Edgar Allan García – Ecuador

Edgar Allan García

Nació en Guayaquil, Ecuador, el 17 de diciembre de 1958.
Tiene publicados más de cuarenta libros en los géneros de cuento, poesía, novela, ensayo y literatura infantil-juvenil.
Ha ganado algunos de los premios más importantes de su país, como el Darío Guevara Mayorga (en tres ocasiones), la Bienal de Poesía de “Cuenca” (en dos oportunidades) y el premio nacional “Ismael Pérez Pazmiño”, entre otros. A nivel internacional, se destaca el premio “Pablo Neruda” en poesía y el “Plural” en cuento. En 2004, ganó el “Hideyo Noguchi”, cuyo premio literario lo llevó a una gira de un mes por Japón.
Algunas de sus obras han sido publicadas en España, Perú, México y Argentina. Su libro Leyendas del Ecuador se ha convertido en un clásico de la literatura nacional en escuelas y colegios, en tanto que su novela juvenil El rey del mundo, fue escogida como parte del programa nacional de lectura de Argentina.
Es parte de múltiples antologías mundiales de poesía y cuento, y en 2010 fue incluido en el Gran Diccionario de Autores Latinoamericanos de Literatura Infantil y Juvenil, de Jaime García Padrino (Fundación SM Madrid).
Ha sido articulista de varias revistas nacionales e internacionales, profesor universitario de Creatividad y maestro de talleres literarios a nivel nacional e internacional, además de presidente de la Fundación “Jorge Icaza”, presidente del Consejo Nacional de Cultura (1996-1997) y Viceministro de cultura (1996-1997) y Director de Cultura del Municipio de Quito (2004-2005).


Cosmogonía elemental
    
En el principio era el caos
entonces apareció ella y puso la ropa
en su lugar los zapatos en su lugar
la hermosura en su lugar y el corazón
del hombre en el lugar preciso
durante los restantes nueve períodos
construyó universos semejantes
a un cuarto de juegos para que en él
retozaran gritos balbuceos y risas infantiles
(vibraciones desconocidas hasta entonces
en aquel espacio desolado)
al amanecer del tiempo noveno
emergió él (primogénito conforme
a sus semejanzas) de las entrañas de ella
y en un principio fue el niño más dulce
la alegría más profunda el más educado
y sumiso y ordenado (o casi) pero pronto
anheló conocer mejor
palpar otros mundos
desafiar la gravedad y el poder
besar la redondez primigenia
de otros cuerpos
desde entonces vive de su sudor
en un barrio de seres extraviados
luminosos absurdos como el caos.
    
Caracol nocturno    

Hoy retorno a vivir
digo, a morir.
J. Ramón Jiménez

Ovillado escucho latidos sombras
murmullos que escapan
de sueños neblinosos
(has despertado gimoteando
palabras oscuras
tus manos crispadas
tus ojos mirando sin mirar)
floto a la deriva
deliro sobre mis restos
tropiezo con espacios
que se expanden rugiendo
(uvas pisoteadas te sumergen
en una antigua ebriedad reciente)
me recuesto empapado
sobre mi germen ojo acuoso
ojo de fuego que gira
entre veloces cuerpos esmaltados
(emerges animal salvaje
sucio de fango y sangre
bestia rojiza que galopa desaforada
entre los estallidos de un incendio)
luces oxidadas
cielo de melaza caliente
destellos feroces
en la desembocadura de un desierto
(desciendes gritando
entre dos muslos)
la ciudad viscosa me cerca
(te roza con dedos de pulpo)
aterrorizado
devoro sueños carcomidos
selvas titilantes
astillas de cristales turbios
(en mitad de la resaca
saltas al abismo)
es mi grito demente
que espanta y devora
(es tu grito de pez
que huye torrente arriba)
mírame
(tócalo)
hija de tu hijo
(acaricia su yelmo reluciente)
cubre
(con tu rosado pezón)
mi dentellada.
    
Acerca del uso indiscriminado de los sueños
    
El poeta la soñó febril
minuciosa implacablemente:
formó primero sus ojos enigmáticos
y los dejó flotando sobre dos cuencos de luz negra
soñó luego en su pelo ola de miel salvaje
y en su boca pequeña y carnuda brillando
al final de una palabra misteriosa
determinó la altura de los senos
su consistencia el cálido temblor
del movimiento: en la cima
dos gotas púrpura destilando humedad
creó entonces un ombligo ojival
(ranura hechicera desde donde
-según él- se podía espiar el universo)
y colocó de par en par las ingles anunciando
profundos deliciosos mares internos
moldeó caderas altas nalgas atrevidas
espacios escabrosos
vellosidades
hoyuelos
en tanto las piernas largas largas se perdían
al final del sueño como un paso de danza
semejante al de la Pavlova
en sus buenos tiempos
el poeta la ha soñado
febril minucioso implacablemente
(igual que aquel mago taciturno
soñó un hijo en el cuento inolvidable de Borges)
pero ahora que la siente moverse
como una serpiente de oro bajo su cuerpo
ahora que por fin escucha su oscuro murmullo
inundando la casa y esos labios tiernos y brutales
succionan noche a noche su piel
de lobo solitario el poeta duda
con una duda terrible obsesiva:
¿y si él -brujo de la noche- no es más
que fantasma o simulacro en el sueño
de una mujer taciturna?
    
Oh Sexus Plexus Nexus
    
Ciudad mitológica
laberinto de piedra negra
campanarios flotantes estalactitas
niebla no pájaros no perros no nadie
solo ella
inasible a contraluna
pandereta en mano
entre luciérnagas salta gira vibra
nueve puertas abiertas su cuerpo desnudo
serpiente que danza y canta y viene hacia mí
con olor a almizcle a amapola a piel húmeda
oh hembruna rotación de universos
mira cómo resbalo en tu vientre aceitado
y me pierdo en tu ombligo de almendra
oye cómo despiertan los elfos
que habitan mi pecho
oh sacerdotisa de la carne
oh anaís perversa
que de cerebelo a escroto
me enredas en el anillo de tu cuerpo
y en mitad del ritual líquido me obligas
a gritar: oh peces de éter en remolino
este es el limbo este es el sueño donde abro
y penetro -yo cachorro electrizado-
la ansiada anémona caliente
de anaís la bella.
    
Oscuros racimos del ser    

You reached the secret too soon,
You cried for the moon…
Pink Floyd

Descubro soledades intactas en mi vientre
negras crines palpitando bajo el sol
estoy amaneciendo palpando en sombra
pequeños bosques de amaranto
bramidos húmedos grandes trizaduras
en la imagen del que era
hace apenas un segundo
tras el biombo larvas abandonadas
extrañas criaturas sobre
la tierra confusa
duendes de la calle disputándose
el tesoro de un pájaro muerto
o una rana blanca
oscuros racimos del ser aparecen
y desaparecen en súbitos espejos
son vestigios de la noche
que arrastra el viento
sombrero de mago del que saltan
liebres inverosímiles
y en un parpadeo borran el mundo
de lo verdadero y lo real.
    
Aproximaciones al paraíso    

Hungry clouds swag on the deep.
William Blake

El paraíso espléndidos cetáceos
sobre espejos calientes
incienso negro y ramitas de salvia
que una bruja moldea entre sus manos
el paraíso templos azules
asfixiados por ganglios cenicientos
adán el solitario recorriendo
las ciudades desquiciadas
de rimbaud el maldito
el paraíso la flor escindida
de una princesa remota
su inocente levedad desgajándose
bajo dedos temblorosos
mi lengua en su limbo
el paraíso una mujer enloquecida
cantando obscenidades sobre
el faro en tinieblas
un bonzo que profiere su última
arenga en la plaza vacía
el paraíso la mano furtiva
los dedos gozosos de alondra bajo la mesa
ruleta rusa en incendiados desvanes
bandada de libros cuervos
devorándome los ojos.
    
Oh zuleika
    
Mi prima zuleika
-la precoz-
en su infinita crueldad
se levanta al otro lado del cuarto
acomoda sus cabellos azules
me mira mirarla
cruda entera acezante
pequeña diosa sin alma
se inclina para lamerme los muslos
la miel pulida de las ingles
estos vellos púbicos forjados
en líquidos sueños
estas esferas velludas
como dos monstruos retráctiles
y el húmedo
el opulento venablo
que ya se tensa al olfatear
ese destello opalino
(resinoso aroma de bestia ebria
que navega entre sus piernas)
zuleika oh zuleika
vientre de fiebre espesa
que dejas rastros de baba
sobre mi lengua
mira cómo en silencio arriban
serpientes blancas a la orilla
y desovan.
    
Saturnales    

Y mis deseos brutales se cuelgan de sus labios.
Arthur Rimbaud

    
Ornella me sumerge en su ojo de buey
mis belfos paladea amatista bajo la luna
gozosa melissa socava mi osamenta
con qué alegría se confabulan
para darme a beber pócimas almizcladas
deliciosas glándulas en almíbar
afrodisíacos macerados con sangre
arteras trampas
contra el aprendiz de bárbaro
que en sus orificios obstinado irrumpe
amo a goyesca mesalina pelandusca
cucarachita mandinga prolonga
la bacanal de tannhäuser
miel y leche me aguardan
bajo la lengua de sulamita
justine es justa y entre su piernas
rehace el amor todos los días
estas lolitas venidas del fango
no le pertenecen señor humbert humbert
ahora toda mi verdad
es esta verde edad con mordeduras
henchida crisálida oscilando
entre avezados deseos
y placeres incipientes
rodeado de cornamentas
emplumadas toulouse se empeña en dibujar el vacío
una gorgona ebria se pierde en la humareda
otra yace sobre una montaña de girasoles
si juliette goza torturando
los sueños del divino marqués
y el viejo miller ha vuelto a comulgar
en los senos de cuarzo de afrodita
¿quién pagará el mescal
del sombrío cónsul? ¿quién osará levantar
un templo sobre su amor desorbitado?
cada vez que asciendo a los infiernos
el sagrado cabrón toca su tambor de hojalata
¡muerde! ¡muerde esta manzana!
ordena la sangre
¡yo le arranco el corazón!
    
Sobre los ijares de Rocinante
    
Mi padre tenía manos generosas
muy pocas veces puño o índice acusador
en largas vigilias escuché sus palabras
con la impavidez de quien mira
llover en macondo
(no había en mí tierra madura
para recibir sus profecías)
pero sin saber cuándo ni de qué forma
encarnó sus sueños en los míos
él olvidaba con frecuencia mi edad
solía confundirme con un niño
de perinola y cometa
para añorarme a su manera
otras veces me tomaba por un viejo
muy querido fantasma
y a él le contaba uno a uno sus silencios
mi padre decía que hay borregos y pillos
con mucho miedo y poca vergüenza
o que la vida tendrá que ser otra
o en el futuro o caray o qué cosas hombre
cuando pequeño tuvo una fiebre
que hizo estragos en sus ojos
sin embargo a nadie he conocido
que pudiera ver con tanta precisión y cariño
cosas y seres aparentemente pequeños:
ahí donde otros pisaban
él se hacía a un lado y dejaba
o ayudaba a pasar
esa actitud cotidiana lo convirtió
en sospechoso de buenismo inclaudicable
hecho que motivó el ensañamiento de sus enemigos
mi padre escribió un libro de poemas
y en uno de ellos me decía: “qué alegría
tan grande sentir cómo se agiganta
la espiga de tu espíritu
y se proyecta mi consciencia en la tuya
confundida en la sangre que te dio mi esperanza”
luego abandonó la poesía
(había labores más urgentes)
pero ella se negó a abandonarlo
aduciendo pretextos desesperados
mi padre un día de cuyo nombre
no quiero acordarme fue declarado muerto
por médicos que nada saben de estas cosas
y bajó al útero de su tierra
montado sobre los ijares de rocinante
no dijo luz más luz
sino soledad otra vez soledad
porque han de saber que para los buscadores
el vacío es una sanguijuela voraz
adherida a las sienes
para muchos él siempre había medido
un metro con setenta más o menos
pero aquel día de acuosa y asfixiante sombra
vimos cómo su corazón rompía
el maderamen del ataúd
las paredes de la casa
los invisibles muros de la ciudad
y por sobre gritos escandalizados
de amigos y parientes
la certeza de que teníamos aquella enorme
y palpitante herencia nos hizo dejar de llorar
(salvo una que otra lagrimita)
durante todos estos años
mi padre entra a veces a mi cuarto
por las ventanas abiertas y se sienta
al escritorio a amasar poemas
que luego digo que son míos
(por no delatarlo)
con el tiempo nos hemos acostumbrado
a nuestra soledad inexorable
y en los espejos ya no hay desencuentros
ni miedo ni angustia
solo el reconocimiento de la entrañable
hermandad que nos agranda.
    
You can never drink of it    

-No se dice drink of it, señora Gregorio, lo que
usted quiere decir es think of it.
Malcom Lowry, Bajo el Volcán

    
Me bebo la tarde (la luz mortecina
de la tarde) me bebo la ciudad (sus
pasadizos ocultos sus disecciones
aleatorias su ciego empeño en
incubar azuladas doncellas) me bebo
el chasquido de unos ojos (arcanos
recintos donde un furtivo daimon
se agita) me bebo la noche efervers-
cente (emboscadas de mujeres movedizas
labios efímeros o lenguas rapaces
estallidos de mar contra el insomnio)
me bebo recuerdos amarillos (fugacidades
que el tiempo disecó y ahora guarda
en pequeñas hornacinas blancas)
me bebo los años que he muerto bus-
cándola (en vano te soñaron mis estíos
hembra proteica cuerpo mandala
rostro de bailarina asiria
subiendo con las crepitaciones)
me bebo el resplandor oscuro de
la luna (pienso en ancianos
marchitos amasando vidas secretas
en santos agazapados
ardiendo sobre llamaradas frías
en hermafroditas que un día
tuvieron el coraje de renunciar
al cielo prometido para vadear
el pozo de las revelaciones)
me bebo a mí mismo (es tan
difícil escoger entre promesas
decoradas con amuletos inservibles
o el manantial que profané hasta
desencontrarme o esas precarias
esfinges para resucitar lázaros ajenos
¡denso engrudo donde quedaron
atrapadas mis antiguas marionetas!)
me bebo el amanecer (un caracol
absorto ante su propia huella
yace sobre la arena húmeda
una gaviota se ha perdido mientras
retozaba entre hendeduras de basalto
el borracho continúa sobre el peñón
vigilando el ritmo ciego de las mareas
le han permitido sumergirse
en su lenguaje inútil en esa lucidez
errática y maldita que los cuerdos abominan
pero afirman -quienes saben- que ya ninguna
cofradía podrá unir los cabos sueltos
y que una madrugada -para felicidad
de los turistas- terminará
por ceder al llamado de las aguas)
me bebo el sol (bestia
oronda y perezosa que me empuja al
barranco).

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