Aztecas – Dinastías del Valle de México – 2a. Parte

Dinastías del Valle de México – Tlatoanis Mexicas – Aztecas / 2
    

Coatlicue, la madre de los dioses mexicas

  

Ahuízotl o Ahuitzotl.

Octavo emperador azteca, nieto de Moctezuma I y hermano de Axayácatl y Tizoc. Gobernó entre 1486 y 1502.
Tras suceder a su hermano Tizoc, llevó a cabo una política exterior expansionista contra otros estados mexicanos, en las cuales se forjó una reputación de terrible crueldad.
Hábil estratega, Ahuitzotl fue un comandante temido que supo ganarse a sus tropas compartiendo las privaciones de la vida de soldado, y nombrando a sus capitanes más destacados con altos cargos en la administración.
Conquistó Trocoac y Ayotochcuitlatlan, en la Huasteca, y Tlacotepec y Panotlan, dominando una gran franja costera en el Pacífico. En Oaxaca, también consigue tomar Coyolapan, Teopuctlan y Huehuetlan. A petición del poderoso estamento de los comerciantes, emprende campañas tendentes a lograr el control de la lejana y rica región del istmo de Tehuantepec.
Las tomas de Amxtlan, Chiapa de Corzo y Comitlan le permiten alcanzar los límites con la actual Guatemala. Un ataque fallido contra Tlaxcala en 1501 será su última gran empresa militar.
En su mandato el poder de Tenochtitlán creció de manera irresistible hasta alcanzar sus más extensos límites territoriales, al tiempo que las riquezas provenientes de los tributos a otras ciudades fluían sin cesar.
Ahuitzotl no solo fue un gran guerrero, sino también un fuerte líder religioso, un buen diplomático y hasta un reputado economista, ya que además de ampliar su imperio por la fuerza, supo convencer y comerciar con los pueblos vencidos, abriendo las puertas del imperio a pueblos más alejados.
Construyó numerosos templos y palacios; en una ceremonia de dedicación al engradecimiento del Templo Mayor, Diego Durán informa que se sacrificaron entre 20.000 y 80.000 personas.
La necesidad de abastecimiento de agua para una población en crecimiento apenas pudo ser paliada con el acueducto de Chapultepec, por lo que emprende la construcción de otro desde la fuente de Acuecuexco, con el desacuerdo de sus asesores. Una gran inundación en 1499 casi destruye la ciudad y es causa indirecta de su muerte, ya que al intentar escapar de la habitación en donde queda atrapado se golpea la cabeza, pereciendo de la dolencia tres años más tarde.
Al parecer sus restos acaban de ser encontrados. Recientemente un equipo de arqueólogos mexicanos encontró lo que podría ser su tumba en un predio ubicado en las calles de Argentina y Guatemala, a un lado del Templo Mayor, lo trabajos de excavación están en proceso, sin embargo, es un gigantesco monolito con la imagen de Tlatecutli, y la fecha diez conejo, además de la ubicación lo que motiva especulaciones en el sentido de que se trata de la tumba del último gobernante azteca en ser enterrado de acuerdo a los rituales tradicionales antes de la llegada de los conquistadores españoles.

Moctezuma II

Hijo del emperador Axayácatl, fue elegido gran sacerdote y, en 1502, sucedió a su tío Ahuizotl en el gobierno del imperio azteca.
Muy instruido en temas religiosos, su fanatismo lo llevó al desastre.
Severo y ambicioso, firme de carácter; no permitía que nadie, salvo su familia, le mirara. Los que acudían a ser recibidos debían vestir trajes sencillos y no estaban permitidos los adornos y las joyas. A su alrededor estableció un sistema que solo los nobles entraban en palacio.
Moctezuma II organizó el imperio en diversas provincias, creó una sólida administración central y reguló el sistema tributario. Al mismo tiempo, prosiguió la expansión militar iniciada por sus predecesores, aunque no pudo someter a los pueblos enemigos de Tlaxcala y Texcoco y fracasó en sus expediciones a Guatemala y Nicaragua, territorios asiduamente frecuentados por los mercaderes aztecas.
En 1518, informado de la presencia de las naves del explorador español Juan de Grijalva en la costa de Yucatán, el soberano azteca envió emisarios y regalos a los extranjeros, a quienes tomó por enviados de Quetzalcoatl, para anunciar su retorno.
Cuando la expedición de Hernán Cortés desembarcó en sus costas, Moctezuma no dudó en identificar al conquistador con Quetzalcoatl, el 8 de noviembre de 1519 lo recibió solemnemente en Tenochtitlán y lo colmó de valiosos presentes.
Moctezuma cedió ante todas las solicitudes de Cortés: él y sus hombres, caballos, y más de 3000 aliados Tlaxcaltecas fueron alojados en el suntuoso palacio de Axayácatl. Las imágenes de los dioses aztecas fueron derribadas y sustituidas por imágenes cristianas.
Moctezuma aceptó ser bautizado, estaba firmemente convencido de la invencibilidad de Quetzalcoatl, y del desastre que caería sobre el mundo si se enfrentaba contra Huitzilopochtli; su hermano Cuitláhuac, en cambio, creía que Huitzilopochtli debía enfrentar y podía vencer al nuevo Quetzalcoatl.
Para asegurar su poder, Cortés hizo prisionero a Moctezuma, exigiéndole quedarse como rehén en el palacio de Axayácatl. Moctezuma aceptó de mala gana, pensando finalmente que iba, como buen mexica, a resistir hasta el final a Quetzalcoatl, sin seguirle el juego, y convencido de que realmente un enfrentamiento militar hubiera sido una catástrofe cósmica.
Para los aztecas, Quetzalcoatl, habiendo vencido, y reconocida su victoria, debía retirarse, dejando establecidas sus condiciones; pero resultaba que éste Quetzalcoatl no sólo no se iba, sino que además, se dedicaba a saquear todo lo que podía, contradiciendo a sus honorables antecedentes, pues el antiguo Quetzalcoatl si por algo había destacado, había sido por su sabiduría y su prudencia.
Cortés exigió al tlatoani y a los aztecas la “Jura del Vasallaje”, que ellos realizaron, las partes lo entendiero de maneras distintas: Para los españoles, significaba que los aztecas aceptaban que España gobernaría ahora no sólo Tenochtitlán, sino todo el Anáhuac y el Tlatocáyotl, a través de gobernadores españoles, quienes se establecían definitivamente ahí. Para los aztecas, en cambio, tal juramento era una confirmación de algo ya sabido y aceptado: que Quetzalcoatl vencía a Huitzilopochtli, y que estableciendo sus “términos”, se retiraría según el procedimiento que regía a las conquistas en el Anáhuac.
En medio de todo esto, llegó a Moctezuma una noticia que transmitió a Cortés: 19 barcos habían echado ancla en Veracruz, y no menos de 1500 soldados, entre infantería y caballería, habían desembarcado en el mismo lugar en donde meses antes había arribado el propio Cortés.
Era una expedición organizada por Diego de Velázquez y el obispo Juan Rodríguez de Fonseca, enviada para castigar a Cortés, tomarlo preso y llevarlo a Cuba, por rebeldía.
Dicha expedición venía al mando de Pánfilo de Narváez, sobrino de Velázquez, y con él un oidor de la Audiencia de Santo Domingo, quien tenía la misión de procurar justicia contra Cortés pero cuidándolo del rencor de Velázquez.
Cortés recibió con desagrado la noticia, pues sus hombres eran muy inferiores en número y en equipo; pero al mismo tiempo, no quería dar tiempo a Narváez de organizarse. Agradeciendo a Moctezuma el aviso, Cortés se dispuso a ir a Veracruz y de algún modo arreglar la situación, pero dejó una cierta cantidad de efectivos en Tenochtitlán, que mantendrían a Moctezuma como rehén, y al mando de los cuales puso al capitán Pedro de Alvarado.
Los españoles se impresionaron por las joyas y oro que tenían los nobles, pues estaban celebrando la principal fiesta azteca, “Tóxcatl”, para la cual previamente habían pedido permiso. Para ello, los españoles pusieron como condición que nadie debería ir armado a la celebración.
Cuando esta se encontraba en su apogeo cerraron las puertas del patio y exterminaron a todos los participantes. El pueblo se alzó en una revuelta. El 1 de julio de 1520, instruído por Cortés, en un intento para sofocar el violento tumulto, Moctezuma se asomó al balcón de su palacio. La población comenzó a arrojarle piedras y flechase. Según la versión española, Moctezuma moriría a consecuencia de sus heridas. Según una versión azteca, recopilada por Bernardino de Sahagun, todos los nobles aztecas que se encontraban en poder de los españoles fueron ejecutados bajo el garrote al dejar de ser útiles, posteriormente al recoger sus cuerpos, que fueron arrojados a la calle, el cuerpo de Moctezuma mostraría heridas de espada. El códice Ramírez, escrito después de la conquista por un azteca cristianizado, reclama que a Moctezuma no se le administraron los últimos sacramentos , pues los sacerdotes que acompañaban a Cortés estaban ocupados buscando oro.
Cuitláhuac fue elegido como sucesor de Moctezuma.

La noche tristeLos acontecimientos comenzaron cuando estando la ciudad a cargo de Pedro de Alvarado, los mexica se disponían a realizar la gan fiesta del mes “toxcatl” en honor de sus dioses principales, autorizada por Cortés a cambio de no realizar sacrificios humanos. Cuando ésta se encontraba en su apogeo cerraron las puertas del patio y exterminaron a todos los participantes, era el 6 de Mayo de 1520, alrededor de 600 líderes aztecas fueron ultimados, el hecho pasó a la historia como la “Masacre del Templo Mayor”.En respuesta a la agresión, miles de guerreros atacaron a los españoles en una batalla que duró dos días. Al tercer día, Cortés, ya de regreso, exigió a Moctezuma, que ordenara a su gente permitir la salida de él y sus compañeros. Moctezuma accedió, pero el pueblo azteca respondió con insultos y pedradas que, según la historia oficial, lo hicieron caer herido. Aunque se corrió el rumor de que esa había sido la causa de su muerte, algunos testimonios hacen ver que no fue así. Ante el fracaso de su intento por abandonar Tenochtitlán, los españoles decidieron huir la noche del 30 de junio de 1520. Antes, al parecer, se dio la orden de matar a Moctezuma. Con la ayuda de centenares de guerreros tlaxcaltecas, llevaron consigo un puente de madera para poder cruzar el lago. También cargaron con los tesoros que habían recopilado y que a la postre impidieron su avance rápido. De acuerdo con la historia, esa noche lloviznaba, lo que de por sí hacía difícil la movilización, un grito de alerta por parte de los custodios del templo azteca avisó al pueblo. Así inició la persecución que acabó algunas horas después con importantes pérdidas para las filas españolas. Se cuenta que la aurora del nuevo día sorprendió a Hernán Cortés al pie de un ahuehuete en Popolta, con la cabeza inclinada sobre el pecho y sin poder ocultar el llanto a causa de la derrota sufrida. Algunos historiadores, no obstante, aseguran que el conquistador no habría tenido tiempo detenerse y mucho menos de llorar, pues los aguerridos aztecas siguieron su pista durante muchas horas.La huída terminó, según las crónicas, con la vida de 433 españoles, miles de indios aliados y 77 caballos.


Cuitláhuac

Las acepciones que le dan a su nombre son: “Alga acuática desecada”, “Excremento seco”, “El que ha sido encargado de cuidar algo”.
Nació en 1476 en Tenochtitlán, hijo de Axayácatl, sexto tlatoani y hermano menor de Moctezuma II, del cual fue también suegro, pues una hija suya se casó con él.
Al tomar posesión Moctezuma II, del trono en 1502, como no era guerrero entregó la jefatura de sus ejércitos a su hermano Cuitláhuac, fiado en su gran pericia militar, mientras que el emperador se dedicaba a embellecer la gran ciudad de Tenochtitlán, sus palacios y jardines, y a disfrutar de una rica y ostentosa vida.
Desde un principio, cuando todavía era cacique de Ixtapalapan y príncipe soberano, Cuitláhuac se opuso a la entrada de los españoles a la capital pero, ante la insistencia de Moctezuma tuvo que ceder y participar en el solemne recibimiento que se hizo a Hernán Cortés el 8 de noviembre de 1519.
Cuitláhuac no podía creer la pasividad con la que actuaba Moctezuma, quien al principio de la llegada de Cortés le había confundido con Quetzalcoatl y le había recibido con todo tipo de regalos, factor que sólo había despertado la codicia de los españoles.
Sostenía que los españoles no podían ser deidades si se habían aliado a sus antiguos enemigos, los tlaxcaltecas. Se había distinguido como un hombre de gran valor, llevando a cabo el sometimiento de los mixtecos y zapotecos y salido airoso de la lucha contra los blancos o teúles.
Después de la matanza de Pedro de Alvarado en el Templo Mayor el 6 de Mayo de 1520, Moctezuma y Cuitláhuac, fueron hechos prisioneros. Cuando Cortés regresa después de haber derrotado a Pánfilo de Narváez, se encontró que Tenochtitlán se había sublevado. Entonces pidió a Moctezuma reabrir el mercado de Tlatelolco y desempeñar el papel de mediador; el tlatoani solicitó la libertad de Cuitláhuac.
Al quedar libre encabezó el levantamiento y atacó con tal fiereza el cuartel donde estaban los españoles y sus aliados, y los hace huir a los españoles en la llamada “Noche Triste” (30 de junio de 1520).
Cortés, temeroso de ser completamente aniquilado, exigió a Moctezuma que subiese a la azotea para arengarlos y pedirles se mantuvieran en paz. Cumpliendo la petición, el 1° de julio de 1520, Moctezuma fue herido y a los dos días murió. Esa tarde, fue llamado para sucederle en el trono Cuitláhuac, asumiendo Cuauhtémoc la jefatura de los ejércitos Mexica.
Desplegó una gran actividad para alistar tropas, buscar alianzas con algunos pueblos y tratar de destruir a los invasores.
El 8 de julio, obligó en retiro de las tropas de Cortés, persiguíendolos hasta que los españoles llegaran al pueblo tlaxcalteca de Hueyotlípan.
De regreso a Tenochtitlán, se ocupó de limpiar las calles, quemar los cadáveres, librar los canales llenos de escombros y emprender las obras de reparación y defensa requeridas. Cuitláhuac fue coronado el 17 de septiembre, con sencilla ceremonia.
En el mes de diciembre, se desató una epidemia de viruela, una enfermedad contra la que los indígenas americanos apenas tenían defensas orgánicas y que habían introducido los propios españoles. El monarca es alcanzado y fallece el 5 de diciembre de 1520, a los 44 años de edad.
Le sucedió Cuauhtémoc.

Cuauhtémoc

Cuauhtémoc, “Águila que desciende”, nació a finales del siglo XV; su padre fue Ahuízotl, tlatoani predecesor de Moctezuma II y su madre fue la princesa tlatelolca Tiyacapantzin.
El pequeño príncipe fue educado con esmero. Desde que cumplió tres años hasta los quince, Cuauhtémoc fue instruido en los principios de obediencia, religiosidad y sobriedad que se enseñaba a los jóvenes mexicas. A los 15 años ingresa al Calmécac, especie de monasterio donde los sacerdotes educaban a los hijos de los dignatarios para que ocuparan, llegado el momento, los puestos más altos de la organización civil y religiosa azteca.
De ahí salió el joven príncipe para incorporarse a las guerras y a la vida del palacio de Moctezuma. Su participación en las guerras fue tan destacada que alcanzó el grado de tlacatecuhtli, es decir, jefe supremo de los ejércitos azteca y pudo ser señor de Tlatelolco.
Tras la muerte de Cuitlahuac, enfermo de viruela, en el mes de Izcalli del año 3 Casa (febrero de 1521), subió al trono el joven Cuauhtémoc. Sus problemas más inmediatos eran reconstruir la ciudad, cuidar de la recuperación de sus súbditos tras la terrible epidemia, y preparar la defensa de la ciudad.
Hernán Cortés preparó con gran cuidado el ataque a la ciudad; mandó construir bergantines para navegar por el lago. El 28 de abril de 1521, los españoles llegaron al lago de Texcoco con 86 jinetes, 119 mosqueteros, 700 soldados de espada, 15 cañones y 75.000 guerreros de Tlaxcala, Cholula, Huexotzingo y Chalco.
El ataque español se arreció por las tres calzadas que conducían a la ciudad: Cortés y Cristóbal de Olid atacaban desde Coyoacán, Pedro de Alvarado desde Tacuba y Gonzalo de Sandoval desde Tepeyacac. Los bergantines probaron su fuerza embistiendo canoas, derribando fortificaciones y cegando pozos abiertos de las calzadas. Los aztecas repelieron con terrible ferocidad al sonido de tambores y caracoles. Los invasores forzaron una entorpecida retirada en la que muchos españoles fueron capturados.
Esta victoria animó a los combatientes aztecas. Cuauhtémoc ordenó el sacrificio inmediato de los españoles capturados, esperando con ello apaciguar a sus dioses y que les favorecieran para triunfar sobre sus enemigos. Desde sus cuarteles fuera del lago, los españoles pudieron ver los fuegos que se levantaban en los adoratorios, mientras escuchaban los gritos de sus compañeros al ser sacrificados.
Cuauhtémoc procedió ahora con una guerra psicológica: difundió la muerte de Cortés, la inminente victoria azteca. Envío las cabezas de los españoles sacrificados a las poblaciones cercanas que se habían unido a Cortés, para persuadirles de que cambiaran de alianza y lucharan contra los invasores. Estas acciones le fueron de gran utilidad, pues sus filas se vieron engrosadas con nuevos guerreros.
Cortés decidió usar una nueva estrategia: derrotar a los aztecas por hambre. Los bergantines se dedicaron a interceptar las canoas que llevaban comida a Tenochtitlán. Con una gran parte de la ciudad capturada y destruida, y padeciendo hambre y enfermedades, Cortés ofreció hacer la paz a Cuauhtémoc. Cuauhtémoc convocó al Consejo de señores, pero los sacerdotes se negaron a rendirse y siguieron con la guerra.
En la tercera relación Cortés escribe:
“Y a este prencipal yo le había fablado largamente para que fablase con el señor y con otros prencipales sobre la paz, y él me prometió de facer sobre ello todo lo que pudiese. Los de la cibdad lo rescibieron con mucho acatamiento, como a persona prencipal, y como lo llevaron delante de Guatimucin, su señor, y él le comenzó a hablar sobre la paz, diz que luego lo mandó matar y sacrificar. Y la respuesta que estábamos esperando nos dieron con venir con grandísimos alaridos diciendo que no querían sino morir, y comienzan a nos tirar varas, flechas y piedras y a pelear reciamente con nosotros, y tanto que nos mataron un caballo con un dalle que uno traía hecho de una espada de las nuestras. Y al fin les costó caro, porque murieron muchos dellos. Y así nos volvimos a nuestros reales aquel día.”
Los españoles ya habían penetrado en la ciudad y estaban bien fortificados, por lo que pudieron repeler los siguientes ataques. Comenzaron entonces a avanzar hacia la plaza de Tlatelolco. Después de cuatro días de intensos combates pudo entrar Alvarado, poco después Cortés y finalmente Sandoval. Los españoles cerraban filas en el corazón de la ciudad. Una vez más Cortés envía una oferta de paz y pide la ansiada rendición de Cuauhtémoc. La respuesta fue la misma: los aztecas seguirían hasta el final.
El asedio había tenido éxito, los grandes sacerdotes y los consejeros reales prácticamente se esfumaron. Muchos de los generales aztecas no reconocían las órdenes de Cuauhtémoc, el pueblo estaba completamente perdido, y los españoles se apoderaron de Tenochtitlán. Cuauhtémoc solicitó a Cortés que permitiera la salida de su gente de la ciudad, pues las condiciones de insalubridad estaban enfermando y matando a su gente. Comenzaba el éxodo de Tenochtitlán y Tlatelolco.
Los siguientes días Cortés permaneció en Coyoacán, supervisando y planeando la reconstrucción de la capital de la Nueva España. Pidió a Cuauhtémoc coordinar acciones para enterrar los cuerpos y reconstruir la ciudad, empezando por el acueducto. Nombró jueces y alcaldes, mandó a algunos de sus capitanes a labores de reconocimiento del entorno y comenzó a hacer la cuenta de las riquezas que había obtenido.
Una vez recabado el quinto del Rey, Cortés mismo se apoderó de otro quinto, argumentando los grandes gastos que había tenido para preparar la expedición. Después repartió a sus capitanes mas cercanos su parte, y finalmente llegó el turno al resto de soldados y marineros. El botín había sido tan fraccionado, que la parte que les tocó fue mínima, al grado que muchos ni siquiera la aceptaron, generándose un descontento general en toda la tropa. Los soldados, que esperaban mejor recompensa, comenzaron a murmurar: algunos decían que Cortés lo escondía y otros que los aztecas lo ocultaban. Es entonces cuando Cortés permite la tortura de Cuauhtémoc.
“Hecho así, cuando se hubieron ido los embajadores de los señores de Tlatelolco, luego se presentaron ante los españoles los principales de Tenochtitlán. Quieren hacerlos hablar. Fue cuando le quemaron los pies a Cuauhtemoctzin”. (Anales de Tlatelolco)
Cortés dirá después en el Juicio de Residencia aplicado en su contra, que consintió en esta tortura por recomendación del tesorero del Rey, Julián de Alderete. Como sea que haya sucedido, Cortés tenía el poder de detener esta infamia y aún así permitió que pasara. Cuauhtémoc y el señor de Tacuba, Tetlepanquetzal, fueron torturados quemándoles los pies.
Cortés detuvo el tormento sobre Cuauhtémoc, cuando éste señaló algunos lugares en los que habían escondido algo de oro, diciendo que el resto lo habían tirado a la laguna junto con los cañones capturados. Esta última información fue corroborada por los buzos españoles, quienes encontraron algunos cañones, pero muy poco oro. Al menos poco para lo que esperaba Cortés.
Tras el episodio de la tortura, que no se sabe si dejó lisiado de por vida a Cuauhtémoc; como todos los súbditos recién conquistados, fue convertido al cristianismo. Su nombre católico habría sido el de Hernando de Alvarado Cuauhtémoc, y sus padrinos, el propio Hernán Cortés y Pedro de Alvarado.
Sorprendentemente a su papel de noble mexica respetado y bien tratado, pero cautivo, cuyo prestigio y autoridad utiliza Cortés para el gobierno de los vencidos. Hasta que según Cortés, un tal Mexicalcingo le narrara una larga, y fantasiosa historia de conspiración de Cuauhtémoc, que se iniciaría con el asesinato de Cortés, continuaría con la rebelión contra los españoles en todo el país, y terminaría con el bloqueo de México… “hecho esto, pondrían en todos los puertos de la mar recias guarniciones de gente para que ningún navío que viniese se les escapase”. No se sabe si Cortés magnificó en su quinta carta de Relación el alcance de la conspiración, para justificar la ejecución una vez consumada. El hecho es que sintiéndose vulnerable, decidió mandar ahorcar a Cuauhtémoc y al cacique de Tacuba, Tetlepanquetzal, que volvieron a encontrarse ante el verdugo. Esto ocurrió el 28 de febrero de 1525, en un lugar del sur de Campeche (Xicalango, para algunos; Itzamkanac, para otros). El cadalso debió ser una ceiba, árbol sagrado de los mayas.
Tanto las fuentes españolas (Bernal Díaz) como las indias cuestionan los motivos aducidos por Cortés. Según Prescott, el propio Mexicalcingo negó posteriormente haber narrado la historia de la conspiración tal como la reflejó Cortés en su quinta carta al emperador; sólo Fernando de Alva Ixtlilxochitl, el cronista tlaxcalteca, avala la realidad de la conspiración.
Cuauhtémoc es posiblemente el personaje más reconocido por los mexicanos como héroe nacional. En todos los rincones de México su nombre se usa en toponimia y onomástica, y su imaginada efigie aparece en monumentos, que hacen alusión a su coraje en la derrota, al pedir la muerte por el puñal de Cortés, o en el tormento, al reclamar estoicismo a sus compañeros de tortura. El 28 de febrero de cada año, la bandera mexicana ondea a media asta en todo el país, recordando la muerte del prócer.

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