Edmundo Rivero – A Don Nicanor Paredes

           

   

  Venga un rasgueo y ahora,
con el permiso de ustedes,
le estoy cantando, señores,
a don Nicanor Paredes.
No lo vi rígido y muerto
ni siquiera lo vi enfermo;
lo veo con paso firme
cruzar su feudo, Palermo.
El bigote un poco gris
pero en los ojos el brillo
y cerca del corazón
el bultito del cuchillo.
El cuchillo de esa muerte
de la que no le gustaba
hablar; alguna desgracia
de cuadreras, o de taba.
De atrio, más bien, fue caudillo,
si no me marra la cuenta,
allá por los años bravos
del ochocientos noventa.
Si entre la gente de faca
se armaba algún entrevero,
él lo paraba de golpe,
de un grito, o con el talero.
Hoy está muerto y con él
cuánta memoria se apaga,
de aquel Palermo perdido
del baldío y de la daga.
Hoy está muerto y me digo:
¿Qué hará usted, don Nicanor,
en un cielo sin caballos
ni envido, retruco y flor?
Jorge Luis Borges

Edmundo Rivero
Nació el 8 de junio de 1911 en Valentín Alsina (Partido de Lanús, Buenos Aires, Argentina). El 18 de enero de 1986,  fallece en Buenos Aires a los 74 años de edad.
Leonel Edmundo Rivero, es uno de los personajes más trascendentes del Tango, sin fronteras geográficas. Fue cantante, guitarrista y compositor. El estilo de su voz revolucionó el ambiente por ser poco común, pero perfectamente armoniosa con el Tango. Su padre lo inició como guitarrista y estudió canto en el Conservatorio Nacional de Buenos Aires. Se presentó en recitales como guitarrista y fue músico estable de la Radio Cultura. En 1937, Julio de Caro lo convocó a su orquesta como vocalista. Desde 1944 hasta 1947, integró la orquesta de Horacio Salgan, cantando en programas de radiodifusión de Buenos Aires.
A partir de 1947 acompañó a Aníbal Troilo y grabó por primera vez en los estudios Víctor las canciones Yira-yira, El último organito, El milagro y su sobresaliente versión del Tango Sur. Su voz de bajo, tan profunda como constante y grave, inició una auténtica evolución en la música porteña, muy comúnmente avasallada por tenores y barítonos. Las interpretaciones plasmadas con su personalidad de clásicos como Malena, Nostalgia y El bulín de la calle Ayacucho lo inmortalizaron. Especialmente por su voz sumada al uso del lunfardo.
En 1959 dio funciones durante ocho meses en España. Entre los años 1965 y 1967 actuó en el Lincoln Center de Nueva York, EE.UU. Viajó también para varias presentaciones a Japón, donde recorrió muchas ciudades en las que brindó exitosos espectáculos. Su discografía fue muy abundante.

Jorge Luis Borges
Jorge Francisco Isidoro Luis Borges (Buenos Aires, 24 de agosto de 1899 – Ginebra, 14 de junio de 1986) fue un escritor argentino, uno de los autores más destacados de la literatura del siglo XX. Publicó ensayos breves, cuentos y poemas. Su obra, fundamental en la literatura y en el pensamiento humano, ha sido objeto de minuciosos análisis y de múltiples interpretaciones, trasciende cualquier clasificación y excluye cualquier tipo de dogmatismo.
Se lo ha presentado como uno de los eruditos más grandes del siglo XX, lo cual no impide que la lectura de sus escritos suscite momentos de viva emoción o de simple distracción. Ontologías fantásticas, genealogías sincrónicas, gramáticas utópicas, geografías novelescas, múltiples historias universales, bestiarios lógicos, silogismos ornitológicos, éticas narrativas, matemáticas imaginarias, thrillers teológicos, nostálgicas geometrías y recuerdos inventados son parte del inmenso paisaje que las obras de Borges ofrece tanto a los estudiosos como al lector casual. Y sobre todas las cosas, la filosofía, concebida como perplejidad, el pensamiento como conjetura, y la poesía, la forma suprema de la racionalidad. Siendo un literato puro pero, paradójicamente, preferido por los semióticos, matemáticos, filólogos, filósofos y mitólogos, Borges ofrece — a través de la perfección de su lenguaje, de sus conocimientos, del universalismo de sus ideas, de la originalidad de sus ficciones y de la belleza de su poesía — una obra que hace honor a la lengua española y la mente universal.
Ciego a los 55 años, personaje polémico, con posturas políticas que le impidieron ganar el Premio Nobel de Literatura al que fue candidato durante casi treinta años, Borges siempre soñó con que la posteridad le perdonara sus errores y le concediera la gloria de que se lo recordase por sus mejores textos.
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