Mate cosido – Bandidos rurales

Segundo David Peralta, Mate Cosido, nació en Monteros, provincia de Tucumán, el 3 de marzo de 1897. Vástago de una familia humilde y numerosa, fue a la escuela primaria y trabajó en una imprenta siguiendo el oficio de su padre, hasta que empezó a tener problemas con la autoridad. Era un muchacho esmirriado, de tez blanca y cabello castaño, labios finos y orejas grandes, de 1,65 metros de estatura. Su apodo Mate Cosido se debía, al parecer, a una cicatriz cortante que ostentaba en la frente  .

Mate Cosido

Se cuenta que un policía lo persiguió a raíz de cierta rivalidad por una mujer. El hecho es que lo detuvieron por primera vez en Tucumán en octubre de 1918, acusado por un robo, cuando tenía 21 años. Fue sentenciado a seis meses de prisión en suspenso por falta de antecedentes, pero poco después lo detuvieron nuevamente y le aplicaron una condena de nueve meses y medio por hurto. A partir de entonces la policía no dejaría de perseguirlo, con o sin motivo, y deambuló por varias provincias hasta que decidió marcharse al Chaco.
Es interesante constatar entonces que no era chaqueño, ni tampoco de origen campesino, sino que encontró un medio propicio en la zona rural del Chaco. Allí «se echó al monte» –momento crucial en la carrera del bandolero– o, en términos de la tradición autóctona, «se hizo gaucho»:
Así fue como Mate Cosido se dirigió a Presidencia Sáenz Peña, donde se relacionó con una criolla buena moza, Herminia Carneiro, que lo acompañaría en posteriores aventuras. Allí también recompuso la banda con Rossi y con Eusebio Zamacola, un vasco español vinculado al anarquismo, del cual se recuerda que fue contrabandista  . Sus andanzas comenzaron a adquirir notoriedad concitando la admiración popular.
La banda de Mate Cosido encontró refugio seguro en la zona central del Chaco, en los ranchos de los colonos pobres, entre los obreros de las hachadas y en la selva habitada por campesinos miserables de origen indígena. Los bandidos repartían generosas «propinas» entre sus amigos, simpatizantes y encubridores sus «adictos» –les llamaría Peralta–, pero sobre todo aparecían ante ellos como el brazo vengador contra la injusticia.
No cabe duda de que la banda de Mate Cosido llegó a contar con la tolerancia y complicidad de mucha gente, incluso algunos cuadros de la policía territoriana. Por otro lado, dadas las relaciones de Peralta y Zamacola con militantes ácratas, se presume que actuaron a veces de común acuerdo, aprovechando su inserción entre los trabajadores de las empresas. En varios asaltos a las grandes compañías parece evidente que contaban con datos precisos sobre la localización y movimientos de dinero que sólo pudieron conocer por medio de los empleados.
Allá por 1933 Mate Cosido asumió más claramente la jefatura de la pandilla, después que Zamacola fue capturado. Parece que el vasco tuvo la mala suerte de caer en un pozo, tras el asalto a una farmacia en Sáenz Peña. La policía lo apresó y durante un par de años la banda actuó sin él  .
En julio de 1933 Mate Cosido y dos compinches asaltaron un tren de pasajeros en marcha, cerca de Avia Terai, despojando de 9000 pesos al pagador de una acopiadora. En abril de 1934, el atraco a un comercio en Villa Angela culminó de manera trágica: el dueño, Dámaso Martínez, se resistió y cayó herido de muerte en el tiroteo; su mujer siguió disparando y baleó al Calabrés, quien falleció estando ya detenido. Fue el comienzo de una mala racha, ya que en los meses siguientes les fallaron otros dos intentos.
En junio de 1935, camino a Pampa del Infierno, el automóvil de un pagador de Bunge & Born fue interceptado por los bandidos, que le robaron 6000 pesos. La policía los alcanzó poco después en un rancho cerca de Campo Largo, de donde lograron escapar hiriendo de gravedad a un agente.
En julio de 1936 la banda se trepó a un tren que salía de Concepción del Bermejo, apoderándose de unos 12.000 pesos que llevaba un pagador de Anderson, Clayton & Cía., y algo más que recaudaron entre otros pasajeros. El 6 de agosto siguiente coparon una oficina de la firma Dreyfus en Machagai y se llevaron de la caja fuerte nada menos que 45.000 pesos, dejando intactos los sobres con los salarios para el personal.
Mientras la policía redoblaba los esfuerzos batiendo la zona habitual de sus correrías, Mate Cosido y los suyos se tornaron un prudente descanso. En febrero de 1937, con ayuda de un hermano, Peralta compró una quinta cerca de Ferreyra, a pocos kilómetros de la ciudad de Córdoba, que hizo fortificar con rejas por todas partes. Zamacola adquirió otra no lejos de allí, camino a Los Filtros Nuevos, y ambos organizaron de tal modo su «retaguardia» previendo un futuro retiro. Peralta había tenido un hijo con Ramona Romano, una hermosa joven a quien llevó a ocupar la casona en Ferreyra; con frecuencia volvería a visitarla, a ella y al chico, por quien se dice que sentía verdadera devoción.
A fines de 1937 la banda puso en práctica otra modalidad delictiva. Detuvieron a un rico vecino de Presidencia De la Plaza que viajaba en auto con su esposa, le quitaron 1000 pesos y se llevaron a la mujer, por la cual tres días después obtuvieron 4000 como rescate.
Fue entonces cuando apareció Vairoleto el Pampeano,  junto a Mate Cosido, atacando a La Forestal.
Hay por lo menos dos versiones que coinciden en situar el primer encuentro de los bandoleros en Buenos Aires, más precisamente en Barracas, y ambas señalan la mediación de los anarquistas.
Ambos eran de la misma edad, Vairoleto un par de años mayor. Tenían muchos rasgos en común; su carácter reflexivo y una probada astucia, experiencias de vida e ideas sociales semejantes. Sin embargo, Mate Cosido era más cerebral, su carrera y sus atracos mucho más calculados y ambiciosos. Vairoleto robaba para ir tirando, repartía y se conformaba con poco, amaba la vida sencilla del campo, a cielo abierto. Peralta invertía el dinero previendo su retiro, prefería andar en automóvil y dormir bajo techo. Sin embargo, quizás podían complementarse bien.
El viaje de Vairoleto al Chaco fue preparado cuidadosamente. En diciembre de 1937 tomó el tren a Resistencia en compañía de tres hombres, en Vera, al norte de Santa Fe –una zona notoriamente controlada por La Forestal– los estaban esperando. Ello pone en evidencia que desde el comienzo hubo alguna filtración entre los complotados.
Al llegar advirtieron la trampa y se descolgaron del tren tiroteando a los agentes. Huyeron, en sulky, a pie y nuevamente en ferrocarril, hasta Resistencia. Allí los aguardaba Recarte Sánchez,  patrocinante, entregador y correo de los bandidos, pero quizás también confidente de la autoridad. El llevó a un lugar del monte, donde los recibieron Mate Cosido y Zamacola .
Zamacola no fue de la partida. En una visita a Córdoba, en marzo de 1938, la policía lo localizó, lo cercaron en su quinta y  fue detenido. Encarcelado por largos años, ya no volvería a participar en las aventuras de la banda.
El 30 de marzo la banda de Mate Cosido, presumiblemente con Vairoleto, interceptó los automóviles en que viajaba con su custodia el gerente de Quebrachales Fusionados, una subsidiaria de La Forestal. Se alzaron así con 13.000 pesos. Peralta y Vairoleto discutieron el siguiente golpe contra La Forestal y al parecer no se pusieron de acuerdo.  El entregador o informante de los datos de la empresa fue nuevamente Recarte Sánchez.
A las diez de la noche del 10 de mayo de 1938, los bandidos rodearon el establecimiento que tenía La Forestal en el paraje Kilómetro 25, pero fueron repelidos y en el tiroteo que se produjo murió el mayordomo Oscar Mieres.
Luego de aquel episodio desafortunado, Vairoleto llegó a la conclusión de que estaban siendo «vendidos» por alguien, y sus relaciones con Peralta se resintieron. Algunos partícipes del asalto fueron detenidos, y en el sumario policial cargaron el crimen en la cuenta de Mate Cosido, decepcionado, Vairoleto se volvió al sur.
Mate Cosido tuvo tiempo de dar varios golpes más entre 1938 y 1939, actuando en compañía de su hermano Marcelino, el Tata Miño, Pío Tanicho Domínguez, Andrés Chazarreta, Ismael García y otros.
En esta época reincidió con los secuestros extorsivos, perfeccionando el método y cuidando de brindar un trato irreprochable a los rehenes. En octubre de 1938 atraparon a un comerciante de Quitilipi, Gabardini, que iba en auto con su familia. A cambio de un cheque por 12.500 pesos dejaron ir a su esposa e hija, y lo retuvieron hasta el día siguiente para obtener una suma equivalente.
En abril de 1939, camino a Sáenz Peña, detuvieron el auto de Amador López y lo dejaron marchar reteniendo a su hija; para rescatarla el hombre pagó una semana después 15.000 pesos mediante el mismo procedimiento de arrojarlos desde un tren nocturno en marcha. A mediados de ese año atracaron un comercio y también a un pagador de –otra vez– la firma Anderson & Clayton.
Gendarmes vestidos de paisano comenzaron a internarse en los bosques buscando información. Se difundió profusamente un bando que ofrecía recompensa por la captura de Mate Cosido. En meses de fatigoso empeño lograron escaso resultado: los pobladores del monte callaban, e informaban de sus movimientos a los bandidos.
A fines de 1939 Mate Cosido dio el último golpe. En vísperas de Navidad secuestró en una ruta a Jacinto Berzón, encargado de la estancia de la sucesión Furken. Esta vez, el pedido de rescate lo hizo Mate Cosido de puño y letra: «exigimos los 50.000 pesos o la vida de su hermano, quien pasará a alimentar a los cuervos», decía la carta que recibió María Berzón. 
Los familiares hicieron conocer la carta a la policía, y por otra parte el encargado de custodiar al prisionero, Julio Centurión, temió ser descubierto y fue convencido por Berzón de que le convenía entregarse y denunciar a sus compinches.
La gendarmería preparó entonces dos emboscadas. La noche del 7 de enero, saliendo el tren de Villa Berthet, los bandidos hicieron la señal con una linterna, y el paquete simulando contener el dinero fue arrojado por una ventanilla. Cuando Mate Cosido y sus compañeros se acercaron a recogerlo, una bomba luminosa destelló en el cielo y los gendarmes los tirotearon desde el tren. Peralta recibió un tiro en la cadera, y se salvó providencialmente de ser barrido con una ametralladora situada en un vagón abierto, cuyo mecanismo estaba trabado.
La segunda emboscada, en el rancho del monte donde habían dejado al prisionero, también falló. Mate Cosido advirtió algo y volvió sobre sus pasos. Cuando los gendarmes abrieron fuego ya era tarde.
A pesar de la intensa batida de policías y gendarmes, no fue posible encontrar el rastro de Mate Cosido. Entretanto su caso adquiría gran resonancia en la prensa nacional, y el director del periódico ilustrado Ahora, que venía publicando una serie de notas sobre la historia, recibió una carta del mismo bandolero fechada en el Chaco en marzo de 1940: «no soy un delincuente nato (…). Soy una fabricación por las injusticias sociales que siendo muy joven ya comprendí, y por las persecuciones gratuitas de un policía inmoral y sin escrúpulos».
En ciertos párrafos desafiantes, Mate Cosido parece anunciar la prosecución de sus andanzas. Sin embargo, éste sería su testamento como bandolero. El historiador inglés Eric J. Hobsbawm citaba, tres décadas después, el testimonio de uno de los policías que lo persiguieron, según el cual Mate Cosido fue moderado en el uso de la violencia, ayudó generosamente y nunca robó a los «buenos argentinos», sino sólo a «los cobradores de Bunge y la Clayton», es decir a las compañías extranjeras.
Policías y gendarmes se mantuvieron alerta un tiempo esperando que el bandido se pusiera en contacto con su familia, todo fue infructuoso, se lo dio por muerto o reaparecido muchas veces.
Versiones imposibles de comprobar dicen que vivió en Rosario, que fue cacique local del peronismo en Santa Fe, o que vivía de rentas en el Paraguay,  y también que formó una familia radicado en el interior de Tucumán, donde envejeció rodeado de hijos y murió de cáncer en su cama .
     

Resumen de la nota publicada en la revista Todo es Historia Nº 293,
 Buenos Aires, noviembre 1991
“ALIAS MATE COSIDO” por Hugo Chumbita
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