Pueblo Taíno – Antillas prehispánicas

Antillas
    

Al tiempo de la llegada de los europeos se las conoció como Indias Occidentales. El término Antillas, proviene del portugués “antilha” (anti-isla), pues algunos sostenían que eran las antípodas de Portugal.
La región pronto comenzó a conocerse como islas Caribes, en relación a la etnia que mayormente las habitaba en ese momento. El nombre Caribe por su parte proviene de la mitología griega donde se habla de una nación karibaloi o kanibaloi caracterizada por su antropofagia, costumbre de esos grupos nativos.
Las Antillas comprenden tres importantes conjuntos de islas que se extienden en forma de media luna desde la punta oriental de la península del Yucatán (en México) y el sureste de Florida (en Estados Unidos) hasta la costa de Venezuela, en Sudamérica.
Los rastros arqueológicos indican que los primitivos pobladores, fueron los ciboney, nómades que recorrieron la región hace unos 3.500 años.
Habían llegado desde las costas venezolanas, pescadores- recolectores, con un desarrollo cultural muy primitivo, fueron expulsados a comienzos de la era cristiana por los tainos, perteneciente al grupo lingüístico arawak, luego de largas y lentas migraciones también desde Venezuela con rumbo norte. Si bien fueron originarios del noroeste sudamericano, su cultura tuvo influencias centro y mesoamericanas.
En forma tardía, procedentes del continente sudamericano, arribaron a las Antillas Menores grupos caribe. Eran cultivadores de aldea, pero su organización social adaptada a la continua beligerancia más sus costumbres antropófagas le dieron fama de terribles guerreros. Asaltaban las aldeas arawak, tomaban las mujeres como esposas y practicaban el canibalismo con los hombres.

Los antillanos fueron los primeros indígenas americanos con quienes estableció contacto Cristóbal Colón y a ellos les tocó sufrir de la manera más radical los naturales efectos del encuentro entre sociedades y culturas muy distintas. La región prontamente se convirtió en un paraíso para los filibusteros, con ocupaciones españolas, francesas, inglesas y holandesas. Aún así no se sometieron fácilmente, en algunas islas, especialmente la de San Vicente (llamada Hairouna por los caribe), los aborigenes resistieron hasta fines del siglo XVIII.

Pueblo Taíno


Antes de la llegada de los españoles, las Antillas se encontraban en proceso de poblamiento por parte de dos grupos étnicos provenientes del Amazonas: los caribes y los taínos.
El pueblo taíno provenía de los arahuacos, era el más numeroso y poseía una cultura elaborada. Se asentó, a partir del siglo VIII aproximadamente, en las Antillas Mayores concentrándose especialmente en Quisqueya (“La Española”), Boriken (Puerto Rico) y, en menor medida, en el este de Cuba. Los caribes, en tanto, estaban poblando las Antillas Menores y asolaban con cada vez mayor insistencia los centros poblados de los taínos.


Dominaban el medio ambiente, tenían un conocimiento profundo de la agricultura, donde utilizaban el riego. Encontramos excelentes expresiones en piedra, alfarería y cerámica. Realizaban juego de pelota en grandes centros ceremoniales.
Las aldeas eran el elemento básico de la organización tribal y territorial y no superaban las 600 personas. Eran gobernadas por caciques, vocablo local que designaba a los jefes y que tras la expansión de los españoles se difundió por toda la América colonial. Entre los caciques los había de distinto rango: desde quienes dirigían un poblado pequeño hasta quienes dominaban vastas regiones en base a confederaciones con diverso grado de estructuración.
Las decisiones que afectaban a la comunidad eran tomadas por los caciques en un consejo de carácter religioso, donde el cacique principal se limitaba a comunicar a los demás la voluntad de los dioses taínos.
La sociedad taína se dividía en dos grupos: los caciques y los campesinos. Esta estratificación tenía un origen mítico, fuente del poder de los caciques. Sin embargo, en la vida cotidiana las diferencias sociales se reducían a las funciones que cumplía cada grupo y no poseían un fundamento económico.
La propiedad de la tierra era comunal, es decir, pertenecía a la colectividad aldeana. En virtud de aquello, no había mayores desigualdades materiales entre unos y otros. Los beneficios que obtenían los jefes, fruto del trabajo de los campesinos, no eran atesorados y se consumían en fiestas comunitarias. Así, los privilegios de los caciques se limitaban al monopolio de la religión, el acceso a la poligamia y ciertas comodidades en la vivienda.
En las clases sociales podemos distinguir, los nitaínos, los behiques y los naborías. Los primeros constituían un grupo de subalternos que obedecían las órdenes de los principales caciques, pero no alcanzaron a conformar una clase social y mucho menos una nobleza. Los behiques, en tanto, eran los hechiceros o chamanes, quienes gozaban de privilegios muy similares a los de los caciques, aunque siempre estuvieron subordinados a éstos. Dentro de la población campesina, por último, se ubicaban los denominados naborías, término que hacía referencia a un grupo que realizaba trabajos forzados producto de su condición de prisioneros. En general, estos prisioneros pertenecían a pueblos arcaicos que habitaban islas vecinas.
De naturaleza pacífica y escaso desarrollo militar, los taínos vivían hacia fines del siglo XV, con la permanente amenaza de los caribes; esto explica la inicial actitud favorable hacia los españoles, pensados como posibles aliados para derrotar a los caribes.
La base de la subsistencia taína fue la agricultura de la yuca o mandioca y, en menor medida, del maíz.
Dadas las condiciones ecológicas de las islas del Caribe, la ganadería no se desarrolló y sólo se criaban “perros mudos” que servían de alimento a los taínos.
La caza, la pesca y la recolección también eran importantes, predominando la captura de pequeños mamíferos, iguanas, caimanes y culebras; la recolección de productos marinos y frutas; y la pesca de una gran variedad de peces, tortugas y mariscos que se realizaba en canoas hechas de troncos ahuecados.
El cultivo de la yuca era bastante ingenioso, debido a la utilización de un sistema de plantación donde se colocaban las plantas jóvenes en montones de tierra sobre la superficie agrícola. Estos montones de tierra esponjosa se denominaban conucos. La ventaja de este sistema radica en que el crecimiento de los tubérculos se facilitaba en estas condiciones y los rendimientos eran muy altos en relación a la mayoría de los pueblos indígenas americanos. Si a ello le agregamos la construcción de canales de regadío, se comprende mejor aún el hecho que los taínos no tenían problemas de subsistencia. El alimento obtenido a partir de la yuca era el casabe, el pan de los taínos que requería de una compleja preparación. Además se obtenían de la yuca un vinagre o sopa para las comidas y una bebida dulce.
Las viviendas de los taínos albergaban a todo un grupo familiar, incluyendo abuelos, tíos, primos, etc.. Las casas eran de dos tipos: los bohíos de planta circular y techo cónico; y los de planta rectangular, con pórtico y techos dobles, donde vivían los caciques. Generalmente, las aldeas se agrupaban en torno a una plaza o plataforma para el juego de pelota llamada batey. Allí se celebraban las principales festividades, como los areítos (cantos y bailes) y la ceremonia de la cohoba.
Los taínos poseían una serie de herramientas y utensilios de madera, piedra y concha que servían para las labores agrícolas, artesanales, la caza y la pesca. También se han encontrado restos de cerámica, pilares, columnas y plazas que revelan un significativo grado de complejidad cultural. Entre los enseres propiamente taínos que se integraron con facilidad en la vida diaria de los marineros españoles estaba la hamaca.

Atabey, también llamada Atabex o Atabeyra,

principio de los demás dioses, es la “Madre de las Aguas”

(Petroglifo en el Centro Ceremonial de Caguana, Puerto Rico)

El nombre de taínos les fue dado por los españoles y significa “bueno o noble” en arahuaco.
Tenían un lenguaje cargado de poesía, ligado a su permanente interacción con la naturaleza. Hablaban pausado, buscando las relaciones personales. Al arco iris, lo llamaban “serpiente de collares”, al cielo “mar de arriba”. El rayo era “el resplandor del la lluvia”. Al amigo lo llamaban “mi otro corazón”, y al alma “el sol del pecho”. Para decir perdón, decían “olvido”.
Uno de los regalos más valiosos, más prestigiosos que un taíno pudiera dar al otro era una canción, porque no era solamente una canción, era un enlace con el mundo poderoso de los espíritus. Los caciques de los yucayekes o cacicazgos en la isla y sus alrededores intercambiaban canciones para hacer enlaces más fuertes y responsabilidades recíprocas entre los caciques y su gente.

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