Mitología Tehuelche – 1a Parte

Kooch siempre existió, no tuvo nacimiento ni principio. Nadie lo vio ni lo verá jamás, pues es como el aire. El creó y organizó todo lo existente. 

Desde la eternidad anterior a todo Kooch estaba solo y rodeado de tinieblas, nada podía ver a su alrededor, y esa situación lo entristeció de tal manera que comenzó a llorar largamente, con un llanto profundo e interminable. Lloró y lloró durante incontables eras, y tantas fueron sus lágrimas que formaron el mar, donde comenzó a gestarse la vida para poblar el futuro mundo. Por eso el mar es salado, porque surgió de las lágrimas de Kooch. Entonces Kooch, al ver que el nivel del mar era demasiado alto, dejó de llorar, dando un profundo suspiro. 

Con ese suspiro dió nacimiento al viento, que agitó las tinieblas logrando disiparlas, de manera que Kooch pudo observar la claridad a su alrededor. Este hecho le causó una gran alegría despertando en él las ansias de seguir creando los restantes elementos que, una vez coordinados, formarían el mundo. 

Kooch había creado el mar con sus lágrimas y había disipado las tinieblas a su alrededor, pero a lo lejos continuaban y ello le impedía ver a su mundo desde la distancia, aún habiéndose alejado más y más, hasta que de pronto alzó la mano realizando un rápido movimiento con el que rasgó la oscuridad, de la que brotó una gran chispa, la que continuó el giro de su mano. Así logró disipar las tinieblas y ver el maravilloso mundo alumbrado por ella, a la que denominó Xaleshem. 

Cuando Xaleshem entibió el mar, el agua comenzó a convertirse en vapor, elevándose hasta formar las nubes. Estas sorprendieron al viento, que las arrastró violentamente hasta hacerlas emitir un gemido al que Kooch llamó Karut, que fue el que encendió los relámpagos, iluminando los sorprendidos ojos de los espíritus asomados por los huecos del infinito. Desde entonces las nubes se forman de agua y la distribuyen en forma de lluvia por el mundo. Kooch ordenó la actividad de los elementos, dándole función a cada uno, y también determinó el ciclo de la vida por el que han de regirse todos los seres. 


Los tehuelches, que a sí mismos se llamaban aonikenk, eran un pueblo cazador y recolector, por lo tanto nómade. Se alimentaban de guanacos y choiques. También de bayas, semillas y hierbas por lo cual recorrían, siguiendo las leyes de la subsistencia, las mesetas patagónicas desde las cordilleras hasta el atlántico.

Desde el punto de vista cultural, puede decirse que practicaban una división sexual del trabajo, los hombres, ocupados de la caza y las mujeres, de elaborar mantos de piel de guanaco (quillangos) con lo cual se preparaban entre otra cosa, los toldos que se utilizaban para las viviendas, de transportar el agua, la leña, etc. Aunque poco frecuente, era admitida la poligamia. Las mujeres no eran obligadas a contraer matrimonio contra su voluntad.
En la Isla Grande de Tierra del fuego, los onas no eran sino una prolongación de éste mismo grupo étnico. Sin embargo, existían tres lenguas diferentes entre los tehuelches, una entre los límites de los ríos Negro y Chubut, otra, entre Chubut y Santa Cruz y la última, entre el río Santa Cruz y el estrecho. Existían también dos variedades lingüísticas entre los onas, los del centro, y los del suroeste.
Fuente: emagister.com
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