Pueblo Mapuche – Lautaro

La guerra del Arauco
    
En 1546 Lautaro, hijo del cacique de la zona llamado Curiñancu y teniendo alrededor de 16 años de edad, fue capturado por las huestes de Pedro de Valdivia en las inmediaciones de Concepción. Permaneció como prisionero de los españoles durante seis años, en los que llegó a ser paje personal de Valdivia.
Entres sus tareas habituales era el cuidar de los caballos de Valdivia y debía acompañarlo siempre a batallas y ejercicios militares. Fue así que aprendió a no temer al caballo, aprendió a montar hasta hacerse un buen jinete. Además, observó las disposiciones de batalla de los españoles, aprendiendo de Valdivia sus tácticas militares.
Durante este período, hizo un cierto grado de amistad con uno de los capitanes de Valdivia, Marcos Veas, quien le enseñó el uso de algunas armas y tácticas de caballería. Esta práctica era habitual, ya que Lautaro debía servir como indio auxiliar en las batallas.
En 1550, durante la batalla de Andalíen (22 de febrero) y la batalla de Penco, el (12 de marzo), Lautaro fue testigo de los escarmientos a los que Valdivia hizo someter a los derrotados mapuches, mutilando a los prisioneros y liberándolos después, como ejemplo para evitar futuras rebeliones; esto lo impactó profundamente. Es probable que a raíz de estos hechos violentos hacia su pueblo se engendrara en su interior una terrible decepción y rebelión en su ser respecto de Valdivia y los españoles.
Se fugó en algún momento del año 1552 a caballo y además con la corneta de Pero Godinez, el maestre de campo de Valdivia, regresando con su pueblo. La fuga del paje de Valdivia no pasó más allá para los españoles como un hecho casi habitual y no le persiguieron.
Lautaro demostró resueltamente sus naturales dotes de líder innato, les enseñó a su gente a perder el miedo a las cabalgaduras, aprendieron a montar y a apreciar el caballo como un arma de combate. Convocó a reuniones a campo abierto y les enseñó las artes militares y el uso de armas nuevas. Así también diseñó una serie de tácticas militares: el uso de escuadrones, la elección del terreno, las tácticas de emboscadas y de guerrillas. De esta manera, teniendo la autoridad de los caciques, dirigió una gran sublevación militar contra los españoles, quienes hasta el momento se paseaban victoriosos en todo el ámbito entre el Río Mapocho y el Biobío.
    

“El joven Lautaro” de Pedro Subercaseaux

    
Lautaro sabía que sus fuerzas bajo su mando recién entrenadas estaban ahora en una línea denominada “Línea interior”, es decir entre dos fuerzas, las del fuerte Purén por el sur y las de Concepción por el norte. Para ello elige neutralizar una de ellas. Engaña a Gómez de Almagro en el fuerte Purén y se asegura que sus tropas no se junten con la de Valdivia en el fuerte de Tucapel. Lautaro captura un emisario y se entera que Valdivia marcha hacia el sur y necesariamente tiene que pasar por Tucapel. En efecto, Valdivia a mediados de diciembre de 1553 sale de Concepción y se dirige a Quilacoya, donde toma algunos soldados en su marcha a Arauco, los espías mapuches siguen la columna desde las alturas de los cerros y no le presentan batalla, dejándole hacer su camino. Valdivia, muestra extrañeza de no recibir alguna noticia del fuerte de Tucapel y que además no sea hostigado en el camino; pero continúa, su compañía es devastada, tomado prisionero Lautaro lo lleva al campo mapuche, y le da muerte tras tres días de tortura, en la cual dicen dieron de comer el polvo de oro que tanto le gustaba.
Luego arrasó sistemáticamente las ciudades españolas. Por dos veces saqueó e incendió Concepción, centro de los asentamientos españoles en el sur de Chile.
Durante dos años no se volvió a saber de españoles en la región, para mientras la situación del pueblo mapuche a raíz de la guerra y la sequía habían provocado una gran hambruna que hacía estragos entre los mapuches, las cosechas se habían malogrado debido a una estación de fuerte sequía y aparecieron actos de canibalismo, primero se devoraron a sus prisioneros españoles y luego se canibalizaron entre ellos mismos, dándose incluso actos de autolaceración. Además el tifus se asentó entre ellos haciendo disminuir la fuerza guerrera de Lautaro.
Lautaro, a pesar de la hambruna y el tifus logró acaudillar a más de 2.000 guerreros y con estos cruzó por primera vez el Biobío y siguió hacia el norte y empezó a reclutar gente entre los picunches, mucho más pacíficos que los mapuches. Lautaro mantenía una rígida disciplina en sus hombres pero dejaba que cometieran toda clase de tropelías contra aquellas comunidades indígenas que no se plegasen a su causa llegando hasta a quemar vivos a algunos naturales.
En Santiago se despachó con urgencia a Diego Cano y solo 14 hombres para averiguar la real situación del Maule.
Al acercarse al campamento de Lautaro, este ya a sabiendas por sus espías los dejaron acercarse para luego dejarse caer en el cruce de un río sobre ellos, aquí resultó muerto un español y los demás lograron huir. Lautaro hizo despellejar al cadáver español y lo colocaron en lo alto de un roble. En Santiago, cundió el pánico y se empezaron hacer defensas en la ciudad mientras aun se mantenía un litigio por la sucesión real de Valdivia.
Hay un episodio dentro de esta época que narra una entrevista concertada a distancia, entre dos cerros, que ocurrió entre Lautaro y uno de los capitanes de Villagra, Marcos Veas, antiguo amigo de Lautaro en tiempos de Valdivia, en que este soldado español insta a Lautaro a deponer las armas ya que no se podría oponer por siempre al poderío español. Lautaro respondió rudamente a Veas fijando al Maule como frontera para los españoles y además pidiéndoles un tributo en caballos, mujeres y armas a cambio de no ser atacada la colonia. La oferta de Lautaro fue rechazada isofacto por Veas y terminó la entrevista y la amistad.
Lautaro avanzó hacía el río Maule y una vez cruzado se enteró que Francisco de Villagra, sucesor de Pedro de Valdivia, había salido de Santiago con un batallón punitario de 50 jinetes y 30 arcabuceros más un millar de yanaconas. Bien juzgando Lautaro que la capital quedaba desguarnecida avanzó hacia el norte, dejando pasar a Francisco de Villagra hacía el sur.
Para entonces Lautaro se había ensorbecido por sus victorias y su ascendiente sobre su pueblo se transformó en un dictador y volvió a cometer toda clase de tropelías en contra del pueblo picunche y los promaucahues ganándose numerosos enemigos, entre ellos un indio joven quien vio morir quemado delante de él a su padre, este indio que dejaría vivo sería su perdición. En el actual sector de Chillan, Lautaro sufrió la deserción de su gran aliado, un cacique llamado Chillicán quien no pudo soportar el grado de abusos de su caudillo y se alejó con sus huestes desistiendo de la empresa de Lautaro. Esta importante baja en sus fuerzas fue un duro golpe al orgullo de Lautaro y lo hizo desistir de avanzar hacia el norte en pos de Santiago y como estaba avanzado el otoño y sin alimentos prefirió retornar a regañadientes hacia Mataquito y reagruparse en Peteroa.
Las avanzadas españolas capitaneadas por Francisco de Villagra, quienes estaban al sur de las fuerzas araucanas fueron informadas en Reinoguelen por el joven indio que había jurado venganza, de que Lautaro acampaba en un fortín en el río Mataquito. Villagra envió por la avanzada del capitán Godinez para que se reuniera con él en el pueblo de Mataquito. Reunidas las fuerzas, Villagra avanzó en la noche oculto hasta las inmediaciones viniendo por la orilla del río Mataquito. Las informaciones obtenidas por Lautaro le hacían suponer lejos al enemigo que había dejado al sur y por tanto descuidó la vigilancia del emplazamiento y no supo del acercamiento de Villagra y Godinez, ya sea por que los naturales de la zona no dieron la alarma o bien ocultaron la información. Además le fue informado que la noche anterior las huestes de Lautaro había estado embriagándose en una celebración, si la maniobra salía bien la sorpresa iba a ser total.
En el amanecer del jueves 1º de abril de 1557, Francisco de Villagra más su primo Juan de Villagra, Diego de Altamirano y 57 jinetes, cinco arcabuzeros y más de 400 yanaconas, si se compara, era una fuerza relativamente pequeña si se piensa que al menos eran 800 mapuches en el campamento. Villagra con mucha cautela hizo avanzar algunos yanaconas exploradores y estos volvieron diciendo que no habían centinelas, lo que le hizo predecir a Villagra que el campamento estaba en el más absoluto reposo. Las huestes españolas se acercaron de amanecida al fortín subiendo por una serranía empinada y tendieron su línea de ataque, Villagra en voz baja dirigió unas palabras a sus acompañantes representándoles la responsabilidad del éxito y que la suerte de la colonia dependía de esta acción. Villagra ya había organizado la forma de ataque cuando un trompeta impaciente tocó la señal antes de tiempo. De inmediato, los mapuches salieron a empuñar sus armas y Villagra gritaba -¡Santiago y cierra España, adelante!! estos sorprendieron a las huestes lautarinas totalmente, creándose el desconcierto y la huida. El lugar donde estaba Lautaro era conocido por los espías indígenas de Villagra, por tanto se dirigieron resueltamente a la ruca que albergaba a Lautaro quien estaba en compañía de su mujer Guacolda. Lautaro salió de su ruca, con la espada de Valdivia en mano y murió atravesado en la misma puerta de un lanzazo mientras que los suyos eran tomados por sorpresa y masacrados, los españoles jubilosos gritaron: -¡Aquí españoles que Lautaro es muerto!!. A pesar de la muerte del líder los mapuches dieron una porfiada resistencia durando más de 5 horas de brega, en la que al final cayeron 663 indios y capitanes, logrando apenas escapar unos 130. El cadáver de Lautaro fue desmembrado y su cabeza se exhibió en la plaza de Armas de Santiago por largo tiempo ensartada en una lanza española.
Con el fin de Lautaro, desaparece una figura notable de la guerra de Arauco, nadie más llegó a igualar sus condiciones de líder ni su genio militar, que estuvo a la altura de los grandes estrategas de su época.

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