuras modeladas en piedra, madera, concha o algodón que les proporcionaba una representación física al culto de los espíritus.

Los cemíes eran un vínculo entre el mundo psíquico de los seres humanos y la naturaleza. Explicaban el caos de la vida a través de rituales de fertilidad, curación, adivinación y culto a los antepasados. Sirvieron como medio sagrado que permitía el fluir del poder de las divinidades en dos direcciones: desde el mundo espiritual hacia el hombre, y desde éste hacia el cosmos. Eran usados por todos los miembros de la comunidad, los de mayor poder pertenecían al cacique o al behique (chamán), correspondiendo a éste autorizar y supervisar su construcción.

La comunicación con ellos se lograba a través del Rito de la Cohoba, ceremonia que tenia claramente fines religiosos. En la siguiente tabla, se consignan los cemíes más importantes con sus funciones mitológicas, indicando los opuestos (Tomado de “Cave of the Jagua: The Mythological World of the Tainos”. Antonio M. Stevens Arroyo)

Sexo y Generación Deidades fecundas

Orden inverso.

Principales diosas
femeninas
 Atabey  Principio de los demás dioses, es la “Madre de las Aguas”, controlando los ríos y lagos de la tierra. Protectora de la maternidad y la lactancia. Guabancex Diosa de los vientos, espíritu caótico e indomable, cuando se sentía ofendida enviaba los huracanes para manifestar su furia sobre los desobedientes.
Dioses menores creados por las principales diosas femeninas. Marohu “Sin nubes”, trae el tiempo despejado.BoinayelPortador de las lluvias Guataubá Era el pregonero que, con nubes, truenos y relámpagos, anunciaba a deidades y mortales la inminencia de la tempestad.Coatrisquie Tenía a su cargo las aguas incontenibles que todo lo destruyen. Provocaba la furia de las corrientes que inundaban valles y sembradíos, trayendo muertes y enfermedades.
Principales dioses
masculinos
Yocahú (Yocahú-Bagua-Maorocoti)Espíritu de la yuca, divinidad suprema, señor del mundo, el cielo y la tierra. Símbolo de la humanidad, y la nación taína, dictó las normas para el desarrollo de la vida. Maquetaurie Guayaba Señor de los muertos. Simbolizado por el murciélago, lo incomprensible. Su función era mantener el equilibrio entre las fuerzas antagónicas del día (orden, mundo de los vivos) y la noche (desorden, mundo de los muertos).
Dioses menores creados por los principales dioses masculinos. Baibrama Deidad del cultivo de la yuca, guardián de la fertilidad y severo juez de la calidad del casabe (pan de yuca).Faraguvaol  (también llamado Baraguabel o Araguabaol)Guardián de las plantas, animales y peces; regenerador de la naturaleza. Opiyelguobirán Guardián de los muertos. Tiene la obligación de mantener a los seres vivos y no vivos en el mundo que les corresponde, controla lo que entra y lo que sale de un domino al otro.Corocote Espíritu picaresco, guardián del romance y el placer sexual. Representa la virilidad sexual y el amor carnal.

El ritual de la cohoba era la ceremonia taína más importante. Los caciques, miembros masculinos de su clase -nitaínos- y behiques -chamanes- participaban en ella para consultar a los cemíes acerca de eventos importantes para la comunidad. Sigue leyendo

José Santos Guayama – El gaucho lagunero


José de los Santos Guayama nace alrededor de 1830 en la salvaje geografía de Guanacache, provincia de San Juan. Su padre, Gregorio Guayama, se había asentado en la zona hacia 1826, ocasión en la que adquiere una finca llamada “Cruz de Jume” en el distrito Las Lagunas. Por la denominación de este lugar es que, con el correr del tiempo y la aparición del mito, José Santos Guayama recibirá el mote de gaucho lagunero.Guayama
Con Peñaloza y Felipe Varela
La zona donde Guayama transcurrió su niñez y juventud era precaria y olvidada, llena de carencias. Resulta indudable, pues, que la formación de su carácter guarda sentida relación con las ínfimas condiciones del terruño natal. Pronto, este extraordinario jinete y astuto gaucho trabaría amistad con el caudillo federal Angel Vicente “Chacho” Peñaloza y, después de su terrible final en Olta, con Felipe Varela, con quien alcanzaría el grado de teniente coronel.

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Felipe Varela y oficiales

Luego de la batalla de Pavón en 1861, el unitarismo porteño bajo las órdenes de Bartolomé Mitre sugiere la absoluta destrucción de los focos federales del interior, y para ello encarga tan nefasta acción a oficiales tales como Sandes, Linares, Paunero, Irrazábal, el oriental Venancio Flores y otros. El fusilamiento sin juicio previo o el paso a degüello serán las instancias predilectas que usarán para “civilizar” el país.

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Ángel Vicente Peñaloza, el Chacho

Implacable transcurría la injusta Guerra de la Triple Alianza, la cruzada federal de Felipe Varela estaba en marcha, y José de los Santos Guayama, lugarteniente del Quijote de los Andes, ya es intensamente buscado por las autoridades de San Juan, Mendoza, La Rioja y San Luis, todas provincias bajo regímenes liberales. Y empiezan las andadas del gaucho lagunero: el 7 de agosto de 1868 lo vemos atacando La Rioja capital, pero es rechazado, aunque en el segundo intento el día 19 del mismo mes, logra hacerse con la ciudad y el aprovisionamiento de 200 fusiles. La victoria le saldrá a su encuentro también en Chilecito, días más tarde. El gobierno mitrista queda estupefacto ante los triunfos de Santos Guayama, por lo que da inicio al exterminio definitivo, por medio de una “guerra de policía”, de las montoneras federales del noroeste argentino. La consigna para el gobierno riojano aquel 20 de noviembre de 1868 fue terminante: “Ataque y destruya la montonera de Guayama”.
Pero súbitamente corre la noticia de que Santos Guayama, Sebastián Elizondo y otros caudillos menores se sometieron voluntariamente a las autoridades de La Rioja, pero aquello no fue sino el producto de un sensacionalismo imaginario, dado que en abril de 1870 Guayama resurge en el pueblo de Caucete junto a 200 hombres, ante la sorpresa de todos. Gobernaba la provincia de San Juan José María del Carril, el cual, sin perder tiempo, ordenó perseguir tenazmente a la montonera gaucha con las fuerzas de la Guardia Nacional a las órdenes del comandante Villa. La persecución duró un día entero, hasta que la Guardia Nacional sorprendió en una hondonada a los huidizos gauchos de Guayama que se encontraban acampando allí. El ataque furtivo y sorpresivo los desbandó, haciéndoles perder prácticamente toda la caballada. Se sabe que del escollo José de los Santos Guayama pudo escapar por la Quebrada de Guayaupa, acompañado de un asistente. Quien lo secundaba en la montonera, Santos Abdón Fernández, quedó apresado en la acción e inmediatamente fue pasado por las armas.
La montonera aparece y se va
Y otra vez vuelve a reinar el más absoluto silencio en torno a Guayama. Nadie logra dar con este gran exponente del federalismo criollo tardío. El último dato obtenido era que andaba oculto con solamente cinco de sus montoneros. Las profundas desapariciones de Santos Guayama motivaron que en más de una ocasión se detuviera a personas de similar aspecto para ser luego fusilados, todo por creer que al fin se había dado con él. En este sentido, el gobernador de Mendoza, Arístides Villanueva, creyó tomarlo prisionero en la localidad sanjuanina de Santa Clara. Villanueva no solamente incurrió en una invasión jurisdiccional contra San Juan sino que, además, fusiló dos sujetos pensando que uno de ellos era Guayama y el otro alguno de sus colaboradores.
Gobernaba el país Domingo Faustino Sarmiento cuando, una vez más, aparece Guayama en Caucete, provincia de San Juan, durante los primeros meses de 1874. Algunas crónicas indican que Guayama exaltaba por algunos ranchos sanjuaninos la candidatura de Carlos Tejedor para presidente de la República a partir de 1874. Otros lo emparentaron haciendo favores en “actos comiciales bravos”, rozándose, según parece, con destacados elementos de la política cuyana.
Situados ya en 1877, y acorde al aumento de la actividad minera que operaba en Bolivia desde hacía dos años atrás, además del incremento de las salitreras de Tarapacá, que pasaron del dominio del Perú al de Chile, lograron colocar a la hacienda como un negocio más que interesante. Y como no podía ser de otro modo, ahora Santos Guayama era tildado de “cuatrero”.
El coronel de caballería don Agustín Gómez fue elegido gobernador de la provincia de San Juan a inicios de 1878. Antes había sido Intendente General de Policía e Inspector General de Milicias, cargos desde los cuales intervino en cuanta misión de responsabilidad le cupo, entre ellas la de perseguir numerosas veces a la montonera federal de Santos Guayama. No obstante ello, en lo que en principio pareció ser algo insólito, Gómez solicitó el apoyo de aquél para que le ayudara con los votos de sus numerosos amigos, ayuda que Guayama prestó sin objeciones. Pero esta apacible convivencia entre el lagunero y la gobernación sanjuanina duró muy poco. Una de las primeras medidas tomadas por el coronel Gómez fue librar una lucha sin cuartel contra lo que llamó “el gauchaje salteador”.
Confiado de que poco y nada le sucedería luego de haber colaborado en el triunfo del coronel Gómez en las elecciones para gobernador, a partir de ese mismo año de 1878 Santos Guayama bajó sus recaudos, y fue entonces que una partida de 15 soldados, a cuyo frente se encontraba el capitán Mateo Cano, lo detiene una mañana de diciembre de 1878 en San Juan capital. Enseguida es trasladado al cuartel de San Clemente donde se le labró un sumario que, misteriosamente, desapareció con el tiempo, quizás debido a ciertas declaraciones muy comprometedoras en él consignadas, para personas de hondo arraigo en la sociedad de San Juan.
Acusado de cohechar a una parte de los guardias y, por ende, de encabezar un motín jamás probado dentro del cuartel donde se hallaba detenido, José Santos Guayama y dos supuestos cómplices fueron ultimados a balazos el martes 4 de febrero de 1879. El periódico “La Unión” del 6 de febrero pone en tela de juicio el procedimiento llevado a cabo, al señalar lo que sigue: “Guayama y los dos soldados han muerto fusilados por orden del mayor de la Guardia Municipal, porque, se dice, que este cuerpo intentaba una sublevación. Si es así, nosotros negamos desde luego la facultad que se ha atribuido el mayor al mandar ejecutar a Guayama y los soldados; como se sabe, Guayama estaba sometido a la justicia ordinaria y todo hecho y tentativa por parte de aquél a libertarse, debía ser comunicado al juez que conocía en la causa, para que ordenara las medidas que el caso reclamara, para lo cual tiene facultad”. Y agregaba: “Pero nunca se puede admitir que un jefe militar arranque de un juez natural los presos confinados a su custodia y proceder a ejecutar en él, sentencia de muerte. El mayor que ha ordenado la ejecución del martes no ha podido pasar sobre el artículo 18 de la Constitución Nacional, ni sobre el artículo 14 de la Provincial, sin cometer un acto violatorio y repugnante al Código Fundamental”.
Cinco años y dos días después de la muerte del gaucho lagunero, Sebastián Elizondo, antiguo compañero suyo de la montonera, será uno de los que venguen su trágico final al asesinar al por entonces senador y ex gobernador sanjuanino Agustín Gómez. Pero esa es otra historia.
¿Qué queda de Santos Guayama?
La historia argentina en general lo ha penosamente olvidado. Es de destacar que una pésima traducción de su legendario apellido, suscrito como “Guayamas”, da nombre a una vieja estación de trenes situada entre las localidades sanjuaninas de Pie de Palo y Vallecito. He ahí todo.

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José Gabriel del Rosario Brochero, El cura Brochero

Fue su contemporáneo y gran amigo el cura José Gabriel Brochero, quien en varias oportunidades recomendó al recio gaucho lagunero a reinsertarse a la vida pública, cuando las acechanzas hacían peligrar seriamente su existencia. En un célebre documento el cura Brochero enumera los mejores cuatro amigos que tuvo en su vida, incluyendo entre ellos a Santos Guayama.
 
 
 
 
El poema “Los Gauchos de Guayama”, escrito por el poeta Miguel Martos, en un tramo recuerda así al honrado gaucho federal:
 

“Montonero de Guayama,
el del poncho calamaco
y la vincha colorada…
el del caballo de acero
y la montura chapeada;
el que lleva su hidalguía
en la punta de su daga
y el que tiene cien victorias
en su lanza de tacuara…
¿Adónde vas, montonero,
montonero de Guayama?”.

Fuente: www.revisionistas.com.ar

Cultura Haush (Tierra del Fuego) Parte 2

Espíritus Haush

Halaháches

Llamado Halaháches por las mujeres y Kótaix por los hombres, es en cierto sentido el contrario de Xalpen. Es un espíritu masculino del cielo. Le arrebata la supremacía a Xalpen. Cuando aparece en el Hain, ella retorna de inmediato a las profundidades de la tierra.

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Espíritu que las mujeres llaman Halaháches y los hombres Kótaix

A veces, en medio de los arrebatos de cólera de Xalpen, los hombres empiezan a llamarlo, secundados por las mujeres que cantan su nombre para darle la bienvenida porque saben que al presentarse hará desaparecer a Xalpen. A su vez preparan una cantidad de bolas de nieve para arrojárselas pues tiene un carácter cambiante y puede dar muerte a los varones.

Halaháches es grotesco e inspira temor, pero si está de buen ánimo es cómico. Cuando sale del Hain con un gran salto, el público ve un ser de cuernos largos y más bien gruesos, que se vuelve con rapidez, belicosidad y mirada torva. Los cuernos según la mitologia, resultan del antepasado mítico que desempeñaba este papel y se transformó en un pez con cuernos.

Se sujeta el mentón con la mano izquierda y el codo levantado, mientras aferrando un palo largo con la otra va describiendo semicírculos en movimientos arrasadores. Avanza con amplios saltos laterales separando las piernas, con el torso inclinado hacia adelante y las rodillas un poco flexionadas.

El cuerpo es blanco y lleva rayas rojas, con su máscara ajustada a la cabeza y cuello. No se suelta nunca el mentón y jamás varía su postura más bien gacha ni su mirada fija. Sacude de continuo la cabeza de un lado a otro y, en sus saltos laterales se mueve siempre impulsándose con el brazo derecho. Es ágil para esquivar las bolas de nieve que le arrojan las mujeres.

A diferencia de Xalpen, Halaháches aniquila a los hombres a plena vista del público sobre el escenario. Los va matando de a dos por vez, dándoles golpes mortales con un garrote. Saca del Hain, arrastrándolas por pares a sus futuras víctimas y les da muerte en medio de una arremetida de proyectiles de nieve y gritos femeninos. Finalizada la tarea, los arrastra de vuelta a la choza ceremonial, donde el pequeño Olum obrará prestamente sus milagros.

Hóshtan

Es un espíritu femenino que nunca se muestra. Cuando surge en el Hain y los hombres anuncian su llegada con cantos especiales, las mujeres se arriman al límite del campamento y allí aguardan su danza preferida. Hóshtan ordena se realice esta danza que Anne Chapman denomina “juego de la venganza de las mujeres”.

Un pequeño grupo de hombres sale del Hain dando saltitos al modo de los pingüinos, con el rostro y el cuello pintados de negro y el resto del cuerpo desnudo y sin pintar. Llevan el pelo en tres o cuatro crenchas atadas con juncos finos. Vuelven saltando a la choza ceremonial y traen otros tres o cuatro compañeros, así hasta que todos los participantes queden en el escenario. Allí, en cuclillas, imitando a los pingüinos vuelven a cantar. Entonces las mujeres, en especial las más jóvenes los embisten.

Cada una se dirige a un varón determinado, generalmente un pariente que admita la chanza, y riendo tironea con ambas manos de las crenchas hasta tumbarlo. El forcejea con ella resistiéndose, y por último cae gritando como si lo mataran. La vencedora se yergue y recorre el campo con la vista, en busca de otra víctima. El juego continúa hasta que todos los hombres sean “matados”.

Keternen

También mencionado como K’terrnen. Hijo de Xalpen, fruto de sus relaciones con los klóketen, puede ser hombre o mujer. Su nacimiento sigue al episodio de la restauración de la vida por parte de Olum.

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El “bebé” Keternen, sostenido por el chamán Tenenesk, para ser presentado a las mujeres

Es el espíritu más luminoso y enternecedor del Hain. Unión entre la tradición y las nuevas generaciones; su aparición marca la culminación de la gran ceremonia del Hain y el comienzo de un nuevo ciclo vital.

Se lo representa con el cuerpo cubierto de plumón, en hileras paralelas que van desde el extremo del bonete a la punta de los pies. Las plumas diminutas, estan pegadas a la pintura roja del cuerpo, lo que por contraste produce un efecto de resplandor que lo hace aparecer aún más sobrenatural.

Se presentará en el escenario entre cinco y siete veces; su preparación ha exigido mucho tiempo y se trata de aprovechar todo lo posible el arduo trabajo; además su contemplación provoca deleite entre las mujeres. Ellas anticipan su presencia con cantos de bienvenida para que lo saquen del Hain y así poder ser admirado.

Como recién nacido debe ser sostenido, ya que apenas puede caminar. Esa tarea la debe llevar a cabo el chamán o el consejero del Hain, o ambos que para el evento llevan una vincha de plumas y una capa vuelta hacia adentro.

Keternen da pequeños pasitos, mientras los demás dan golpes al suelo con el talón derecho. Avanza de costado, hasta el límite del escenario, de cara al público; tiene la mirada fija hacia adelante, con los brazos firmes contra el cuerpo.

Las mujeres cantan su admiración y alegría durante toda la escena, pudiendo acercarse más que en otras a la choza ceremonial.

Al volver a entrar al Hain, los hombres saludan al recién nacido con un suave batir de palmas.

Luego de la su última presentación, Keternen regresa a la choza y desde entonces permanece invisible para siempre. Las mujeres creen que este espíritu infantil continúa su vida junto a Xalpen en el inframundo.

Koshménk 

El marido de la lujuriosa Kulan es Koshménk, personificado por cuatro espíritus, cada uno pintado de manera diferente para simbolizar los cuatro puntos cardinales.

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Koshménk, el marido de la lujuriosa Kulan

A menudo dos de ellos aparecen disputándose los favores de Kulan. El “marido”, hace el papel de un cornudo y provoca las risas entre las mujeres que lo saludan cantando.

Permanece de pie a poca distancia de la choza ceremonial, erguido e inmóvil, por lapsos de dos hasta cuatro horas. No hace movimiento alguno, y solamente cada diez minutos da señales de vida, saltando de dos a cuatro veces en el mismo sitio. Cuando Koshménk echa de menos a su mujer, corre de un lado a otro y la busca en la choza ceremonial o junto a ella. Luego llegará al campamento y mediante gestos característicos, expresa la suposición de que su mujer ha sido raptada por los selknam.

Si al regresar a la choza ceremonial, ve allá a su esposa, se conforma con esto. Pero si no la encuentra, y en la rueda de los hombres observa un vacío, monta en cólera. Su excitación se descarga inmediatamente contra los hombres presentes. En el paroxismo de la ira arroja a un hombre fuera de la choza, y lo hace con tal violencia, que éste sigue rodando un buen trecho. A otro lo carga y lo lleva bajo un árbol cercano. Allí lo arroja al aire con tanta fuerza, que el hombre queda sentado en las ramas.

A un tercero lo cuelga de un poste de la entrada. Algunos hombres salen corriendo y se esconden rápidamente en el campamento.

Los últimos que quedan dejan escuchar fuertes gritos de terror. Este tormento de los hombres dura muchas horas, y a veces se prolonga durante toda la noche.

Cuando Kulan regresa junto a su marido, su frenesí se detiene; se muestra calmo y consolado, y regresa junto a su mujer hacia las alturas como si nada hubiera ocurrido.

Sus intérpretes deben ser muy ágiles, capaces de dar grandes saltos en el aire mientras se golpean las nalgas con los pies a la vez que sujetan la máscara con ambas manos. En líneas generales, la aparición de los Koshménk proporciona a los ocupantes del campamento mucha diversión.

Kulan 

Kulan es la “mujer fatal” del Hain. Personaje interesante en una sociedad patriarcal que trataba de controlar a las mujeres, ella hacía el amor con cualquiera, pese a ello no han llegado registros fotográficos de Martín Gusinde.

Oculta en los bosques, acecha a aquellos que resultan de su agrado y los seduce. Con frecuencia lleva al cielo a sus amantes por varios días, obligándolos a mantener con ella relaciones sexuales en forma ininterrumpida. Para mantener el vigor de estos hombres, los alimenta con huevos de pingüino emperador, aves que siempre la acompañan.

Se presenta a menudo en Hain, siempre de noche, sólo en algunas ocasiones los hombres anuncian su descenso de los cielos cantando.

En el escenario lleva puesta una máscara cónica, pintada comúnmente de rojo, con una franja blanca que va desde la punta de la cabeza hasta los genitales que tiene cubiertos por un taparrabo. Sus delicados pechos (bolsitas de cuero rellenas) apenas se insinúan.

Por ser joven y delgada es personificada por un klóketen.

Una vez que los hombres no sirven a sus propósitos, los devuelve a su campamento, los hombres regresan tambaleantes, salpicados de bosta de pingüino. Jamás se acuerdan de lo que les pasó estando en el cielo, razón por la cual sus esposas no les hacen preguntas, se han limitado a entonar un canto para instarla a que regrese y deje en libertad a los hombres.

El marido de la lujuriosa Kulan es Koshménk “el cornudo”. Sigue leyendo

Cultura Haush (Tierra del Fuego) Parte 1

Se autodenominaban Manekenk; el término Haush podría derivar de una palabra despectiva de los yámanas que significaba “grasa de pez”. Junto a los selknam forman el componente insular del Complejo Tehuelche.
Al arribo de los europeos ocupaban la parte más oriental de la Isla Grande de Tierra del fuego, en la península Mitre, lugar al que habían sido confinados por la posterior migración selknam. Según la tradición habían llegado a pie tras la caza de guanacos cuando la isla aún estaba unida al continente por Primera Angostura (hoy de unos 3 km.). Anne Chapman sostiene que no eran navegantes, ni poseían embarcación alguna.
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Mapa en Fin de un Mundo. Anne Chapman, con los sitios relevados por la autora.

Lucas E. Bridges en “El último confín de la tierra”, especula: “Estoy convencido de que los onas y los aush provenían de los tehuelches del Sur de Patagonia, pero los aush llegaron a la Tierra del Fuego mucho antes que los onas … Había ciertamente mucha más diferencia entre el aush y el ona que entre este último y el idioma de los tehuelches. Creo que al principio los aush ocuparon toda la región, y se tuvieron que contentar con la punta sudeste, de clima húmedo y plagada de ciénagas y espesos matorrales. Confirma mi teoría el hecho de que en la tierra ocupada por los onas existen nombres de lugares que no tienen significado en su idioma; son en realidad palabras que sólo tienen significado en el idioma aush.”
El predominio selknam produjo que su población ya fuera pequeña y mixturada a la presencia de los exploradores españoles en 1618. Según el arqueólogo norteamericano Samuel K. Lothrop (1892 -1965) para 1850 eran unos 300; para 1890 Bridges contaba sólo sesenta.
Eran cazadores recolectores seminómades como los selknam, con los que compartía muchos rasgos culturales como el uso del arco pequeño y la flecha, y la Gran Ceremonia del Hain; sin embargo su lengua era distinta, y su economía de alimentación y vestimenta no dependía fundamentalmente del guanaco sino del lobo marino.
Vivían en grupos de dos o tres familias, las chozas que eran simples enramadas cubiertas de musgo y cuero. De carácter  igualitario, esta sociedad no reconocía estructuras jerárquicas; sólo los guerreros, las personas encargadas de mantener las tradiciones y los chamanes integraban una elite de mayor prestigio.
Al igual que los selknam, se identificaban por linajes y divisiones (puntos cardinales). Cada grupo local (linaje) trashumaba con frecuencia al interior de su respectivo haruwen (territorio). Cada individuo pertenecía al “cielo” que le correspondía a su haruwen.
Si por alguna razón cambiaba de residencia, inmediatamente pasaba a pertenecer a nuevo cielo.
Los “cielos” constituían unidades exogámicas, vale decir que el matrimonio quedaba prohibido entre dos personas que pertenecieran al mismo “cielo”. Las relaciones de parentesco eran de suprema importancia, se ayudaban y buscaban a sus parientes cuando había reuniones.
El linaje era patrilineal, toda persona pertenecía al de su padre, y generalmente se había criado en el haruwen paterno. Si se fraccionaba, la sección que se apartaba era socialmente reconocida como dueña del territorio donde sus miembros se establecían.
 Cosmología Haush 
Tenenesk, uno de los últimos “Xo’on” (chamán) de ascendencia haush y selknam, relató al etnólogo alemán Martín Gusinde, la creación, dogma que compartían las dos culturas de Tierra del Fuego:
“… En un principio, nada. Sólo Temaukel, el primero de los howenh. Después, la cúpula celestial, el firmamento, desprovisto de estrellas. Algunos vacíos inmensos penetran quietamente el silencio. Una luz crepuscular rielaba en la superficie de la tierra informe, estremeciendo las penumbras inmóviles…. En la oscuridad de la noche, alrededor del fogón que ahora se ha reducido a puras cenizas inertes -el viejo levanta la mano señalando el firmamento repleto de estrellas y con voz trémula insiste- Así por encima de nuestra tierra, se extiende el cielo: detrás de él vive Temaukel”.
Posteriormente Temaukel enviaría a Kenos, el cual se mantiene alejado detrás de las estrellas, allí vive y habita eternamente.
Kenos se encarga de distribuir las tierras y sustenta la vida eterna. Kenos representa al padre de los antepasados míticos y es, a su vez, el creador del lenguaje y de los significados que dan sentido y unicidad al mundo.
El misionero salesiano Antonio Coiazzi (1914), en su libro “Los indios del archipiélago fueguino” (1914) aporta algunas diferencias:
Una de ellas es la costumbre de las mujeres de pintarse el cuerpo: “La mujer, de que se habla, lleva 12 signos transversales en ambos brazos y cuenta que cuando una tía suya le hacía aquellas profundas heridas, causa de agudo dolor y de hinchazón, ella le preguntó la razón y se le contestó: “Es preciso hacerlo para crecer”. Hacen las heridas con vidrio y luego las espolvorean con polvo de carbón, el cual, penetrando, deja un signo indeleble”.
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Participantes del rito del Kewánix. Las dos muchachas de la derecha están pintadas con motivos que simbolizan al joven guanaco

Respecto a Kenos, cuando subió al cielo dejó una profunda huella sobre una roca de la playa cerca de la Bahía Suceso, lugar llamado por los indios Koschen. En dos estrellas muy próximas y pequeñas llamadas Sasuanelk, son personificaciones de sus dos hijos.
Por otra parte Anne Chapman, describe el Rito de Peshere, típicamente haush. Era dirigido por chamanes quienes rivalizaban con demostraciones de poder bajo estado de trance. Formaba parte de este cotejo el pisar brasas.
También participaban de la ceremonia las mujeres, los niños y los chamanes novicios; estos últimos con la esperanza de absorber algo de la fuerza sobrenatural que emitían los chamanes durante el trance.
Al término de la ceremonia se distribuían bienes, en realidad se los tiraban unos a otros; eran regalos en el sentido noble de la palabra, objetos dados sin expectativas de retribución de ninguna índole y sin que sirvieran para satisfacer necesidades cotidianas. Eran objetos comunes: capas de guanaco, canastas, etc., tratados como si fueran bienes de lujo pues al ser redistribuidos en una forma jubilosa perdían todo su “valor de uso” y ni siquiera eran recogidos al otro día.
Otras creencias (según Antonio Coiazzi):
“En tiempos remotísimos, cuando los indios querían cambiar de domicilio, sus toldos caminaban solos y se detenían según el gusto de los haus”.
“Tienen miedo de la luna eclipsada y cuando está de color rojo, porque esto es debido a la sangre de los hombres comidos”.
“También entre ellos la zorra hace el papel del animal astuto que enseña la malicia a los otros. El zorro antiguamente era doméstico como el guanaco, la foca, todos los peces y los pájaros, y cantaba al unísono ekelé, ekelé, ekelé. Pero un día le pusieron debajo de la nariz un olor muy malo, y se hizo salvaje, invitando a los demás animales a hacer lo mismo”
 Funeraria:
El cadáver es envuelto en pieles, atado y luego enterrado a gran profundidad para que el zorro no pueda desenterrarlo y comerlo. Si se trata de un hombre o de una mujer cualquiera, con la cara hacia arriba; si al contrario, es un chamán, con la cara hacia abajo, para que pueda hablar con los espíritus que viven dentro de la tierra.

Mitología: El Estrecho de Le Maire y la Isla de Los Estados
El Este estaba simbolizado por la cordillera de la Isla de los Estados y era considerado como el lugar de mayor emanación del “poder” del universo. Los haush imaginaban otras cordilleras que existirían en los mares, al Oeste, Norte y Sur. Cada una de ellas también imbuida de un poder mítico-religioso.
A través de los cuarenta kilómetros del Estrecho de Le Maire, el perfil de la Isla de los Estados aparece casi siempre envuelto en bruma, creando la impresión de que la cordillera queda muy distante. La silueta de sus cimas cortadas y apenas visibles evoca la muralla de una inmensa y misteriosa fortaleza, que los protegía el acceso a la región del Este, sede del poder universal.
Según la tradición sagrada dos “xo’on” (chamanes) uno llamado Viento y otro Mar, combatieron en las aguas del Estrecho de Le Maire, de la contienda surgió una tormenta prodigiosa. Viento venció a Mar, Viento era el Oeste y Mar el Norte. Para vengarse de Viento, Mar hizo que allí se desafiaran dos poderes femeninos, dos “Che’num”, uno del Norte que vencería al otro del Oeste.
El “poder” del Norte atrapó a su rival con tal fuerza que lo hizo estallar. Su sangre se derramó por toda la tierra, desde el Estrecho Le Maire hasta el Río Irigoyen, y fue así que el agua de los ríos de esta parte de la isla adquirieron su color rojizo.
Los Che’num eran implacables canibales que se erigían a lo largo de la costa y con irresistible mirada atraía a sus víctimas.
Monopolizaban los ríos y las fuentes de agua, hasta que Viento logró destruirlos, conviertiéndolos en las peñas barrancosas de las costas.
Pero la Che’num del Norte, sobrevivió y mora bajo el estrecho donde los mares se encuentran. Es ella quien a veces incita a combates de violencia inaudita en este lugar temido por todos los navegantes: la ruta al Cabo de Hornos.
La mujer de Mar, hermana de Viento tuvo muchas hijas, las ballenas. Mar, el padre, creó grandes aguas para que sus hijas estuvieran protegidas, las llevó en brazos y las libero en una orilla, para que viviesen en paz.
Según otra versión el Estrecho de La Maire era una laguna que Mar abrió para que sus hijas pudieran huir del chamán que las perseguía, este hecho produjo la formación de la Isla de Los Estados: Cuando el gran chamán abrió la laguna y creo Sati, el Estrecho Le Maire; la bellísima Jáius, distante, misteriosa y tercamente soltera se convirtió en la isla, al otro lado del estrecho que por ello lleva su nombre.
Los selknam la llamaron “K’oin-harri”, “Cordillera de las Raíces”, al ser concebida como la raíz del mundo, los chamanes la invocaban al sentirse invadidos por el poder sobrenatural, y se imaginaban esforzándose por ascender a lo que también llamaban “Cordillera Resbalosa”.
Los yámanas según Thomas Bridges llamaron a la isla “Chuani-si”: “lugar donde abunda la comida”.
La Gran Ceremonia del Hain
Siguiendo a Anne Chapman, el propósito del Hain era triple:
1. Los jóvenes varones eran separados del cuidado materno. Se les iniciaba ritualmente a la adultez y sometiéndolos a un proceso de adiestramiento que se prolongaba durante todo el transcurso del Hain, se les enseñaba las tradiciones religiosas y míticas, el comportamiento ético correcto, y las técnicas de caza. Durante su iniciación se los llamaba “klóketen”.
2. La instrucción femenina consistía en afirmar la dominación social masculina, los “espíritus” las amenazaban y les infligían castigos.
3. Constituía el principal medio de intercambio social. Aunque el papel de las mujeres era diametralmente opuesto al de los varones, había momentos en que ellas lo disfrutaban.
El etnólogo alemán Martín Gusinde tomó contacto con el chamán Tenenesk en 1919, éste en 1923 lo autorizó a participar en la ceremonia del Hain de la que sería la máxima autoridad. Según algunos autores ese contenido etnográfico estaba en decadencia y las 360 ovejas donadas por Gusinde indujeron a los nativos a representar una comedia ante un auditorio científico. De todas formas el material obtenido es sumamente valioso. Según Chapman el último se realizaría en 1933 con la asistencia de pocas familias.
Antes de 1880, el pueblo selknam vivía en pequeños grupos que se trasladaban dentro de un “haruwen” (territorio). El Hain era la ocasión para que permanecieran en un mismo lugar, el de 1923 duró cincuenta días; el año anterior había durado cuatro meses, y antiguamente podía extenderse por más de un año.
El acontecimiento se difundía con mucha celeridad por toda la isla, los vínculos de parentesco ligaban a toda la población; se estima que en sus últimas épocas (antes de 1880) eran entre selknam y haush unos 4000, y que para el Hain se reunían unos trescientos.
La palabra “Hain” pareciera ser de origen Haush, entre los cuales la ceremonia tenía algunos espíritus que diferían con los del Hain selknam, los que a su vez variaban entre los de la parte norte y los del sur. Ninguna ceremonia se repetía tan cual de un año al otro, aunque nunca faltaron los espíritus de Xalpen y Shoort.
Las máscaras y otros disfraces se confeccionaban con cuero de guanaco, corteza de árboles, plumas y pinturas. Se tenía especial cuidado en que las mujeres y niños nunca vieran una máscara sin su portador.
El maquillaje consistía en pinturas de colores en la gama del rojo oscuro al amarillo y del negro al blanco. La preferida era la obtenida de una arcilla llamada “ákel” que recalentada se volvía color granate.
El consejero del Hain resolvía de un día para otro que escenas se habría de representar. A excepción de Shoort que aparecía día tras día y del “rito de iniciación” del primer día, las escenas no tenían un orden fijo, pudiendo repetirse varias veces. Alguno de los “espíritus” podían no ser representados.
Si las mujeres deseaban ver un determinado “espíritu”, con sus cantos podían provocar que apareciese.

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Cultura Agustiniana / San Agustín

El pueblo había desaparecido cuando llegaron los conquistadores en el siglo XVI. Se la denomina Agustiniana por estar localizada en el municipio de San Agustín, que recibió ese nombre al momento de su fundación por los españoles.

Pez alado - oro (cera perdida)

Pez alado – oro (realizado por cera perdida)

Ubicación y Hábitat: La cultura se desarrolló en el Valle del Alto Magdalena (sur del departamento del Huila), ocupado por actuales municipios de San Agustín, San José de Isnos y Salado Blanco, situados en las estribaciones del macizo colombiano; es un sector donde abundan las rocas volcánicas, materia prima empleada para sus colosales trabajos de estatuaria.
El accidentado relieve determina una rápida sucesión de climas, desde el frío del Páramo de las Papas al templado en las vertientes y cañones de la cordillera. El río Magdalena -Yuma, como lo llamaban en tiempos precolombinos- fue el eje físico y simbólico del territorio, a ambos lados se distribuyeron las expresiones culturales de la cultura agustiniana.

Ídolo de oro

Ídolo de oro

Vasija cerámica

Vasija cerámica

El mayor complejo de monumentos megalíticos de la América precolombina está conformado por un grupo de yacimientos arqueológicos dispersos en una amplia región en el valle alto del río Magdalena, en el suroccidente de Colombia, conocido como la “zona arqueológica de San Agustín”, reconocida por la Unesco en 1995 como patrimonio cultural de la humanidad.
Los conjuntos funerarios presentes identifican la cultura agustiniana: explanadas, montículos y terraplenes artificiales, templetes, tumbas, sarcófagos y magníficas estatuas hechas sobre piedras de origen volcánico en el período Clásico Regional (1 – 900 d.C.).
Las esculturas evidencian elaboradas técnicas y el complejo conjunto de creencias que expresan. El estilo es particular: monumental -los personajes son representados en gran tamaño-, rígido -figuras de pie, piernas juntas y brazos pegados, casi siempre con las manos sobre el pecho- y cabezas grandes -desproporcionadas respecto al cuerpo- realizadas con mayor esmero que el resto de la figura.
Hay estatuas que combinan rasgos animales y antropomorfos sugiriendo la capacidad de transformación del personaje en otro ser y otras exclusivamente antropomorfas o zoomorfas.
Por lo general, las estatuas hacen parte de conjuntos funerarios que incluían la elaboración de un montículo funerario dentro del cual se depositaba el cuerpo del difunto sobre lajas o en un sarcófago de piedra; algunas se enterraban dentro de los montículos a manera de ofrenda y otras asociadas pero fuera de los conjuntos funerarios.

En la vereda -zona rural- Mesitas a 2,5km del centro de San Agustín se encuentra la mayor concentración de vestigios arqueológicos de la cultura agustiniana. En un área de menos de un kilómetro cuadrado se encuentran los ejemplos más impresionantes de montículos funerarios y estatutaria, además de obras de arquitectura, ingeniería y escultura no vinculadas con las tumbas o sepulturas.

El paisaje es el resultado de grandes movimientos de tierra realizados por los agustinianos. Cuatro grandes montículos funerarios -Mesitas A, B, C y D- fueron artificialmente construidos y aplanados en su cima. Los montículos funerarios están conformados por una gran laja de piedra horizontal sostenida por columnas que se asemejan a la forma de una mesa.
También conforman el Parque un terraplén artificial, el Bosque de las Estatuas, el Alto de Lavapatas y la Fuente Ceremonial de Lavapatas.

Mesita A
El sitio fue utilizado como zona de vivienda hace aproximadamente 2.000 años, en el Formativo Superior (300 a.C. – 1 d.C.).

Montículo occidental

Montículo occidentalMontículo orientalMontículo oriental

Mesita B

Área utilizada como residencia 3.000 años atrás, posteriormente durante período Clásico Regional (1 d.C. – 900 d.C.).

Mesita B

Aguila

Águila

Mesita C
Estaba conformada por un sólo montículo funerario acompañado de unas quince estatuas y rodeado de cuarenta y nueve tumbas.

Mesita C
Mesita D
Contiene una estructura funeraria y dos conjuntos de esculturas traídas de diferentes lugares de San Agustín e Isnos.

Mesita D
Terraplén
Esta elevación es una plataforma construida, por los antiguos habitantes de la región durante el período Clásico Regional, con tierra trasladada de la loma donde se encuentra la Mesita D, con el fin de conectarla con la Mesita B.

Fuente Ceremonial de Lavapatas
Los agustinianos realizaron un elaborado y sofisticado monumento lítico -no asociado a la funeraria- tallando y esculpiendo el lecho rocoso de la Quebrada de Lavapatas.
Obtuvieron un complejo laberinto de canales y figuras talladas; originalmente el agua cubría todos los grabados produciendo pequeñas cascadas y otorgando sonido y movimiento a la obra. Seguramente era un lugar sagrado dedicado a ceremonias religiosas y baños rituales.

Fuente de lavapatas

Fuente de lavapatas

Alto de Lavapatas
Está ubicado en una colina de 1.750 metros sobre el nivel del mar, la mayor elevación del Parque. Desde allí se tiene una vista panorámica de la región.
Durante el período Clásico Regional se construyó un monumental montículo funerario, acompañado por siete estatuas y rodeado por numerosas tumbas simples de lajas; al sur del montículo se ubicó un grupo de diez tumbas pequeñas, interpretadas como entierro de infantes.

Alto de Lavapatas
Bosque de las Estatuas
En un circuito de 600 m de camino ondulado de tierra y cascajo en el bosque contiguo a la Mesita D que conserva árboles centenarios, se exhiben 39 esculturas recuperadas de sitios saqueados.

 Bosque de las estatuas 1 Bosque de las estatuas 2 Bosque de las estatuas 3 Bosque de las estatuas 4


Ubicación de los principales yacimientos y formas de estatuas en San Agustín, según Luis Duque Gómez en "San Agustín, Reseña Arqueológica".

Ubicación de los principales yacimientos y formas de estatuas en San Agustín, según Luis Duque Gómez en “San Agustín, Reseña Arqueológica”.

La evolución de la cultura en San Agustín suele presentarse dividida en los períodos que resumimos a continuación, la funeraria y estatuaria que la identifican corresponden exclusivamente al Clásico Regional.

– Arcaico. 4.000 a.C. – 1.000 a.C.
Grupos de 15- 25 personas, cazadores y recolectores nómadas. Evidencias de carbono 14 del año 3.300 a.C. en un fogón del Alto de Lavapatas. Se han encontrado hachas, puntas de proyectil y morteros de piedra.
– Formativo. 1.000 a.C. – 1 d.C.
Agricultura incipiente, particularmente de maíz, fríjol, quinoa, yuca y batata. Aumento de la población. Aparece la cerámica. Enterramientos en tumbas con pozo y cámara lateral, excavadas cerca de las viviendas, en las que se depositaban los restos sobre en suelo o en urnas y con un ajuar formado principalmente por vasijas cerámicas y utensilios de piedra.
La organización política era de cacicazgos independientes formados por unas doscientas familias cada uno. El patrón de asentamiento era estrictamente rural y disperso.
– Clásico Regional. 1 d.C. – 900 d.C.
Corresponde al período del pueblo escultor. Mayor densidad de población, sin conformar aldeas eran comunidades relativamente densas que contenían centros ceremoniales de importancia política.
Grandes montículos de tierra se construyeron para cubrir dólmenes funerarios edificados con enormes lajas, que contenían cada uno los restos de un personaje importante. Estatuas de piedra de seres mitológicos señalaban su tumba.
A pesar de la imponente arquitectura funeraria, las tumbas contenían pocas ofrendas y esporádicamente objetos finos como colgantes de oro puro.
La cerámica era abundante, relativamente burda y poco elaborada.
La organización política era de fuertes cacicazgos independientes probablemente en competencia. que reunían cada uno unas seiscientas familias dispersos en territorios de unos 100 km cuadrados y que participaban de ceremonias en su centro político y funerario.
– Reciente. 900 d.C. – 1.500 d.C.
Dejan de realizarse los monumentos funerarios, enterraban a los muertos en tumbas bajo las casas.
Aumento de la población y desarrollo de tecnología agrícola. Los sistemas de canales de drenaje y la adecuación de las tierras indican que que la agricultura se intensificó para alimentar a una población cada vez más densa.
La organización política del periodo Reciente era más centralizada e incorporaba unidades políticas o cacicazgos más grandes que en los periodos previos.
La región fue abandonada en el siglo XV por razones desconocidas, a la llegada de los conquistadores estaba habitada por los timanáes en la margen derecha del río Magdalena, los yalcones en la izquierda y los paéces sobre el río de la Plata.

Fuente: http://pueblosoriginarios.com/sur/andina/san_agustin/cultura.html