Roberto Sosa – Honduras

                           MALDITOS BAILARINES SIN CABEZA
             
                            Aquellos de nosotros
  que siendo hijos y nietos
de honestísimos hombres de campo,
cien veces
negaron sus orígenes
antes y después
del canto de los gallos.
Aquellos de nosotros
que aprendieron de los lobos
las vueltas
sombrías
del aullido y el acecho,
y que a las crueldades adquiridas
agregaron
los refinamientos de la perversidad
extraídos
de las cavidades de los lamentos.
Y aquellos de nosotros
que compartieron (y comparten)
la mesa
y el lecho
con heladas bestias velludas destructoras
de la imagen de la patria, y que mintieron o callaron
a la hora de la verdad, vosotros,
-solamente vosotros, malignos bailarines sin cabeza-
un día valdréis menos que una botella quebrada
arrojada
al fondo de un cráter de la Luna.


ESTATUARIA

Por años, durante siglos,
yo labraría tu estatua.

Color de mar en tus ojos
y en el aire de las palmeras
alrededor de tu pelo.

Para poder encontrarte
entre los mármoles
me sangraría las manos.


Roberto Sosa, nació en Yoro, Honduras, el 18 de abril de 1930  fue uno de los más prestigiosos poetas en su país.
Hizo estudios de Maestría en Artes en la Universidad de Cincinnati (Ohio), fue director de revistas literarias y galerías de arte, catedrático de literatura y escritor residente en el Upper Montclair College en Nueva Jersey; colaboró con los principales diarios y revistas de Honduras y demás países centroamericanos. Su obra poética ha sido favorablemente comentada en España, Cuba, Colombia y México.
En 1968 recibió el Premio Adonáis de Poesía (España), por su libro Los pobres (Editorial Rialp), convirtiéndose, de esta manera, en el primer latinoamericano en obtener ese galardón. En 1971 su libro Un mundo para todos dividido, se hizo acreedor al Premio Casa de las Américas, con un jurado integrado por notables autores, como Gonzalo Rojas y Eliseo Diego. En 1990 el gobierno de Francia le otorgó el grado de Caballero en la Orden de las Artes y las Letras.
Escribió alguna vez…
“Los pobres son muchos por eso es imposible olvidarlos…Pueden llevar en hombros el féretro de una estrella/ pueden destruir el aire como aves furiosas/ nublar el sol/ pero desconociendo sus tesoros/ entran y salen por espejos de sangre/ caminan y mueren despacio/ por eso es imposible olvidarlos”.
Falleció en la ciudad de Tegucigalpa, Honduras, el 23 de mayo de 2011
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