Pueblo Maya – Popol-Vuh / 1

Popol-Vuh – Libro Sagrado Maya (1a. Parte)
    
Introducción
    
Los españoles llegaron en 1524 a las tierras que hoy son Guatemala. Junto con los Conquistadores llegaron varios sacerdotes, quienes en su afán de convertir a los indígenas a la “verdadera” religión destruyeron cuanto hubiera que pudiera tener alguna conexión a las religiones precolombinas: templos, dioses, bibliotecas enteras de códices. Aunque cabe resaltar que muchos códices se destruyeron mucho antes de la llegada de los españoles a América, ya que el amate, el material con que se construían los códices, difícilmente podían sobrevivir a la inclemencia del tiempo y del clima del trópico, es innegable la destrucción perpetrada por los españoles, siendo tal que de los códices mayas solamente quedan cuatro en el mundo. Uno de los tantos códices quemados posiblemente haya sido el mismo Popol Vuh. El Popol Vuh como lo conocemos fue escrito un poco después de la Conquista en el idioma quiché con auxilio del alfabeto castellano por uno o varios  indígenas cristianizados, muy posiblemente miembros de la derrotada realeza quiché. El quiché se deriva del lenguaje maya que se hablaba durante el llamado Periodo Post-Clásico (900 d.C.-1492) con influencias toltecas. Este tipo de lenguaje maya se asentó en el noroeste de lo que hoy es Guatemala.
Algunos estudiosos han creído identificar a uno de los posibles autores del Popol Vuh con un indígena llamado Diego Reinoso, aunque toda hipótesis sobre la autoridad del Popol Vuh es muy ténue. Este Popol Vuh seguramente fue una copia que el autor o autores transcribieron de un original, ya sea uno que tenían a la vista y en su poder, o lo transcribieron de memoria; lo único que quedaba de los miles de códices que se perdieron en el humo cristiano. En cuanto al año en que fue redactado, algunos estudiosos  lo datan entre 1554 y 1558, habiendo sido redactado en la antigua capital de los quichés, Gumarkaaj (Utatlán), hoy Santa Cruz del Quiché, o con menor probabilidad en Chuilá (Chichicastenango), pueblo a donde se desplazó los residuos de la elite quiché luego de la derrota a manos de Pedro de Alvarado.
Casi 200 años después, en 1701, un sacerdote de la orden de los dominicos llegó al pueblo de Santo Tomás Chuilá como parroco. Santo Tomás Chuilá es más conocido hoy día como Chichicastenango. El sacerdote se llamaba Francisco Ximénez .  El Padre Ximénez vio el original e hizo traducción del quiché al español. Esta es la copia del Popol Vuh que ha llegado hasta nosotros; el manuscrito quiché escrito en caracteres latinos en el siglo XVI no se ha vuelto a ver. Es posible que Ximénez lo haya devuelto a sus dueños originales y que aún exista en algún lugar de las montañas guatemaltecas, pero como mucho del Popol Vuh, es posible que nunca lo sepamos.
El texto transcrito y traducido por Ximénez quedó en el poder en la Orden a la que pertenecía Ximénez, la de los dominicos. En el tiempo en que vivió Ximénez su versión no fue conocida más que por algunas personas dentro de su orden. Su versión quedó en la oscuridad por otros cien años. En 1829 los dominicos fueron expulsados del país durante el gobierno liberal de Francisco Morazán, y sus archivos pasaron a la Universidad de San Carlos.
En 1854 un austriaco residente en Guatemala, Karl Scherzer, fue el primero que tuvo acceso al manuscrito de Ximénez, quien la publicó en 1857 en Viena. Esta versión no tuvo mucha suerte ya que no fue ampliamente conocida.
También en el mismo año de 1854 otro extranjero tuvo acceso al manuscrito de Ximénez: el abate francés Charles Etienne Brasseur de Bourbourg, Éste, excéntrico y erudito, estaba íntimamente ligado a la historia literaria guatemalteca del siglo XIX. Se le atribuye no solamente el “descubrimiento” del manuscrito de Ximénez, sino también el hallazgo de otros textos precolombinos de suma importancia, como el Memorial de Sololá y El Rabinal Achí. Contrabandeó a Europa el manuscrito de Ximénez y en París publicó en francés en 1861 la primera versión más reconocida del Popol Vuh.
A la muerte de Brasseur de Bourbourg el manuscrito de Ximénez pasó a manos de un Alphonse Pinart, quien luego se la vendió a un Otto Stoll por diez mil francos. Luego en 1887 el manuscrito fue puesto en pública subasta y adquirida por un Edward E. Ayer. Parece ser que Edward E. Ayer trajo el manuscrito de regreso al continente americano, pero esta vez a los Estados Unidos, donándolo a la biblioteca de la Universidad Newberry, en Chicago, donde aún se encuentra.
Ya en el siglo XX, en la década de los 40, el investigador guatemalteco Adrián Recinos hacía investigaciones relacionadas con la literatura precolombina. Esto lo llevó a Chicago, donde se tenían noticias de que allí se encontraba un importante manuscrito precolombino. Su sorpresa fue mayor al encontrarse con el manuscrito original de Ximénez. En 1947 Recinos publicó la primera edición de su traducción en la editorial mexicana Fondo de Cultura Económica, probablemente la mejor y más difundida de todas las traducciones. Hay varias traducciones del Popol Vuh del idioma quiché a otros idiomas. Varios estudiosos declaran que la mejor traducción es la de Adrián Recinos, que es la que transcribimos aquí.
El inmenso valor que tiene el Popol Vuh radica no solo como un texto primordial de la literatura maya, sino también de la precolombina y la universal. Aparte de su gran valor estético, el Popol Vuh ha servido como una gran ventana por la cual podemos dislumbrar la cosmogonía maya antes de la llegada de los españoles a tierras americanas. Esta biblia maya ha corroborado datos encontrados en “textos” precolombinos, como por ejemplo en la alfarería, las estelas, y hasta en los monumentales monolitos tallados. Además, en lo que a la literatura nos concierne, la presencia del Popol Vuh es fuerte e innegable, específicamente en la literatura guatemalteca, pero también en la centroamericana y hasta en la mexicana como el caso de la escritora chiapaneca Rosario Castellanos. Miguel Angel Asturias, el Premio Nobel guatemalteco nunca hubiera creado su obra maestra Hombres de maíz si no hubiera existido el Popol Vuh. En Hombres de maíz Asturias regresa a los orígenes, al mito, pero no al mito occidental (Ulises, Prometeo, la Biblia, etc) sino al mito precolombino, a lo primigenio del ser latinoamericano.
     


Religión, mitología, historia, astrología. Estos aspectos y más se encuentran en la llamada Biblia Maya. El Popol Vuh se puede distinguir básicamente en tres partes:    
La primera es la descripción de la creación y del origen de los hombres. A diferencia de la Biblia, tomó tres intentos para crear a los hombres, y fue hasta el cuarto que los dioses lo lograron (número importante en la cosmogonía maya: cuatro fueron los hombres creados), y fue cuando los dioses decidieron hacer al hombre de maíz. 

La segunda parte se refiere a un tiempo anterior a la creación de los hombres, y trata sobre las aventuras míticas de los dioses gemelos Hunahpú (Uno Cerbatana. La H se pronuncia como J: Junajpú) e Xbalamké (nombre que probablemente viene de Xbalamkej, “pequeño jaguar-venado”. La X de Xbalamké se pronuncia Ishbalamké) en Xibalbá, el inframundo maya, donde derrotan a los nueve dioses del inframundo y vuelven a renacer convertidos en el sol y en la luna llena (las otras fases lunares están asociadas a su madre Ixquic (Ixkik’), y algunas fases del planeta Venus están asociadas a Xbalamke). Para los antiguos mayas, cada día en que se ponía el sol y Venus que le precedía, era el momento en que Hunahpú e Xbalamke volvían a descender a Xibalbá, a recrear por el infinito la lucha entre el bien y el mal.

La última y tercera parte es histórica. Relata la vida del pueblo quiché desde su salida del mítico Tulán hasta los últimos reyes quichés asesinados por las huestes españolas. Las últimas palabras son unas de las más conmovedoras que jamás se hayan escrito en la literatura guatemalteca: “Y esta fue la existencia de los quichés, porque ya no puede verse el (libro Popol-Vuh) que tenían antiguamente los reyes, pues ha desaparecido. Así pues, se han acabado todos los del Quiché, que hoy se llama Santa Cruz.”



Traducido por Francisco Ximénez 

Notas de Adrián Recinos 

Fuente: pueblosoriginarios.com

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