Pueblo Emberá – Historia / Cosmogonía

Chocó fue el nombre que los conquistadores dieron a los nativos del litoral Pacífico. Entre ellos estaban los que se autodenominaban Emberá (“Gente”) ocupando las cuencas medias y altas de los ríos Atrato y San Juan y los afluentes orientales del río Baudó.

El pueblo Emberá estaba integrado por cuatro grupos principales, de los cuales se han desprendido los actuales grupos dialectales:
• Tatamá. En el alto San Juan y sus afluentes Sima y Tatamá.
• Citará. Alto Capá y Atrato.
• Cimbará. Medio San Juan.
• Grupo habitante de los afluentes orientales del río Atrato.

Los grupos compartían la lengua, la cosmovisión jaibaná, la movilidad territorial, el gobierno no centralizado, la cultura selvática y la estructura social, con unidades familiares como base de su sociedad y unidades más amplias para tareas cooperativas. Su economía se basaba en la agricultura itinerante del maíz, caza, pesca y recolección.

Además, se distinguían los grupos por su relación con el medio geográfico (bida: existencia):
• Eyabida. Gente de montaña   Eyo: Parte alta de la montaña y las laderas.     Emberá Chamí
                                                                                                                                                                  Emberá Katío
• Dobida. Gente del río                 Do: Río.
• Pusabida. Gente de mar           Pusá: Mar.
• Oibida. Gente de selva              Oi: Monte, selva adentro.

Con el establecimiento de la Gobernación de Nueva Andalucía, Alonso de Ojeda fundó el 20 de enero de 1510 el poblado de San Sebastián de Buenavista, en el margen oriental del Golfo de Urabá, estaba a cargo del más tarde famoso Francisco Pizarro. Hacia fin del año de su fundación, Núñez de Balboa la traslada al margen occidental, a Santa María de la Antigua del Darién, primer éxito colonizador en Tierra Firme. Se iniciaba el proceso de conquista y con ello la fragmentación de los territorios y cultura Emberá.

El carácter segmentario de su organización social les permitió resistir a la colonización de su territorio. Para rechazar las expediciones europeas se agrupaban bajo la autoridad de jefes de guerra temporales, o se dispersaban a sitios más inaccesibles.

A principios de siglo XVII, con los Emberá debilitados por las guerras y la viruela, se establecen los primeros centros para la extracción de oro en forma aluvial en el Alto San Juan – Nóvita y Sed de Cristo, los principales -, los emberá son utilizados como mineros y resultan víctimas de las guerras por el control de las minas.

En la segunda mitad del siglo XVII, se intenta la pacificación de la región por medio de las misiones, jesuitas en el San Juan y franciscanos en el Atrato. Estos últimos decidieron implantar el corregimiento, los castigos y la obligación de estar en los pueblos, hubo protestas y levantamientos disueltos por el ejército español; los nativos se dispersaron formando núcleos autónomos, explicando este hecho su supervivencia y la amplísima dispersión territorial que hoy presenta.

Entre 1718 y 1730, se crearon nuevas poblaciones en el alto San Juan y en el Atrato, incentivándose la colonización aurífera. A lo largo del siglo XVIII hubo constantes levantamientos nativos contra los españoles que respondieron con entradas de su ejército hasta consolidar su dominio. Las fundaciones posteriores de Dabeiba (1850), Puerto Rico (1876), Monte Líbano (1907), Tierra Alta (1913), profundizaron la desintegración de los resguardos Emberá.

A mediados del siglo XX, comienza una nueva etapa de fractura de la comunidad Emberá, al encontrarse sus territorios incluidos en el ámbito de la violencia generada por las guerrillas (FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), ERG (Ejército Revolucionario Guevarista), ELN (Ejército de Liberación Nacional) y el ejército colombiano.

La dispersión de las comunidades emberá condicionaron desarrollos disimiles, a partir de los contextos naturales en los que se albergaron y condicionados también por el tipo de poblaciones y de interacciones que afrontaron y que ejercieron diferentes influencias en cada grupo asentado en diferentes territorios. Hoy los encontramos distribuidos en en Colombia, Ecuador y Panamá. A pesar de ello, mantienen una cohesión a nivel cultural con elementos de identidad muy fuertes como su idioma, tradición oral, jaibanismo, y estructura social.

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El Universo Emberá y el Jaibanismo

Los emberá consideran a Dachizeze (Tatzitzetze, también conocido como Ankore), como el ser primordial, masculino/femenino, creador de todos los elementos y los primeros seres.

Engendró a Caragabi quien dio origen a los Emberá y a su mundo, ordenando el cosmos y permitiéndoles el acceso al agua, al fuego y a los alimentos.

Trutruica, era el dueño de Armucura (mundo subterráneo), según algunas versiones era también creación de Dachizeze; según otras nadie le dio existencia, y en ese sentido era semejante a Dachizeze.

El Universo Emberá esta compuesto de tres niveles principales:

1. El mundo de Caragabi. Algunos lo llaman “Mundo de las cosas azules”. En él residen Dachizeze, Caragabi, una serie de seres primordiales y el alma de los muertos.

2. Armucura. Mundo gobernado por Trutruica, debajo del humano, en ellos habitan los jai (esencias, espíritus).

3. Mundo del hombre, que vive en constante enfrentamiento con los jai y los seres primordiales.

En un principio, la relación entre el mundo humano y el de Caragabi era buena, los hombres podían acceder a él por una escalera, pero cuando no cumplieron con los tabúes, se rompió la posibilidad de visitar el mundo de arriba. A partir de ese momento, sólo los jaibanás (chamanes) pueden acceder a los niveles esenciales.

Los jai del mundo de Trutruica, son agentes de la enfermedad y la agresión, pero también de la curación y protección. Entre los jai están los “dueños” de cada especie animal, a los que el jaibaná invoca para propiciar su abundancia o ahuyentarlos.

Entre los jai más importantes, se destacan:

Antumía: Jai maligno, equivalente al demonio. Considerado también espíritu del agua.
Pakore: Madre del monte, custodia las cacerías.
Nusi: Pez gigante.


Representaciones del los jai, según los jaibaná del noroccidente de Antioquía.

Izquierda: Antropomorfas. Las figuras con doble línea de color rojo representan espíritus poderosos, las que tienen círculos o puntos representan jai disfrazados de serpiente.
Derecha: Zoomorfas. La representación de la fauna no se diferencia mucho de los jai con forma de animal.
Trabajo de campo de Sergio Carmona, publicado en “Percepción y representación gráfica del mundo Embera del noroccidente de Antioquia”, Seduca 1988.

El Jaibaná

La interacción con los espíritus jai, esta a cargo de los jaibaná, quienes continúan la labor de Caragabi. Los tratos de los jaibaná con los jai garantizan las actividades fundamentales de la sociedad y la continuidad de los ciclos naturales, estableciendo a la vez la territorialidad de las comunidades. Los jaibanás pueden penetrar en la esencialidad de todas las cosas presentes en el universo, entablar comunicación con ellas, y volverlas sus aliados para curar o agredir.

Jaibaná puede ser hombre o mujer, sin ningún tipo de particularidad. Inicia su aprendizaje desde niño, guiado por un maestro, un jaibaná sabio y poderoso. Gran parte de su enseñanza le es transmitida por el maestro apareciendo en sus sueños, permitiéndole ver por encima de los límites del tiempo y la distancia. En su comunicación con los jais conocen las propiedades curativas de las plantas.

El jaibaná realiza una serie de ceremonias cuyo fin es la comunicación con los jai. Estas se realizan en las noches y deben tener los siguientes elementos de parafernalia ritual: bebidas embriagantes para los jai; bastones de madera, tallas de curación, hojas, totumas, pintura facial y corporal. El jaibaná las oficia sentado en bancos de madera generalmente tallados con la figura de un animal.

La ceremonia curativa recibe el nombre de “canto del jai” . El jaibaná se sienta en su banco sosteniendo sus bastones con la mano izquierda y agarrando una hoja de palma en su derecha comienza a cantar, como lo hará rítmica y sostenidamente durante toda la noche, hasta terminar su tarea. Llamará a los jai dueños de la enfermedad para que, a sus órdenes y bajo su control, saquen el jai de la enfermedad y alivien al enfermo. Al final, los jais se marchan llevando el jai causante del mal, el cual ha quedado ahora bajo control del jaibaná.

También realizan curaciones de casas, de la tierra para su siembra y cosecha, del río y la selva cuando los recursos son escasos. Su poder se amplía a los fenómenos naturales, produciendo provocar lluvias, rayos, truenos, tempestades e inundaciones y hasta temblores de tierra.

Entre sus ritos más sobresalientes está la “ombligada” que se le practica a los niños en luna llena, pocos días después de nacer, aplicando diferentes sustancias sobre su vientre. Dicen que con este ritual, los niños adquieren fuerza para cazar, pescar y navegar. Celebran el bautizo de los niños, la iniciación de los adolescentes y la cosecha.

Creación
Dachizeze o Ankore
Ser primordial,
femenino/masculino.
 
Caragabi
Da origen a los Emberá y a su mundo.
Trutruica
Opuesto a Caragabi, con el mismo poder.
 Niveles del Mundo
1.  Mundo de Caragabi
De las cosas azules, residen Dachizeze, Caragabi, seres primordiales y el alma de los muertos.
Jabainá (Chamán).
Controla las esencias y entabla relación con los diversos mundos.
2. Humano
Habitado por los emberás, que sufren el constante enfrentamiento entre los jai y los seres primordiales.
3. Mundo de Trutruica
(Armucura)
Habitado por los jai (espíritus).

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Caragabi (También conocido como Karagabí, para los Embera Chamí: Carabí.)

Caragabi fue el fundador de la sociedad Embera. Había recibido todo el poder y la sabiduría de Dachizese, el ser primordial y llegó a prevalecer sobre él.

caragabi

Caragabi. Representación recogida por Sergio Carmona: “Percepción y representación gráfica del mundo Embera del noroccidente de Antioquia”, Seduca 1988.

Creó a los hombres, el sol (Humantahú) y la luna (Gedeco), las estrellas, trajo al mundo humano el maíz y el chontaduro desde los niveles más altos del universo, y en general estableció la composición, el número y comportamiento de todos los elementos de la naturaleza. Dio a cada cosa su nombre, estableció las leyes y el respeto a la vida humana, dando un orden al mundo de los hombres. Le faltaba el agua, que conseguiría al derribar el árbol de jenené:

El árbol de Jenené. Mito sobre el origen del agua.

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Árbol de Jenené

Caragabi fue el creador del hombre y de todo cuanto existe, menos del agua. Sabiendo la importancia que tenía el agua para su pueblo, le pidió a su padre que le enseñara a conseguir el agua. Su padre le dio una varita que al golpearla contra dos piedras, por la mitad salía un hilito de agua. No obstante su padre le advirtió que no la derrochara pues era escasa y debía alcanzar para todos. Entonces Caragabi le transmitió a los emberá que todos los días fueran a recoger el agua, muy de mañanita, que el estaría allí repartiéndola. Y así fue. Los emberá iban y hacían cola con un recipiente. Y así fue por mucho tiempo. Caragabi no podía darles más de lo que brotaba de las dos piedras.

Así sucedían las cosas hasta que un día vieron aparecer a un indio que nadie había visto antes, trayendo agua y pescado en abundancia. La gente embera estaba sorprendida. Entonces se fueron donde estaba Caragabi y le dijeron:

“Usted es nuestro padre y creador. Usted debe saber de dónde se saca tanta agua”.

Caragabi ante el alboroto de la gente y temiendo una rebelión les dijo:

“Tengan paciencia, voy a averiguar”.

Caragabi siguió al indio que se dirigía al cerro Kugurú -“Tres Morros”, donde lace el río Sinú-. Allí, el indio abrió una puerta en una roca. Antes de que se cerrara Caragabi se convirtió en colibrí y entró. Vio una laguna inmensa donde había peces de todos los colores y tamaños. Cuando el indio sacó una vara para pescar, Caragabi que quería investigar hasta el final, se convirtió en pez y mordió el anzuelo. El indio sacó el pez y lo golpeó hasta que se quedó quieto, luego lo llevó a su casa para ahumarlo. Cuando el pescado sintió el calor comenzó a brincar, ahí el indio se dio cuenta que se trataba de Caragabi que estaba jugando con él y salió corriendo del susto.

Caragabi se convirtió en tigre y lo alcanzó para preguntarle:

“¿De dónde sale tanta agua y tanto pescado?.”

El indio dijo que no sabía. Cuatro veces repitió la pregunta obteniendo la misma respuesta, entonces dijo:

“Te voy a preguntar una sola vez: ¿me das el agua y el pescado que necesito para mi gente?”

El indio respondió otra vez que no. Entonces Caragabi preguntó:

“¿Porqué mezquinas el agua, no te das cuenta que es un bien que hay que compartir?”

El indio se hizo el desentendido, Caragabi – perdiendo la paciencia- intimó:

“Te voy a dar una última oportunidad para que respondas ¿me das el agua?” .

Ante la nueva negativa, Caragabi lo tomó del pecho y le dijo:

“Como eres mezquino te convertirás en jenzerá -hormiga-”

Es por eso que desde entonces las hormigas no pueden tomar agua y tienen que cargarla en gotas sobre el pico. El pueblo emberá quedó contento con el castigo y fueron con Caragabi a la laguna. Cuando llegaron no encontraron nada, todo se había transformado en una selva espesa. En vez de la laguna había un inmenso árbol que llegaba hasta cielo y oscurecía todo: el jenené.

Caragabi se dio cuenta que jenzerá tenía mucho poder y también quería jugar con él, convirtiendo a la laguna en un jenené. Reunió a toda su gente y les preguntó:

“¿Qué podemos hacer para derribar este jenené?”

A lo cual la gente respondió:

“No sabemos, no podemos decidir”

Caragabi convocó a todos, ordenando que cada una trajera un hacha de piedra. Comenzaron a intentar derribar al jenené, pero su tallo era muy duro y las hachas rebotaban. Caragabi mando hacer hachas muy finas, así lograron abrirle un corte, como ya entraba la noche, se decidió suspender el trabajo para reanudarlo al día siguiente. Ciando volvieron la abertura se había cerrado:

“Esto no puede ser” dijo Caragabi, “empecemos de nuevo”. Al otro día cuando volvieron el árbol se había cerrado de nuevo. Y así sucedió durante varios días.

Caragabi llamó a los mejores guerreros y ordenó montar guardia durante la noche. Así se dieron cuenta que bocorró (sapo) le avisaba a jenzerá de lo que estaba haciendo Caragabi y su gente y venía a sanar al jenené. Caragabi furioso lo aplastó con el pié y le dijo:

“De ahora en adelante tu tendrás que cuidar el agua”. Es por eso que el sapo vive a la orilla de los ríos y lagunas y como quedó aplastado ya no puede caminar como antes, sino brincar.

Caragabi escogió a los hombres más fuertes para trabajar día y noche, custodiados por guerreros para que jenzerá no pudiera tapar el corte. Jenzerá logro subir por las ramas de otro árbol y colocar una varilla de piedra en el corazón de jenené para que éste no cayera. Así pudo entrar al corazón del jenené que comenzó a ladearse pero no caía, jenzerá lo había amarrado con un bejuco a otros árboles.

Caragabi llamó a la familia de los micos, que antes eran gente emberá. Encomendó a zsrua -mono cotudo o berreador- que subiera al árbol y mirara que pasaba. El mico subió un trecho y volvió, entonces Caragabi sentenció:

“Ustedes los zsrua serán siempre así, perezosos”.

Después llamó a yerré -mico negro- , este subió pero no pudo llegar a la cima al entretenerse en el camino. Caragabi decretó:

“Ustedes los yerré serán siempre así, juguetones y distraídos”.

Luego le tocó el turno a mizsurrá -mono machín o mico cariblanco -. Pero este subió solo unos metros y se asustó. Caragabi dijo:

“Ustedes los mizsurrá serán siempre así, miedosos”.

Llamó entonces a una -marteja- , pero esta tampoco pudo. En fin muchos animales de la familia de los micos fracasaron en el intento.

Fue la ardilla quien pudo cortar el bejuco, pero el árbol tampoco cayó, pues jenzerá -entretanto- lo había amarrado con otro bejuco más arriba. Caragabi llamó entonces a chidima -mono piel roja-, quien solicitó realizar una prueba antes de cortar el bejuco, consistía en tirar una fruta desde lo alto del árbol y llegar al suelo antes que ella y repetirla cuatro veces. Pasada la prueba con éxito, pidió un gran machete. Ya en lo más alto del árbol, chidima gritó que todos debían refugiarse en lo alto de la montaña. Cuando estuvieron cubiertos, Caragabi dio la orden de cortar el bejuco.

Cuando el árbol comenzó a caer se despejó el cielo y se oyó un gran estruendo. El agua comenzó a brotar por todas las partes del árbol. Las ramas de Jenené cayeron sobre la montaña. Y el tronco y la raíz cayeron lejos. Donde estaban las raíces se formo el mar.

El tronco se convirtió en el río Keradó -Sinú-. Las ramas más gruesas se convirtieron en los ríos Iwagadó -Verde- y Kuranzadó -Esmeralda-, las más delgadas en los ríos Manso y Kiparadó -Cruz Grande-. Jenené tenía unas flores muy grandes y redondas. Todas estaban cargadas de agua. Al caer el árbol se abrieron formando inmensas Evazozoabañia -ciénagas- , como la grande de Lorica, la de Betancí, y otras más pequeñas.

Los emberá quedaron maravillados. Caragabi dijo: “Esto ha sido fruto del esfuerzo de todos los emberá y debe conservarse así para siempre. Yo estaré vigilando para que esto se cumpla. El emberá que no cumpla este mandato será castigado!”. A continuación escogió a los mejores hombres más de su pueblo y los convirtió en zhaberara -guardianes de las lagunas y ciénagas – . Ellos recibieron el encargo de cuidar las ciénagas y ríos y garantizar que estén allí para beneficio de todos. Así fue que llegó el agua a todas partes y se llenaron los ríos, lagunas y ciénagas de peces.


Antumía “Madre del Agua”
También llamado Antomía.

Ser estrechamente asociado al agua, puede ser femenino o masculino. Es un jai (esencia, espíritu) maligno, sale del agua y se lleva a los hombres para ahogarlos y/o comerlos. Nunca se comen a los jaibanás (chamanes); estando bajo sus órdenes, comen solamente las yemas de los dedos, la nariz, el lóbulo de la oreja, los labios y la boca.

Vive bajo el agua, sólo lo ve el jaibaná, a veces se le escucha su voz en las horas nocturnas, con un sonido similar al graznido del pato. Su presunta cercanía causa pánico entre las personas. Frecuentemente son guardianes del jaibaná y salen del río en su protección o si el jaibaná les ordena causar perjuicio a alguna persona.

Su aspecto puede ser de una gran serpiente, la del puerco de monte, o la de un hombre negro y peludo con cara de perezoso.

antumia
Son muy temidos por los emberás; en las montañas de Antioquía, los indígenas hacen bromas a los niños impostando la voz y repitiendo “antomía-paimá, antomía-paimá”, que significa “diablo negro”, sugiriendo una asociación del color negro con fuerzas negativas.


Mito Emberá Katío

Cuando el mundo todavía estaba joven vivió entre los catíos, desde el comienzo de los tiempos, una bellísima mujer llamada Dabeiba, que durante muchos años se dedicó a enseñar a su pueblo todas las cosas.

Tomaba los bejucos y las hojas con sus delicadas manos e iba tejiendo los canastos, las esteras, las chinas (abanicos) para avivar el fuego; miraba con paciencia cómo los hombres aprendían y los corregía cuando se equivocaban, hasta que los tejidos quedaban bien hechos.

Tomaba la greda, la mezclaba con agua y hacia vasijas, platos, ollas y muchas otras cosas; así, los alfareros conocieron su oficio.

Dabeiba, la bella, hija de Karagabí, Señor del Cielo, no se cansaba de enseñar. Mostró al catío la manera como debía pintarse el cuerpo y escoger los colores: el rojo del achiote, el amarillo de la piña, el azabache de la jagua. Con el tallo del huito le enseñó a teñir los dientes. También impuso el sabor de algunas plantas, como el amargo del cacao y el agridulce del mamoncillo.

Cuando estuvo segura de que la gente sabía pintarse el cuerpo, sacar los colores de las plantas y reconocer el sabor de algunos alimentos, les enseño a sembrar y a cosechar la yuca y el maíz. Después de mucho esfuerzo, los indios aprendieron todas las cosas, y la labor de Dabeiba terminó.

Cuando Karagabí vio que su obra estaba completa, la llamó para que se reuniera con él en el cielo. Un día, al amanecer, Dabeiba subió al cerro León y, desde lo más alto, se elevó lentamente para volver al seno de su padre. A pesar de que era muy temprano, de que la neblina se levantaba sobre las quebradas, de los truenos y del asomo de lluvia, algunos indios la vieron subir y subir hasta perderse entre las nubes, más arriba de las copas de los árboles. Ya desde el cielo, para que los indios la recuerden y sean buenos, ella les manda truenos, terremotos y tormentas. Por eso dicen que Dabeiba es la diosa de las tempestades.


El Tesoro de Dabeiba

Los españoles buscaron con ahínco los grandes tesoros del templo consagrado a la diosa Dabaibe o Dabeiba, que, según la fama, poseía mucho oro. El conquistador Vasco Núñez de Balboa, el descubridor del Océano Pacífico, tuvo conocimiento por su amada Anayansi, la hija del cacique Careta de la región de Urabá, sobre la existencia del tesoro de Dabaibe. Según la bella indígena Anayansi, Dabaibe era un gigantesco templo todo de oro, adornado de perlas y pedrerías, y consagrado al culto de los astros. Estaba guardado y defendido por sacerdotes y guerreros feroces e invencibles, y situado en el corazón de la montaña. Rodeaban a ésta lagunas y ciénagas en cuyo fondo vivían cocodrilos y serpientes alados, y en la atmósfera pululaban enormes vampiros y espesas nubes de voraces insectos de toda clase. En la cúspide de la montaña se divisaba un mar inmenso, desde cuyas lejanas orillas venían a traer ricas ofrendas para el templo, pueblos de extrañas lenguas y costumbres.

Conforme a las creencias de los indios catíos de Antioquia y Chocó, Dabaibe fue una hermosa mujer que les enseñó a cultivar la tierra, fabricar telas y construir bohíos; asimismo, toda clase de oficios y trabajos necesarios para la vida y el esparcimiento. Esta bella mujer se convirtió en la diosa Dabaibe, quien los educó en el arte de hacer primorosas esteras y canastas; además, cerámica y los tintes para la pintura del cuerpo. Dabeiba los indujo a teñirse los dientes con un tallo llamado “huitoque”, que da un color negro y brillante.

La tradición de los indios catíos dice que sus antepasados tuvieron la fortuna de haber visto aparecer entre ellos, y propiamente en las llanuras que se extienden al oriente del caudaloso río Atrato, a Dabaibe o Dabeiba, esa hermosísima mujer llena de atributos sobrenaturales.

Según la leyenda, el dios Caragabí necesitó a la diosa Dabaibe en el ciclo, por lo cual la bella mujer se trepó a lo más alto del cerro León y desde allí subió a la casa de su padre. Los indios catíos recuerdan que la vieron ascender y que se perdió entre las nubes, convirtiéndose en la diosa de los indígenas antioqueños. Desde allí presidía los fenómenos de la naturaleza como la lluvia, el rayo, los terremotos, el huracán y las tempestades. Cuando llueve y tiembla la tierra, o cuando hay vientos y tempestades, es porque Dabaibe quiere el bien para los campos y porque desea que se acuerden de ella.

Como Dabaibe con frecuencia dispensaba a los catíos su benéfico poder, le construyeron un templo grandioso adornado con oro en profusión. Esta leyenda del templo de Dabeiba fue repetida con frecuencia a los primeros españoles que llegaron a las tierras del Darién y sirvió de acicate para la conquista de las tribus del Chocó y Antioquia.

Los conquistadores buscaron con afán y anhelo de fácil riqueza el “Tesoro de Dabaibe o Dabeiba”, que atrajo a mucha gente a la conquista del Chocó y de Antioquia, en donde según las tradiciones indígenas, estaba el gran tesoro de oro y metales preciosos, ubicado en las cercanías del río Atrato.

El licenciado Juan Vadillo, el gobernador de Cartagena, envió una expedición española a la serranía del Abibe en busca del templo de Dabaibe, en donde se creía que estaba el gran tesoro con mucho oro. En la misma forma, este tesoro fue buscado por los conquistadores Francisco César. Jorge Robledo, y, en los años iniciales de la conquista, por el adelantado Vasco Núñez de Balboa, guiado por el secreto que le transmitió la bella india Anayansi. Dabeiba es hoy un municipio antioqueño, cuyas tierras estuvieron habitadas por los indios catíos. En 1850 fue erigida en distrito parroquial y en el año 1887 fue elevada a la categoría de municipio. Tiene ricos yacimientos de oro. hierro y cobre.

Fuente: pueblosoriginarios.com

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