Archivos Mensuales: junio 2013

Pueblo Qom / Toba – Dioses y mitos

B_POriginarios

Recopilación del etnógrafo Enrique Palavecino – 1900-1966 (Nota al final)

Peletché (Mito de la creación del mundo)

Antes era todo agua, y de ahí Lapichí que trabajo. Hizo como miel bien batido y quedó duro, fuerte, como piso. Cuando hizo agua en el Paraguay había un palo con punta, pero la punta era fierro. Atrás viene el agua. Lapichí, palo largo al hombro, punta de fierro, venía caminando: detrás de él, el agua. Cuando paraba, plantaba palo: el agua paraba. Venían en el agua todos los bichos que él había hecho.
Había un yuchán grande. Sacó un pedazo, como no es duro, hizo carne. Un yuchán entero echó en el agua e hizo uno grande que se llama Lek (traga-gente).
Lapichí es el dueño de todo. Cuando vino no había gente, nada. Quería sólo un río. Pero Lapichí topó un día con Nowaikalachiguí que tenía hambre. Hay muchos pescaditos en el agua. Tenía flecha, se levantó, cuando flechó un pescado grande, gordo, y el agua se levantó. Nowaikalachiguí se cayó al agua y se quedó adentro. Lapichí vio los pelos de Nowaikalachiguí, a puñados los frotó entre las manos, los tiró al aire y salieron muchos zancudos (mosquitos).
Mañik (avestruz) lokaik (cabeza): se llama así porque cazaron un avestruz grande y su cabeza cortada la pusieron en un árbol, favorece la caza.
Bajo esta tierra hay otro igual, pero sin árboles. Y hay cielo, y hay gente, muchos tobas como nosotros, pobres. No hay árboles, porque hubo fuego grande y la tierra está cocida como un ladrillo. Abajo hay tres cielos. En el inferior no hay árboles. Cada siete días hay fuego grande, pero las casas son de fierro y cuando llega el fuego, cierra las puertas. Lapichí manda el fuego.

Mogonaló

Del hormiguero grande salen hormigas de todos colores y vuelan para arriba, formando el arco de colores en el cielo después de la lluvia.
Antes, antes de que llueva, Mogonaló se cae en un pajonal, el pajonal es como oso hormiguero con pintas; se quema el pajonal y en el humo que se levanta se va al cielo. Habita bajo tierra, no se sabe como es, nadie lo ve.
Las nubes son polvo (aléwa). El rayo manda formar las nubes. El rayo las raja.
Kasogonagá manda a veces a viento grande, es Nawanagá, voltea casa.
Mogonaló. Es víbora grande que tiene cueva en la tierra, es lo que da el viento, Kasogonagá se lo pide.
Kasogonagá tira piedra. Cuando Kasogonagá es mala, Lapichí corta la cuerda que sostiene a Kasogonagá y la larga.
Lapichí reta a Kasogonagá cuando pega con piedra a gente, animales; Lapichí le grita que no pegue.
Kasogonagá está atada por la cintura.
El rayo mata al que reta a Dios y anda mal con él.
Cuando llueve fuerte Mogonaló se va.
Una vez vi a la luz del Mogonaló, vi humo y luz colorada, no me pude acercar, no sé si era que el humo estaba saliendo de allí o estaba entrando.

Creación del ser humano (sin título en el original)

El mundo se quemó. El incendio había empezado por el norte, pero la gente se había salvado metiéndose en una cueva; cuando pasó el fuego, la gente salió cambiada. Primero salió Ñandú. Luego salió una vieja que se levantó, miró y fue oso hormiguero. Luego salió un viejo, que también se levantó, miró y fue un tigre. Una muchacha con collar, linda, y fue el pécari de collar. Después una mujer medio morena se transformó en chancho moro. Luego salieron un hombre y una mujer. Primero salió el hombre, que quedó largo rato mirando el suelo y por eso no se transformó: quedó hombre nomás. Después salió la mujer: quería levantarse y mirar, pero el hombre no la dejó; entonces tampoco ella se transformó en animal. Con la mujer y el hombre se formó la gente; se casaron y sus hijos son la gente de ahora. Los demás se transformaron en animales. -Lañagashik.

Wakank

El cielo era duro. Cuando recién se hizo era amarillo (Kobiyi). Donde vive Lapichí era lindo, más lindo que este cielo. Lapichí hizo piedras chicas, crecieron y ya en el día eran cerros. Las plantas hablaban. Había un solo árbol, pero con muchas ramas, cada rama una clase; se criaron y formaron el monte.
Había una viejita, Wakank, ella es la madre de Lapichí. Hizo las mujeres. Había un animal, anta; la sangre, tenían un plato grande de barro, allí lleno con la sangre del anta.
Tres hijos, la viejita: Lapichí, Pidinilek, los dos mayores; Pidinki, el mocito menor. Se fueron una noche los tres con el anta. Lloraba la viejita. Y cerca de la mañana sintió ruido. Habían llegado los hijos cerca del plato, la abrieron la tapa y lo vieron llenito de gente, 20 gente en el plato. Primero abrió otro plato; era gente lindo, blanco. Después otro plato: gente linda. Después otro plato: sale un cabezón, era mataco. Después otro plato: sale gente con orejas con palo, era chorote. Después otro plato: tenían tembetá, era chahuanco.

Hawoik (la luna)

Hawoik murió. Le dijo a su mujer que lo tape cuando muero, “pero cuando yo resucite no hay que asustarse”. Lo tapó con una manta grande. La mujer tocó la manta golpeándolo. Salió Hawoik y se asustó la mujer. Y Hawoik se fue al cielo. Si la mujer no se hubiera asustado no se habría ido. Por eso Hawoik se fue, por el susto de la mujer.

Nakonakó (el hijo de la tinaja)

Había un hombre que había salido de una tinaja, era un chango, cuando se raja la tinaja ya sale el muchacho.
En seguida buscaban ese bicho que tiene muchos agujeros Tanagá (oculto). El muchacho alzó al Tanagá y lo estaba oliendo y el Tanagá le picó la lengua y el niño cayó muerto. Había un pájaro grande, Napieká, pero es el dueño de Tanagá y cuando vino el Napieká el chico se levantó, se sanó y le dio al chico una flecha larga, linda, para cazar oculto y le enseñó: “cuando vayas con ésta hay que cuidarla; cuando caces, fíjate bien porque hay un malo Nowaikalachiguí picaro”.
Fue y el Nowaikalachiguí lo engañó; le dijo que estaba hinchao los pies, cuando el cazador se fue el Nowaikalachiguí sopló en sus pies y lo siguió. El hombre mató, ocultó y guardó la flecha. El Nowaikalachiguí se escondió pero el hombre lo vio.
El Nowaikalachiguí se fue escondiendo, siguió por el pasto. Cuando lo alcanzó se alzó y el cazador acababa de matar al oculto. Y al guardar la flecha recién la vio el cazador.
La flecha era muy linda, tenía como alas y el Nowaikalachiguí siguió con la flecha gritando: “ya encontramos flecha linda”. Se vino la gente. Hasta mediodía la gente trabajaba mirando y tirando la flecha. Y cortaron el palo para hacer flecha y toda la gente tenía flecha. Antes no había y ya la entregaron al dueño. Pero la flecha se fue, porque todos los hombres tenían su flecha.
El muchacho quedó nuevamente pobre sin comer nada porque ya le quitaron la flecha. El miraba el cielo hasta la estrella y le gritaba: “yo te quiero mucho para casarme”. A media noche vino la estrella, él dormía y la estrella lo sacudía. Y se durmió con él. Por la mañana ella le dijo que muy fiero era el hombre, tiene panza muy grande y entonces él se hizo componer más lindo, blanco. Por la mañana la estrella se hizo pequeñita, se puso en una llica -bolsa- y el hombre la colgó. Fue a bañarse Nakonakó (hijo de la tinaja). Y entonces vino la abuela de él. Sacó la llica, se cayó y se levantó. La mujer era linda, tiene pelo largo y entonces ya se vio a la mujer por la mañana ya estaban llamando a todas las mujeres para que vayan a buscar cosas que comer en el monte. Ella fue también porque querían probar si era guapa. Ella llevaba una llica grande para cargar en caballo. Ella no fue al monte; se fue donde había cerco viejo, amontonó la fruta vieja, sandía, todo eso, dio un paso y todo brotó sandía y choclo y metió toda la fruta. Hizo quebrar el algarrobo hoja y rama, pasó por encima y apareció harina de algarroba molida. Hizo pateran de algarroba y salió dos añapa (Nekena), y llenaron la llica pero eran pesao para ella.
A la mañana a las ocho estaba en la casa. Las demás estaban en el monte buscando.
Pero no se quedó. A la noche volvió al cielo. El hombre también se fue al cielo. “Te vas a morir, allá hace frío, no es como aquí”, dijo ella. Pero él se fue nomás.
Llegados al cielo había una cama, era de hielo, buscaron cuatro frazadas; a media noche hacía frío, miró afuera y le pareció ver fuego. “Parece fuego”. “Es hombre”. “No es fuego”. “Si quieres calentarte no lo hurgues”. El quiso calentarse y lo hurgó, pero era un pájaro (Kotówaik) con alas grandes y pico colorado. El hombre se quemó.
El le dijo antes de irse, dejo un poronguito, le dijo: “abuelita, cuando caiga éste al suelo, mira y verás mis huesos de las manos y de los pies que se partirá el poro”. “Si aparecen los huesos míos hay que llorar”.
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