Cultura Diaguita

La cosmogonía diaguita está basada en el principio de dualidad, según el cual el universo se halla partido en dos polaridades fundantes: lo alto y lo bajo (cielo y tierra) y en lo femenino y lo masculino. Esta división está auto contenida en el mundo, en todas las cosas del mundo. El Creador, contiene esta dualidad, él es macho y hembra a la vez, y su auto cópula es la que genera a la humanidad. Todas sus creaciones son macho y hembra, la humanidad, los animales, las plantas, las piedras.
Sin la unión de los sexos, el mundo no tiene movimiento. Así, el Mundo que es orden y cosmos, autocontiene el caos de manera potencial, y es ahí, en esa tensión donde al hombre le ha tocado vivir, y es su tarea evitar que ese equilibrio se quiebre.
La Madre tierra o Pachamama que da alimento y vida también puede transformarse en enemiga y producir cataclismos o enfermedades. A ella le dedicaban sacrificios de sangre y la ofrenda del primer trago, el primer bocado y el primer fruto de la recolección.
A la lluvia que riega los sembradíos, pero que puede llevar inundaciones, le ofrecían sacrificios en sus lugares construidos a tal efecto, denominados zupca, que estaban a cargo de los chamanes, sacerdotes especiales que también eran médicos.
Adoraban como las demás cuturas andinas al Sol que calienta en invierno es el mismo que seca los campos en verano, el trueno y el relámpago.
    
El Jaguar
Venerado por su poder, el Jaguar animal de connotaciones sobrenaturales se convirtió en una figura emblemática, por su color y su vigor se lo asociaba al Sol. Pensaban que los uturuncos eran hombres transformados.
Se lo consideraba la representación de la esencia misma de la vida y las fuerzas de la naturaleza. En la selva es el máximo predador; con sus mandíbulas y sus colmillos –omnipresentes en el arte precolombino– pone término a la larga cadena de transformaciones alimentarias, extrayendo así y almacenando la sustancia vital de todas las otras formas vivientes. Se comprende entonces la trascendencia de la caza o del dominio de un jaguar. Lo que se persigue no es por cierto su carne, sino su poder. Sin embargo el Inca Garcilaso cuenta que los Incas “se dejaban matar” por él cuando lo encontraban y en general no lo cazaban.
Ya en el período cultural Aguada (650 d. C. – 900), se evidenciaba la obsesión por el felino en numerosos objetos de uso ritual, como cerámica, discos y hachas de bronce, telas, tallas de piedra y madera, morteros, tabletas para cebil y pipas.
    
Funeraria
Cuando un diaguita se hallaba enfermo y próximo a morir, sus parientes lo velaban en medio de copiosas libaciones. Esto lo entendían como una defensa de las fuerzas malignas que le amenazaban. Las ceremonias del entierro duraban ocho días y luego se quemaba la casa para impedir su regreso. Como para ellos sólo existía la muerte violenta, todo fallecimiento se suponía provocado.
Veneraban a sus antepasados y los preparaban para la vida en el más allá. Los niños eran sepultados en urnas. Los adultos generalmente en cistas (fosas con paredes de piedra y tapadas con una piedra plana), su cuerpo estaba flexionado en posición fetal. Se los enterraba con ushutas (calzado o sandalia de cuero con cordeles de lana o cuero), unkus, adornos, ponchos, armas, vasijas, comidas y bebidas. El acompañamiento dependía de la importancia del personaje.
El alma se convertía en estrella, la intensidad de su brillo dependía de la grandeza de cada ser.

Las placas de bronce de la cultura Aguada pueden considerarse iconos que reproducen la concepción del cosmos andino.
La bipartición entre Cielo y Tierra, es la manifestación primordial de la dualidad y se expresa no sólo en el arte sino también en la organización social, la concepción del paisaje, la distribución de los cutivos y en otras formas en las que el arriba y abajo, lo alto y lo bajo juegan como opuestos complementarios.
Las serpientes y los saurios, símbolos del “mundo de abajo”, siempre estan representados en la mitad inferior. A los felinos junto con las aves que representan el “Hanan Pacha” se los ubica en a parte superior.

Fuentes:
Reflejos de la cosmovisión originaria. Arte indígena y chamanismo en el Noroeste argentino prehispánico.
Ana María Llamazares y Carlos Martínez Sarasola.
Nuestros paisanos los indios. Carlos Martínez Sarasola. Emece. 2005


Diaguita es la denominación quechua con etimología aimara, que significa “serrano” impuesto por los incas, divulgada luego por los españoles, de un conjunto de pueblos independientes con un idioma común, el cacán; ellos se autodenominaban pazioca o paccioca y Eric Boman consideraba que los que vivían al oeste de la cordillera de los Andes eran llamados chili.
Habitaban los cerros y valles del noroeste de Argentina (NOA), en las provincias de Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja, norte de San Juan, extremo noroeste de Córdoba (Argentina) y el Norte Chico de Chile, en los valles transversales de las regiones de Atacama y Coquimbo teniendo al oeste de los Andes como límite aproximado el río Choapa. Aún se conservan restos de sus ingeniosas construcciones llamadas por los quechuas púkara (o pucará) como la Ciudadela de los Quilmes en Tucumán, Tilcara en Jujuy, Fuerte Quemado en Catamarca, Tolombón, Chicoana, y Atapsi en Salta, etc.
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s