Archivo del Autor: JCPereyra

Rubem Fonseca – Paseo nocturno

Llegué a la casa cargando la carpeta llena de papeles, relatorios, estudios, investigaciones, propuestas, contratos. Mi mujer, jugando solitario en la cama, un vaso de whisky en el velador, dijo, sin sacar lo ojos de las cartas, estás con un aire de cansado. Los sonidos de la casa: mi hija en su dormitorio practicando impostación de la voz, la música cuadrafónica del dormitorio de mi hijo. ¿No vas a soltar ese maletín?, preguntó mi mujer, sácate esa ropa, bebe un whisky, necesitas relajarte.

Fui a la biblioteca, el lugar de la casa donde me gustaba estar aislado, y como siempre no hice nada. Abrí el volumen de pesquisas sobre la mesa, no veía las letras ni los números, yo apenas esperaba. Tú no paras de trabajar, apuesto a que tus socios no trabajan ni la mitad y ganan la misma cosa, entró mi mujer en la sala con un vaso en la mano, ¿ya puedo mandar a servir la comida?

La empleada servía a la francesa, mis hijos habían crecido, mi mujer y yo estábamos gordos. Es aquel vino que te gusta, ella hace un chasquido con placer. Mi hijo me pidió dinero cuando estábamos en el cafecito, mi hija me pidió dinero en la hora del licor. Mi mujer no pidió nada: teníamos una cuenta bancaria conjunta.

¿Vamos a dar una vuelta en el auto? Invité. Yo sabía que ella no iba, era la hora de la teleserie. No sé qué gracia tiene pasear en auto todas las noches, también ese auto costó una fortuna, tiene que ser usado, yo soy la que se apega menos a los bienes materiales, respondió mi mujer.

Los autos de los niños bloqueaban la puerta del garaje, impidiendo que yo sacase el mío. Saqué los autos de los dos, los dejé en la calle, saqué el mío y lo dejé en la calle, puse los dos carros nuevamente en el garaje, cerré la puerta, todas esas maniobras me dejaron levemente irritado, pero al ver los parachoques salientes de mi auto, el refuerzo especial doble de acero cromado, sentí que mi corazón batía rápido de euforia. Metí la llave en la ignición, era un motor poderoso que generaba su fuerza en silencio, escondido en el capó aerodinámico. Salí, como siempre sin saber para dónde ir, tenía que ser una calle desierta, en esta ciudad que tiene más gente que moscas. En la Avenida Brasil, allí no podía ser, mucho movimiento. Llegué a una calle mal iluminada, llena de árboles oscuros, el lugar ideal. ¿Hombre o mujer?, realmente no había gran diferencia, pero no aparecía nadie en condiciones, comencé a quedar un poco tenso, eso siempre sucedía, hasta me gustaba, el alivio era mayor. Entonces vi a la mujer, podía ser ella, aunque una mujer fuese menos emocionante, por ser más fácil. Ella caminaba apresuradamente, llevaba un bulto de papel ordinario, cosas de la panadería o de la verdulería, estaba de falda y blusa, andaba rápido, había árboles en la acera, de veinte en veinte metros, un interesante problema que exigía una dosis de pericia. Apagué las luces del auto y aceleré. Ella solo se dio cuenta de que yo iba encima de ella cuando escuchó el sonido del caucho de los neumáticos pegando en la cuneta. Le di a la mujer arriba de las rodillas, bien al medio de las dos piernas, un poco más sobre la izquierda, un golpe perfecto, escuché el ruido del impacto partiendo los dos huesazos, desvié rápido a la izquierda, un golpe perfecto, pasé como un cohete cerca de un árbol y me deslicé con los neumáticos cantando, de vuelta al asfalto. Motor bueno, el mío, iba de cero a cien kilómetros en once segundos. Incluso pude ver el cuerpo todo descoyuntado de la mujer que había ido a parar, rojizo, encima de un muro, de esos bajitos de casa de suburbio.

Examiné el auto en el garaje. Con orgullo pasé la mano suavemente por el guardabarros, los parachoques sin marca. Pocas personas, en el mundo entero, igualaban mi habilidad en el uso de esas máquinas.

La familia estaba viendo televisión. ¿Ya diste tu paseíto, ahora estás más tranquilo?, preguntó mi mujer, acostada en el sofá, mirando fijamente el video. Voy a dormir, buenas noches para todos, respondí, mañana voy a tener un día horrible en la compañía.


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Rubem Fonseca

Nació en Juiz de Fora, Minas Gerais, Brasil, el 11 de mayo de 1925, es escritor y guionista de cine. Estudió Derecho y se especializó en Derecho Penal. Recién a los 38 años de edad decidió dedicarse de lleno a la literatura. Antes de ser escritor de tiempo completo, ejerció varias actividades, entre ellas la de abogado litigante.
En 2003, ganó el Premio Camões, el más prestigiado galardón literario para la lengua portuguesa, en 2004 recibió el Premio Konex Mercosur a las Letras, y en 2012 el Premio Iberoamericano de Narrativa Manuel Rojas.
En 31 de diciembre de 1952 inició su carrera en la policía, como comisario en São Cristóvão, Río de Janeiro. Muchos de los hechos vividos en aquella época y de sus compañeros de trabajo están inmortalizados en sus libros.
En junio de 1954 recibió una beca para estudiar y después dar clases sobre ese tema en la Fundación Getúlio Vargas, en Río de Janeiro. Fue elegido, entre septiembre de 1953 y marzo de 1954, junto con otros nueve policías cariocas para especializarse en Estados Unidos. Más adelante, mientras litigaba a favor de hombres que caían injustamente en manos de la justicia -por lo general negros-, Fonseca intentó conseguir un puesto como juez. Fue durante esta etapa en la que pudo observar de cerca la corrupción y la violencia, tanto entre ciudadanos como la del Estado hacia estos. La oportunidad de observar esto sería crucial para el desarrollo de su estilo narrativo.​
Conocido por ser una persona recluida que adora el anonimato y se rehúsa a dar entrevistas, prefiere pensar que un escritor puede decir todo lo que a él le parezca importante, independientemente de lo que los lectores puedan opinar al respecto, pero siempre a través de sus obras y no como personaje público que dicta sentencias en cuanto tiene un micrófono enfrente.
Fonseca dice que un escritor debe tener el coraje para mostrar lo que la mayoría de la gente teme decir. La historia a través de la ficción es también una marca de Rubem Fonseca, como en las novelas Agosto en la que retrata las conspiraciones que resultaron en el suicidio de Getúlio Vargas.
Creó, para protagonizar algunos de sus cuentos y novelas, un personaje antológico: el abogado Mandrake, mujeriego, cínico y amoral, además de profundo conocedor del submundo carioca. Mandrake fue transformado en serie para la cadena de televisión HBO.
Escribe también guiones para filmes, muchos de ellos premiados.

El cuarteto de Nos – Cuando sea grande

No quiero quejarme de oreja en oreja
Fijarme si quien me aventaja se aleja
Negar el reflejo que dejo en mi espejo
Ni alojar el rencor entre ceja y ceja

No quiero guardar tantos secretos
Ni estar enfrentado en un cuadro grotesco
Como los Montesco y los Capuleto
No quiero a tu edad quedar obsoleto

Ni perder el vigor ni decir sin rigor
Que todo tiempo pasado siempre fue mejor
Ni llegar a mi casa ofuscado y molesto
No quiero estar cansado de llevarme puesto

Y aunque esta verdad pueda doler,
tengo que decirlo, sin complacer
Pero si ofendo, pido perdón
Cuando sea grande, quiero ser como vos

No quiero cometer tus mismos errores
Ni creer que todos son estafadores
No quiero manejar tus mismos valores
Ni que cada día sea igual a los anteriores

No quiero no poder controlar mis enojos
Ni cargar esa tristeza en los ojos
Mojados y rojos, ajados y flojos
No quiero resignarme a ser mis despojos

Ni echar con vehemencia la culpa a los demás
de lo que es mi incumbencia y responsabilidad
Ni que me de por probar en alguna idiotez
lo que no pude hacer cuando tuve 23

Y aunque esta verdad pueda doler,
tengo que decirlo, sin complacer
Pero si ofendo, pido perdón
Cuando sea grande, no quiero ser como vos

No quiero que ya nada me provoque placer
Ni que cuando el dolor me toque odie el ayer
Ni mirar fotos viejas y ponerme a llorar
O que nombren a alguien y empezar a temblar.

No quiero llevar esa vida mal trecha
con sospechas de dolo y la ilusión desecha
Ni lanzar pestes creyéndome Apolo
Ni que me molesten, una fecha estar solo.

Y aunque esto se preste a mal interpretar
No quiero que crean que es solo por criticar.
Y espero que tan solo sea una declaración
Porque ni yo se si quiero que quieras ser como yo

Y aunque esta verdad pueda doler,
tengo que decirlo, sin complacer.
Pero si ofendo, pido perdón.
Cuando sea grande, no quiero ser como vos
Y aunque esta verdad pueda doler,
tengo que decirlo, sin complacer.
Pero si ofendo, pido perdón.
Cuando sea grande…

Roberto Musso


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EL CUARTETO DE NOS, una banda de rock de Uruguay con 14 trabajos discográficos hasta la fecha, que se han convertido debido a las ventas múltiples, en disco de Oro, Platino y Triple Platino.

Su principal distintivo, se definen, son sus letras afiladas, el manejo de la ironía, la crudeza y la autocrítica del ser, pasando también por los sentimientos más básicos como el amor, la conciencia del paso del tiempo, la vejez y otras emociones.

Las constantes giras anuales por Latinoamérica han llevado a que EL CUARTETO DE NOS, sea una de las bandas rioplatenses más reconocidas y seguidas en América. Presentes en los principales festivales de cada país, con shows propios masivos en las capitales y distintas ciudades, la banda se afianza en los oídos Hispanoparlantes, con miles de seguidores activos.

INTEGRANTES
Roberto Musso -guitarra y voz
Santiago Tavella- bajo y voz
Álvaro Pintos- batería y coros
Gustavo “Topo” Antuña – guitarra y coros
Santiago Marrero- teclados, programaciones y coros

Página oficial : www.cuartetodenos.com.uy

Sugerencia de Coca…
Gracias!

Un tal Dardo Pereyra

Hoy hace 39 años que murió Dardo Pereyra. Nacido el 18 de febrero de 1910, —años difíciles— en Monroe, un pueblo actualmente casi desaparecido, a 20 kilómetros de Salto en la Provincia de Buenos Aires, estación del ferrocarril San Martín, ramal Rawson – Arribeños. Tengo pocos recuerdos transmitidos de su niñez, hizo sus estudios primarios, creo que entonces eran 3 años, sobreviviendo apenas en esa época a una fiebre tifoidea. Alguna vez me mostró una casa, cercana al actual balneario municipal de Salto, donde transcurrió parte de su niñez, frente al río, cuando el agua del manantial, —luego adjudicado a Pancho Sierra, santo y prócer lugareño— discurría entre las toscas elevadas del margen izquierdo del río.

Recordaba de esa época, la visita clandestina de un tío, hermano de su madre, que llegó una noche a visitar a la hermana y partió antes del amanecer, era un “gaucho renegado” al estilo de Juan Moreira, perseguido por la justicia, no sé por qué crímenes, que le dijeron no mucho tiempo después murió enfrentado en duelo criollo con un sargento de la policía, ambos murieron, contaba la historia, “uno sobre el otro, en cruz…”

Abuelo Vicente Pereira

Don Vicente Pereira

Su padre, Vicente Pereira, hijo de portugueses, (la “i latina” se perdió cuando en los registros civiles de principios del siglo XX no se prestaba mucha atención al tema, por lo cual tanto Dardo como sus hijos, pasaron a ser Pereyra con “y”), contaba que escapó al reclutamiento forzado para la lucha en los fortines, ocultándose en un tanque de agua elevado de la estancia “La Paloma” de los Pacheco Alvear, terratenientes de la zona. Fue arriero, hombre de campo toda su vida, curtido, una cicatriz surcaba su cara, la historia cuenta que provocada por un vengativo que quiso cobrarse una vergüenza que le había hecho pasar, dándole un hachazo con su cuchillo mientras dormía con su apero como almohada, dicen que lo corrió facón en mano hasta que la sangre en sus ojos no le permitió ver como para alcanzarlo. Murió en la década del 40.

Borbonia

Borbonia Quiroga

Su madre Borbonia Quiroga, altiva, cultivada —se conserva alguna carta con buena letra y prosa— personaje entrañable a la que llegué a conocer muy poco, murió en el 62, su familia provenía de la zona de Cuyo me contaron; había tenido una amiga que había estado cautiva de los indios y logrado finalmente escapar reintegrándose a la vida en el pueblo de Salto, fortín de avanzada en las épocas de finales del siglo XIX.

Vicente y Borbonia

Borbonia y Vicente

Dardo tuvo cinco hermanos, dos varones uno mayor y uno menor y tres hermanas.

Peón de campo en su juventud, Dardo hombreaba bolsas, jugaba al fútbol y bailaba muy bien el tango, lo cual le proporcionó el apodo de “Tangón”. Seductor, con sus trajes de casimir y sombrero “gacho” como el que usaba Carlos Gardel, exitoso con las chicas de la época y con algunas señoras también, acumuló peleas por celos, fugas en las oscuras noches de los pueblos vecinos y otras historias que mi vieja, risueña, contaba a veces.

Dardo Pereyra

Dardo en Luján

Con amigos

Con amigos (abajo a la izquierda)

Fue peón golondrina, (aquellos que viajaban en los trenes cargueros, a veces sobre los techos de los vagones, hacia pueblos donde había cosecha y la posibilidad de ganar unos pesos), recuerdo que me comentó, que entre otros sitios, había andado por Quequén en el sur de Buenos Aires.

Año 1931 ingresa al servicio militar, con su metro ochenta, su ancha espalda y siendo excelente jinete, fue destinado al Regimiento de Granaderos a Caballo, conociendo por primera vez Buenos Aires en ese año, contaba que recorrían con los compañeros los lujosos prostíbulos de la capital, con sus mujeres europeas en batas de seda y luego terminaban —por lógica— en algún modesto cuchitril, donde alguna criolla le haría olvidar por un rato a su familia y amigos, para esa época, a la incómoda distancia de 180 kilómetros.

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Segundo arriba de izquierda a derecha

La foto del desfile muestra a los granaderos el 9 de julio de 1931, acto presidido por José Félix Uriburu, que había derrocado el 6 de septiembre del año anterior al presidente Hipólito Yrigoyen.

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Desfilando el 9 de julio

Por esas épocas supongo, habrá transcurrido un hecho policial en su familia, su hermano dos años menor, Manuel, le había disparado con su “38” un balazo, a alguien con quien había mantenido una disputa en la calle principal de Berdier, frente al “Restaurant Pira”, propiedad de mi abuelo materno. Enterado de los sucedido por boca de su hermano, tomo el revólver y fue a ver si el herido, en caso de haber sobrevivido pensaba hacer la denuncia, en cuyo caso preveía volver a usar el arma para terminar con el problema, por suerte la víctima decidió dejar todo como estaba y la única resultante fue la requisa del Smith y Wesson 38 a manos de la policía, pérdida que siempre lamentó, (eran épocas en las cuales volver a caballo por las noches a la casa, por caminos rodeados a ambos lados por maizales o sombríos montes, hacían de un buen revólver una compañía deseada).

Restaurant Pira

Restaurant y Hotel Pira con las banderas de Argentina y Cerdeña

Paseando un día con él por la vereda del ya abandonado restaurant y hotel de mi abuelo, me mostró el agujero que había dejado en una de las paredes, la bala después de rebotar en las costillas del antiguo rival de la familia.

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Dardo en 1941 (Cedula de Identidad)

Alrededor de los 30 años se casó con Octavia Pira, mi vieja, hija de inmigrantes de Cerdeña, que contaba en ese momento con 20, comenzando otra etapa ya mucho más dura, de su vida.

Dardo y Octavia

Dardo y Octavia

Trabajaron duramente, en la localidad de Brandsen, como ayudantes de un capellán mayor del ejército  en tareas de limpieza y mantenimiento de lo que supongo sería una chacra en las afueras de la ciudad.

Más tarde recalaron en Buenos Aires, sé por cartas que se intercambiaban y que aún se conservan, que estuvieron dolorosamente separados un tiempo —habiendo nacido ya mi hermano mayor, en el año 48, (segundo hijo, pues uno anterior murió al nacer o muy pequeño)— Dardo se vino a buscar trabajo para luego de establecido, volver a vivir juntos.

Logrado esto se radicaron en Ciudadela, —Estación ferroviaria al Oeste del Gran Buenos Aires— en un ambiente que estaba destinado a cochera, de la casa en la que vivía su hermano menor Manuel.

De ese sitio fue secuestrado una noche por la policía, en las oscuras épocas de la llamada “revolución libertadora”, durante una serie de eventos que culminaron con los fusilamientos del General Valle y en José León Suarez de 12 civiles, el 9 de junio de 1956, como represalia a un levantamiento contra el gobierno militar —buscaban en realidad a un primo de él que vivía en un sitio cercano y pertenecía a la resistencia peronista contra el régimen— y luego de varios días en la comisaría de Ciudadela, donde negaban su presencia a la familia, fue trasladado a la cárcel de Olmos, donde permaneció un par de meses bajo amenaza de fusilamiento inminente.

Segunda vez que estuvo a punto de morir por ser peronista, aunque ni siquiera estaba afiliado al partido; la primera había sido cuando, trabajando en la fábrica Mercedes Benz, fue trasladado con sus compañeros en ómnibus hacia la Plaza de Mayo el 16 de junio de 1955, —día del criminal bombardeo y ametrallamiento contra la casa de gobierno y la población civil, perpetrado por la aviación naval con el objetivo de matar o derrocar a Juan Domingo Perón— cuando las bombas comenzaron a caer estaban ya en el centro, a pocas cuadras, pero lograron detener los ómnibus y huir a salvo.

En alguno de los inolvidables paseos que hacíamos cada tanto los domingos, durante mi niñez, me mostró los agujeros de la metralla naval en los frentes cubiertos de granito del actual edificio de la AFIP frente a Plaza De Mayo.

Llegado el año 1958 nace su segundo hijo —yo— y se mudan a Haedo, también en el Oeste del Gran Buenos Aires, a una casa de un cuñado que estaba deshabitada, sobre la Avenida Gaona aun de tierra, a metros de donde hoy se encuentra el Showcenter de Haedo, trabaja en la fábrica de telas plásticas Plavinil en Villa Lugano de la Ciudad de Buenos Aires, saliendo de casa cada día a las 4 de la mañana para retornar a las 17 hasta que se jubiló. En dicha fábrica —contado por mi madre— le ofrecieron el puesto de capataz, ascenso que declinó por no querer mandar sobre sus amigos y compañeros de trabajo, me lo contó con orgullo, aun sabiendo que ese ascenso habría significado una mejoría en su estándar de vida, pero para él siempre prevaleció la idea del compañerismo por sobre los bienes materiales, —que les eran escasos— reflejando su elección la forma de vida elegida, sobre la cual nunca se permitió transar.

1963

Año 1963, Alberto, Juan Carlos, Octavia y Dardo en el cumpleaños de un vecino.

Allí vivió el matrimonio y sus dos hijos hasta el año 1967; luego que le anoticiaran que debía devolver la casa, lograron comprar en cuotas, un terreno a pocas cuadras y con mucho esfuerzo y la ayuda de vecinos y familiares se levantó la que fue la primera casa propia, utilizando dos paredes medianeras antiguas existentes y contando con la mano de obra de algún albañil, lento pero económico, que fue levantando el resto de las paredes de las dos habitaciones, baño y cocina que conformaron la vivienda. Recuerdo el día que se techó, día de solidaridad de familiares y amigos y correspondiente asado.

Esa es la época que mejor puedo testimoniar por haberla compartido. En esa casa, a través del primer televisor que tuvimos, teniendo él la edad con la que cuento ahora, —en ese momento yo tenía 11—  vivimos la llegada del hombre a la luna, cuestionada su realidad después, pero inolvidable para quienes lo presenciamos entonces.

Eran tiempos de vecindario en formación, había muchos terrenos aún baldíos en esas manzanas y era común la amistad y ayuda entre vecinos, con los chicos jugando hasta tarde en la noche en la calle, primero de tierra y más tarde asfaltada, mientras los padres y madres tomaban mate y charlaban mientras espantaban los abundantísimos mosquitos que por allí pululaban.

Se organizaba cada tanto un asado multitudinario siendo siempre él, el encargado de la parrilla, al igual que en Plavinil, donde esa tarea siempre estuvo a su cargo con reconocimiento y agradecimiento de sus compañeros.

De esos tiempos recuerdo muy intensamente las manifestaciones de sus pasiones, el tango, Boca Juniors y Perón.

El tango lo llevaba consigo todo el tiempo, los silbaba o cantaba mientras hacía alguna tarea y lo bailó con destreza y buen gusto toda su vida.

Con el fútbol tenía una sufrida relación, por ejemplo, recuerdo que llegó a  permanecer puteando a un tal Curioni, un jugador de Boca desafortunado en la concreción de los tantos, hasta media hora luego de haber finalizado el partido, por haber errado un par de goles que habrían definido el resultado a favor de su equipo, escuchaba los partidos por la radio portátil, caminando de un lugar a otro e insultando a viva voz a quien correspondiere en cada situación.

Respecto a su fervor peronista, la historia involucra a un vecino extremadamente anti peronista —vulgarmente conocido como “gorila”— que cada 16 de septiembre, aniversario del golpe militar que había derrocado a Perón en 1955, colgaba en una de las ventanas de su casa, que daba a la calle, una bandera argentina; don Dardo, como lo llamaban los vecinos, pasaba una y otra vez por la vereda, silbando lo más fuerte que le salía la “Marcha Peronista”, que identificaba a Perón y su pueblo, con la esperanza que el gorila vecino saliera a increparlo, pero… Pese a que cada año lo hacía, pasando capaz diez veces en el día, el susodicho nunca asomó ni la nariz de su casa.

En el año 73 falleció con 53 años de edad, Octavia, su compañera durante más de treinta años a la cual seguía llamando “Tavita” y ella a él “Dito”, haciéndose él a partir de ese momento cargo del hogar, con todo lo que conllevaba, nunca le oí quejarse de su suerte. Ya jubilado utilizaba algún terreno que aún quedaba sin construir vivienda en él, para, con permiso de los dueños, hacer quintas en las que sembraba tomates, lechuga, zapallitos, ajo, cebollas y todo lo que era factible cultivar en pequeña escala, disfrutando todos de excelentes verduras en calidad y cantidad, provenientes de su labor.

Fueron esos años en los cuales lo llegué a conocer mejor, ya llegado el momento de mi servicio militar, cuando charlábamos mientras le cebaba unos mates en tanto él regaba las plantas de la quinta de turno o cuando compartíamos un whisky mientras veíamos por la noche el partido de Boca de la fecha después de cenar.

Dardo en los 70's

Dardo en los años 70

Lamentablemente llegó ese 14 de julio de 1978, tenía 68, cuando una operación luego de estar un tiempo internado en el Hospital Posadas, terminó con sus días, capaz la enfermedad, capaz el cirujano, quizá el anestesista… Algo provocó que ese viaje al quirófano fuera el último que emprendiera, tras una noche que tuve la suerte de compartir con él en el desvelo del miedo a la operación que vendría, donde charlamos como amigos, en voz baja, con la luz tenue que entraba desde las ventanas de la habitación, hasta que llegó con la mañana, el momento de la despedida…

Pocos días atrás había terminado el mundial de fútbol del año 1978, que había ganado Argentina, mundial controvertido, utilizado como tapadera por el gobierno militar de turno para cubrir sus asesinatos y violencia institucional, pero siempre para mí un recuerdo grato, porque fue su última gran alegría, un sueño hecho realidad como futbolero fanático que fue.

Dardo fue un hombre que hizo un culto de la humildad, la amistad y el compañerismo, buen marido, buen padre, querido por familiares y vecinos, conciliador pero firme en sus convicciones, cabrón cuando se le daba, pero por sobre todo buena persona, ese fue don Dardo Pereyra, mi viejo.

Juan Carlos Pereyra

Gaby Moreno – Luna de Xelajú

Luna, gardenia de plata,
que en mi serenata
te vuelves canción.
Tu que me viste cantando,
me ves hoy llorando
mi desilusión.

Calles bañadas de luna
que fueron la cuna
de mi juventud.
Vengo a cantarle a mi amada,
mi luna plateada
de mi Xelajú.

Luna de Xelajú…
Que supiste alumbrar
en mis noches de pena,
por una morena de dulce mirar.

Luna de Xelajú…
me diste inspiración,
la canción que te canto,
regada con un llanto
de mi corazón.

En mi vida no habrá
más cariño que tú, mi amor…
Porque no eres ingrata
mi luna de plata, luna de Xelajú.

Luna que me alumbró
en mis noches de amor,
hoy consuelas la pena
por una morena, que me abandono.

Paco Pérez


“Luna de Xelajú” es un popular vals-canción de Guatemala. Fue compuesta por Paco Pérez (1917-1951), cantante nacido en Huehuetenango.

Xelajú es el nombre utilizado por la etnia k’iche’ para la ciudad guatemalteca de Quetzaltenango. La canción fue dedicada a Eugenia Cohen, una bella dama que enamoró al autor de la canción, pero que luego lo abandonó por el rechazo de sus padres a la relación.


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Gaby Moreno

Gaby Moreno nació en Ciudad de Guatemala, Guatemala, el 16 de diciembre de 1981, es cantautora y guitarrista. Su música ha sido influenciada por los ritmos soul, folk, blues, rock y bossa nova y la música tropical además de las influencias latinoamericanas de su país natal. Actualmente reside en Los Ángeles, California.

En el año 2013 ganó el premio Grammy por su álbum “Postales”

 Discografía

2008: Still the Unknown (lanzamiento independiente).
2010: A Good Old Christmastime (EP).
2011: Illustrated Songs
2012: Postales (Metamorfosis).
2012: Didn’t it rain (álbum) (Participación en el álbum de Hugh Laurie).
2014: Posada (álbum).
2016: Ilusión (álbum).

Francisco Corzas – México

Pintor y grabador mexicano, parte de la Generación de la Ruptura. Comenzó su carrera artística en Europa, retornando a México en la década de 1960. Sus obras se encuentran en museos y colecciones privadas de Los principales museos del mundo. (incluyendo el Vaticano) y México.



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Francisco Corzas Chávez

Nació el 4 de octubre de 1936 en una modesta casa de la colonia Doctores, en la Ciudad de México.

Entre 1951 y 1955 estudió en la Academia de Pintura y Escultura La Esmeralda; sus maestros fueron Agustín Lazo, Carlos Orozco y Manuel Rodríguez Lozano, además de María Izquierdo y Juan Soriano. En 1956 viajó a Europa y se instaló en Roma durante tres años; allí asimiló los cursos de la técnica de pintura al fresco en la Academia de San Giacomo y de desnudo en la de Bellas Artes. Esta etapa formativa en Roma –donde se nutrió de los fundamentos de la cultura occidental– fue decisiva en la formulación de los principios plásticos que comenzaría a desarrollar poco tiempo después. Su estancia europea le ofreció la oportunidad de acercarse al arte renacentista, manierista, barroco, romántico y vanguardista. En esa misma capital ganó la medalla de plata en el Premio Internacional Vía Margutta (1958) que le permitió darse a conocer a nivel internacional.

A su regreso, en México, en 1962, le fue otorgada la Mención Honorífica en el Salón de la Plástica Mexicana y realizó una exposición en la Galería Misrachi. Obtuvo la beca Des Art del gobierno francés; residió en París un año y trabajó en varias series de litografías del taller Bramsen.

En Italia en 1967 conoció a Bianca Dall’Occa Orsi, su pareja por el resto de su vida.

            En 1976 obtuvo la beca de la Fundación Cultural Televisa para la realización de Agonías y otras ofrendas. Corzas viajó por varios países europeos, con residencia en Milán, desde donde realizaba diversas obras gráficas por encargo de la empresa Olivetti. Formó un portafolios con once litografías sobre los Carmina Burana.

A lo largo de su vida Francisco Corzas expuso individualmente en catorce oportunidades y participó en 43 exposiciones colectivas en varias ciudades del mundo, entre las que destacan: Roma, Florencia, Venecia, Belgrado, Praga, Bruselas, Viena, Nueva Delhi, Bombay, Osaka, Nueva York, San Antonio, Los Ángeles, Montreal, Bogotá, Buenos Aires, Río de Janeiro y Santiago de Chile.

Corzas describió su estilo como impresionista, con una clara influencia goyesca. En su infancia utilizó el pseudónimo de Goya para firmar las obras que participarían en un concurso de Niños Pintores. Así pues, el artista de la corte española  de los Borbón trascendió en la creación de Corzas –en mundos similares como los personajes del pueblo en Trashumantes–, a quien apreciaba como un clásico de la pintura y de quien asimilaba temas y estilos, como las fisonomías grotescas y la oscuridad tonal de la etapa más intimista del artista español.

Falleció el 15 septiembre 1983 en la Ciudad de México.

Pueblo Henia – Camiare (Comechingones)

Los Henia – Camiare fueron una cultura que vivió en las actuales sierras situadas entre las provincias de Córdoba y San Luis, en la Argentina. Tuvieron una interesante mitología, un gran desarrollo del telar y sobre todo de la pintura rupestre. Sus viviendas los hicieron célebres, ya que sus eternos enemigos – los Sanavirones – los bautizaron como “k’mchingones”, que significa ‘vizcacha’ o ‘habitante de cuevas’, en referencia justamente a sus particulares viviendas.

Casas

Reproducción de una vivienda Henia – Camiare

Habitaron en las Sierras de San Luis y Córdoba (Argentina).
Los yacimientos del Embalse Río Tercero y Dique Los Molinos, indican que hacia el año 1.000 d. C. esta cultura -con los últimos núcleos de horticultores andinos- ya se había establecido.
Los dos grupos tenían distintos dialectos: los Henia al norte, y los Camiare al sur, compuestos por varias parcialidades, a continuación figuran las principales y su ubicación a inicios del siglo XVI:

Henia

Alueta:
Faldeos orientales de Sierra Chica, sur del Valle de Punilla y Valle de Paravachasca.
Caminigas:
Valle de Tulumba.
Chine:
Entre las actuales Dean Funes y Cruz del Eje, hasta las Salinas Grandes.
Gualas:
También conocidos como Guachas. Valle de Totoral.
Macaclita:
Valle de Calamuchita, y faldeos orientales de la Sierra de los Comechingones
Mogas:
Entre las Sierras de Amargasta y las Salinas Grandes.
Naure:
Valle de Translasierra
Sitón:
Valle de Punilla y faldeos orientales de Sierra Chica.

Camiare

Michilingüe:
Se extendían hasta la Sierra de las Quijadas por el oeste, y la Sierra de Varela al sur.
Nogolma:
Valle de Conlara
Saleta:
Al oeste de la Sierra de los Comechingones.

mapa mechi

Parcialidades a inicios del siglo XVI, en rojo los Camiare, en azul los Henia.

En términos generales las sierras centrales conservaron el patrimonio cultural del área andina meridional, pero empobrecida en sus elementos básicos revelados particularmente en las tecnologías. La metalurgia fue practicamente inexistente. En la alfarería no conocieron la policromía, elaboraban piezas sencillas con decoración de guardas geométricas incisas y estatuillas antropomorfas, que quizás representen un elemento antiguo de las culturas del noroeste.
En la “Relación en suma y de la tierra y poblaciones que Don Jerónimo Luís de Cabrera Governador de estas provincias de los juries, a descubierto donde poblar en nombre de su magestad una ciudad” que en 1573 el “adelantado” elevara a la corona española, describe la cultura:

“Las poblaciones tienen muy cercanas unas de otras que por la mayor parte a legua y a media legua y a quarto y a tiro de arcabuz y a vista unas de otras están todas.
Son los pueblos chicos que el mayor no terna hasta quarenta casas y a muchos de a treinta y a veinte y a quince y a diez y a menos porque cada pueblo de estos no es más de una parcialidad o parentela.
Y así está cada uno por sí, tienen los pueblos puestos en redondo y cercados con cardones y otras arboledas espinosas que sirven de fuerza y esto por las guerras que entre ellos tienen. Biven en cada casa a quatro y a cinco yndios casados y algunos a mas.
Son las casas por la mayor parte grandes que en una dellas se halló caber diez hombres con sus caballos armados que se metieron allí para una emboscada que se hizo. Son bajas las casas que la mitad de la altura que tienen está debajo de tierra y entran a ellas como a sotanos y esto hacenlo para el abrigo por el tiempo frío y por falta de madera que en algunos lugares por allí tienen.
Gente toda de la más vestida dellos con lana y dellos con queros labrados con pulicia a manera de los guadamecis de España. Traen todos los más en las tocas de las cabezas y tocados que de lana hacen por gala muchas varillas largas de metales y al cabo dellas como cucharas, todos los más con un cuchillo colgado con un fiador de la mano derecha que se proveen lo más dello y otras cosas que de hierro tienen de rescates.
Las camisetas que traen vestidas son hechas de lana y tejidas primeramente con chaquira a manera de malla menuda de muchas labores en las aberturas y ruedo y bocamancas.
Crían mucho ganado de la tierra y danse por ello por las lanas de que se aprovechan.
Son grandes labradores que en ningún cabo hay agua o tierra bañada que no la siembren por gozar de las sementeras de todos tiempos. Es gente que no se embriaga ni se dan por esto del beber como otras naciones de yndios ni se les hallaron vasijas que para esto suelen tener.
Es tierra que se hallaron en ella siete ríos caudales y más de setenta o ochenta arroyos y manantiales todos de muy lindas aguas. Hay grandes pastos y muy buenos asientos para poderse criar ganados en gran número de todos los que en España se crían y hacer molinos y otras haciendas con que puedan vivir prósperos los que allí vivieren. Tienen arte y parecer de tierra muy sana porque los temples son muy buenos y sus tiempos de invierno y verano como en España.”

Aspecto físico y vestido:

Eran de estatura elevada, se deformaban el cráneo de modo tabular erecto. Los primeros cronistas relatan que eran “barbudos como nosotros”.
Usaban como vestimenta el uncu o “camiseta incaica”. En las mangas y ruedo tenían decoraciones con valvas de caracol terrestre, común en las sierras. En la cabeza llevaban elaborados tocados de plumas y cobre que les caían más abajo de la cintura.
Eran “…dados a cantar y bailes y después de haber caminado todo el día bailaban y cantaban en coro la mayor parte de la noche”.

Vivienda
Las viviendas eran las casas-pozo, paredes enterradas en el suelo y una techumbre relativamente baja. Eran grandes -según crónicas españolas, un grupo de 10 jinetes con sus caballos, pudieron ocultarse en una-, habitadas por cuatro o cinco familias. Las aldeas cercadas con defensas de espino, agrupaban entre diez y cuarenta.

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Economía
Su economía se basaba en la agricultura, bien desarrollada, con cultivo de maíz, quinoa, porotos, zapallos, a la vez que a la cría de llamas domésticas; conjuntamente se dedicaban a la caza (guanacos, ciervos, liebres, etc.,) y a la recolección de frutos silvestres (abundaba la algarroba y el chañar, con lo que hacían bebidas fermentadas).
Utilizaban la irrigación en extensos campos de cultivo que impresionaron a los conquistadores, guardaban los excedentes en silos.

Artes
De su industria, se han encontrado instrumentos de piedra y hueso: hachas, flechas, boleadoras, pipas, etc.
Usaban el telar andino y pesas de rueca para hilar. La cerámica era simple, con pocas formas; la pintura es excepcional, con sencillas guardas geométricas incisas. En los yacimientos se han encontrado estatuillas antropomorfas, generalmente femeninas.
Se han distinguido en el arte rupestre, presente en todas las sierras.

Sociedad
La filiación era patrilienal, la comunidad familiar extensa era la base de la organización social. La autoridad de cada una de ellas estaba subordinada a un cacicazgo hereditario.
Las parcialidades tenían territorios propios -con aguadas y jagüeles- delimitados, la violación de los mismos provocaba frecuentes fricciones entre los grupos.

Guerra
Como armas usaban especialmente el arco y la flecha, con puntas de piedra y hueso; lanzas cortas, mazas y boleadoras. Usaban flechas incendiarias.
Acostumbraban ir al combate con el rostro pintado “una mitad negra y otra roja”. Atacaban de noche -para que la Luna los protegiera-, en escuadrones cerrados, organizándose según fueran flecheros o portadores de fuego.

Desarticulación cultural – El fin de la era

A la llegada del español, los sanavirones habían logrado lo que a los incas les había resultado imposible: expandirse en sus territorios.

La conquista de la “provincia de los comechingones” hizo pie en 1573, cuando un grupo de españoles dirigido por Jerónimo Luis de Cabrera, gobernador de Tucumán, fundara la ciudad de Córdoba de la Nueva Andalucía, buscando reemplazar a Santiago del Estero como el núcleo urbano más importante de su gobernación. Los españoles llevaban veinte años de reconocimiento de la región, lo que les permitió conocer sus parcialidades, dominios y propiedad de las tierras. Los límites precisos de cada una de ellas les facilitaba los “reclamos” de encomienda.

Para apropiarse de las tierras -luego de obtener la encomienda, aprovechando el amojonamiento y organización propia de los pueblos originarios-, con el pretexto de evangelizarlos, se los “reducía” en misiones religiosas, las tierras quedaban desiertas y entonces podían ser pedidas en merced (La corona lo aprobaba cuando no estuviera poblada por nativos).

Tan pronto como fundaron Córdoba, empezaron a emigrar las tribus vecinas. En la primera etapa, comechingones y sanavirones ofrecieron dura resistencia, haciendo honor a su tradición bélica.

En 1575, en un acto de rebelión, resulta muerto el alcalde Blas Rosales; el gobernador -Suarez de Figueroa- decide arremeter contra los comechingones en el cerro Charalqueta (Ongamira), donde se habían fortificado. Era un lugar de difícil acceso y los nativos pudieron burlarse del asedio por unos días, mientras los atacaban con flechas y bolas; pero los españoles realizaron un rodeo con sus caballos y al llegar los exterminaron. Según la leyenda muchas mujeres que acompañaban a sus hombres se arrojaron desde la cima cargando en sus brazos a sus hijos, prefiriendo la muerte a la esclavitud.

Luego, algunos intentaron acuerdos, pelearon judicialmente, e incluso adoptaron costumbres. Los sanavirones conocedores de quechua oficiaron de intérpretes, los michilingüe (parcialidad de los camiare) se sometieron dócilmente: Arosena hija del cacique Koslay, bautizada como Juana, se casó con un oficial español, a quien se le otorgó la merced de las tierras del río Quinto hasta el límite con Córdoba.

En todos los casos son vencidos e incorporados al sistema colonial. En menos de cien años del ingreso español a la región, los comechingones resultarán diezmados.

Creencias:

Las deidades principales eran el Sol y la Luna, creadores de todo lo conocido, generadores de luz, alimento y protección.

Habían adoptado algunas deidades presentes en las culturas del noroeste, como el yastay, el chiqui y el uturuncu.

Hacían la guerra de noche “para que la Luna estuviera con ellos”.

Conocían el “cuarto de sudar”, pequeñas casas semisubterráneas donde tomaban baños de vapor, para purificarse.

Algunos cerros, manantiales y grutas, eran santuarios donde se congregaban a efectuar sus ritos ceremoniales. Había un cerro en Ongamira, llamado Charalqueta, reverenciando al dios de la alegría y felicidad; al que luego del legendario suicidio masivo de los nativos ante su inminente captura por el conquistador, pasaron a llamar Colchiqui, dios de la tristeza y fatalidad.

Ceremonias

Practicaban la magia y las danzas rituales, como se advierte en las pinturas rupestres de Cerro Colorado, donde el hechicero hacía uso del fruto de cebil como alucinógeno. El cebil pulverizado era aspirado.

Al llegar la primera menstruación en las muchachas, morir una criatura, o para la buena fortuna en el combate, tenían elaborados rituales.

Hay referencias de una ceremonia en la zona de Quilino (noroeste de Córdoba) “…tenían hecho un cerco de ramas y dentro de él por un callejón que tenían hecho de ramas de guacayán, con huronoes y unos papagayos y figuras de lagartos… había una vieja desnuda con pellejos de tiguere… que bailaba y a cuyo alrededor hacían lo mismos los participantes, cantando en invocando al demonio”.

Los muertos eran enterrados en posición fetal, generalmente bajo el suelo de las viviendas, aunque hubo cementerios como lo demuestran los hallazgos de Rumipal y Unquillo.

En 1965, seis arqueólogos aficionados, encontraron un esqueleto comechingón en la zona de Laguna Honda, a 20 km de Villa María, Córdoba.

De una antigüedad de 360 años, estaba atado con lianas y tenía un ajuar compuesto por vasijas de barro, collares, hachas, boleadoras y puntas de flechas.

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La fotografía es de la época del descubrimiento, hoy se encuentra en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata.


Uritorco y Calabalumba (Leyenda)

Uritorco era un indio joven, alto y barbado. Cuando conoció a Calabalumba, le pareció tan hermosa como la flor de suico. La vio vestida con su falda de lana y su camisa adornada con laminillas de caracol, y peinada con el cabello recogido en una trenza negrísima con colgantes de metal. La siguió, pero ella se escabulló entre la gente; sólo dejó en el aire el sonido de las medallas de cobre y plata que colgaban de sus pulseras, y su perfume suave. Uritorco se había enamorado y la buscó hasta encontrarla otra vez. Calabalumba también lo amaba. Pero era hija de un hechicero y el padre jamás aprobaría su relación con Uritorco. Ella lo sabía y también sabía que no iba a poder renunciar a su amor.

Una noche, se citaron junto al cerco de espinillos que separaba los maizales de los corrales de llamas y alpacas. Allí decidieron huir juntos. No fue fácil: el hechicero se convirtió en una figura demoníaca que los perseguía siempre, en cualquier lugar donde se ocultaran. Se refugiaron en los matorrales, entre los árboles, en cuevas escondidas, pero todo fue inútil: el negro demonio de la muerte los acosaba.

Un día, se encontraron frente a frente con un jaguar con ojos de hombre: el Uturunco, quien mostraba sus dientes afilados y rugía, amenazante. Entonces, los jóvenes se transformaron: él, en el magnífico cerro Uritorco y ella, en el río Calabalumba, ese torrente de lágrimas que, como un manantial, surge del pecho de piedra de la montaña. Dicen que, por el conjuro de ese amor, todo aquel que se acerca al Uritorco queda extasiado al contemplar sus tonalidades cambiantes, y mareado por una atracción extraña y una sensación de bienestar. Dicen que es muy difícil dejar de admirar su magnética presencia.


Piedra Blanca. “Altar de los comechingones”

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En Merlo, San Luis, al pie de la Sierra de los Comechingones, se encuentra este sitio arqueológico mítico-religioso.

Se trata de un conjunto de piedras dispuestas de norte a sudoeste; con un cuadrado que marca la entrada al sitio, seguido de piedras escalonadas sobre el talud -apuntaladas por otras menores-, el altar de forma cúbica, pulido en la parte superior y horadado en uno de sus costados, y una piedra de gran tamaño en la cima del talud.
El lugar -punto de encuentro de los hombres entre sí y con lo divino-, era utilizado para desarrollar los ritos ceremoniales.


Pinturas Rupestres

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En la actual localidad de Cerro Colorado situada a 160 km al norte de la ciudad de Córdoba y a solo 11 km de Santa Elena, se encuentra la Reserva Cultural Natural “Cerro Colorado” que constituye junto con la Cueva de las Manos en la Provincia de Santa Cruz uno de los centros pictóricos de arte rupestre más importante de Argentina. Juntos constituyen el principio y fin de la presencia aborigen en esta porción del Continente Americano , puesto que las pinturas más antiguas de éste lugar tienen unos 1200 años de antigüedad ( recordemos que en la Cueva de las Manos se deja de pintar hacia el 1000 d.c.) y se prolongan hasta el S. XVI con la llegada de los conquistadores españoles, constituyendo por esta razón un patrimonio cultural de interés universal.


Fuente: Pueblos Originarios.com y otros.

Félix Morisseau-Leroy – Poeta / Haití

Así ocurrió

Así ocurrió
Jesucristo tenía que morir
Pese a todo tenía que morir
Aun cuando Pilato dijera que no
Caifás insistía tanto
Que se llegó a condenar al Hombre
Tenía días sin comer
Y estaba tan débil
Que al subir al Monte de los Olivos
Con dos maderos al hombro
Iba de tumbo en tumbo
Pilato lo miraba con compasión
Y también los soldados romanos miraban
Fue entonces que por ahí pasó un hombre
Simón Cireneo
Un negro fuerte, como Paul Robeson, pasó por ahí
Miró aquello como sólo los negros saben mirar
Pilato sintió lo que el negro tenía en su corazón
Y a los soldados hizo una señal
Todos se echaron sobre Simón
Y con fuerza lo apalearon
Luego le dijeron: toma la cruz y cárgala
Simón tomó la cruz
La tomó de la mano del blanco
Se echó a correr con ella
Se echó a cantar
Se echó a bailar
Bailó cantó
Se fue corriendo hacia arriba
Dejando atrás a todos
Regresó cantó bailó
Hizo girar la cruz sobre su cabeza
La echó al aire
La atrapó
La cruz quedó bailando sola en el aire
La gente gritó milagro
Y cuando cayó la cruz
Simón la tomó
Bailó mucho con ella
Antes de devolverla a Jesús
Desde entonces
Cuando es muy pesada una cruz
Cuando algo pesa demasiado
para las fuerzas de un blanco
Llaman a un negro para que cargue
Después bailamos cantamos
tocamos el tambor
tocamos el bambú
Nuestra espalda es muy ancha
Cargamos la cruz, cargamos el fusil,
cargamos el cañón
ayudamos al blanco
cargamos los crímenes
cargamos los pecados
cargamos por todos.

De Viaje a la luna

(Fragmento)

Me voy a hacer un viaje a la luna
Aquí no puedo más seguir sufriendo
Por acá las cosas van muy mal
Me voy de viaje a la luna
Me dijeron que ahí es distinto:
Nada de gente buena ni gente mala
Nada de gente instruida ni gente tonta
Nada de gente de ciudad ni gente de campo
Todos son ciudadanos de la luna
Todos hablan la misma lengua
No aguanto más aquí
La Civilización me está terminando
La Civilización me está descerebrando
A mí alrededor no veo más
Que gente matándose
La Civilización está acabando con la humanidad
Me voy a vivir a la luna
Me dijeron que ahí hace buen tiempo
La Civilización ocurrió ya hace mucho
A tal punto que la gente terminó por olvidarla
Me voy de viaje a la luna
Me dijeron que ahí no hay rey
Ni jefe de seccional
Ni juez de paz
Ni alguacil
Ni papa infalible
Me tengo que ir necesariamente a la luna
La luna es maravillosa me dijeron
De noche se ve mejor que de día
No hay hora obligada para acostarse
Ni día laborable ni día feriado
De noche se ve brillar la Tierra
Que brilla más que el sol
Las estrellas están al alcance de la mano
Como luciérnagas prendidas en un árbol


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Félix Morisseau-Leroy nació el 13 de marzo de 1912, en Grand Gosier, Haití, escribió en creole (criollo haitiano) poesía y obras de teatro.

En 1961 logró que el creole fuera reconocido como lengua oficial de Haití, ampliar su enseñanza en las escuelas y su uso en la literatura creativa. También publicó obras sobre la literatura francesa, creole haitiana y literatura haitiana francesa.

Trabajó en otros países, fomentando el desarrollo de la literatura nacional en Ghana post-colonial y Senegal. Al finalmente establecerse en Miami, Florida, trabajó para unir a la comunidad haitiana alrededor del creole y alentó su estudio académico.

Nacido en una familia de mulatos educados y acomodados, Morisseau estudió en Jacmel, donde fue educado en francés e inglés. Allí conoció a su futura esposa Renée.

Después de regresar de Estados Unidos a Haití, enseñó en la capital, Puerto Príncipe. Comenzó a dedicar atención al criollo de las calles y a pensar en su poder como lengua escrita para unir el país. En ese momento, el francés era utilizado por las clases educadas, y el criollo era el lenguaje de la gente común.

Enseñó literatura y teatro, trabajando además como escritor y periodista. Fue nombrado para cargos políticos en el gobierno, incluyendo director en el Ministerio de Educación Pública de Haití y Director General de Educación Nacional.

Conocido informalmente como “Moriso”, promovió un movimiento para estimular el uso del idioma creole y establecer su legitimidad para el uso creativo en la literatura y la cultura. Como este era el único idioma de la mayoría de la gente, que eran en su mayoría población rural, Morisseau creía firmemente en el uso del creole como un medio de unir el país. Tradujo la tragedia griega clásica Antígona al creole.

El ascenso del régimen de Papa Doc Duvalier en 1957, cerró las puertas a muchos de los escritores más prometedores, ya que no aceptaba la libre expresión. Dice la historia que Duvalier envió fuerzas armadas para escoltar a Morisseau al aeropuerto y forzarlo al exilio porque su trabajo le resultaba ofensivo. Probablemente el hecho de que fueran antiguos compañeros de clase y amigos salvó su vida.

Se estableció finalmente con su familia en Miami, en 1981 para el resto de su vida. Con la enseñanza del criollo haitiano y la literatura, ayudó a unir a los inmigrantes y sus descendientes en torno a su herencia. Escribió una columna semanal en el periódico Haiti en-Marche. En años posteriores, su imagen con afro de pelo blanco se convirtió en una marca registrada, como lo fue su sentido del humor.

Falleció en Miami el 5 de septiembre de 1998