Los muros ciclópeos de Ollantaytambo

Ollantaytambo es un poblado que se encuentra a unos 90 kilómetros del Cusco, cerca al Río Vilcanota, el cual, más abajo, es denominado Río Urubamba. 
El pueblo se encuentra a 2750 metros sobre el nivel del mar. Poco después de su parte moderna, está el centro arqueológico, localizado en el costado de la montaña. Según la toponimia, la palabra Ollantaytambo está formada por dos partes: Ollantay deriva del aimara y significa “observar, mirar desde lo alto”, mientras que la palabra “tambo” significa en quechua “albergue o lugar de reposo’’. 
Por lo tanto, el nombre Ollantaytambo puede traducirse por “lugar de descanso de donde se puede ver y observar desde lo alto”. 
    

Ollantaytambo

La arqueología tradicional ubica el origen de la antigua ciudadela en la Civilización de los Incas . Al recorrer el sitio arqueológico se observan, en principio, una serie de muros de contención que servían para retener la tierra utilizada para cultivos de papa, quinua, maíz y otros cereales andinos. 
En la cima de las terrazas está la ciudadela inca con sus estrechas vías y muros aún conservados. Allí vivía, probablemente, la élite de los gobernantes de la ciudad, mientras que el pueblo vivía hacía más abajo en casas de madera con techos de paja. 
Al lado izquierdo de la ciudadela está el monumento más enigmático de todo el complejo, llamado “templo del Sol”. Está formado por seis rocas ciclópeas cuadrangulares, de aproximadamente 70 toneladas de peso, cada una de las cuales está perfectamente pulida y colocada una junto a la otra con una precisión milimétrica. 
    

    
A primera vista tuve la sensación de que los seis megalitos que componen el llamado “templo del Sol” son mucho más antiguos que la civilización inca, justamente por el estilo arquitectónico diferente. 
La cantera de donde provienen las seis enormes piedras está situada en la otra parte del valle, en un lugar llamado Kachipata, a unos 4 kilómetros de la acrópolis. 
Probablemente, las rocas destinadas a componer el llamado templo del Sol habían sido ya parcialmente pulidas y luego fueron transportadas usando troncos de árbol donde hacerlas rodar, hacia el río. 
El primer gran problema que el antiguo pueblo megalítico tuvo que resolver fue la travesía del Río Vilcanota. Inicialmente crearon un canal paralelo al río, con el fin de desviar el curso del agua. Una vez que el lecho original del río se secó, procedieron a trasladar las rocas hacia el área de tierra anterior al nuevo curso de agua. Luego, desviaron nuevamente el agua hacia el cauce original del río y así se encontraron frente a una zona de tierra seca donde hacer rodar las rocas sobre los troncos de árbol. 
A continuación, afrontaron la parte más difícil: desde el fondo del valle, las seis colosales piedras fueron transportadas, arrastradas y empujadas hacia el lugar más elevado: la acrópolis. 
¿Cómo lo lograron? Algunos investigadores propusieron que se utilizaron cientos de hombres, tanto para empujarlas como para arrastrarlas, con cuerdas gruesísimas. Probablemente se utilizó un sistema similar al empleado en Sacsayhuamán para asegurar que las rocas no se deslizaran hacia el valle: se ponía una primera serie de troncos y luego una tabla de madera sobre ella (los troncos eran más anchos que la tabla misma y obviamente que la piedra). Luego, sobre la tabla, otra serie de troncos que servía de base a la roca. Cada vez que se avanzaba un poco, dos troncos eran clavados perpendicularmente en el terreno (uno por parte) con el fin de bloquear la estructura y garantizar que no se deslizara hacia el valle. 
Una vez que se llegó al “lugar sagrado” donde estas rocas fueron puestas, se procedió a insertar una sutil lámina de piedra entre las rocas, cuya función era, probablemente, servir de amortiguador en caso de terremotos. 
El hecho de que se hayan encontrado otras enormes piedras parcialmente labradas en la cantera sugiere que todo el complejo de la acrópolis de Ollantaytambo no fue nunca terminado por motivos que desconocemos. 
    

    
Queda la pregunta de cuándo y por qué se construyó una estructura tan misteriosa. Actualmente, ninguna persona en el mundo sabe dar una explicación clara de por qué se colocaron estas seis rocas ciclópeas en aquel lugar, encajando perfectamente. 
En mi opinión, las seis piedras que hoy constituyen el llamado “templo del Sol” fueron colocadas allí en un período remotísimo, quizá poco después del diluvio universal (10. 000 a.C.). Sabemos que muchos pueblos que vivían en el actual Brasil y en el Escudo de las Guayanas se dirigieron hacia los Andes justamente para poder escapar de las enormes inundaciones. Con el tiempo, adoptaron el arte de modelar inmensas rocas con el fin de hacerlas encajar entre sí a la perfección con el método llamado “prueba y error”. Se refugiaron en la parte alta de las montañas (ver Marcahuasi , Sacsayhuamán o Tiwanacu ) precisamente para evitar ulteriores inundaciones, pero también para defenderse con facilidad de eventuales invasores, gozar de fuente de agua pura y fresca y, no menos importante, porque se sentían más cerca de lo que consideraban Dios: el Sol. 
En todo caso, queda el interrogante sobre la verdadera función de las seis rocas megalíticas y el de por qué se colocaron de aquella manera, la una al lado de la otra. Por ahora no podemos dar una respuesta segura, sino sólo conjeturas. 
De todos modos, muchos estudiosos están de acuerdo en el hecho de que el sitio arqueológico de Ollantaytambo fue construido durante varias épocas, de manera que, muy probablemente, los Incas ocuparon un lugar mucho más antiguo. 
A propósito, transmito una parte del libro “Pantiacollo” del investigador peruano Carlos Neuenschwander Landa (fallecido en el 2003 en la ciudad de Arequipa):
Efectivamente, en la explanada y en el pueblo (de Ollantaytambo), como en las partes elevadas de la andenería, se pueden distinguir los restos de la primera cultura, mientras que en el centro, formando las terrazas y en las casas de piedra y de barro que salpican las laderas, se aprecia claramente la arquitectura incaica.
Cuando el doctor Neuenschwander Landa escribió “primera cultura” se refería justamente a la Cultura megalítica que dominó gran parte del continente americano inmediatamente después del diluvio. 
El camino por recorrer para conocer a fondo la verdadera Historia del Nuevo Mundo es todavía arduo, pero sólo con el estudio comparado de arqueología, lingüística y genética se podrá, en el futuro, lograr reconocer los verdaderos orígenes del hombre americano.
    

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