Victoria Birchner y Juan Falú – Donata Suárez

B_Argentina

Donata Suárez, camina
sobre la arena sus pasos
son un cuenco de rocío
cantan sólo para ella,
las endechas de los mirlos
Donata Suárez, camina.

Donata Suárez, camina.
Mil escobas de pichana
van barriendo las espinas,
soles sueltan a sus pasos
las encendidas jarillas.
Donata Suárez, camina.

Donata Suárez, camina.
Dejan de rumiar sus sueños
Si es que la miran los chivos,
erguidos en sus dos patas
ya soplan el caramillo.
Donata Suárez, camina.

Yo la espero, aquí callado
rogando a Dios que me mire.
Siento susurrar al aire
los pliegues de su vestido
sólo me queda en el alma
su perfume de membrillo.

Donata Suárez, camina.
Brinca por dejar sus cauces
y la vi pasar el río
como no puede seguirla,
corre a llorar su destino
Donata Suárez, camina.

Donata Suárez, camina.
El yuchán tiñe sus flores,
remedando sus mejillas
es una diosa pagana
hasta cuando vá de misa.
Donata Suárez, camina.

Donata Suárez, camina.
Sombra y luz le van dejando
los álamos del camino,
de a ratos trepa a los cerros
el relincho de un padrillo
Donata Suárez, camina.

Letra: Carlos Herrera / Música: Juan Falú


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Victoria Birchner y Juan Falú

Victoria Birchner nació en Rafaela, Santa Fe, Argentina, el 14 de febrero de 1991. Inició su camino en la música a los 14 años en la escuela “22 de noviembre” de su ciudad y egresó tres años después en la especialidad Canto.

Desde el año 2008 hasta comienzos del 2013 conformó el dúo Birchner-Carlini (voz-guitarra) abordando un repertorio de música argentina y latinoamericana, y acercándose además con mucho respeto al tango en repetidas oportunidades.

En 2009 comienza sus estudios de canto lírico en la Escuela Superior de Música de la Universidad Nacional de Rosario, ciudad en la que reside hasta el día de hoy. En los meses de abril y mayo del 2013 participó de la grabación del disco “Ramita nueva”, homenaje al pianista rafaelino Remo Pignoni.

En el año 2014 fue ganadora en la sede del pre-Cosquín de Gálvez representando a la ciudad luego en la plaza Próspero Molina y fue seleccionada como una de las tres mejores solistas vocales de la competencia.

Desde mediados del 2013 Victoria transita su carrera como solista abordando preferentemente la música y la poesía argentina.

Compartió escenario con músicos como Carlos Aguirre, Fernando Cabrera y Cecilia Todd y cantó junto a reconocidos artistas como Laura Albarracín, Ángela Irene, Roberto Coya Chavero, Juan Falú, Franco Luciani, entre otros.

Discografía:

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Memoria del viento – 2016

Victoria Birchner – Voz
Jose “Chey” Ramos – Guitarra y Arreglos
Leo Pretto – Guitarra
Franco Ochat – Percusión

 

 

 

 

Facebook de Victoria

Página de la artista

 

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Antonio Miranda – Poeta brasileño

B_Brasil

AMirandaAntonio Miranda (Antonio Lisboa Carvalho de Miranda), nació en Maranhão, Brasil, el 5 de agosto de 1940.

Miembro de la Asociación Nacional de Escritores. Fue colaborador de revistas y suplementos literarios como el suplemento dominical del Jornal do Brasil y La Nación (Buenos Aires) y Imagen (Caracas, Venezuela).

Maestro y ex coordinador del Programa Graduado de Información Departamento de Ciencias de la Información y Documentación de la Universidad de Brasilia, Brasil, da clases y cursos en todo el Brasil y los países latinoamericanos. Jubilado, es profesor Colaborador Senior, y orientador de tesis e investigaciones. También es consultor en planificación y arquitectura de Bibliotecas y Centros de Documentación.

Organizador y primer Director de la Biblioteca Nacional de Brasilia, de febrero de 2007 a octubre de 2011 y desde 2015 a mayo del 2017.

Doctor en Ciencias de la Comunicación (Universidad de Sao Paulo, 1987), un título de maestría en Ciencias de la Biblioteca de la Universidad de Tecnología de Loughborough, LUT, Inglaterra, 1975. Su formación en Biblioteconomía es la Universidad Central de Venezuela, UCV, Venezuela, 1970.


Textos del poema dramático “tu país está feliz”

Miranda los escribió directamente en castellano, cuando estudiaba en Venezuela hace más de cuarenta años. Años después los tradujo al portugués y se publicó en Brasil recién el año 1989.

Viajo tu cuerpo

Viajo tu cuerpo como un sol
que dora los contornos
suaves de tu juventud.

El paisaje en paralelo
resbalante al sol arena
oscilante al sol verano.

Velas arrugadas emergen ganando
tu cuerpo en la playa
tu cuerpo en la arena.

Las formas oblongas
las velas infladas
y ganando el mar
tu cuerpo en la arena
tu cuerpo en la playa.

Hay como que un giro
angular en estas formas
curvas cuerpo playa
inmersos, dorso, escamas
tu cuerpo en la arena
y el cuerpo en el cuerpo.

Nuestros cuerpos confundiéndose
fundiéndose en la combustión solar
la sal de nuestro éxtasis, sudor
arena y goce, orgasmo.

El paisaje en paralelo
relieves, sinuosidades, nalgas
y algas, inmersión, curvas
playas desnudas, luego aderna.

Resbalante sol arena
esquiadores
de nuevo el verano en nosotros.

Sea al mar
estillazando espumas
curvas, cuerpo, playa
inmerso, dorso
escamas, mar inmenso:
oscilante
al sol verano.

Velas arrugas emergen
ganando el mástil erecto
tu cuerpo en la playa

formas oblongas
las velas infladas
ganando el mar:
tu cuerpo en la arena.

Dorso, la piel
la brisa tangente del mar
las formas sumergidas
y el cuerpo en el cuerpo.

La forma de tu cuerpo es un espacio
por demás pensado y rumiado
lazos de tu cuerpo envolviendo
el mío, aún en ausencia.
Larga espera de tu cuerpo
y la transformación del cuerpo
en el tiempo, deseo acumulando
y explotando en dura angustia.

En los libros que leo te encuentro
en las fórmulas matemáticas
en las especulaciones filosóficas
páginas tristes que escribo.

Estás a mi alcance
y nada hay que me impida
conquistarte y convencerte
es que la victoria es derrota.

Que el tiempo sólo no basta
Ni basta la simple razón.

El mundo está lleno de palabras

El mundo está lleno de palabras
Tú consumes pan y palabras:
Democracia libertad temor
Felicidad.

El mundo está lleno de palabras…

Y tan sólo una palabra
una tan sólo
te quita la corona
o te inflama la garganta.

¡El mundo está lleno de palabras!

Voy a cerrar por inventario

Voy a cerrar por inventario.
Retiro del mostrador la mercancía quedada.
A nadie le gustó
Nadie leyó
nadie sintió.

Perdí todos los amigos,
eran malos pagadores
huyeron todos de mí.
Perdí tiempo. Perdí todo.
Pero donde perdí me salvé.

Mario prefiere los versos de amor,
Manuel los poemas del dolor,
María lee
como quien se retoca en el espejo.

Me dicen panfletario, sentimentaloide
circunstancial, y hasta personalista.
No soy como,
no llego a,
soy prolijo, sintético, seco
reaccionario, comunista, alienado.
Ateo, plebeyo, indecente.

A María no le gusta la palabra estiércol.
Luis busca lugares comunes.

Adalgisa, cansada y fatigada
Aún encuentra pecados ortográficos.

Para Mario soy cerebral, frío, geométrico
hermético: él no entiende nada.
María entiende todo y espera más.

El oro que toqué se convirtió en chatarra.
Vuelvo por los caminos andados
y ya son otro camino.

Descuelgo el teléfono,
desconecto las luces,
tranco la puerta por dentro
y destruyo el timbre.
Pero dejo la ventana abierta.

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Elisa Elvira Zuloaga – Venezuela

B_Venezuela

Elisa_Elvira_ZuloagaElisa Elvira Zuloaga Ramírez nació el 25 de noviembre de 1900 en Caracas, Venezuela, hija de Elisa Ramírez y Nicomedes Zuloaga.

Estudió en la Academia de Bellas Artes, con su hermana María Luisa Zuloaga de Tovar, bajo la tutela del artista catalán Ángel Cabré i Magrinyà.

En 1918 viajó a París para estudiar en la Académie de la Grande Chaumière, con la esperanza de desarrollar su libre expresión, mientras mantenía la tradicional sensibilidad venezolana. Su primera exposición se celebró en París en 1933.

Continuó sus estudios con André Lhote en 1935 y expuso en el Salón de los Independientes de la galería parisina en 1937 y 1939. Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, estudió en la Escuela de Bellas Artes Ozenfant en la ciudad de Nueva York con Amédée Ozenfant.

Al regresar a Caracas, en 1941, se convirtió en miembro fundador y codirector del Centro Venezolano-Americano de Caracas. Estableció su propio taller en 1942 en los jardines de la Hacienda Valle Abajo, donde el Taller de Artes Gráficas (TAGA) ahora imparte clases.

En 1946, se convirtió en una de las primeras mujeres en ocupar un cargo en el gobierno venezolano, cuando fue nombrada Directora de Cultura en el Ministerio de Educación Nacional. En 1950, regresó a la ciudad de Nueva York para estudiar grabado, tomando cursos con Johnny Friedlaender y Stanley William Hayter. Fue particularmente influenciada por el método de Hayter para la impresión en color, que a menudo utilizaba numerosas capas de pigmento y técnicas de bruñido para lograr el resultado deseado.

En la primera parte de su carrera, Zuloaga era conocida principalmente por sus paisajes, realizados en un estilo impresionista, con un equilibrio compositivo formal. Más tarde, después de sus estudios con Lhote, se alejó de las obras pictóricas. A partir de la década de 1950, produjo grabados en color de alta calidad y en la década de 1960, el trabajo de Zuloaga adquirió las cualidades de la abstracción. Vio la pintura y el grabado como disciplinas independientes, que requerían habilidades separadas para lograr el resultado deseado. Fue una de las primeras artistas en Venezuela en dedicarse al grabado como una forma de arte y su exhibición en 1963 en el Museo de Bellas Artes y la Escuela Venezolana de Arquitectura introdujo sus técnicas de grabado al público. Regresó a la pintura de paisajes en la década de 1970 utilizando una visión más poética o imaginada, que se centró en la realidad recordada de la observación, en lugar de adherirse estrictamente a copiar exactamente lo que se vio. Pilar Muñoz López, profesora y crítica de arte en la Universidad Autónoma de Madrid, ha nombrado a Zuloaga como “uno de los artistas gráficos más importantes de América del Sur”.

Falleció en Caracas el 14 de abril de 1980. Cuatro de sus obras paisajísticas se encuentran en las colecciones de la Galería de Arte Nacional de Caracas. En el año 1991 apareció un  sello conmemorativo con su imagen, emitido por el gobierno de Venezuela.


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Yamandú Rodríguez – La viudez de Larriera

B_Uruguay

525000Yamandú Rodríguez nació en Montevideo, Uruguay, el 25 de mayo de 1891, fue poeta, dramaturgo y narrador.

En 1913 comienza su producción literaria con el libro de poesías Aires de campo. Años más tarde, en 1917 da a conocer su primer poema dramático titulado 1810 en el Teatro Solís de Montevideo. Este poema que enaltece la gesta patria Argentina, concita un éxito que lo lleva a reeditarlo en el Teatro Nacional Cervantes de Buenos Aires con el elenco de Pascual Carcavallo.

Al año siguiente edita su segundo poema dramático, llamado El Matrero, el cual nuevamente suscita una gran aceptación por parte del público, y es adaptado a una ópera posteriormente por el maestro Felipe Boero, convirtiéndose de esa forma en la primera ópera argentina. La misma fue ejecutada en el Teatro Colón de Buenos Aires.

En años posteriores daría a conocer obras como La lanza rota, Juan Sin Tierra o El fraile Aldao, lo que sumado a sus dos éxitos anteriores terminaron por erigirlo en uno de los dramaturgos más importantes de Argentina y Uruguay.

En 1925 publicó una serie de cuentos en la revista El Suplemento (dirigida por Miguel Sanz), la mayoría de los cuales nunca fueron recogidos en libro. A fines de ese año edita un libro de cuentos gauchescos llamado Bichitos de Luz. Posteriormente edita otros libros del género como Humo de Marlos, Cansado y Cimarrones, en los que se puede apreciar una gran capacidad narrativa.

En 1932 realiza una gira por pueblos del interior del Uruguay junto a Felisberto Hernández, en el cual este último tocaba el piano y Rodríguez recitaba sus poemas. Al año siguiente y debido al éxito obtenido en esta gira, presentan este espectáculo en el Teatro París, de Buenos Aires.

En 1935 comienza a apoyar con sus relatos a la joven publicación Leoplán dirigida por Ramón Sopena.

Fue contemporáneo de Carlos Reyles, Justino Zavala Muniz, Horacio Quiroga, Enrique Amorim, Francisco Espínola, Víctor Dotti y Montiel Ballesteros, y al igual que ellos, fue pieza esencial de esa generación de creadores literarios del Uruguay.

Falleció en Montevideo el 15 de marzo de 1957.


La viudez de Larriera

Primitivo Larriera lleva cincuenta y tantos años mirando atardeceres. Sólo por excepción ha perdido algunos, con el “chala” en una “punta” de la boca para que no estorbe el paso de cuento, interjección o suspiro; siempre lo “agarra” el crepúsculo. Ha visto ponientes de todo “pelo”, desde el tímido otoño, cuando la tarde palidece y se “dentra” con una vinchita “punzona”, hasta el majestuoso tramonto estival, donde el día muere a lo varón, como esquilador herido entre vellones que salpica de sangre. No se acostumbra a ellos. En su niñez les temía. Cuando adolescente le anunciaron la hora del locro y, ya novio, la del adiós. En la madurez aprovechaba el flechillal del poniente para pastorear recuerdos que la oración convertía en estrellas. Hoy, cincuentón, el tramonto le sorprende con miedo, hambre, malicia y melancolía, todo a un tiempo. Se niega a envejecer. Regaló la tropilla de sus recuerdos, porque todos porfiaban hacia la querencia. Desea seguir adelante. Le duele acampar en lo vivido. Su melancolía no es sonaja llorona de lazo tendido sobre el anca. Nace del pucho de porvenir, de lo que espera aún, del camino que presume demasiado corto… Está más muchacho que nunca, lleno de disparates y arrepentimientos. Reverdece. Es flor todavía. Flor de zapallo. No sirve para adornar la trenza de ninguna romántica; pero cualquier china seria, formal, de su casa, si la cultiva y deja que la flor se haga carne dulce, puede alimentarse con ella. Como es natural, Larriera ya no habla más que a los estómagos. Más éstos mantienen el corazón, según se ha dicho. He ahí cómo la emoción tardía de Primitivo llega por las cocinas a las tranqueras. Tenía una cocinera moza, apagada y bonitilla. La mantuvo con palabras y sueldo. Era ambiciosa la peona: quiso llevar el fogón a la sala. Larriera se opuso. Entonces ella resolvió ofenderse. A poco, su agravio se hizo venganza y ésta tuvo bigotes, ojos castaños y poncho calamaco. Se parecía mucho a Julián Arroyo, peón de la estancia. Una noche, Primitivo vio a la venganza entrar agachado en la alcoba de la cocinera. ¿El galán pretendía pasar por lobizón? La estancia vieja había tenido una familia de ellos. Al más audaz Larriera le sorprendió con un cuero de oveja en la bolsa. Deshizo la nidada sin dejar un solo huevo. Seguro estaba de haber acabado con aquellos “pájaros”. Por eso, tranquilo, sin ningún “santiguao”, pero armado de positivo garrote, entró en el dormitorio de Robustiana. De un palo por poco deja seca el Arroyo aquél, y esa misma noche, la cocinera, llorosa, abandonaba el establecimiento. Primitivo no creía en duendes ni en arrepentidas. La experiencia le movió a medicinar al derrengado peón. Consideraba con dolor viejo, que en lances de brujerías el varón es el menos culpable, aun cuando la vanidad suele asegurarle lo contrario. Por eso le curó con gusto de unto sin sal. En su concepto, Arroyo había saldado la deuda. Él puso el garrote, el otro el costillar: estaban a mano. Cuando, ya restablecido, Julián pidió su cuenta para marcharse, él se opuso. Su rival continúa en “las casas”. Robustiana fue puesta fuera de ley. Al irse dejó dos vacíos: la olla y el capricho del patrón. Primitivo se apresuró a rellenar el primer hueco. Llamó a “Pirincho”, su ahijado, entenado o hijo, de lo cual ni él mismo está muy seguro, y le mandó al rancho de los “ingleses”. Llama así a una familia de negros que poblaron en la orilla del campo. Una morena con ojos de pascuas y trompa de viernes santo, se encargó de la cocina. El segundo agujero dejado por la peona, quedó sin rellenar. Quien cuenta medio siglo de feo y un año de viudo, no dispone, por lo común, de otro camino sentimental que el de las segundas nupcias. Primitivo contaba con ése y con alguno que otro campo traviesa. No quiere volver a casarse y el “feo” de Robustiana le quitó su afición por los atajos. Resolvió poner nudo a las diabluras. Aprovechó esa llave falsa para cerrar el último capítulo de su novela. Tiene páginas felices en el libro y páginas amargas… Casi todas sus heroínas son del tiempo en que las mujeres usaban una trenza y una palabra y faltaban a ella como ahora; pero con más recato. Para pasar de una hoja a otra, humedeció los dedos a veces en lágrimas y a veces en sangre. En una se detuvo a releer hasta que la aprendió de memoria. Casó. Y luego, cuando se aburría, que en su opinión era casi enviudar, inició nuevos episodios que su consorte llenaba de puntos suspensivos. En eso continuó hasta que Robustiana le mochó los puones. Por su culpa, Primitivo ha soltado sin bozal su caballo “de ancas”. Desde que la moza se fue, atardece junto con la tarde. Pita para tener una estrella, suspira y duda. Hoy ni siquiera fuma. Hace rato que la tarde se apagó y su pucho también. Allá arriba empiezan a desparramarse sus luces. En la vía láctea queda el grueso del rodeo; pero las siete cabritas han hecho “punta” y cuatro tordillas se alejan en cruz hacia el sur. Primitivo no las costea. Ni siquiera las mira; y de todo esto tiene la culpa el correo que a las seis llegó con carta de Robustiana. Larriera deja el patio, entra en el comedor donde Pirincho desde hace una hora espera para escribir al dictado la contestación, y vuelve a leer la misiva:

“Patrón:

La presente tiene por motivo hacerle conocer la situación en que me veo por culpa e mi mala cabeza. Olvidé, sí, lo mucho que debo a su generosidá, y la que fue casi una hija pa usté, hoy se halla muy comprometida pa salir del paso. No quiero mentar lo mucho que lo extraño y las privaciones que’ pasao; porque conozco su güen corazón y no quiero golver a su estancia por lástima, sino como perdonada. Estoy en lo de mi hermana Casilda en la costa del “Guarilay”. La pobre es muy gaucha, pero no así su esposo, joven largo de manos y no mal parecido, quien pretiende cobrarme la comida. Usté me conoce, patrón, y sabe que una muchacha honrada como su servidora, antes se deja morir de hambre por los caminos que cair en falta. Pero la necesidá, lo que se llama necesidá, es muy hereje, muy indecente y no hay que ponerla tan a prueba. De este mal a que me veo espuesta, sólo puede sacarme en ancas una palabra suya. Si la meresco entuavía, escriba en un papel: “vengase”. Nada más. Eso basta pa que al otro día, me tenga en la estancia…”

Primitivo estruja la carta. La tira a un rincón y empieza a pasearse por el cuarto. Responderá. Busca la palabra más elocuente. Asómase al marco de la ventana, como si la respuesta estuviese escrita en el pizarrón de la noche. Mira luego al amanuense. “Pirincho” traga saliva, baja los ojos, se agacha…

—¡Escribí! —ordena al muchacho.— “China: la dispreceo”.

La moza quería una palabra y él le manda tres.

Mas no está conforme con la respuesta. Tal vez la frase refleje su estado de espíritu. Quedó muy lastimado. Lo está aún. Cuando el gurí repite lo escrito, Larriera se pregunta cuál es la razón de ese desprecio, dónde finca. Si se refiere a Robustiana cocinera, la frase no dice la verdad. Ninguna peona ha sabido como ella espolvorear de canela una mazamorra, ni hacer de cada pastel de hojaldra un verdadero librillo. No conocerá la vergüenza, pero la cocina, sí. Como tal, no merece desprecio. Ahora falta averiguar si como mujer lo merece. Una tardecita, Primitivo, en lugar de tomar el mate, le tomó la mano. Ella no advirtió la equivocación, ni él tampoco. Ambos estaban muy entretenidos en elegir nubes encendidas. Jugaban a “cuála” se apagaría primero. Larriera ganó. Era baquiano en incendios crepusculares. Cuando la peona intentó retirar su diestra cautiva, recordó la viudez del atrevido y dio por perdida aquella primer “mano”. Esperaba ganar la otra ante el Juez. Estableció condiciones. El establecimiento está situado a igual distancia de la iglesia que de la comisaría. El pleito debía terminar en bendición o escándalo. Si el cura no les hacía la cruz, ella haría la cruz a su patrón, por diablo canoso, con cara de hombre serio y atrevimientos de muchacho. Primitivo le prometió el altar y hasta la pila. Luego, faltó a su palabra y ella a su propósito. ¿Por qué, si no desprecia a la cocinera, “desprecea” a la pobre moza? ¿Será porque ella tuvo la desgracia de tropezar con su rabo y caer? No pudo ocurrir de otro modo. Robustiana, acosada, borracha, para defenderse de su simpatía, cerró los ojos; pero olvidó taparse las orejas. Por el conducto auditivo el sitiador hizo entrar sus razones en fila india, de punta, afiladas, intencionadas, irresistibles: piropos, quejas, arrullos. Entre adjetivo y adjetivo escalonó suspiros hondos. Tras éstos hizo avanzar consonantes, frases veteranas de efecto infalible, flechas venenosas, avispas de aguijón dulce que zumbaron músicas de siesta. El enjambre, el bochorno y el destino hicieron lo demás. La inocente, escuchó. Era curiosa, y Larriera, ladino. Por su parte, el Señor no puso párpados en el oído de sus criaturas. Él sabrá por qué. Mandinga también lo sabe. Entonces, ¿por qué culpar a Robustiana? Por entre estos escrúpulos se abre paso la cara de Julián Arroyo. Con él la moza sólo ejerció venganza. Esta afirma la existencia de cariño. ¿Entonces Larriera desprecia a la pobre paisanita porque le amó?

—¡Borra eso que escribiste, Pirincho! — ordena.

—¿Y qué pongo, padrino?

—Escriba: —dicta— “Mujer, usté me ha faltao muy feo”.

Después de soltarla, encuentra que tampoco le gusta esa contestación. En primer lugar tiene sobra de palabras. Desearía encontrar una, sólo una, monosílaba, negativa, terminante. Pensó en el “no”, entre dos signos de admiración, puestos como estacas. Para que así, aun seco, no se arrolle; pues necesita que permanezca estirado en el tiempo. Se niega a usarla; porque tal respuesta carecería de color burlesco. Desea colocar entre Robustiana y él la distancia que separa a un estanciero de marca de una china “orejana”. Se arrepiente de no haber sabido guardarla, “culpa” de su corazón democrático. Busca insultos. Refuga los primeros que se le ocurren. Son demasiado ásperos, resortes para hacer saltar varones. Tienen punta y filo. No puede desenvainarles contra una dama. Después de todo, Robustiana es mujer y carece de hombre que “saque la cara” por ella. El marido de Casilda es un “descarao”, según de la carta se desprende, y Julián Arroyo prefirió la “salú” a jugarse por la moza. Larriera continúa apartando insolencias. Ninguna le conviene. Desea, necesita ofender a la ingrata y al mismo tiempo sugerir el sabor melancólico de un romance “pasmao”. “Usté me ha faltao muy feo”, repite diez veces seguidas. Pero, en verdad, él la faltó primero. Estaban en paz. ¿Por qué prometió casarse con ella, sabiendo que no puede hacerlo? Debe quedar en viudo por respeto a su finada. En el lecho de muerte, ésta le arrancó tal juramento que ha de cumplirlo. Si es cierto que el ánima de los difuntos vaga por los sitios donde moraron y asisten invisibles a los actos de sus deudos, la extinta no podrá llamarse a engaño. Primitivo no volverá a casarse. Para evitar malas interpretaciones, usa en el guardapelo del reloj, un retrato de la muerta. Así la lleva con él a todos los peligros. Por tan sagrada razón engañó a Robustiana. ¿Con qué derecho la enrostra faltas?

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Danay Suárez – Yo Aprendí

B_Cuba

Yo aprendí que la mayoría de las veces
Las cosas no son lo que parecen
Que somos una especie que se especializa en mentir
Para así construir un porvenir con mentiras.

Cuenta cuantas veces hacemos desaparecer
Con solo una frase lo que no quisiéramos perder
Se nos va la vida, estamos dejando correr
El tren con el amor que sólo pasa una vez

Yo aprendí a no burlarme de nadie con arrogancia
Porque yo no sé cuáles serán mis circunstancias
Y la elegancia, sólo es cosa de ego
La ropa con la que mejor me veo es la del alma

Yo aprendí que la calma es buena consejera
A la hora de tomar decisiones certeras
Que yo no soy la más lista
Pero con el oportunista debo ser una fiera

Yo sé que uno se puede equivocar
Como un ser humano normal
Que tiene mucho valor que te perdonen
Pero más perdonar
Que no se puede pisotear la palabra
Pisotear la moral
Que el amor no basta cuando el respeto no alcanza
Es como arar en el mar

No soy mejor que nadie, nadie es mejor que yo
Aunque yo no entienda como todos quieren parecerse
Como la gente se clona pierde su propia voz
Y no saben hacia dónde caminar al levantarse

Yo aprendí que querer saber todo lo que piensan
Con respecto a mí, es ser mi amenaza
Es abrirle la puerta a la envidia y
Decirle: Cómo está señora?, entre, está en su casa!

Que pasan las cosas
Pero los errores pesan, porque luego se arrastran
Porque luego te aplastan como cadenas del alma

Yo sé cómo se extraña a un hermano cuando te hace falta
Yo sé a veces, el que más sufre, el que más te ama
Yo sé que tendré otras madrugadas donde no tengo ni almohada
Ya yo comprendí que la vida es linda pero no es un cuento de hadas

Yo sé que uno se puede equivocar
Como un ser humano normal
Que tiene mucho valor que te perdonen
Pero más perdonar
Que no se puede pisotear la palabra
Pisotear la moral
Que el amor no basta cuando el respeto no alcanza
Es como arar en el mar


Danay

Danay Suárez Fernández. Cantante cubana de Rap, Jazz, Hip Hop, Reggae y Música tradicional. Nació en el Cerro, Ciudad de la Habana, Cuba en el año 1985.

Desde sus inicios como activista de la nueva generación del rap underground cubano y su primera aparición en la compilación-documental Calle Real 70 no ha hecho más que evolucionar en el más puro sentido artístico. Estudió programación y es el único músico en la familia.

Comenzó a rapear por accidente, escribiendo sobre cosas que le importaban, inventando rimas.

Cuando tenía 15 años la invitaron a participar en un concierto en el Teatro Nacional de La Habana donde tuvo que cantar de espaldas al público de lo nerviosa que estaba. Siguió cantando en conciertos organizados por la Agencia Cubana de Rap, la institución que promueve el hip-hop en Cuba. Después empezó a trabajar con Aldo, una mitad del dúo de rap underground Los Aldeanos. Aldo la ayudó a grabar y producir sus propias canciones Libre, Individual y canta con él en algunas de sus canciones.

En 2007, Danay juntó muchas de sus demos y fue a ver a la superestrella de la fusión cubana X Alfonso, ya que era la única persona en Cuba que ella creía que entendería lo que quería hacer, y este unos días después la acogió. Desde este punto comenzó una nueva etapa de su vida en la cual hasta la fecha no he dejado de trabajar con él.[Los cubanos la describen como la representante del hip-hop consciente femenino en Cuba, con una voz exquisita y las letras más inteligentes.

Ha compartido escenario, en distintos momentos de su carrera, con Julio Padrón, Roberto Carcasés, Hernán López Nussa, Javier Salva, Omara Portuondo, Chicoy.

En 2017, logró un premio especial en Viña del Mar equivalente al primer lugar del evento, pese a cambiar en vivo la letra de la canción Yo aprendí— uno de sus caballos de batalla—, lo que sabía la llevaría a la descalificación al quebrantar las bases del concurso. Pero finalmente el jurado le otorgó un inédito premio por «la inspiración»,

Danay, que se mueve además en los terrenos del jazz y rhythm and blues, es un símbolo del rap en la Isla y ha puesto en circulación los discos Polvo de la Humedad, Havana Cultura Sesssions y Palabras Manuales, atravesadas por canciones que funcionan como crónicas de distintas etapas de su vida, su personalidad y su visión de la realidad cubana.

Dentro del movimiento underground sus más cercanos colaboradores han sido: Papa Humbertico, Raudel, Los Aldeanos, Explosión Suprema, Anónimo Consejo, Krudas, Magyorie Epg, El Lápiz.

Ha actuado en sus giras europeas en diferentes ciudades como Londres, París, Ámsterdam, Berlín, Estambul y en otras de Latinoamérica como México.

Danay, ícono Rap en Cuba y sensación de la edición 18a. entrega del Latin Grammy 2017 , se encuentra entre los músicos cubanos más nominados del certamen con cuatro categorías.

Discografía:

Polvo de la humedad: su primer disco solista, 2011

Palabras Manuales, 2017.

Pueblo Abipón – Gran Chaco

B_Pueblos Originarios

Tobas y Mocovíes los llamaron Callagaik. Los Vilela, Luc-uanit: “los que viven al sur”. Los españoles, Callagaes.

Hábitat: Habitaban la ribera norte del Bermejo inferior. A comienzos del siglo XVII adoptaron el caballo traído por los españoles, extendiendo sus correrías desde el Bermejo hasta Santa Fe, y desde Santiago del Estero hasta el río Paraná.

Área Cultural: Gran Chaco (América del Sur).

Pertenecían al grupo cultural Qom

Lengua: Abipón, del grupo de lenguas guaycurúes.

El jesuita Martín Dobrizhoffer que misionó a los abipones entre 1750 y 1766, distinguió tres parcialidades:

  • Riikahé o gente del campo.
  • Jaaukanigás o gente de agua.
  • Nakaigetergehé o gente del monte.

Los Jaaukanigás, se originaron con la integración de los mepenes del litoral, que fueran dispersados por los españoles. A pesar de su separación geográfica, los tres grupos componían una cultura, con una lengua y comportamientos sociales comunes, según Dobrizhoffer: “… tendrían el mismo tipo de vida y de costumbres y la misma lengua. Llama la atención la concordia que existía entre ellos, la estable alianza cada vez que se presentaban algún problema contra el español al que consideraba enemigo innato …”

Aspecto físico

Dobrizhoffer los describe: “… casi todos son de tal estatura que podrían formar parte del batallón de pyrobolarios austriacos…”, “…Son casi siempre de formas nobles, rostros hermosos y rasgos similares a los europeos …”. y agrega que son muy proporcionados y carecen de deformaciones, no tienen joroba, papada, labio leporino y abdomen hinchado. Generalmente poseen nariz aguileña.

Pedro Lozano en Gran Chaco Gualamba, escribió: “Dichos Abipones andan totalmente desnudos, aunque las mujeres se cubren con mantas de pellejos bien aderezados, a que llaman queyapí. Usan las armas que todos los del Chaco, y se pelan la cabeza al modo que los Guaycurús, aunque el cabello, que les queda algo largo, lo atan atrás con una trenza, porque no les impida cuando anclan en el agua, que es muy de ordinario, por ser grandes nadadores. Son de grande y fornida estatura, y bien agestados, pero se labran la cara y cuerpo, y se embijan, con que encubren la blancura natural. Taládranse el labio inferior de que pende un barbote o como acá llaman mbetá.”

Organización social y política

Rara vez se casaban antes de los 20 años. El adulterio, la fornicación promiscua y el incesto no existía. Cuando alguno pretendía una muchacha para mujer, debía tratar con los padres y convenir el pago de la dote (tejidos, puntas de lanza, collares, etc.).

La costumbre criar a los niños dándoles en pecho durante tres años, período en el cual no se juntaban con los maridos, era causa de divorcios e infanticidios.

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Abipones del Chaco, con armas y corazas de cuero de jaguar.

Formaban sus ejércitos en cuadros, en el centro se colocaban los arqueros y a los costados los lanceros. El jefe de cada escuadra se colocaba al frente de sus hombres. En la ilustración de Dobrizhoffer se observa esta distribución. En el centro el que comanda a los arqueros lleva una flecha en la mano derecha y el arco en la izquierda. A un costado el carcaj que era construido con la misma técnica con la que se hace un canasto tejido con pajas. Los tres llevan además del arma que los identifica, las cornetas con las cuales daban por iniciado el combate.

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El significado de los tatuajes, no solo era para adornar la cara de hombres y mujeres, sino que eran indicadores de la pertenencia del individuo a una familia de la nobleza indígena o del rango militar de los jefes. Al referirse a las mujeres tatuadas, Dobrizhoffer dice:”… aquella que fuera más pintada, la reconocerás como patricia y nacida en un lugar noble”.

 

La mujer abipona era muy trabajadora: cuidaba los hijos, cocinaba, buscaba la leña, acarreaba el agua y preparaba la chicha. Confeccionaba las prendas y los productos de alfarería. También eran las encargadas de organizar los ceremoniales.

Los hombres, fuera de los tiempos de guerra, eran haraganes, se entretenían por las tardes en hacer alardes, los muchachos se ejercitaban desde el amanecer corriendo. Eran muy afectos a la embriaguez, en cambio las mujeres eran abstemias y les escondían las armas para que no se maten.

El poder político no estaba unificado, cada banda tenía un jefe -hombre o mujer-: Nelar’eyr’at (cabeza). Este cargo era hereditario, aunque podía ser removido por sus súbditos.

El candidato era sometido a una serie de pruebas de valor físico. Un día antes de la ceremonia de los honores militares, las mujeres de la comunidad se concentraban frente a la choza del elegido en horas de la tarde. Allí iniciaban una larga danza con cánticos y sonidos musicales. Al día siguiente, vestido en forma solemne sube a su caballo que se encuentra totalmente cubierto de plumas, campanitas y placas brillantes. Con la lanza en la mano, emprende una veloz carrera hacia el norte, seguido de todos sus soldados. Luego por el mismo camino regresa a su lugar de partida, allí una sacerdotisa lo espera. Baja del caballo y recibe la consagración que consiste en una oración que la misma recita solemnemente. Monta de nuevo y seguido por sus hombres emprende veloz carrera hacia el sur, hacia el este y hacia el oeste. Terminando este recorrido simbólico, que cubre los cuatro rumbos del universo, el jefe baja de su caballo, la sacerdotisa le afeita el cabello desde la frente hasta la nuca, dejándole un surco de unos tres dedos de ancho. Al finalizar el corte, la misma mujer, a viva voz explica a los demás sus virtudes y fundamentalmente sus hazañas militares. Finalmente le adjudica un nuevo nombre. Todo termina con un brindis que se encuentra preparado en un lugar cubierto de pieles en donde se colocaban vasijas con bebidas de miel.

Su mando era precario. No siempre lo obedecían; si no cumplían con lo que se les solicitaba, renegaban de su autoridad. En sus borracheras hasta los solían matar.

Guerra

Los abipones eran famosos por su espíritu guerrero. Desde pequeños los preparaban para el combate, acostumbrándolos a punzarse y lastimarse el cuerpo para no sentir dolor. Los jóvenes corrían desde el amanecer para mantenerse ágiles.

Antes del combate afeaban sus rostros para infundir espanto a los enemigos y celebraban un gran festín, las promesas que hacían borrachos, las cumplían cuando estaban sobrios.

Lozano, nos cuenta: “Cuando salen a la guerra se punzan muy bien la lengua, y con aquella sangre se untan todo el cuerpo, y sobre este matiz hacen mil labores con carbón, y de esta suerte, dicen ellos con el dolor que llevan, que cuanto topan lo destruyen sin distinción de edad o sexo, y su mayor alabanza es matar a cuantos más pudieren, y según el número de los que hubieren muerto, se les permite poner otras tantas plumas en el dardo.”

Breve reseña histórica

Resistieron la conquista española bravamente. En 1641 los abipones ya habían adoptado los caballos que llevaban los colonizadores y se transformaron en los indómitos centauros del Gran Chaco.

En todo el curso del siglo XVII fueron incasables hostigadores de los españoles y en parte del XVIII -ya desgastados- no se dieron por vencidos y continuaron en su lucha. Los ataques abipones eran temidos en las ciudades de Salta, Jujuy, Tucumán, Santiago del Estero, Córdoba, Santa Fe, Corrientes y Asunción.

Las fuerzas españolas -reforzados con bandas guaraníes- los fueron acorralando. Hacia fines de la primera mitad del siglo XVIII, grupos de abipones fueron reducidos en misiones jesuitas (ver abajo). Tras la expulsión de los jesuitas, las reducciones abiponas se fueron despoblando hasta ser abandonadas en 1768. Durante el siglo XIX la cultura abipona fue desapareciendo, diezmados en enfrentamientos y absorbidos paulatinamente.

Hacia la mitad del siglo XIX todavía quedaban grupos abipones en el norte de Santa Fe y posiblemente se los encontraba aun a finales de ese siglo, de modo que Charles Darwin pudo hacer referencia escrita de ellos en With the Abipones (Con los Abipones) señalando que practicaban el infanticidio. Absorbidos paulatinamente y diezmados en los enfrentamientos armados, hoy se los considera extinguidos, pero según algunas fuentes, en la actualidad se pueden encontrar descendientes -con el nombre de “collages”- en el sureste de Formosa. Familias aisladas descendientes de abipones existen en la provincia de Santa Fe, aunque no se ha restablecido su identidad cultural

Idioma

 El Abipon -extinto- perteneció al grupo de lenguas guaycurúes. Una “lengua prima hermana de la mocoví y la toba” según Lafone Quevedo,

 Funeraria Abipón

 Los ajuares mortuorios de los abipones, nos hablan de su creencia en la vida después de la muerte. Las ofrendas y ritos, indican la importancia atribuida a la continuación de la existencia.

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Tumba exhumada en el Arroyo Aguilar, cerca de Reconquista. El individuo está acostado, boca arriba, con los brazos extendidos a ambos lados del cuerpo. En la cabeza se observa un vaso de cerámica que fue colocado a manera de corona.

Los muertos eran tratados con sumo respeto, el elaborado ceremonial estaba a cargo de las mujeres. Tenían la creencia que el hombre estaba compuesto por un cuerpo mortal y un alma inmortal, así lo expresa el padre Martín Dobrizhoffer: “… tienen la innata convicción de que al morir el cuerpo no muere el alma …”.

Los entierros eran de dos tipos: Uno, primario, donde el cuerpo era enterrado sin alteraciones, el otro, secundario, donde el cadáver era descarnado y luego colocado en una bolsa de cuero. Esta práctica se utilizaba cuando el individuo moría lejos de su hábitat, sobre todo era común en los traslados de los guerreros que fallecían en combate, los compañeros o familiares nunca abandonaban a sus deudos después de la pelea. Para poder llevarlos al lugar sagrado primero lo procesaban ya que las distancias a veces exigían marchas de varias jornadas.

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Vaso sagrado, rescatado en enero de 1976 en el Sitio de Arroyo Aguilar I. Tiene una forma semiglobular, similar a una calabaza. En la parte superior una guarda en trazo continuo rodea todo el borde, en el centro un extraño dibujo geométrico parece ser la estilización de una figura zoomorfa. Se encontraba depositado cerca de dos tumbas.

Cada tumba tenía sus ofrendas. Cuando enterraban a los sacerdotes o individuos de dignidad. elaboraban vasos ceremoniales que expresaban el sentimiento y la delicadeza del arte de sus artesanos.

El Padre Martín Dobrizhoffer, lo cuenta: “Una de las rarezas de los abipones, … es depositar al lado de los sepulcros ollas, vestidos, armas y caballos, …”. El sentimiento puesto en estas actividades se deduce cuando dice “es increíble con cuánta religiosidad los abipones rinden honores a sus muertos antes sus sepulcros”.

Los cementerios, en túmulos, generalmente estaban alejados de los asentamientos, porque no se debía interrumpir el descanso de los antepasados y porque los espíritus de los muertos podían andar como sombra entre los árboles.

Durante las noches el eco de los difuntos podía escucharse cuando una bandada de patos volaba en la oscuridad emitiendo su canto, los abipones creían que eran los lamentos de los espíritus que deambulaban por sus antiguos territorios.

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Vaso campana rescatado en Laguna El Cristal, Santa Fe. Tiene dos cabezas de loros y una sola cola; muy gruesa y elaborada; no tiene fondo y posee una abertura superior . Según Sánchez Labrador, para los nativos, el espíritu del muerto salía hacia el exterior por ese agujero.

El velatorio consistía en una complicada ceremonia, que se hacía dentro de la habitación donde moraba el individuo y luego en la calle donde las expresiones de dolor cobraban estado público. Dobrizhoffer se refiere a estas actividades con mucho detalle; la mujeres rodean al muerto, forman dos largas filas a ambos lados del difunto, todas llevan instrumentos musicales hechos con calabazas. En el frente, la mayor hace sonar una trompeta y comienza una danza que es acompañada con tristes lamentos. En la calle, todas las mujeres casadas y viudas acuden con sonajas que agitan constantemente; otras llevan tambores hechos con vasijas de cerámica a las que les colocan cueros de ciervos, así, en una larga fila expresan su dolor moviendo el cuerpo y llorando en forma colectiva. Las mujeres también preparan la sepultura, “Cavan una fosa de poca profundidad en el lugar donde se ha de colocar el cadáver … Colocan una olla en lo alto del sepulcro, a modo de corona…”.

En algunas sepulturas encontramos el vaso campana. El jesuita José Sánchez Labrador (Español, 1717-1798), cuenta: “Sobre cada sepultura había una estera de enea,…ponen sobre la estera unos cántaros de varias figuras y grandeza. Unos parecen campanas y en lugares de asas, en unos hay como un hacha y en otros como una mano de almirez. …por qué en todas las sepulturas estaba un cántaro con tres agujeros, uno a un lado, otro en medio y otro en el fondo”.

Producción de artefactos

Los abipones construían sus artefactos (herramientas, puntas, raspadores, agujas, chuzas, etcétera) utilizando el hueso y la madera.

Se han encontrado dos tipos de artefactos de hueso, los construidos con la técnica del pulido, hechos con los extremos de los cuernos de ciervos y con los huesos más largos de algunos mamíferos (arpones y puntas de flecha), y las construidas con la técnica del tallado, para las que usaban huesos de mamíferos.

El padre Martín Dobrizhoffer escribió:”…Cuando aún desconocían el hierro emplearon para combatir lanzas de madera a las que les habían fijado en la punta cuernos de ciervo …”, “… lo que debe ponderarse en los abipones es que no sólo son expertos para arreglar sus armas sino para adornarlas, limpiarlas y pulirlas en forma casi excesiva. Las puntas de sus lanzas siempre resplandecen de modo que dirías que son de plata…”

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Punta realizada con cuerno de ciervo de 18 centímetros de largo. Pulida, conserva su brillo de origen. Encontrada en Isla del Indio, Santa Fe, el 25 de mayo de 1996.

Textil

Las mujeres eran las encargadas de producir los elementos textiles para todos los componentes del grupo. Organizaban incursiones a los montes que duraban entre cuatro y ocho días, en las que no participaban los hombres. Regresaban con hojas de caraguatá, para la producción del hilado y frutos, raíces y cortezas para obtener los colorantes.

Maceraban las hojas y con la ayuda del sol le quitaban la humedad, obtenían hebras que arrollaban sobre el muslo. Para el ovillo utilizaban una varilla que tenía un contrapeso un disco de cerámica. El objeto -tortero o muyuna- funcionaba como volante, la operadora le daba un impulso violento y la varilla giraba como un trompo produciendo el ovillo.

Alfarería

También era una actividad femenina, fabricaban tanto los utensilios domésticos, como las piezas sagradas para la la funeraria y las ceremonias de ascenso de jefes al poder.

Generalmente utilizaban la técnica del chorizo, que consistía en colocar tiras de arcilla, una encima de la otra. Los rollos eran apretados con la mano para darle forma. La cocción se realizaba a cielo abierto, se preparaba un fogón con leña rodeando las piedras en cuyo centro se colocaba la pieza, cuando el fuego se terminaba estaba cocida.

La decoración solía consistir en apéndices agregados a los bordes con representaciones antropomorfas y zoomorfas.

Entre las piezas sagradas estaban los vasos globulares y los vasos campana.

Reducciones jesuitas abiponas

 San Jerónimo del Rey (1748)

xFundada en octubre de 1748, en la margen izquierda del arroyo El Rey -actual ciudad de Reconquista, Santa Fe-, con la presencia del Gobernador de Santa Fe, Francisco de Echagüe y Andía, el padre Horbegozo, rector del Colegio de los Jesuitas también de Santa Fe y los misioneros Cardiel y Nabalón junto a los caciques abipones Reregnaqui. Alaikin, Kuebachin e Ychoalay (bautizado como José Benavídez) que integraban sus parcialidades a la reducción.

El padre Martín Dobrizhoffer, que desarrollaría aquí la mayor parte de su tarea misionera, cuenta que una de las condiciones para reducirse impuesta por los caciques era que solamente los jóvenes serían convertidos al catolicismo: “Nosotros que ya estamos viejos, decia el bárbaro, queremos vivir y sentir a nuestro modo. No queremos en absoluto cansar a nuestra cabeza aprendiendo cosas nuevas”. Otra fue la de poder entrar a la iglesia con sus armas, pues decían que un abipón no puede nunca separarse de ellas.

Casi trescientos abipones formaron al principio el pueblo, según Dobrizhoffer: “Atraía a la mayoría no el deseo de la religión, sino la novedad. Para no pocos fueron imán y anzuelo la esperanza de regalos, el deseo de carne de vaca que cada día se distribuía, y la seguridad. La mayoría pedía a los padres comida y ropa, no enseñanza”. Los abipones no se adaptaban a la disciplina de los misioneros: “Salvo el bautismo que habían recibido siendo niños, nada conservaban de las costumbres cristianas”.

Hacia 1760 se trasladaron a la orilla opuesta del arroyo El Rey, para evitar los problemas que producían las periódicas crecientes. Prosperó San Jerónimo, los sobrantes de cosechas y otros productos eran enviados a la Procuraduría de las Misiones, donde se los negociaba y enviaba materiales necesarios para la reducción, la ruta del intercambio podía ser por tierra, costeando el río o por agua utilizando el “Puerto de los Albipones”, en la desembocadura de “El Rey”, donde hoy se encuentra la estación fluvial de Reconquista.

Al momento de la expulsión de los jesuitas había 823 abipones reducidos.

Purísima Concepción (1750)

Originalmente fundada en las riberas norteñas del Río Bermejo con el nombre de Concepción de Bermejo. Con la activa participación del jesuita José Sánchez se decidió su traslado a las costas del Río Salado. Con la construcción de una capilla y tres ranchos nace la reducción de la “Purísima Concepción de Abipones”, en territorios que hoy corresponden al Departamento Quebrachos, sur de la provincia de Santiago del Estero.

El Acta Capitular del 28 de febrero de 1750, indica ese día como su fundación en la costa del Río Salado “como a diez leguas de la carretera real”.

Al momento de la expulsión de los jesuitas -1767- había 400 abipones reducidos.

San Fernando del Río Negro (1750)

San Fernando del Río Negro fue una reducción fundada por los jesuitas el 20 de mayo 1750 con abipones de la banda Jaaukanigás -su cacique era Ñaré Alaiquin-. Su creación fue impulsada por el gobernador de Corrientes Nicolás Patrón para proteger a su ciudad de los constantes asedios abipones; se estableció en la otra margen del Río Paraná, en lo que hoy es la ciudad de Resistencia, provincia del Chaco.

En 1753 albergaba 679 abipones. Al ser expulsados en 1767 los jesuitas la orden franciscana se hizo cargo hasta su abandono en 1773.

En 1865 los franciscanos con indios vilelas que respondían al cacique Leoncito fundaron en el mismo lugar la reducción San Buenaventura del Monte Alto, abandonándola definitivamente en 1872. En el paraje -llamado San Fernando- quedaron varios obrajes que explotaban la riqueza forestal y por unos años las huestes de Leoncito.

Santo Rosario y San Carlos del Timbó (1763)

El gobernador del Paraguay, José Martínez Fontes logró un acuerdo de paz con los abipones del Bermejo del cacique Guachichi y el 24 de noviembre de 1763, se fundó la misión jesuítica abipona del Santo Rosario y San Carlos del Timbó en el lugar en donde hoy se encuentra la población de Herradura en la provincia de Formosa.

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El padre Martín Dobrizhoffer fue el elegido para dirigir la nueva reducción por su experiencia misional y sus conocimientos de la lengua y costumbres de los abipones. El misionero debió esforzarse por convencer a los aborígenes para que se acerquen a la reducción, San Carlos carecía de los elementos indispensables para funcionar, el ganado que proveía la estancia era escaso y las alimañas, la viruela y otras enfermedades hacían estragos entre los indios. Además eran continuamente asediados por los tobas y mocovíes, quienes llegaron a penetrar en el poblado.

Dobrizhoffer se las arregló para enseñar a los abipones a cultivar la tierra y logró algunos resultados promisorios, especialmente en el cultivo del tabaco. La mala calidad de las herramientas que le habían remitido y la escasez de semillas le impidió mayores progresos en este sentido. En medio de tantas penurias y padecimientos el misionero, con su salud quebrantada, debió solicitar su reemplazo y traslado a las misiones guaraníes. Los padres José Brigniel y Gerónimo Rejón continuaron su tarea pese a que el Cabildo de Asunción nunca los asistió. En septiembre de 1766 el padre Rejón informó que los indios se hallaban sujetos, asistían a la doctrina, acudían a las iglesias y entregaban a sus hijos para su enseñanza v bautismo.

Las tareas de labranza también continuaban progresando y en 1767 la población ascendía a 350 almas; la expulsión de la Compañía de Jesús puso punto final a esta labor evangelizadora.

Retirados los jesuitas, fue designado el padre Lorenzo de la Torre para continuar con el trabajo misional, con la ayuda de un destacamento de soldados, pero la mayoría de los indígenas huyó de la reducción.

zÉsta última imagen es un esquema de la reducción realizado por el padre Dobrizhoffer.

Fuente: Pueblos Originarios

Juana de Ibarbourou – Poeta uruguaya

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Juana de Ibarbourou

Juana de Ibarbourou

Nació Juana Fernández Morales, en Melo, Uruguay, el 8 de marzo de 1892. Tomando luego el seudónimo de Juana de Ibarbourou, del apellido de su esposo, el capitán Lucas Ibarbourou, con quien contrajo enlace a los 20 años.
Su padre fue Vicente Fernández, nacido en Villanueva de Lorenzana, Lugo, España que por motivos familiares emigró a Montevideo, llegando más tarde a Cerro Largo. Transmitió a su hija la devoción por su tierra natal, cuyo vínculo se manifestó en el discurso de la Academia de Letras Uruguayas. Allí, la escritora recordará su infancia y la presencia de su padre que supo inculcar en ella la raíz gallega que siempre la acompañó en su forma de ser y en su obra. El 8 de junio de 1963, el pueblo de su padre, inauguró una Biblioteca a la que llamaron: “Biblioteca Vicente y Juanita Fernández”.
Su madre, Valentina Morales, pertenecía a una de las familias españolas más antiguas del Uruguay.
Vivió hasta los 18 años en Melo, trasladándose luego a Montevideo.
Su obra se encuadra en el modernismo, pueden mencionarse entre sus obras más destacadas “Las lenguas de diamante” (1919), “El cántaro fresco”(1920), “Raíz salvaje”(1922) y “La rosa de los vientos”(1930). Escribió textos para niños, como: “Chico Carlo”(1944), que contiene cuentos infantiles autobiográficos y “Los sueños de Natacha”(1945), sobre temas clásicos del teatro infantil.
La segunda etapa de su obra pierde su rasgo esperanzador y positivo, para tornarse más reflexiva, profunda y melancólica. De esta época, pueden mencionarse como ejemplos: “Estampas de la Biblia”(1935), “Pérdida” (1950), “Azor”(1953), “mensajes del escriba”(1953), “Romances del destino” (1955), “Oro y tormenta”(1956), “La pasajera”(1967) y “Canto rodado”(1958).
A lo largo de su vida recibió muchos reconocimientos. En 1947, fue electa miembro de la Academia uruguaya, y en 1959, recibió el Premio nacional de literatura, que ese año se había otorgado por primera vez.
Juana de América, como fue llamada por la inmensa popularidad que supo conquistar, falleció en Montevideo, el 15 de julio de 1979.


LA PEQUEÑA LLAMA

Yo siento por la luz un amor de salvaje
Cada pequeña llama me encanta y sobrecoge
No será, cada lumbre, un cáliz que recoge
el calor de las almas que pasan en su viaje?

Hay unas pequeñitas, azules, temblorosas,
lo mismo que las almas taciturnas y buenas.
Hay otras casi blancas: fulgores de azucenas.
Hay otras casi rojas: espíritu de rosas.

Yo respeto y adoro la luz como si fuera
una cosa que vive, que siente, que medita,
un ser que nos contempla transformado en hoguera.

Así, cuando yo muera, he de ser a tu lado
una pequeña llama de dulzura infinita
para tus largas noches de amante desolado.

BAJO LA LLUVIA

¡Cómo resbala el agua por mi espalda!
¡Cómo moja mi falda
y pone en mis mejillas su frescura de nieve!
Llueve, llueve, llueve.

Y voy, senda adelante,
con el alma ligera y la cara radiante.
Sin sentir, sin soñar,
llena de la voluptuosidad de no pensar

Un pájaro se baña
en una charca turbia. Mi presencia le extraña.
Se detiene… Me mira… Nos sentimos amigos…
¡Los dos amamos mucho cielos, campos y trigos!

Después es el asombro
de un labriego que pasa con su azada en el hombro.
Y la lluvia me cubre
de todas las fragancias que a los setos da octubre.

Y es, sobre mi cuerpo por el agua empapado,
como un maravilloso y estupendo tocado
de gotas cristalinas, de flores deshojadas
que vuelcan a mi paso las plantas asombradas.

Y siento, en la vacuidad
del cerebro sin sueños, la voluptuosidad
del placer infinito, dulce y desconocido,
de un minuto de olvido.

Llueve, llueve, llueve,
y tengo, en alma y carne, como un frescor de nieve.

LA HIGUERA

Porque es áspera y fea,
porque todas sus ramas son grises,
yo le tengo piedad a la higuera.

En mi quinta hay cien árboles bellos:
ciruelos redondos,
limoneros rectos
y naranjos de brotes lustrosos.

En las primaveras,
todos ellos se cubren de flores
en torno a la higuera.

Y la pobre parece tan triste
con sus gajos torcidos que nunca
de apretados capullos se visten…

Por eso,
cada vez que yo paso a su lado,
digo, procurando
hacer dulce y alegre mi acento:
-Es la higuera el más bello
de los árboles en el huerto.

Si ella escucha,
si comprende el idioma en que hablo,
¡qué dulzura tan honda hará nido
en su alma sensible de árbol!

Y tal vez a la noche,
cuando el viento abanique su copa,
embriagada de gozo, le cuente:
-Hoy a mí me dijeron hermosa.

TE DOY MI ALMA DESNUDA

Te doy mi alma desnuda,
como estatua a la cual ningún cendal escuda.

Desnuda con el puro impudor
de un fruto, de una estrella o una flor;
de todas esas cosas que tienen la infinita
serenidad de Eva antes de ser maldita.

De todas esas cosas,
frutos, astros y rosas,
que no sienten vergüenza del sexo sin celajes
y a quienes nadie osara fabricarles ropajes.

Sin velos, como el cuerpo de una diosa serena
¡que tuviera una intensa blancura de azucena!

Desnuda, y toda abierta de par en par
¡por el ansia del amar!

VIDA – GARFIO

Amante: no me lleves, si muero al camposanto
A flor de tierra abre mi fosa, junto al riente
alboroto divino de alguna pajarera
o junto a la encantada charla de alguna fuente

A flor de tierra, amante. Casi sobre la tierra,
donde el sol me caliente los huesos, y mis ojos,
alargados en tallos, suban a ver de nuevo
la lámpara salvaje de los ocasos rojos.

A flor de tierra, amante. Que el tránsito así sea
más breve. Yo presiento
la lucha de mi carne por volver hacia arriba,
por sentir en sus átomos la frescura del viento.

Yo sé que acaso nunca allá abajo mis manos
podrán estarse quietas.
Que siempre como topos arañarán la tierra
en medio de las sombras estrujadas y prietas.

Arrójame semillas. Yo quiero que se enraícen
en la greda amarilla de mis huesos menguados.
¡Por la parda escalera de las raíces vivas
Yo subiré a mirarte en los lirios morados.

EL DULCE MILAGRO

¿Qué es esto? ¡Prodigio! Mis manos florecen.
Rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen.
Mi amante besome las manos, y en ellas,
¡oh gracia! brotaron rosas como estrellas.

Y voy por la senda voceando el encanto
y de dicha alterno sonrisa con llanto
y bajo el milagro de mi encantamiento
se aroman de rosas las alas del viento.

Y murmura al verme la gente que pasa:
“¿No veis que está loca? Tornadla a su casa.
¡Dice que en las manos le han nacido rosas
y las va agitando como mariposas!”

¡Ah, pobre la gente que nunca comprende
un milagro de éstos y que sólo entiende
Que no nacen rosas más que en los rosales
y que no hay más trigo que el de los trigales!

Que requiere líneas y color y forma,
y que sólo admite realidad por norma.
Que cuando uno dice: “Voy con la dulzura”,
de inmediato buscan a la criatura.

Que me digan loca, que en celda me encierren
que con siete llaves la puerta me cierren,
que junto a la puerta pongan un lebrel,
carcelero rudo carcelero fiel.

Cantaré lo mismo: “Mis manos florecen.
Rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen”.
¡Y toda mi celda tendrá la fragancia
de un inmenso ramo de rosas de Francia!

DESPECHO

¡Ah, qué estoy cansada! Me he reído tanto,
tanto, que a mis ojos ha asomado el llanto;
tanto, que este rictus que contrae mi boca
es un rastro extraño de mi risa loca.

Tanto, que esta intensa palidez que tengo
(como en los retratos de viejo abolengo)
es por la fatiga de la loca risa
que en todo mi cuerpo su sopor desliza.

¡Ah, qué estoy cansada! Déjame que duerma;
pues, como la angustia, la alegría enferma.
¡Qué rara ocurrencia decir que estoy triste!
¿Cuándo más alegre que ahora me viste?

¡Mentira! No tengo ni dudas, ni celos,
Ni inquietud, ni angustias, ni penas, ni anhelos,
Si brilla en mis ojos la humedad del llanto,
es por el esfuerzo de reírme tanto…