Ana Maria Rodas – Guatemala


Nació en la Ciudad de Guatemala, Guatemala, el 12 de septiembre de 1937,  Poeta, narradora, periodista y crítica literaria
Inició su carrera poética con la publicación de “Poemas de la izquierda erótica” en 1973, seguida luego de “Cuatro esquinas del juego de una muñeca” en 1975, “El fin de los mitos y los sueños” en 1984 y “La insurrección de Mariana” en 1993. Premio Libertad de Prensa 1974, de Guatemala, Primer Premio en el Certamen de Cuento de Juegos Florales México en 1990 y Primer Premio de Poesía en el Certamen de Juegos Florales México, Centroamérica y el Caribe en 1990.
En el año 2000 el Ministerio de Cultura y Deportes de Guatemala le otorga el Premio Nacional de Literatura “Miguel Ángel Asturias” por el conjuto de su obra.
En el año 2006 la Fundación G&T Continental y la Asociación Cultural Vicenta Laparra de la Cerda, en colaboración con la Hemeroteca Nacional Clemente Marroquín Rojas y el Ministerio de Cultura y Deportes le otorga la Orden “Vicenta Laparra de la Cerda” por su obra literaria y actividad periodística.


Animal que despierta

Soy la gata que camina dentro de mí
              conmigo
las leves zarpas afelpadas
              He bajado por el río
conservando el gusto por la caza
los ambiguos maullidos

Cuando cierro los ojos atravieso los siglos

Las arenas le dieron el color
a esta piel suave que esconde
una flor mojada entre las fauces
el oro egipcio se ve reflejado en la pupila
              de esta gata
              que demasiadas veces
recuerda su verdadera condición de fiera

La Reina de Saba habría dado la mitad de sus tierras
por tener estas garras

El más hermoso mito inventado por el hombre

El más hermoso mito inventado por el hombre
más hermoso que Dios
o el hermoso ideal del socialismo
y el dinero que acumulan los ricos.
Más hermoso que el odio, la invención más hermosa.
El amor.

Emerjo…

                                       Emerjo
De las profundidades Huelo a sangre y a sal
Soy el océano
que se mueve crujiendo arrastrando
                                      deseos
                                      temores
                                      visiones
entre los dedos

Soy un pantano humeante lleno
de sensuales animales viscosos
Soy el calor el agua el trueno
                           esta jungla prehistórica
este bosque tropical

Me hundo en lo desconocido No sé
A
Dónde
Regreso
Al resurgir sólo experimento
La certeza triunfal de haber sobrevivido el viaje

La luna, siempre

Redonda, hinchada de frotarse contra el cielo
rasga mi piel con su delgada luz
Cae sobre mi pelo
con la levedad de una sirena
que no se hubiera dado cuenta
que no posee piernas
Solivianta mi sangre
me enciende de locura
me regala una piel fosforescente
y me convierte
aceite hirviendo
en fauna
(cascos y cuernos y cabello desbocado
bajo el lúbrico soplo de lo oscuro)

Lunas que caían a pedazos…

Lunas que caían a pedazos
descolgadas del cielo
lunas nuevas no vistas nunca
Lunas llenas a ratos
me inundaron la garganta de llanto

Lunas Siempre fueron lunas

A dónde ha ido todo?
Qué viento de cuarenta años borró tu
carne de mi carne?

Ariosto envió a Orlando
                       el Furioso
a buscar su sanidad mental
a ese lugar lechoso donde uno encuentra
todo
lo que se pierde en la tierra/

A dónde iré a buscar yo
el calor de las noches
la lluvia tibia
las cenas de sopa de fideos?
Nos comimos
la luna a pedazos Casi duró cuatro años

Mujer que duerme

La mujer ve la luna cruzar por el rectángulo
y abraza al perro antes de abrirse al sueño.
Luna sobre la piel
piel de sirena
Sueños desportillados
amaneceres blancos
Se estira, lee lo que escriben sus amigos
los ama tanto
los ama a todos
El penacho del volcán le avisa
que hay viento norte
A los cincuenta y tantos, dueña de una ventana
de diez metros
de largo
su vientre está dormido
Las sábanas son frescas
La ciudad gime
La mujer sueña


De acuerdo

De acuerdo,
soy arrebatada, celosa,
voluble
y llena de lujuria.

¿Qué esperaban?

Que tuviera ojos,
glándulas,
cerebro, treinta y tres años
y que actuara
como el ciprés de un cementerio?

* * *

Hoy he descubierto la belleza
                        de ser yo misma.
-no,
no fue así;
me lo enseñaste-

Pero al hacerme mujer
al mostrarme que los seres
                             son tan libres

Comprendí
que libre-yo
y libre-tú
podamos tomarnos de la mano
y realizar la unión sin anularnos.

Por eso me apretujo dentro de mí misma
hasta salir las lágrimas
y en el pelo
se me prende
el sabor salado del olvido.

Algún imbécil dijo
que el poeta es la clave del mundo.

¡Mentira!
A mi sólo me queda encogerme hacia dentro
y esperar
ciegamente
un sonido, una expresión cualquiera
y que alguien
donde quiera que esté
emita una señal diciéndome que existo.

* * *

los teléfonos debieran ser parte
                             de la poesía
-la poesía está llena de recuerdos-
Hoy, una llamada solitaria
hizo rodar de nuevo el pasado a mi falda.

Se murieron tres años
                                casi cuatro.

Un bigote se movió sobre unos labios
murmurando
cosas triviales, de todos los dfas
que cómo están los niños,
si al fin me voy a Francia
que la perra tiene
                             tres cachorros
que cómo creció Carlos.

Y el teléfono de ayer me dijo
Cuánto te quiero.
Cuánto te extra no.

* * *

Te me acabas
como la vela que lanza
                su último fuego.
como el asomo de vida que la final
remueve al que está ya casi muerto.
¡Cómo es de extraño
escribir poemas
para alguien que fue
y que comienza a diluirse en el cerebro!

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