Mario Capasso – El plan no puede fallar

Mario Capasso

Mario Capasso Nació el 9 de Marzo de 1953, en Villa Martelli, localidad del Gran Buenos Aires, República Argentina, en la que continúa residiendo.
Literariamente, se ha formado con Beatriz Isoldi, Nilda Adaro y Federico Jeanmaire.
Lleva publicados cuatro libros:
“El futuro es un tropel absurdo”, cuentos, año 1999.
“El edificio, Una novela en escombros”, novela, Ediciones AQL, año 2002.
“Piedras heridas”, cuentos, Ediciones Corregidor, año 2005. (2do. Premio del Fondo Nacional de las Artes, año 2003. El jurado estuvo integrado por Ana María Shua, Vicente Battista y Juan José Hernández.)
“La Ciudad después del humo” – Martelli y Lopez Editores – Mayo 2011
La novela “El edificio” y el libro de cuentos “Piedras heridas” están en proceso de traducción y serán publicados en Francia por la editorial La Dérniere Goutte.
    

Mario Capasso en Internet:   http://www.textos-en-escombros.blogspot.com            
 www.textos-en-escombros.com.ar                        
                                                             

    

 El Plan No Puede Fallar

    
Y bueno, che, qué se le va a hacer, cada uno tiene una cruz que cargar y nosotros tenemos la nuestra. No seas gil, dejá de llorar como un marica. Escuchame bien, te voy a decir algo, es muy importante y te tiene que quedar todo adentro de esa cabecita, no puede haber errores, si fallamos se puede ir todo al infierno. Qué es lo que decís. No entiendo nada. Calmate y hablá claro porque si no se pudre el asunto.
No, no. Vos quedate tranquilo. No te voy a dejar sólo en la estacada. Vos de ésta zafás, y yo también. Pero por favor, cómo se te ocurre, no vengas a hablarme justo a mí de milagros. Oíme bien, no vas a ser el primero y te aseguro que tampoco serás el último. Hay muchos que hoy andan sueltos, caminando por ahí, mirando pasar la vida, vivitos y coleando, que me deben favores y de los grandes, pero muchos eh, montones de gauchadas que anduve repartiendo a manos llenas.
Que por qué estoy acá mientras ellos están libres. Ahí sí que me jodiste. Qué se yo, es un misterio. Será el destino de cada uno, la mala suerte tal vez, o alguna otra cosa que ando sospechando. Ya te voy a contar apenas te tranquilices un poco y puedas entender. Teneme confianza, no te voy a defraudar. Ando en esto desde hace años y jamás, fijate lo que te digo, jamás le fallé a ninguno de los que confiaron en mí. Por eso me siguen todos. Bah, todos no, pero me sigue bastante gente. Con el tiempo serán muchos más, ya lo vas a ver.
Así que no me conocés. Eso sí que es raro. Hace tiempo que ando por acá, alborotando un poco a propios y extraños. Esta zona es para mí, entendelo, la quiero manejar yo, con mi gente. Pero no me conformo y quiero más, mucho más, la tierra y el cielo. Ah, te fijaste en la barba, qué se yo, siempre la usé. Y siempre fui flaco, mirá las costillas cómo se notan. Sí, un poco lastimado estoy, me dieron una linda biaba y sí, también me pusieron no sé qué cosa en la cabeza. Pero yo a vos tampoco te conozco, dónde estabas metido. Igual se te ve en la cara que sos del ambiente, de los nuestros. Por algo estás acá, como yo. Pero nos van a largar, perdé cuidado, una palabra del Jefe bastará para sacarnos. El problema es que yo estoy muy junado y por eso te necesito. Vas a ayudar con el plan y una parte de la torta va a ser para vos. Conmigo te vas salvar, vas a pasar al frente, vos y unos cuantos más. Te lo puedo garantir.
Y cómo querés que te lo firme, pedazo de animal. No ves cómo estoy. Además, nunca tuve necesidad de firmar nada, los papeles no se hicieron para mí. Yo soy de los de antes, de los que creen que la palabra de un hombre basta y sobra. Y yo soy más que hombre. Tengo algunos en la banda que andan en eso, cada uno a su manera, ellos llevan todo anotadito. Yo los dejo hacer, no me importa, pero a mí que no me vengan con esos pasatiempos inútiles. La palabra vale, entendelo, la de cualquier hijo de mujer, y con más razón la mía. Y ahora escuchame, cuando salgas de acá te encargás de buscar a mi gente, yo te doy los datos.
Cuando los encuentres tenés que decirles, metételo bien en la cabeza, por favor, que el asunto ya está en marcha y no lo van a parar aunque nos arrojen los leones encima; el de arriba lo sabe y está de acuerdo, que no me vayan a aflojar ahora que los necesito más que nunca. Aunque yo parezca pasar a cuarteles de invierno, los voy a supervisar. El plan no puede fallar.
No pongas esa cara. Si te digo que el de arriba nos apoya no es para verte esa jeta de estúpido desconfiado. Los nombres te los doy después, así no te me olvidás.
Vamos a formar la organización más perfecta que jamás haya existido. De rodillas van a venir a pedirnos favores. Hasta aquellos que hoy por hoy son la contra van a venir a pedirnos ayuda. Nos van a pedir guita, laburo, de todo nos van a pedir. Pero no se la van a llevar de arriba, van a tener que transpirar bastante para conseguirlo, nada de lavarse las manos como el otro atorrante. Pero la ganancia está asegurada. No, má qué banco ni banco. Yo te hablo de algo verdaderamente grande, gil.
Bueno, vamos a los bifes aunque en estos días esté prohibido. Cuando te encuentres con los muchachos les decís, oí bien las instrucciones: el plan está encaminado y va a funcionar, tenemos todo el apoyo de arriba. Eso es así y no hay vueltas. Pero hay un problema y por eso te necesito. Ando maliciando algo, en la banda hay un traidor y esa es la razón de que yo me encuentre ahora acá, estoy casi seguro.
Esa noche, cuando nos reunimos por última vez, mientras chupábamos de lo lindo (qué bueno estaba el vino) y le dábamos sin asco al morfi, observé en la mirada de uno de ellos un brillo extraño y eso lo delató, el buchón se mandó solito en cana. Después otro, el más pendejo, empezó a joder con las miguitas y el pan voló por todos lados, de mano en mano, y todo terminó en un despelote. Justo me engancharon y no tuve oportunidad de avisarle a los muchachos. Con razón dicen que ser trece en una mesa trae mala suerte, hay que creer o reventar.
Tenés que acordarte de todo. Sí, ya sé, faltan los nombres, pará un poco, lo importante es que les lleves el mensaje para que averigüen si es como yo lo sospecho porque ese alcahuete puede tener seguidores que se van a querer infiltrar para embromarnos. Pero conmigo no van a poder, te lo garanto.
Cómo que no entendiste casi nada. Qué está confuso. No me hagás calentar, cabezón. Ya estoy casi afónico de hablar fuerte, si pudiéramos estar más cerca sería más fácil. Pero no te voy a repetir todo de nuevo. Hagámosla fácil. Vos no te hagás problemas. Deciles lo principal, ellos comprenderán, los tengo bien entrenados, cualquier palabra que digo la interpretan a su manera, aunque a decir verdad me parece que a veces exageran. Hay que saber entenderlos, son tres años de andar juntos por estos caminos y confían en lo que les digo.
Uy, mirá, ahí viene la mina. Uy, para colmo viene con mi vieja tomada del brazo. Qué mal momento eligieron, pero es lindo verlas así, las dos juntas a pesar de ser tan distintas. Salió buena la piba; un día la encontré en la calle, estaba perdida y yo la rescaté. Sí, vale oro y tuvimos nuestros buenos momentos, pero yo ando en otra cosa. Y la vieja es la vieja, no hay nada que hacerle, siempre está, una santa la vieja. No me gusta verlas llorar, si pudiera bajar y darles un abrazo…
A ver, a ver, callate un poco, me parece oír un llamado. No, qué teléfono ni ocho cuartos, un llamado de larga distancia, del de arriba, lo junás. Nada menos que el viejo, por línea directa. Esperá un poco, dejame atender.
Hola, ¿qué decís? ¿No podés hablar un poco más fuerte? No, sordo no, pasa que estoy incómodo. Ahora sí, te escucho mejor. Bueno, si a vos te parece lo hacemos así. Pero, ¿estás realmente seguro? Bueno, bueno, perdoname, me arrepiento, no quise decir eso. Está bien. Sí. Te dije que está bien, lo que vos digas. Bueno, chau, nos vemos. Está bien, ya entendí, voy para allá. Hasta pronto. Un abrazo.
Sonaste, hermano. Y yo también. Olvidate de todo lo que te dije, no tenés que buscar a nadie, ninguna misión a cumplir. Y qué querés que le haga. El viejo me cambió los planes. Él manda, tiene la manija de todo el asunto. Así es desde el principio y siempre será de la misma manera, eso no puede cambiar. Yo soy el segundo, la mano derecha como quien dice. Más atrás vienen los de la banda y después todos ustedes. Bueno, che, el Jefe es el Jefe y es su voluntad. Existe uno solo que puede oponérsele, pero no soy yo justamente. Hay que bancársela. Por algo el viejo está donde está e hizo todo lo que hizo.
No te cabriés, no te pongas así, subiremos juntos a verlo y le voy a pedir por vos, para que te acomode y te ubique bien; no importa lo que hayas hecho, vos decile que te arrepentís y listo. Se le dio por ordenarme que fuera hoy sin falta para allá, y no quiere esperar mucho, será que me extraña, tendrá instrucciones para darme, qué se yo. No sé, siento como si me hubiera abandonado. Me va a dar tres días de descanso, y después de nuevo a la lucha. Dice que me manda de vuelta acá abajo, para que dé las últimas órdenes, sigo un tiempo más y después los largo solos por el mundo a los muchachos, como corderos en medio de lobos.
El Jefe asegura que nuestro reino no tendrá fin, aunque muchos morirán por nuestra causa. Y que cuando el tiempo termine, en el último día, los muertos resucitarán para vivir eternamente.
¿Será así?
Qué sé yo.

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