Cultura Huarpe – Historia / leyendas

Los Huarpe admitían la existencia de un ser supremo con su opuesto maligno. Por encima de ellos adoraban a Hunuc Huar, que moraba en la montaña más alta (Cerro Mercedario) y al que le ofrecían maíz, chicha y plumas de avestruz.

Además veneraban el sol, la luna, el lucero del alba, el viento, los cerros, los ríos. De ellos esperaban la salud.
Los hechiceros curaban las enfermedades y practicaban distintos tipos de magia. Creían en la interpretación de los sueños y en el canto de las aves.
Las ceremonias de carácter mágico-religioso se practicaban regularmente, invitándose los grupos de varios caseríos a compartirlas. Una de éstas tenía lugar en una habitación redonda de paja levantada al efecto donde, durante unos cuatro días consecutivos, los hombres bailaban, bebían y comían. Las mujeres eran excluidas y permanecían afuera a la espera del momento en que debían entrar a proveer de más bebida a sus hombres con la expresa condición de no mirarlos bajo pena de muerte. La dirección de este tipo de ceremonia estaba a cargo de un anciano que quizás fuera el hechicero y que invocaba a las fuerzas naturales valiéndose de gritos y de la ayuda de un instrumento de percusión. También dirigía exhortaciones y discursos a los presentes. Durante el desarrollo de la reunión se presentaban los niños varones a la comunidad masculina, constituyendo así esta ceremonia en una especie de rito de iniciación.
Otra muy particular nos la cuenta Pascuala Carrizo Guakinchay (docente, descendiente huarpe): “En estos pagos (San Luis) de la Nación Huarpe, existía hasta hace un tiempo una antigua creencia: Dicen que cuando había un eclipse de luna las mujeres molían sal durante toda la noche, porque creían que la luna moría, y este era el modo de resucitarla, seguramente acompañada de alguna rogativa”.
El rito del casamiento: Consiste en el serviñacu, que es un servicio mutuo. La pareja se prueba durante un año. Cuando se ha cumplido el plazo, acude a su familia y rinde cuentas del resultado de esa unión. Si quieren seguir siendo pareja para siempre, se convoca al mayor de la comunidad, que puede ser pariente o no, y él hace el ritual del casamiento.
Se ubicaban en el punto más visible de un sitio, al mediodía, y allí el mayor de la comunidad dice una oración, una rogativa por la pareja, que está descalza sobre la tierra. La mayor de la comunidad vuelca la bebida del lugar, para que beba la Pachamama. Con las manos se hace una especie de pirámide entre todos y sobre esa pirámide, la mayor de la comunidad volcaba la bebida.
Los sepelios se realizaban en una ceremonia social, donde el hechicero pedía protección a los muertos, tocaban el tambor, uno de sus pocos instrumentos musicales, y se embriagaban.
Los difuntos eran colocados decúbito dorsal, y con la cabeza dirigida hacia la Cordillera, lugar donde moraba Hunuc Huar, en la que tendrían otra vida, por ello le colocaban en la tumba sus objetos personales, mantas, ropas, comida y bebidas para el viaje.
El luto observado por los parientes era untarse la cara de un modo distinto de lo habitual y no lavarse por algún tiempo.


Leyenda de Hunuc Huar

Hunuc fue el primer poblador de los territorios de Cuyo, era hijo de la montaña y el sol y se sentía un privilegiado por poder disfrutar de su existencia en ese paraíso terrenal aunque un fuerte deseo le carcomía el corazón; la necesidad de ser amado por alguien.Comenzó a hablar con los animales de la zona sobre esto y el consejo mas sabio que recibió fue el del guanaco, el cual le dijo que si deseaba compañía habría de pensar en una hembra que le serviría para tener crías como lo hacían los animales y no estar solo, en esa época en todo el mundo conocido el era el único habitante junto a sus animales y no había ninguna mujer así que decidió hablar con sus padres.Tras una larga y agotadora escalada subió a la cima del cerro Mercedario en donde el viento Zonda, que llegó allí con ayuda de Xumuc el sol, le sopló en forma de susurro que si quería hablar con su madre la montaña debía escalar hasta la cima del Aconcagua y desde allí pedirle al cóndor milenario que le permita subir hasta la precordillera montado sobre este. Después de haber hecho esto Hunuc invocó a la mulánima, para que llame a su madre montaña que habitaba la precordillera; Hunuc le contó todo a ella y esta le dijo que para que nazca la primera mujer (axe), Xumuc el sol y Chuma la luna debían fundirse en un eclipse de sol y que Hunuc accediese a menguar su vida diez años, solo de este modo nacería.Hunuc aceptó de buena manera el sacrificio que debía hacer en pos del amor y de este modo nació Huar la primera axe en la tierra.Hunuc al conocerla quedó perdidamente enamorado y juró darle amor eterno, ella también se enamoró de él y juntos llevaron la alegría al mundo.Muchos años después sucedieron un milagro y una tragedia: Huar se quedó embarazada pero Xumuc el sol al enterarse de que Huar la axe estaba embarazada de Hunuc entró repentinamente en cólera y obligó a Hunuc y a Huar a decidir entre la vida de estos o la de su hijo. Ellos decidieron que su hijo viviese y morir por el amor que sentían hacia su futuro hijo, fue así como un día Huar dio a luz a su primer hijo Huarpe y luego de enseñarle junto a Hunuc a adorar a la montaña y al sol se despidieron de su hijo y se abrazaron en una zona desierta hasta que la parca los hizo suyos.El pequeño Huarpe creció y la luna Chuma y el sol Xumuc se apiadaron de este y le enviaron una mujer hija de la luna y de Venus, de este modo nació la primera axe Huarpe y con esta pareja nació la etnia Huarpe, más tarde la montaña al saber que el alma de Hunuc se había unido a la de Huar en una sola convenció al sol Xumuc para que convierta a Hunuc y a Huar en el dios de sus hijos los Huarpes. Xumuc arrepentido de haber decidido que estos mueran lloró y sus lágrimas dieron forma a las lagunas de Guanacache que fueron aprovechadas por los Huarpes como lugar sagrado.Hunuc y Huar subieron a lo alto de la precordillera y sus almas se metamorfosearon finalmente en el dios Hunuc Huar protector de sus hijos los Huarpes.


Ruinas Huarpe
La población huarpe se extendía a mediados del siglo XVI por una amplia área al pie de la Cordillera de Los Andes, centrándose en los valles fértiles del final del piedemonte precordillerano que se suceden entre los 31° y 34° de latitud sur sobre un eje señalado por los meridianos de 68° y 69° de longitud oeste. De norte a sur estos valles recibían los nombres aborígenes de Tuauma o Caria, Güentota o Cuyo y Uco/Jaurúa. Están determinados por los ríos actualmente denominados San Juan, Mendoza y Tunuyán respectivamente. Estos ríos cuyanos son los grandes colectores de una red hídrica formada por los deshielos cordilleranos y su caudal depende de las nevadas que se producen en las altas cumbres. En su recorrido siguen aproximadamente la dirección oeste-este y concluyen, los dos primeros, en una zona lagunera conocida como Lagunas de Guanacache; y en el río Desaguadero, que nace en las lagunas, en el caso del río Tunuyán. La Cordillera de Los Andes y el río Desaguadero eran los límites occidental y oriental respectivamente del área de ocupación huarpe.
Los valles mencionados posibilitaban la obtención de recursos económicos de desarrollo natural o artificial. Entre los primeros estaban los animales, especialmente el guanaco que vivía en las zonas montañosas aledañas a los sectores occidentales de los valles, y otras especies menores que se desarrollaban en los mismos sitios o en vinculación con los ríos y lagunas; también era importante la existencia de una flora autóctona, principalmente arbustiva, con producción de frutos de alta capacidad alimenticia y energética, como son el algarrobo y el chañar.
La región huarpe es por un lado el límite sur de los pueblos agricultores, y además representa un hábitat transicional con las cuturas de la Pampa y Patagonia. Estaba integrada fundamentalmente por dos parcialidades portadoras de sus respectivos dialectos: Allentiac y Millcayac.
Según Alfred Métraux, los Allentiac habitaban las lagunas de Guanacache, la provincia de San Juan y la de San Luis; los Millcayac estaban asentados al sur de Guanacache hasta el río Diamante en la provincia de Mendoza. Otros autores distinguen a los habitantes de San Luis como los “Huarpes Puntanos” que tendrían un dialecto propio.
El jesuita español Alfonso de Ovalle, los describió como delgados y altos, de piel muy oscura, y que corrían con gran velocidad y resistencia. Usaban el cabello largo adornado con plumas. Se pintaban el rostro en ocasiones de ceremonias con líquidos vegetales.
Fuentes: 
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