Alfonso Orantes – Guatemala



Salvador Cuscatlán, te halle  anoche dormido…

                                                                                a Salarrue

    
Hermano mío, riñón de Centroamérica,
en este Istmo que de Tehuantepec a Panamá tiene figura
de hombre sentado que por su geografía medita su destino,
puestos los pies descalzos –por el Canal del dólar ya amputados-
en el colgante, inmenso fruto que es Sudamérica
y que apoya la espalda
contra el enorme cuerno de la abundancia que siempre ha sido México,
Salvador Cuscatlán a quién he visto
en el paisaje, estampa; en el volcán cintura;
en la colina, pecho; en la arboleda, hirsuto;
en el café- que es el color de tu piel-estimulante;
en tu nombre, varón; en el Izalco, ardiente;
fresco en las fuentes y en el aire claro.
A quién rebautizaran con un nombre de augurio: El Salvador
y en su consagración santificaron urbes.
Salvador Cuscatlán, te había visto así
y en los mil modos y no acaban de verse
sin extrañar, los ojos… Empero anoche oh amargura,
cerca de un edificio de seis pisos
-reto a tu cielo, garra en tu suelo- un rascacielos más,
puyazuelos, puyacielos, de una compañía nacional de café
te halé en el suelo durmiendo como Mesías, sobre su corazón,
en el umbral de un almacén, en un portal,
encogido,  y sin duda soñando con un pan
que no probaste en todo el día;
soñando el rasgacielo de un anhelo: glorias;
soñando el rasgasuelo que abre surcos: fosas;
roñando con un ras, a ras del suelo,
libre de andrajos, niguas, piojos, que todavía así,
sin tener sangre –casi eres mineral de tanta lava-
por esos edificios de seis pisos, tu sangre chupan.
Esas moles que ahora elevan con el propio apellido que da miedo
quienes te tienen miedo y cuyo nombre –en él todos los nombres-
Desola y agosta la tierra que holla o planta
por ser nombre con “de” de doblez doble, con corona ducal,
de papa o arzobispo, con birrete, kepi, trianch cap o sombrero tejano.
Hermano Salvador, te vi descalzo, harapiento,
y tú tan claro en las mañanas cuando luces al sol,
cuando en tus niños a pesar de sus voces
quebradas todavía por el hambre,
gritas los diarios húmedos de escándalos y crímenes
y en las mujeres con sus vientres grávidos
llevas canastos pletóricos de frutas,
de carnes y hortalizas que no podrán comer por estar caras
y sudorosos hombres de moldeados músculos de barro,
que con andrajos cubren sus genitales
y aceleran el paso, resortes deambulando
bajo el peso de cargas, convertidos en mulas, siendo humanos;
de noche se ven negros a pesar de que vibran las estrellas
e iluminan la altura los blancos pechos de las golondrinas
que en la pauta de alambres de las calles
puntean cada día partituras que todavía no descifran tus guitarras…
Salvador Cuscatlán, varón hermano mío, santo andrajoso
ofrecido al Salvador del Mundo,
negro por dentro y fuera, porque no tiene luz,  vida ni ensueño
sino el horror de las bombas atómicas y de hidrógeno.
Salvador Cuscatlán, hoy, ya de noche, te encontré en el suelo,
ya que suelo mirar hacia lo alto y lo bajo,
y que te he visto en medio en tu fuerza telúrica,
en tu cielo con bólidos verdosos
como cortos circuitos de esperanza,
en lo simple y vulgar de la corriente alterna de cada día
y en la corriente de más alta tensión que hay en tu cuerpo
y que ahora cuentan que tienen apresada reteniendo al Lempa;
en ti puro volcán Izalco,
vulcanizando por unir las hilachas, los andrajos, las lacras,
la miseria que hacen de ti, mentira de leproso, pura llaga, carne viva, tierna,
como esta noche te encontré, echado sobre el suelo,
sobre tu corazón, cerca de un edificio de seis pisos,
te he encontrado en un niño, quizá hambriento,
soñando en su grandeza, y su esperanza, durmiendo en el umbral
de una puerta de almacén, en un portal,
hecho por tal, cualquiera, te he hallado en un niño,
en un Mesías, hay tantos en el mundo que nadie sabe distinguirlo, nadie,
mira que ambulan por las calles, que duermen como tú, niño harapiento, Salvador Cuscatlán al que encontré dormido
quizás soñando en algo que no sea eterno…

©Alfonso Orantes 1954

Alfonso Orantes

Nació en Ciudad de Guatemala el 17 de Julio de 1898.
Estudió en el Instituto Nacional Central de Varones de la ciudad de Guatemala, es allí, en plena dictadura de Manuel Estrada Cabrera donde comienza a gestarse lo que más adelante cristalizaría en la sociedad “El Renacimiento”, con su órgano de prensa “La Juventud Centroamericana”, cuyas primeras reuniones se llevaban a cabo en su casa. Orantes, de clara inteligencia y desbordante inquietud, desde la adolescencia comienza a destacarse por sus escritos, esa facilidad de expresión y de redacción aunada a su don de mando, rápidamente lo convierte, junto a otros adolescentes de entonces, tales como Miguel Angel Asturias, David Vela, Juan Olivero, Epaminondas Quintana y Clemente Marroquín Rojas, en líder de un grupo de estudiantes del instituto, quienes, más adelante, y desde las aulas universitarias, unidos  por el ideal común de ver a la patria libre de la tiranía que la esclavizaba, formarían parte del bloque  combativo que contribuyó a derrocar al dictador y quienes fueron denominados como “La Generación de 1920”.
Miembro fundador de la sociedad Francisco Morazán, con su vocero de prensa “La Voz de los Andes”, editada en Quetzaltenango.
Ingresa a la Facultad de Derecho de la Universidad, en donde alterna  sus estudios con las actividades literarias y participa en actividades políticas graduándose como abogado.
Miembro fundador de la Revista CULTURA, órgano de prensa de la Asociación de Estudiantes de Derecho. Redactor de la Revista estudiantil AMÉRICA Y ESPAÑA. Miembro Fundador de la Universidad Popular, cuya acta de fundación fue suscrita el 20 de agosto de 1922.
 En 1928 gana el primer premio en Poesía Vanguardista  Los Juegos Florales de Quetzaltenango. Miembro del Grupo VIDA, fundado en 1931 y redactor de la revista del mismo nombre.
En 1932 viaja a Centroamérica, México, Estados Unidos y Cuba, viajes en los cuales se relaciona con numerosos escritores y políticos.
 En 1935 publica su libro de poesía titulado ARBORBOLA, el cual causó un  verdadero revuelo en el ámbito literario por el estilo de corte moderno.
Durante su vida fue jurado en numerosos certámenes tanto literarios, como de pintura, así como ejerció durante muchos años la crítica literaria y artística y sus acertados juicios eran codiciados por muchos y temidos por otros.
En 1942 a raíz de la persecución constante de la tiranía de Ubico, para salvar la vida se asila en Costa Rica, país en el que vive y trabaja hasta la caída del régimen en 1944.
En el gobierno del doctor Juan José Arévalo en 1945, Orantes es llamado a colaborar como Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario en Panamá en 1947, Ecuador 1948, Venezuela 1949 y Embajador en Chile en 1950, en este último país entabla gran amistad con el poeta chileno Pablo Neruda. Formó parte de la Junta de Liquidación de Asuntos de Guerra.
Durante el gobierno del Coronel Jacobo Arbenz Guzmán  (1950-1954) se desempeñó como Presidente de la Junta Nacional Electoral. Al ser derrocado Arbenz en 1954 por un golpe de estado derechista, Orantes se asila en El Salvador, país en el que fija su residencia definitivamente.  Casándose con la pintora y escritora salvadoreña Elisa Huezo Paredes.
Falleció en San Salvador, El Salvador, el 19 de Junio de 1985.


Enigma
    
Con mensaje de flor, desde el interno
retoñar de la luz, brota la vida
y en su inefable voz lleva escondida
la inagotable fuente de lo eterno;
    
lo que es mutable y permanente infierno
de verdad y mentira, hasta la herida
que la carne, en su nácar, encendida
lleva para mostrar desde lo tierno
    
de las cosas, la incógnita estructura
que en apariencias de ser real persiste.
Aquí está la razón de la locura
    
de no saber jamás lo que se quiere:
porque el hombre es mortal desde que existe
y es inmortal el hombre porque muere.

©Alfonso Orantes 1955
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