Shincal de Quimivil – Ciudad Inca

El sitio arqueológico del Shincal de Quimivil se encuentra ubicado en el Departamento Belén, Catamarca, Argentina. Está situado al noroeste de la población actual de Londres y se accede por la quebrada del Río Quimivil. Hoy existe un camino de acceso que parte de la Ruta Nacional N°40 y llega hasta el pie de la muralla.
El Shincal fue construido y habitado por los Incas entre 1457 y 1536, respetando el trazado urbano del Cuzco dada su calidad de capital provincial en el extensísimo imperio.
    

    

Enmarcado por un extraordinario paisaje, el complejo arquitectónico está conformado por más de un centenar de recintos, varios de ellos agrupados en edificios colosales. Rodolfo Raffino, artífice del descubrimiento en 1981 y aún director de los trabajos de restauración, supervisa regularmente el avance de los investigadores, que continúan encontrando magníficas estructuras de aquella urbe.
Los arqueólogos hablan del Shincal como un nuevo Cuzco dada su envergadura, historia y la notable semejanza entre ambas arquitecturas. Justamente desde Cuzco llegaron los arquitectos e ingenieros, que trazaron su urbanización.
    

    
Doce años de excavaciones permitieron determinar, el “Ushnu”, elemento arquitectónico que los incas colocaban en las plazas de las principales ciudades que ocupaban o construían. Es un altar desde donde se presidían las principales ceremonias del calendario ritual.
También se ubicaron las “Kallankas”, grandes construcciones, que podían utilizarse como viviendas comunales, refugio de guerreros y peregrinos o fábricas de elementos textiles.
Raffino nos cuenta “En una de ellas, que perteneció a estamentos altos de la sociedad, encontramos restos de maíz y de carne de camélidos, a diferencia de otra, habitada evidentemente por individuos de clases inferiores, en la que aparecieron restos que tienen que ver con una dieta compuesta por animales de caza. Probablemente sus habitantes fueran albañiles”. Agregando: “El Shincal era una capital, pero no la única en nuestro país. Probablemente, su zona de influencia abarcó parte de Catamarca, de Tucumán y de Salta”.
Dos cerros eran utilizados como altares ceremoniales. Estos tenían imponentes escalinatas de piedra y dan cuenta de los rituales agrícolas. Allí posiblemente se realizaban ceremonias dedicadas al culto solar, al dios Sol. Las dos festividades principales eran los solsticios de invierno y de verano, vinculados con siembras y cosechas. Además, los incas heredaron el culto a la Pachamama.
    

    
Así, el Shincal se convierte en centro político, religioso, militar y donde también convergen actividades económicas: la producción textil (cuya tradición aún se conserva en la zona), el abastecimiento y consumo de productos agrícolas como el maíz, el ají, la quinoa, la papa y el poroto, y la distribución de los metales preciosos obtenidos en la zona hacia a otros centros del Imperio, sobre todo el Cuzco, como el oro, la plata y, sobre todo, el cobre y el estaño para el bronce de las armas. Este transporte era realizado a lomo de llama.
Una de las construcciones más notables de El Shincal era un acueducto de 3 kilómetros que aprovisionaba de agua a su población desde el río Quimivil.
    

    
Raffino cree que en la zona urbana de Shincal, 21 hectáreas en las que se han contado unos 100 edificios, pudieron vivir unos 800 habitantes. “La cifra se triplica o cuadruplica si contamos el área rural, de 2200 hectáreas”.
Otra cosa que ha llamado la atención de los investigadores es la importante composición de población inca que debió tener la ciudad. “En los sitios incaicos de la Argentina, en promedio, se encuentra no más de un 8% de alfarería inca. Pero en Shincal representa entre el 40 y el 50% de la cerámica que recuperamos”.
Las actividades en el Shincal no duraron más de siete décadas. Posteriormente sus edificios sirvieron de albergue y aprovisionamiento al ejército español comandado por Diego de Almagro en 1536.
Cuando los españoles llegan allí ya el Imperio Inca estaba desestructurado y el Shincal y sus alrededores volvían a estar en manos de los ocupantes originales, los calchaquíes.
Después de recuperar el Shincal, los calchaquíes viven una corta temporada de libertad. Los conquistadores toman la ciudad, sin embargo, en 1636, el Shincal vuelve a manos de los calchaquíes. Allí se instala Chalimín, el líder de esta nueva rebelión calchaquí. Para lograr esto, sus hombres sitian Londres y cortan el acueducto que provee de agua a la población. Fue el último intento de los pueblos originarios de la zona por mantener su libertad y autodeterminación. Una vez más, la revuelta es sangrientamente aplastada y Chalimín descuartizado. Los vencedores se encargaron de destruir el Shincal y desde allí sus ruinas fueron tapadas por la vegetación del lugar.
Se le dio el nombre de Shincal porque allí abundaba (y abunda) una especie de arbusto llamado “shinki”.
    

    
Uno de los últimos hallazgos consiste en un soberbio tramo de camino inca, con una calidad arquitectónica sólo comparable a los descubiertos en el Valle Sagrado de Cuzco. Un elemento que se suma a los ya visibles acueductos de piedra, plataformas cívicas y religiosas, galpones para los soldados, colinas amuralladas, escalinatas de piedra, atalayas y corrales.

Rodolfo Raffino
Licenciado en Antropología (1967), Doctor en Ciencias Naturales (1971), recibido en la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de La Plata.


Fuente:  pueblosoriginarios.com

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