Omara Portuondo y Maria Bethânia – Para cantarle a mi amor

   
Para cantarle a mi amor
nace esta canción serena.
En el mar cayó la luna
y el agua se hizo de plata.
 
Para cantarle a mi amor
tengo la luna y el agua.
Las rosas de los rosales
se abrieron esta mañana.
 
Para cantarle a mi amor
tengo la rosa temprana.
 
Volaban las mariposas
y tomé unas como el alba.
Para cantarle a mi amor
tengo mariposas blancas.
Para cantarle a mi amor
tengo la luna y el agua,
las rosas de los rosales
y las mariposas blancas.
 
Las rosas de los rosales
se abrieron esta mañana.
Para cantarle a mi amor
tengo la rosa temprana.
 
Para cantarle a mi amor
nació esta canción serena…



Orlando de la Rosa


Omara Portuondo y
Maria Bethânia
Omara Portuondo, cantante cubana de boleros nacida en La Habana el 29 de octubre de 1930. Nació en el barrio de Cayo Hueso de La Habana. Hija de una mujer de familia española, abandonó su círculo social para casarse con un  jugador negro del equipo nacional cubano de béisbol, lo que la llevó a tener que ocultar en público este enlace, pues los matrimonios mixtos no estaban bien vistos en Cuba en aquella época, Omara entró en contacto con la música ya en su más tierna infancia. Como en cualquier otro hogar cubano, la futura cantante y sus hermanos crecieron rodeados de la música que, a falta de gramófono, entonaban sus padres. Aquellas melodías, algunas de las cuales perviven todavía hoy en el repertorio de la cantante, constituyeron las primeras lecciones informales de música de la pequeña Omara.
Antes de dedicarse a la canción, sin embargo, Omara probó fortuna, por obra del azar, en el mundo de la danza, siguiendo los pasos de su hermana Haydee, que formaba parte de la compañía del prestigioso cabaret Tropicana. 
Omara ha cosechado importantes premios y su voz ha conquistado a los más exigentes auditorios del planeta. Con su voz atemporal, que ha sobrevivido el paso del tiempo y el devenir de las modas y las estrategias de mercadeo, se ha ganado un lugar entre divas de la canción de todos los tiempos, como Ella Fitzgerald, Sarah Vaugahn, Olga Guillot y Celia Cruz. 

Omara sigue cantando en el Tropicana, en el Delirio Habanero y en el Café Cantante, y viviendo en La Habana, en un departamento con vista al mar cerca del Malecón.


Maria Bethânia Vianna Teles Veloso (Santo Amaro da Purificação, Bahia, Brasil, 18 de junio de 1946) Una leyenda viva, Bethânia es una de las más consagradas intérpretes de la música popular brasileña. Sin embargo su obra, ubicada en la frontera entre la música, la literatura y el arte dramático, tiene relativamente poca repercusión fuera del mundo lusófono, estando compuesta principalmente de elementos y referencias muy propios de Brasil y más específicamente de su región natal, Bahia.

En sus conciertos, Bethânia suele recitar poemas en portugués entre canciones, tanto de grandes autores brasileños como portugueses. El sincretismo religioso afro-brasileño, el drama y la pasión y las aguas de Brasil son temáticas muy frecuentes en sus álbumes. 
Quien le dio el nombre fue su hermano, el gran cantante Caetano Veloso, a partir de una exitosa canción de la época, un vals del compositor pernambucano Capiba, éxito en la voz de Nelson Gonçalves, y que tiene como primer verso “Maria Bethânia, tú eres para mí la señora del ingenio”.
Bethânia es reconocida por su fuerte presencia y su contagiosa espiritualidad, y comparada por muchos a un orisha. 
Su álbum Álibi fue el primero de la historia discográfica brasileña en sobrepasar un millón de copias vendidas, en 1978.


Orlando de La Rosa, La Habana 1921-1957. Este compositor y pianista habanero, como otros tantos nombres significativos de la música popular cubana, nació en un humilde hogar, que apenas le pudo propiciar parte de los estudios de bachillerato. En cuanto a lo que se suele llamar “la educación musical”, desde los nueve años la recibió de su madre y luego asistió a clases de solfeo con un profesor, de quien la ficha del Diccionario de la Música Cubana de Helio Orovio, no pudo recoger ni su nombre. Solo su apodo: Pachencho.

Las elocuentes limitaciones para adquirir cultura académica no fueron, en definitiva, un obstáculo para que ya en la adolescencia Orlando de la Rosa dominara muy bien el piano y empezara a componer. Apenas con veintiún años, en 1940,  dio a conocer su primer bolero, llamado “Ya sé que es mentira”, con lo que iniciaba una órbita de trabajo que solo pudo prolongarse  por quince años y dio como frutos importantes obras, que los estudiosos consideran que contribuyeron a introducir un estilo nuevo en la canción cubana.
Aunque ocupaba la mayor parte de su tiempo como pianista acompañante, pudo ofrecer conciertos de música popular y fundó un cuarteto vocal que llevaba su nombre, además de mantenerse por mucho tiempo en la popularidad. Al cuarteto de Orlando de la Rosa, pertenecieron  dos jovencitas llamadas Elena Burke y Omara Portuondo.
Entre las composiciones más conocidas de Orlando de la Rosa están “Cansancio”, “Vieja luna”, “Mi corazón es para ti”, “Qué emoción”, “Nuestras vidas”, “Si te dicen” y “No vale la pena”.
Murió con treinta y seis años  en noviembre de 1957, pero aunque a veces no se diga que son suyas las canciones, mientras estuvo vivo y ahora mismo no se han dejado de interpretar.  La valía estética suya y la cercanía a la espiritualidad al cubano numeroso, están probadas. No por casualidad ha sido proyectada por las voces de Vicentico Valdés, Orlando Vallejo, Pacho Alonso, Elena Burke y Omara Portuondo.  
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