Alfredo Zitarrosa – Que debo hacer

       

   

Qué debo hacer, amor, para que tú
comprendas que mi amor ama tu juventud;
que te está amando hoy más que mañana, sin amor.
Qué debo hacer para que en tu jardín
cultives una flor extraña para mí;
yo ya no puedo amar mejor a nadie, sólo así.
Qué debo hacer, amor, para creer que en tu pasión
no vive alguna otra mujer
que se parece un poco a la que evoco sin querer.
Amar, amor, no es sólo amarme a mí,
debieras conocer toda mi vida gris,
madero ardiendo ayer, quedan cenizas para ti.
Qué puedo hacer, amor, sino morir,
para que, amándome, al fin dejes de sufrir;
cuidando tu cariño como un niño fui feliz.
Amor no vuelvas a querer así,
debes hacerte fuerte, yo debo partir;
tu corazón sin dueño en otro sueño ha de latir.

Alfredo Zitarrosa

Nació en Montevideo, Uruguay, el 10 de marzo de 1936, murio en la misma ciudad el 17 de enero de 1989.

Hijo natural de Jesusa Blanca Nieve Iribarne (Blanca), que con 19 años lo dio a luz en el Hospital Pereira Rossell, de Montevideo, es anotado como Alfredo Iribarne. A poco de nacer, en circunstancias especiales, su madre lo “dio a criar” al matrimonio compuesto por Carlos Durán, hombre de varios oficios, y Doraisella Carbajal,  viviendo en diversos barrios de esa ciudad, trasladándose luego, entre 1944 y fines de 1947, al pueblo de Santiago Vázquez
Su vida en una zona rural del país hasta su adolescencia, influye notoriamente en lo que será su repertorio, esencialmente de raíz campesina. 
Se inicia como cantor profesional en el Perú, en 1963, cuando a instancias de un amigo suyo se presenta en un programa televisivo de la ciudad de Lima. Durante su viaje de regreso al Uruguay, canta en un programa radial de la ciudad de La Paz, Bolivia. 
Hasta entonces se había desempeñado como periodista y locutor radial, trabajando en varias emisoras de Montevideo. 
Más tarde sería un brillante cronista del célebre semanario “Marcha”, dirigido por Don Carlos Quijano. 
La difusión radial sorpresiva de algunas canciones que había grabado a instancias de sus amigos, compañeros de labor, caló hondo en el público oyente, identificado profundamente con su canto, que parece encontrar en Zitarrosa una voz honesta y una forma de cantar “a lo uruguayo”, que da comienzo a una relación que no quebrará ni la propia muerte. 
Adhirió al Frente Amplio de la izquierda uruguaya, lo que le valió el ostracismo y finalmente el exilio durante los años de la dictadura. Sus canciones estuvieron prohibidas en Argentina, Chile y Uruguay durante los regímenes dictatoriales que gobernaron esos países. Vivió entonces, sucesivamente, en Argentina, España y México, a partir del 9 de febrero de 1976.
Levantada la prohibición de su música, como la de tantos en la Argentina luego de la Guerra de Las Malvinas, se radicó nuevamente en Buenos Aires, donde realizó tres memorables recitales en el Estadio Obras Sanitarias los primeros días del mes de julio de 1983. Casi un año después volvió a su país, donde tuvo una histórica y masiva recepción el 31 de marzo de 1984, la que fue descripta por él mismo como «la experiencia más importante de mi vida»
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