Pueblo Abipón – Gran Chaco

B_Pueblos Originarios

Tobas y Mocovíes los llamaron Callagaik. Los Vilela, Luc-uanit: “los que viven al sur”. Los españoles, Callagaes.

Hábitat: Habitaban la ribera norte del Bermejo inferior. A comienzos del siglo XVII adoptaron el caballo traído por los españoles, extendiendo sus correrías desde el Bermejo hasta Santa Fe, y desde Santiago del Estero hasta el río Paraná.

Área Cultural: Gran Chaco (América del Sur).

Pertenecían al grupo cultural Qom

Lengua: Abipón, del grupo de lenguas guaycurúes.

El jesuita Martín Dobrizhoffer que misionó a los abipones entre 1750 y 1766, distinguió tres parcialidades:

  • Riikahé o gente del campo.
  • Jaaukanigás o gente de agua.
  • Nakaigetergehé o gente del monte.

Los Jaaukanigás, se originaron con la integración de los mepenes del litoral, que fueran dispersados por los españoles. A pesar de su separación geográfica, los tres grupos componían una cultura, con una lengua y comportamientos sociales comunes, según Dobrizhoffer: “… tendrían el mismo tipo de vida y de costumbres y la misma lengua. Llama la atención la concordia que existía entre ellos, la estable alianza cada vez que se presentaban algún problema contra el español al que consideraba enemigo innato …”

Aspecto físico

Dobrizhoffer los describe: “… casi todos son de tal estatura que podrían formar parte del batallón de pyrobolarios austriacos…”, “…Son casi siempre de formas nobles, rostros hermosos y rasgos similares a los europeos …”. y agrega que son muy proporcionados y carecen de deformaciones, no tienen joroba, papada, labio leporino y abdomen hinchado. Generalmente poseen nariz aguileña.

Pedro Lozano en Gran Chaco Gualamba, escribió: “Dichos Abipones andan totalmente desnudos, aunque las mujeres se cubren con mantas de pellejos bien aderezados, a que llaman queyapí. Usan las armas que todos los del Chaco, y se pelan la cabeza al modo que los Guaycurús, aunque el cabello, que les queda algo largo, lo atan atrás con una trenza, porque no les impida cuando anclan en el agua, que es muy de ordinario, por ser grandes nadadores. Son de grande y fornida estatura, y bien agestados, pero se labran la cara y cuerpo, y se embijan, con que encubren la blancura natural. Taládranse el labio inferior de que pende un barbote o como acá llaman mbetá.”

Organización social y política

Rara vez se casaban antes de los 20 años. El adulterio, la fornicación promiscua y el incesto no existía. Cuando alguno pretendía una muchacha para mujer, debía tratar con los padres y convenir el pago de la dote (tejidos, puntas de lanza, collares, etc.).

La costumbre criar a los niños dándoles en pecho durante tres años, período en el cual no se juntaban con los maridos, era causa de divorcios e infanticidios.

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Abipones del Chaco, con armas y corazas de cuero de jaguar.

Formaban sus ejércitos en cuadros, en el centro se colocaban los arqueros y a los costados los lanceros. El jefe de cada escuadra se colocaba al frente de sus hombres. En la ilustración de Dobrizhoffer se observa esta distribución. En el centro el que comanda a los arqueros lleva una flecha en la mano derecha y el arco en la izquierda. A un costado el carcaj que era construido con la misma técnica con la que se hace un canasto tejido con pajas. Los tres llevan además del arma que los identifica, las cornetas con las cuales daban por iniciado el combate.

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El significado de los tatuajes, no solo era para adornar la cara de hombres y mujeres, sino que eran indicadores de la pertenencia del individuo a una familia de la nobleza indígena o del rango militar de los jefes. Al referirse a las mujeres tatuadas, Dobrizhoffer dice:”… aquella que fuera más pintada, la reconocerás como patricia y nacida en un lugar noble”.

 

La mujer abipona era muy trabajadora: cuidaba los hijos, cocinaba, buscaba la leña, acarreaba el agua y preparaba la chicha. Confeccionaba las prendas y los productos de alfarería. También eran las encargadas de organizar los ceremoniales.

Los hombres, fuera de los tiempos de guerra, eran haraganes, se entretenían por las tardes en hacer alardes, los muchachos se ejercitaban desde el amanecer corriendo. Eran muy afectos a la embriaguez, en cambio las mujeres eran abstemias y les escondían las armas para que no se maten.

El poder político no estaba unificado, cada banda tenía un jefe -hombre o mujer-: Nelar’eyr’at (cabeza). Este cargo era hereditario, aunque podía ser removido por sus súbditos.

El candidato era sometido a una serie de pruebas de valor físico. Un día antes de la ceremonia de los honores militares, las mujeres de la comunidad se concentraban frente a la choza del elegido en horas de la tarde. Allí iniciaban una larga danza con cánticos y sonidos musicales. Al día siguiente, vestido en forma solemne sube a su caballo que se encuentra totalmente cubierto de plumas, campanitas y placas brillantes. Con la lanza en la mano, emprende una veloz carrera hacia el norte, seguido de todos sus soldados. Luego por el mismo camino regresa a su lugar de partida, allí una sacerdotisa lo espera. Baja del caballo y recibe la consagración que consiste en una oración que la misma recita solemnemente. Monta de nuevo y seguido por sus hombres emprende veloz carrera hacia el sur, hacia el este y hacia el oeste. Terminando este recorrido simbólico, que cubre los cuatro rumbos del universo, el jefe baja de su caballo, la sacerdotisa le afeita el cabello desde la frente hasta la nuca, dejándole un surco de unos tres dedos de ancho. Al finalizar el corte, la misma mujer, a viva voz explica a los demás sus virtudes y fundamentalmente sus hazañas militares. Finalmente le adjudica un nuevo nombre. Todo termina con un brindis que se encuentra preparado en un lugar cubierto de pieles en donde se colocaban vasijas con bebidas de miel.

Su mando era precario. No siempre lo obedecían; si no cumplían con lo que se les solicitaba, renegaban de su autoridad. En sus borracheras hasta los solían matar.

Guerra

Los abipones eran famosos por su espíritu guerrero. Desde pequeños los preparaban para el combate, acostumbrándolos a punzarse y lastimarse el cuerpo para no sentir dolor. Los jóvenes corrían desde el amanecer para mantenerse ágiles.

Antes del combate afeaban sus rostros para infundir espanto a los enemigos y celebraban un gran festín, las promesas que hacían borrachos, las cumplían cuando estaban sobrios.

Lozano, nos cuenta: “Cuando salen a la guerra se punzan muy bien la lengua, y con aquella sangre se untan todo el cuerpo, y sobre este matiz hacen mil labores con carbón, y de esta suerte, dicen ellos con el dolor que llevan, que cuanto topan lo destruyen sin distinción de edad o sexo, y su mayor alabanza es matar a cuantos más pudieren, y según el número de los que hubieren muerto, se les permite poner otras tantas plumas en el dardo.”

Breve reseña histórica

Resistieron la conquista española bravamente. En 1641 los abipones ya habían adoptado los caballos que llevaban los colonizadores y se transformaron en los indómitos centauros del Gran Chaco.

En todo el curso del siglo XVII fueron incasables hostigadores de los españoles y en parte del XVIII -ya desgastados- no se dieron por vencidos y continuaron en su lucha. Los ataques abipones eran temidos en las ciudades de Salta, Jujuy, Tucumán, Santiago del Estero, Córdoba, Santa Fe, Corrientes y Asunción.

Las fuerzas españolas -reforzados con bandas guaraníes- los fueron acorralando. Hacia fines de la primera mitad del siglo XVIII, grupos de abipones fueron reducidos en misiones jesuitas (ver abajo). Tras la expulsión de los jesuitas, las reducciones abiponas se fueron despoblando hasta ser abandonadas en 1768. Durante el siglo XIX la cultura abipona fue desapareciendo, diezmados en enfrentamientos y absorbidos paulatinamente.

Hacia la mitad del siglo XIX todavía quedaban grupos abipones en el norte de Santa Fe y posiblemente se los encontraba aun a finales de ese siglo, de modo que Charles Darwin pudo hacer referencia escrita de ellos en With the Abipones (Con los Abipones) señalando que practicaban el infanticidio. Absorbidos paulatinamente y diezmados en los enfrentamientos armados, hoy se los considera extinguidos, pero según algunas fuentes, en la actualidad se pueden encontrar descendientes -con el nombre de “collages”- en el sureste de Formosa. Familias aisladas descendientes de abipones existen en la provincia de Santa Fe, aunque no se ha restablecido su identidad cultural

Idioma

 El Abipon -extinto- perteneció al grupo de lenguas guaycurúes. Una “lengua prima hermana de la mocoví y la toba” según Lafone Quevedo,

 Funeraria Abipón

 Los ajuares mortuorios de los abipones, nos hablan de su creencia en la vida después de la muerte. Las ofrendas y ritos, indican la importancia atribuida a la continuación de la existencia.

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Tumba exhumada en el Arroyo Aguilar, cerca de Reconquista. El individuo está acostado, boca arriba, con los brazos extendidos a ambos lados del cuerpo. En la cabeza se observa un vaso de cerámica que fue colocado a manera de corona.

Los muertos eran tratados con sumo respeto, el elaborado ceremonial estaba a cargo de las mujeres. Tenían la creencia que el hombre estaba compuesto por un cuerpo mortal y un alma inmortal, así lo expresa el padre Martín Dobrizhoffer: “… tienen la innata convicción de que al morir el cuerpo no muere el alma …”.

Los entierros eran de dos tipos: Uno, primario, donde el cuerpo era enterrado sin alteraciones, el otro, secundario, donde el cadáver era descarnado y luego colocado en una bolsa de cuero. Esta práctica se utilizaba cuando el individuo moría lejos de su hábitat, sobre todo era común en los traslados de los guerreros que fallecían en combate, los compañeros o familiares nunca abandonaban a sus deudos después de la pelea. Para poder llevarlos al lugar sagrado primero lo procesaban ya que las distancias a veces exigían marchas de varias jornadas.

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Vaso sagrado, rescatado en enero de 1976 en el Sitio de Arroyo Aguilar I. Tiene una forma semiglobular, similar a una calabaza. En la parte superior una guarda en trazo continuo rodea todo el borde, en el centro un extraño dibujo geométrico parece ser la estilización de una figura zoomorfa. Se encontraba depositado cerca de dos tumbas.

Cada tumba tenía sus ofrendas. Cuando enterraban a los sacerdotes o individuos de dignidad. elaboraban vasos ceremoniales que expresaban el sentimiento y la delicadeza del arte de sus artesanos.

El Padre Martín Dobrizhoffer, lo cuenta: “Una de las rarezas de los abipones, … es depositar al lado de los sepulcros ollas, vestidos, armas y caballos, …”. El sentimiento puesto en estas actividades se deduce cuando dice “es increíble con cuánta religiosidad los abipones rinden honores a sus muertos antes sus sepulcros”.

Los cementerios, en túmulos, generalmente estaban alejados de los asentamientos, porque no se debía interrumpir el descanso de los antepasados y porque los espíritus de los muertos podían andar como sombra entre los árboles.

Durante las noches el eco de los difuntos podía escucharse cuando una bandada de patos volaba en la oscuridad emitiendo su canto, los abipones creían que eran los lamentos de los espíritus que deambulaban por sus antiguos territorios.

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Vaso campana rescatado en Laguna El Cristal, Santa Fe. Tiene dos cabezas de loros y una sola cola; muy gruesa y elaborada; no tiene fondo y posee una abertura superior . Según Sánchez Labrador, para los nativos, el espíritu del muerto salía hacia el exterior por ese agujero.

El velatorio consistía en una complicada ceremonia, que se hacía dentro de la habitación donde moraba el individuo y luego en la calle donde las expresiones de dolor cobraban estado público. Dobrizhoffer se refiere a estas actividades con mucho detalle; la mujeres rodean al muerto, forman dos largas filas a ambos lados del difunto, todas llevan instrumentos musicales hechos con calabazas. En el frente, la mayor hace sonar una trompeta y comienza una danza que es acompañada con tristes lamentos. En la calle, todas las mujeres casadas y viudas acuden con sonajas que agitan constantemente; otras llevan tambores hechos con vasijas de cerámica a las que les colocan cueros de ciervos, así, en una larga fila expresan su dolor moviendo el cuerpo y llorando en forma colectiva. Las mujeres también preparan la sepultura, “Cavan una fosa de poca profundidad en el lugar donde se ha de colocar el cadáver … Colocan una olla en lo alto del sepulcro, a modo de corona…”.

En algunas sepulturas encontramos el vaso campana. El jesuita José Sánchez Labrador (Español, 1717-1798), cuenta: “Sobre cada sepultura había una estera de enea,…ponen sobre la estera unos cántaros de varias figuras y grandeza. Unos parecen campanas y en lugares de asas, en unos hay como un hacha y en otros como una mano de almirez. …por qué en todas las sepulturas estaba un cántaro con tres agujeros, uno a un lado, otro en medio y otro en el fondo”.

Producción de artefactos

Los abipones construían sus artefactos (herramientas, puntas, raspadores, agujas, chuzas, etcétera) utilizando el hueso y la madera.

Se han encontrado dos tipos de artefactos de hueso, los construidos con la técnica del pulido, hechos con los extremos de los cuernos de ciervos y con los huesos más largos de algunos mamíferos (arpones y puntas de flecha), y las construidas con la técnica del tallado, para las que usaban huesos de mamíferos.

El padre Martín Dobrizhoffer escribió:”…Cuando aún desconocían el hierro emplearon para combatir lanzas de madera a las que les habían fijado en la punta cuernos de ciervo …”, “… lo que debe ponderarse en los abipones es que no sólo son expertos para arreglar sus armas sino para adornarlas, limpiarlas y pulirlas en forma casi excesiva. Las puntas de sus lanzas siempre resplandecen de modo que dirías que son de plata…”

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Punta realizada con cuerno de ciervo de 18 centímetros de largo. Pulida, conserva su brillo de origen. Encontrada en Isla del Indio, Santa Fe, el 25 de mayo de 1996.

Textil

Las mujeres eran las encargadas de producir los elementos textiles para todos los componentes del grupo. Organizaban incursiones a los montes que duraban entre cuatro y ocho días, en las que no participaban los hombres. Regresaban con hojas de caraguatá, para la producción del hilado y frutos, raíces y cortezas para obtener los colorantes.

Maceraban las hojas y con la ayuda del sol le quitaban la humedad, obtenían hebras que arrollaban sobre el muslo. Para el ovillo utilizaban una varilla que tenía un contrapeso un disco de cerámica. El objeto -tortero o muyuna- funcionaba como volante, la operadora le daba un impulso violento y la varilla giraba como un trompo produciendo el ovillo.

Alfarería

También era una actividad femenina, fabricaban tanto los utensilios domésticos, como las piezas sagradas para la la funeraria y las ceremonias de ascenso de jefes al poder.

Generalmente utilizaban la técnica del chorizo, que consistía en colocar tiras de arcilla, una encima de la otra. Los rollos eran apretados con la mano para darle forma. La cocción se realizaba a cielo abierto, se preparaba un fogón con leña rodeando las piedras en cuyo centro se colocaba la pieza, cuando el fuego se terminaba estaba cocida.

La decoración solía consistir en apéndices agregados a los bordes con representaciones antropomorfas y zoomorfas.

Entre las piezas sagradas estaban los vasos globulares y los vasos campana.

Reducciones jesuitas abiponas

 San Jerónimo del Rey (1748)

xFundada en octubre de 1748, en la margen izquierda del arroyo El Rey -actual ciudad de Reconquista, Santa Fe-, con la presencia del Gobernador de Santa Fe, Francisco de Echagüe y Andía, el padre Horbegozo, rector del Colegio de los Jesuitas también de Santa Fe y los misioneros Cardiel y Nabalón junto a los caciques abipones Reregnaqui. Alaikin, Kuebachin e Ychoalay (bautizado como José Benavídez) que integraban sus parcialidades a la reducción.

El padre Martín Dobrizhoffer, que desarrollaría aquí la mayor parte de su tarea misionera, cuenta que una de las condiciones para reducirse impuesta por los caciques era que solamente los jóvenes serían convertidos al catolicismo: “Nosotros que ya estamos viejos, decia el bárbaro, queremos vivir y sentir a nuestro modo. No queremos en absoluto cansar a nuestra cabeza aprendiendo cosas nuevas”. Otra fue la de poder entrar a la iglesia con sus armas, pues decían que un abipón no puede nunca separarse de ellas.

Casi trescientos abipones formaron al principio el pueblo, según Dobrizhoffer: “Atraía a la mayoría no el deseo de la religión, sino la novedad. Para no pocos fueron imán y anzuelo la esperanza de regalos, el deseo de carne de vaca que cada día se distribuía, y la seguridad. La mayoría pedía a los padres comida y ropa, no enseñanza”. Los abipones no se adaptaban a la disciplina de los misioneros: “Salvo el bautismo que habían recibido siendo niños, nada conservaban de las costumbres cristianas”.

Hacia 1760 se trasladaron a la orilla opuesta del arroyo El Rey, para evitar los problemas que producían las periódicas crecientes. Prosperó San Jerónimo, los sobrantes de cosechas y otros productos eran enviados a la Procuraduría de las Misiones, donde se los negociaba y enviaba materiales necesarios para la reducción, la ruta del intercambio podía ser por tierra, costeando el río o por agua utilizando el “Puerto de los Albipones”, en la desembocadura de “El Rey”, donde hoy se encuentra la estación fluvial de Reconquista.

Al momento de la expulsión de los jesuitas había 823 abipones reducidos.

Purísima Concepción (1750)

Originalmente fundada en las riberas norteñas del Río Bermejo con el nombre de Concepción de Bermejo. Con la activa participación del jesuita José Sánchez se decidió su traslado a las costas del Río Salado. Con la construcción de una capilla y tres ranchos nace la reducción de la “Purísima Concepción de Abipones”, en territorios que hoy corresponden al Departamento Quebrachos, sur de la provincia de Santiago del Estero.

El Acta Capitular del 28 de febrero de 1750, indica ese día como su fundación en la costa del Río Salado “como a diez leguas de la carretera real”.

Al momento de la expulsión de los jesuitas -1767- había 400 abipones reducidos.

San Fernando del Río Negro (1750)

San Fernando del Río Negro fue una reducción fundada por los jesuitas el 20 de mayo 1750 con abipones de la banda Jaaukanigás -su cacique era Ñaré Alaiquin-. Su creación fue impulsada por el gobernador de Corrientes Nicolás Patrón para proteger a su ciudad de los constantes asedios abipones; se estableció en la otra margen del Río Paraná, en lo que hoy es la ciudad de Resistencia, provincia del Chaco.

En 1753 albergaba 679 abipones. Al ser expulsados en 1767 los jesuitas la orden franciscana se hizo cargo hasta su abandono en 1773.

En 1865 los franciscanos con indios vilelas que respondían al cacique Leoncito fundaron en el mismo lugar la reducción San Buenaventura del Monte Alto, abandonándola definitivamente en 1872. En el paraje -llamado San Fernando- quedaron varios obrajes que explotaban la riqueza forestal y por unos años las huestes de Leoncito.

Santo Rosario y San Carlos del Timbó (1763)

El gobernador del Paraguay, José Martínez Fontes logró un acuerdo de paz con los abipones del Bermejo del cacique Guachichi y el 24 de noviembre de 1763, se fundó la misión jesuítica abipona del Santo Rosario y San Carlos del Timbó en el lugar en donde hoy se encuentra la población de Herradura en la provincia de Formosa.

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El padre Martín Dobrizhoffer fue el elegido para dirigir la nueva reducción por su experiencia misional y sus conocimientos de la lengua y costumbres de los abipones. El misionero debió esforzarse por convencer a los aborígenes para que se acerquen a la reducción, San Carlos carecía de los elementos indispensables para funcionar, el ganado que proveía la estancia era escaso y las alimañas, la viruela y otras enfermedades hacían estragos entre los indios. Además eran continuamente asediados por los tobas y mocovíes, quienes llegaron a penetrar en el poblado.

Dobrizhoffer se las arregló para enseñar a los abipones a cultivar la tierra y logró algunos resultados promisorios, especialmente en el cultivo del tabaco. La mala calidad de las herramientas que le habían remitido y la escasez de semillas le impidió mayores progresos en este sentido. En medio de tantas penurias y padecimientos el misionero, con su salud quebrantada, debió solicitar su reemplazo y traslado a las misiones guaraníes. Los padres José Brigniel y Gerónimo Rejón continuaron su tarea pese a que el Cabildo de Asunción nunca los asistió. En septiembre de 1766 el padre Rejón informó que los indios se hallaban sujetos, asistían a la doctrina, acudían a las iglesias y entregaban a sus hijos para su enseñanza v bautismo.

Las tareas de labranza también continuaban progresando y en 1767 la población ascendía a 350 almas; la expulsión de la Compañía de Jesús puso punto final a esta labor evangelizadora.

Retirados los jesuitas, fue designado el padre Lorenzo de la Torre para continuar con el trabajo misional, con la ayuda de un destacamento de soldados, pero la mayoría de los indígenas huyó de la reducción.

zÉsta última imagen es un esquema de la reducción realizado por el padre Dobrizhoffer.

Fuente: Pueblos Originarios

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Juana de Ibarbourou – Poeta uruguaya

B_Uruguay

Juana de Ibarbourou

Juana de Ibarbourou

Nació Juana Fernández Morales, en Melo, Uruguay, el 8 de marzo de 1892. Tomando luego el seudónimo de Juana de Ibarbourou, del apellido de su esposo, el capitán Lucas Ibarbourou, con quien contrajo enlace a los 20 años.
Su padre fue Vicente Fernández, nacido en Villanueva de Lorenzana, Lugo, España que por motivos familiares emigró a Montevideo, llegando más tarde a Cerro Largo. Transmitió a su hija la devoción por su tierra natal, cuyo vínculo se manifestó en el discurso de la Academia de Letras Uruguayas. Allí, la escritora recordará su infancia y la presencia de su padre que supo inculcar en ella la raíz gallega que siempre la acompañó en su forma de ser y en su obra. El 8 de junio de 1963, el pueblo de su padre, inauguró una Biblioteca a la que llamaron: “Biblioteca Vicente y Juanita Fernández”.
Su madre, Valentina Morales, pertenecía a una de las familias españolas más antiguas del Uruguay.
Vivió hasta los 18 años en Melo, trasladándose luego a Montevideo.
Su obra se encuadra en el modernismo, pueden mencionarse entre sus obras más destacadas “Las lenguas de diamante” (1919), “El cántaro fresco”(1920), “Raíz salvaje”(1922) y “La rosa de los vientos”(1930). Escribió textos para niños, como: “Chico Carlo”(1944), que contiene cuentos infantiles autobiográficos y “Los sueños de Natacha”(1945), sobre temas clásicos del teatro infantil.
La segunda etapa de su obra pierde su rasgo esperanzador y positivo, para tornarse más reflexiva, profunda y melancólica. De esta época, pueden mencionarse como ejemplos: “Estampas de la Biblia”(1935), “Pérdida” (1950), “Azor”(1953), “mensajes del escriba”(1953), “Romances del destino” (1955), “Oro y tormenta”(1956), “La pasajera”(1967) y “Canto rodado”(1958).
A lo largo de su vida recibió muchos reconocimientos. En 1947, fue electa miembro de la Academia uruguaya, y en 1959, recibió el Premio nacional de literatura, que ese año se había otorgado por primera vez.
Juana de América, como fue llamada por la inmensa popularidad que supo conquistar, falleció en Montevideo, el 15 de julio de 1979.


LA PEQUEÑA LLAMA

Yo siento por la luz un amor de salvaje
Cada pequeña llama me encanta y sobrecoge
No será, cada lumbre, un cáliz que recoge
el calor de las almas que pasan en su viaje?

Hay unas pequeñitas, azules, temblorosas,
lo mismo que las almas taciturnas y buenas.
Hay otras casi blancas: fulgores de azucenas.
Hay otras casi rojas: espíritu de rosas.

Yo respeto y adoro la luz como si fuera
una cosa que vive, que siente, que medita,
un ser que nos contempla transformado en hoguera.

Así, cuando yo muera, he de ser a tu lado
una pequeña llama de dulzura infinita
para tus largas noches de amante desolado.

BAJO LA LLUVIA

¡Cómo resbala el agua por mi espalda!
¡Cómo moja mi falda
y pone en mis mejillas su frescura de nieve!
Llueve, llueve, llueve.

Y voy, senda adelante,
con el alma ligera y la cara radiante.
Sin sentir, sin soñar,
llena de la voluptuosidad de no pensar

Un pájaro se baña
en una charca turbia. Mi presencia le extraña.
Se detiene… Me mira… Nos sentimos amigos…
¡Los dos amamos mucho cielos, campos y trigos!

Después es el asombro
de un labriego que pasa con su azada en el hombro.
Y la lluvia me cubre
de todas las fragancias que a los setos da octubre.

Y es, sobre mi cuerpo por el agua empapado,
como un maravilloso y estupendo tocado
de gotas cristalinas, de flores deshojadas
que vuelcan a mi paso las plantas asombradas.

Y siento, en la vacuidad
del cerebro sin sueños, la voluptuosidad
del placer infinito, dulce y desconocido,
de un minuto de olvido.

Llueve, llueve, llueve,
y tengo, en alma y carne, como un frescor de nieve.

LA HIGUERA

Porque es áspera y fea,
porque todas sus ramas son grises,
yo le tengo piedad a la higuera.

En mi quinta hay cien árboles bellos:
ciruelos redondos,
limoneros rectos
y naranjos de brotes lustrosos.

En las primaveras,
todos ellos se cubren de flores
en torno a la higuera.

Y la pobre parece tan triste
con sus gajos torcidos que nunca
de apretados capullos se visten…

Por eso,
cada vez que yo paso a su lado,
digo, procurando
hacer dulce y alegre mi acento:
-Es la higuera el más bello
de los árboles en el huerto.

Si ella escucha,
si comprende el idioma en que hablo,
¡qué dulzura tan honda hará nido
en su alma sensible de árbol!

Y tal vez a la noche,
cuando el viento abanique su copa,
embriagada de gozo, le cuente:
-Hoy a mí me dijeron hermosa.

TE DOY MI ALMA DESNUDA

Te doy mi alma desnuda,
como estatua a la cual ningún cendal escuda.

Desnuda con el puro impudor
de un fruto, de una estrella o una flor;
de todas esas cosas que tienen la infinita
serenidad de Eva antes de ser maldita.

De todas esas cosas,
frutos, astros y rosas,
que no sienten vergüenza del sexo sin celajes
y a quienes nadie osara fabricarles ropajes.

Sin velos, como el cuerpo de una diosa serena
¡que tuviera una intensa blancura de azucena!

Desnuda, y toda abierta de par en par
¡por el ansia del amar!

VIDA – GARFIO

Amante: no me lleves, si muero al camposanto
A flor de tierra abre mi fosa, junto al riente
alboroto divino de alguna pajarera
o junto a la encantada charla de alguna fuente

A flor de tierra, amante. Casi sobre la tierra,
donde el sol me caliente los huesos, y mis ojos,
alargados en tallos, suban a ver de nuevo
la lámpara salvaje de los ocasos rojos.

A flor de tierra, amante. Que el tránsito así sea
más breve. Yo presiento
la lucha de mi carne por volver hacia arriba,
por sentir en sus átomos la frescura del viento.

Yo sé que acaso nunca allá abajo mis manos
podrán estarse quietas.
Que siempre como topos arañarán la tierra
en medio de las sombras estrujadas y prietas.

Arrójame semillas. Yo quiero que se enraícen
en la greda amarilla de mis huesos menguados.
¡Por la parda escalera de las raíces vivas
Yo subiré a mirarte en los lirios morados.

EL DULCE MILAGRO

¿Qué es esto? ¡Prodigio! Mis manos florecen.
Rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen.
Mi amante besome las manos, y en ellas,
¡oh gracia! brotaron rosas como estrellas.

Y voy por la senda voceando el encanto
y de dicha alterno sonrisa con llanto
y bajo el milagro de mi encantamiento
se aroman de rosas las alas del viento.

Y murmura al verme la gente que pasa:
“¿No veis que está loca? Tornadla a su casa.
¡Dice que en las manos le han nacido rosas
y las va agitando como mariposas!”

¡Ah, pobre la gente que nunca comprende
un milagro de éstos y que sólo entiende
Que no nacen rosas más que en los rosales
y que no hay más trigo que el de los trigales!

Que requiere líneas y color y forma,
y que sólo admite realidad por norma.
Que cuando uno dice: “Voy con la dulzura”,
de inmediato buscan a la criatura.

Que me digan loca, que en celda me encierren
que con siete llaves la puerta me cierren,
que junto a la puerta pongan un lebrel,
carcelero rudo carcelero fiel.

Cantaré lo mismo: “Mis manos florecen.
Rosas, rosas, rosas a mis dedos crecen”.
¡Y toda mi celda tendrá la fragancia
de un inmenso ramo de rosas de Francia!

DESPECHO

¡Ah, qué estoy cansada! Me he reído tanto,
tanto, que a mis ojos ha asomado el llanto;
tanto, que este rictus que contrae mi boca
es un rastro extraño de mi risa loca.

Tanto, que esta intensa palidez que tengo
(como en los retratos de viejo abolengo)
es por la fatiga de la loca risa
que en todo mi cuerpo su sopor desliza.

¡Ah, qué estoy cansada! Déjame que duerma;
pues, como la angustia, la alegría enferma.
¡Qué rara ocurrencia decir que estoy triste!
¿Cuándo más alegre que ahora me viste?

¡Mentira! No tengo ni dudas, ni celos,
Ni inquietud, ni angustias, ni penas, ni anhelos,
Si brilla en mis ojos la humedad del llanto,
es por el esfuerzo de reírme tanto…

Esther Marisol – La Vida Es Linda

B_Bolivia

Quieres que alumbre mi propia cárcel
si tú me amarras con tus cadenas
antes del alba voy a apagarme…
¿o acaso piensas que estando presa
podrá mi alma brillar como antes?


Si el rio del tiempo, quisiera marchase para no volver
la vida es linda muchacha, no llores, déjalo correr
la vida es linda muchacha, no llores, déjalo correr

Sangrando en la tarde, se ira por su cauce, morirá en el mar
la vida es linda muchacha, no llores, volverá el amor
la vida es linda muchacha, no llores, volverá el amor

Amar es vivir, odiar es morir
la vida es linda muchacha, no llores, deja de sufrir
la vida es linda muchacha, no llores, volverá el amor
la vida es linda muchacha, no llores, volverá el amor

Si el rio del tiempo, quisiera marchase para no volver
la vida es linda muchacha, no llores, déjalo correr
la vida es linda muchacha, no llores, déjalo correr

Sangrando en la tarde, se ira por su cauce, morirá en el mar
la vida es linda muchacha, no llores, volverá el amor
la vida es linda muchacha, no llores, volverá el amor

Amar es vivir, odiar es morir
la vida es linda muchacha, no llores, deja de sufrir
la vida es linda muchacha, no llores, volverá el amor
la vida es linda muchacha, no llores, volverá el amor…

Cueca – Letra y Música: Nilo Soruco
Introducción: La muerte del genio (de Oscar Alfaro por Nilo Soruco)


Estando en la cárcel, mi hija Zemlya me contó la historia de una amiga que lloraba el amor perdido, entonces le dije: “Dile a tu amiguita, que no llore que la vida es linda, yo le voy a dedicar una cuequita” Siempre pensé que, al estar preso por denunciar injusticias, no existen cadenas que te aten verdaderamente y menos limitaciones para cantarle al amor.

Nilo Soruco


Nilo Soruco

Nilo Soruco

Nilo Soruco Arancibia nació en Tarija, Bolivia, el 6 de julio de 1927, Empezó tempranamente en la música componiendo su primera cueca ¨A las orillas del Guadalquivir¨ a la edad de 13 años. Compone la línea melódica para muchos poemas del poeta tarijeño Oscar Alfaro nacido en 1922, y muerto en 1963. Juntos trabajan en producciones comprometidas con la clase política y social del País. A causa de la dictadura de Hugo Banzer Suárez que se desató en Bolivia en 1971, fue encarcelado por su actividad como dirigente sindical de los maestros. En la cárcel compuso una de sus cuecas más famosas llamada ¨La vida es linda¨. Luego tuvo que salir fuera de su país y fue exiliado en Venezuela, instalado en la ciudad de Caracas, aproximadamente en 1978. Allí durante el exilio donde compuso varios de sus más famosos temas musicales como “Ya la pagarán”, “Duraznero”, “Instantánea”, y en particular una cueca llamada “La Caraqueña” misma que se convirtió en una especie de himno de la resistencia identificando a los que estaban fuera de la patria. Al terminar el exilio y la dictadura retornó nuevamente a Bolivia.
Compuso a lo largo de su vida más de 250 canciones de distintos géneros.
Soruco ha sido reconocido por la Cultura Nacional de Bolivia en 2003 con un homenaje y con la Ley 3383 del 3 de mayo de 2006, se declara Patrimonio Cultural de la Nación a toda su obra literaria – musical de este luchador social y compositor.
Falleció en Tarija, el 31 de marzo de 2004.


Esther Marisol

Esther Marisol

Esther Marisol González Segovia, nació el 21 de octubre de 1976 en Yacuiba (departamento de Tarija, Bolivia), más conocida como Esther Marisol, es una cantante de música folclórica boliviana.
Cantante de ritmos bolivianos como chacareras, cuecas, tonadas y taquiraris, se la considera como una de las voces más importantes del folclore de Bolivia. Entre sus interpretaciones más conocidas cabe destacar Morir cantando, No te olvides de mí, La vida es linda, Amor chapaco, Oh linda Tarija, El guajojó, Mi vieja guitarra, Tierra camba encantada, Soy chacarera, El duraznero, entre otras muchas.
Cuando apenas tiene 11 años lanza su primer trabajo musical, un CD titulado Tierno clavel, con la colaboración de sus hermanos, Los Canarios del Chaco.

En el año 2004 grabó el disco titulado Hasta el cansancio. Siete años más tarde, en 2011, dio a conocer su séptimo disco, Soy chacarera.
El año 2014, y en homenaje al 200 aniversario de la fundación de la ciudad de Tarija, lanza su octavo CD, Para Tarija con la voz, un trabajo dedicado a los artistas tarijeños que a lo largo de la historia le cantaron a Tarija y que incluye diez cuecas de los propios artistas homenajeados.
El nombre de Esther Marisol sonó muy fuerte y formó parte de importantes festivales folklóricos a nivel nacional e internacional. Obtuvo discos de plata, oro y platino, además del título de «Ñusta de la canción boliviana». Visitó Argentina, Perú, Francia y Estados Unidos, donde ofreció numerosos conciertos a la comunidad boliviana y latinoamericana, en el que el público la aceptó positivamente.

Discografía:

Tierno clavel (1987)
Esther Marisol (1995)
No te olvides de mí (1996)
Sin ti (1998)
Piel chaqueña (1999)
Hasta el cansancio (2004)
Soy chacarera (2011)
Para Tarija con la Voz (2014)

Miguel Pou Becerra – Puerto Rico

B_Puerto Rico

Miguel Pou BecerraMiguel Pou Becerra nació en Ponce, Puerto Rico, el 24 de agosto de 1880, hijo de Juan Bautista Pou Carreras y Margarita Becerra Julbe. Pou tomó clases de dibujo y pintura en Ponce. Comenzó a dibujar con Pedro Clausells y pintar con el español Santiago Meana.

Después de recibir un Bachelor of Arts del Instituto Provincial de Ponce en 1898, trabajó como profesor en el Departamento de Educación. Se convirtió en maestro de escuela pública a los 20 años, y asistente del superintendente en el distrito escolar de Ponce en 1900.

En 1906, completó el curso de metodología en la enseñanza de dibujo en la Escuela Normal Hyannis (ahora Hyannis State Teachers College) en Massachusetts, Estados Unidos. En 1909, se convirtió en director de la escuela Dr. Rafael Pujals en Ponce. También se casó en 1909 con Ana Valldejuly.

En 1910 estableció la Academia Miguel Pou en Ponce, una escuela de arte que estimuló a muchos jóvenes a interesarse por el arte. Dirigió su escuela durante los siguientes cuarenta años, hasta 1950. Fue muy admirado por sus trabajos artísticos en Puerto Rico. En 1919, interrumpió brevemente su presencia en la escuela de arte para continuar sus estudios. En ese año estudió en los Estados Unidos en la Art Students League en la ciudad de Nueva York y en 1935 en la Academia de Bellas Artes de Filadelfia.

Miguel Pou era generalmente impresionista en su estilo. Pintó paisajes puertorriqueños y pinturas tipo jíbaro. Quería capturar el ideal de lo que era un jíbaro o jibara. Pintó la belleza que la gente y la tierra tenían tanto desde el punto de vista físico como espiritual, fusionando sinérgicamente ambos. “Su obra se considera impresionista por su uso de una paleta de colores y de luz, aunque presentaba la realidad tal como la veía, sin suavizarla ni exagerarla. Sin embargo, es un pintor de la escuela realista debido a su esfuerzo por representar la realidad puertorriqueña “.

La obra maestra de Pou “Los Coches de Ponce” (1926) recibió muchos premios. En 1926, había perfeccionado considerablemente su forma de arte desde los días de “Las Lavanderas” (1896). En 1926 se había establecido un nombre, y Los “Coches de Ponce” ayudó a posicionar a Pou entre los mejores pintores de Puerto Rico.

Falleció en San Juan, Puerto Rico, el 6 de mayo de 1968.


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Rafael Menjívar Ochoa – Fade Out

B_El Salvador

R.Menjivar Ochoa

Rafael Menjívar Ochoa

Nació en San Salvador, el 17 de agosto de 1959, fue un escritor, periodista, traductor salvadoreño. Su padre, el economista Rafael Menjívar Larín, era rector de la Universidad de El Salvador cuando el ejército la ocupó en 1972 y lo exilió hacia Nicaragua. El resto de la familia abandonó el país en enero de 1973 hacia Costa Rica, donde se reunió con el padre. En 1976 se instalaron en México, donde Menjívar Ochoa vivió durante veintitrés años. Estudió música, teatro y letras inglesas.

En 1999 se instaló en El Salvador, donde en 2001 se convirtió en Coordinador de Letras (director de literatura) y en 2001 fundó La Casa del Escritor, proyecto para la formación de escritores jóvenes, ubicado en la que fuera casa de Salvador Salazar Arrué (Salarrué). Pertenece a la llamada “Generación del Cinismo” o “Generación del Desencanto”, junto con Horacio Castellanos Moya, Jacinta Escudos y Miguel Huezo Mixco, entre otros que comenzaron su producción literaria en la época de la guerra. Fue compañero de vida de la poeta salvadoreña Krisma Mancía.

Falleció en San Salvador el 27 de abril de 2011.

Dice sobre él Miguel Huezo Mixco: Fue un mexicano singular. Nació en El Salvador (1959) pero cuando era un adolescente se fue a México, escapando de la violencia política. Vivió en el DF la mitad de su vida. Sus cuentos y novelas acontecen en México. Sus protagonistas, además, emanan el acento de los marginales mexicanos. Él mismo hablaba como mexicano: un salvadoreño que sudaba mexicano. Su nombre, sin embargo, todavía toma de sorpresa hasta a los mejor informados.

Después de buscarse la vida como periodista, traductor y guionista para cómics, decidió volver a su país natal, donde murió en abril de este año a causa de un agresivo cáncer. Algunos de sus libros –publicados en pequeñas editoriales– se cuentan entre los mejores de la “literatura negra” de Latinoamérica. El cuento “Fade out” pertenece a su libro Un mundo en el que el cielo cae y cae (San Salvador, Revuelta, 2011).


Fade Out

–¿Quién? –volvió a preguntar.

Su voz me estaba cansando. A ratos era ronca y agradable, pero se pasaba el tiempo tratando de hablar como niña pequeña. No le quedaba ni a su estatura ni a su cuerpo. Pensé que la iba a extrañar: su madre la había copiado de alguna estatua, y uno no deja sin remordimientos a alguien que parece una estatua.

–¿Quién? –repitió.

No había gritado, pero la voz se le puso tan chillona que me dieron ganas de golpearla.

–Nadie –le dije–. No conozco a nadie. Me la he pasado metido en la cama contigo.

Seguí barajando las cartas. La mesa estaba sucia. Todo estaba sucio. El baño estaba sucio. Cada vez que entraba al baño tenía miedo de que algo me mordiera. No había luz, no había regadera, solo el excusado, el lavabo, una manguera conectada al lavabo y una cubeta para bañarse.

Se quitó las sábanas de encima. La cama estaba a tres metros y aun así me llegó todo su olor; era de esos que hacen que uno deje de pensar. Tres semanas antes no lo había pensado y me había tirado de cabeza en la cama; ahora pude soportarlo.

Se arrodilló en la cama y empezó a acariciarse los pechos y las caderas.

–¿Alguien te ha dado algo mejor?

–No –le dije.

Se apretó el pubis con las manos.

–¿Mejor que esto?

Saqué otra carta.

–Seis de espadas –le dije–. No me acuerdo qué significa.

–Deja las cartas –me dijo.

Se echó boca arriba, con las piernas abiertas.

Saqué otra carta y se la enseñé.

–Nueve de espadas –le dije–. ¿Sabes qué significa el nueve de espadas?

–Que se vaya a la chingada el nueve de espadas. Quiero que vengas.

–Ya no –le dije.

Puse aparte el nueve de espadas y seguí barajando. Se puso furiosa.

–¿Me vas a dejar? –preguntó.

–Sí –le dije.

–A mí no me dejas –dijo, sentándose otra vez–. A mí nadie me deja. Yo dejo a quien se me da la gana, pero a mí nadie me deja.

Saqué otra carta: dos de espadas. Se la enseñé.

–Obstáculos –le dije–. Nueve de espadas y dos de espadas. Parece que hoy solo van a salir espadas. ¿De verdad no sabes lo que quiere decir el nueve de espadas?

Se paró. Era casi tan alta como yo. Estaba sudando. Yo también; hacía calor.

–Crees que soy ninfómana, ¿verdad?

Estaba caminando hacia mí, como gato que va a descuartizar a una mariposa.

–Pues no soy ninfómana. Si los hombres no aguantan a una mujer de verdad, peor para ellos.

Saqué otra carta.

–As de espadas –le dije–. Eso significa que sí eres ninfómana.

Me dio en la oreja con la mano abierta. El mundo se puso rojo.

Cuando me di cuenta ella estaba en el suelo, con la cabeza sobre la cama. Un ojo se le estaba hinchando y tenía la boca reventada. Yo estaba parado en medio de un reguero de cartas. Me costaba respirar. La mesa estaba tirada en el suelo.

–¡Te vas a la mierda! –me gritó–. ¡Te vas a la mierda!

Por lo menos estaba viva. Me sentí bien de que estuviera viva.

Recogí una carta.

–As de copas –le dije–. Casa, hogar, familia.

No me dio tiempo de abrir la puerta. Dio un grito. Me volví y la vi venir con algo en la mano. Una lata de sopa. No sé si uno es estúpido o qué: de lo primero que me di cuenta fue de que la lata estaba oxidada en uno de los bordes. Casi me dio un ataque de risa.

Fue fácil quitarle la lata. Lo difícil fue lograr que me soltara. Me abrazó y empezó a decirme que no la dejara, que me iba a matar, que la perdonara, que era un hijo de puta, que me quedara con ella. Trataba de besarme y me mojaba de lágrimas. No me sentía bien.

–De todos modos me voy a ir –le dije.

Pensé en la policía, que estaba allá afuera, en todas partes, y no me importó. Daba igual que me agarraran ahora o dentro de diez años.

Me soltó.

–Está bien, te vas a ir, pero mañana. Hoy quiero que estés conmigo. Solo hoy. La última vez. Solo hoy.

De todos modos debía ser más de la una de la mañana y no tenía dónde ir. El cuatro de oros estaba tirado contra una pared. Lo recogí y se lo enseñé.

–Cama de amor –le dije–. Ve a darte un baño.

–¿No te vas?

Le besé la frente. Ella se metió al baño.

El departamento era solo un cuarto inmenso. Allí cabían la cocina, el baño, el comedor –una mesa y dos sillas–, la cama y un ropero grande. Junto al ropero había una ventana que daba a la bahía. De vez en cuando se oían las sirenas de los barcos. Era un sonido triste. Pensé que a alguien que está huyendo no se le ocurriría ir a Acapulco sin dinero y con todos esos policías dando vueltas por todas partes. A mí se me había ocurrido.

En el baño se oía cómo se llenaba la cubeta. Abrí una puerta del ropero.

Los roperos son lugares raros. En ese lo primero que se veía era un payaso de trapo, desteñido y feo. Alrededor, miles de cosméticos y perfumes. Mi cara me vio desde un espejo pegado en el fondo; parecía tranquilo, pero no me confiaba de las apariencias. Abrí la otra puerta: tres vestidos chillones, tres batas, un par de pantalones y blusas y no mucho más. Regresé a la primera puerta y abrí el cajón de hasta abajo. Estaba lleno de ropa interior. Si había algún secreto, me dije, tenía que estar allí. De seguro sería un secreto de lo más estúpido.

Metí la mano debajo de toda la ropa interior y me puse a hurgar. Había una caja de madera. Sigue leyendo

Pueblo Garinagu “Caribes Negros”

B_Pueblos Originarios

Garífuna (“la gente que come yuca”), refiere al individuo, Garinagu es el término que ellos usan para referirse a su pueblo. También son conocidos como Caribes Negros o Garifune.

Historia:

San Vicente (Yurumein en Garífuna, Hairouna para los Caribe), es una isla volcánica situada en el Mar Caribe, con una superficie de 345 km2, fue poblada por arawaks al principio de la era cristiana. Hacia el año 1200 grupos masculinos de caribes llegaron desde el Delta del Orinoco en embarcaciones de un solo tronco que podían transportar más de sesenta hombres, dominaron a la población arawak eliminando al los hombres y tomando a sus mujeres que continuaron portando la lengua y cultura arawak– para generar una nueva estirpe indígena: los Caliponan o Caribes Rojos.

Garifunas origen

El origen de los antepasados de los garífunas fueron esclavos negros, que desde África Occidental eran trasladados hacia las minas y plantaciones de América; se cree que fue en 1635, cuando dos barcos españoles naufragaron frente a las costas de San Vicente y sus cautivos escaparon nadando. Los Caliponan les dieron refugio a estos africanos ansiosos por establecer lazos amistosos y comenzar una nueva vida. Al mezclarse formaron la cultura Garinagu (Garífuna) o Caribes Negros, una amalgama entre las tradiciones de pesca y agricultura caribe y la espiritualidad, música y danza africana.

En el siglo XVI, la expresión Kalinagu se utilizaba en la isla para identificar negros radicados en ese espacio caribeño. Del Kalinagu se derivó en el siglo XVII, el término Garinagu-garifuna. El nuevo pueblo se fortaleció y creció a lo largo del siguiente siglo, convirtiéndose en un enclave de hombres libres; una seria amenaza para los países esclavistas. La población negra de San Vicente se incrementaba con los africanos esclavizados que huían de las cercanas islas de Barbados, Santa Lucía y Granada. Para el siglo XVII la sociedad negra era la dominante en isla. La disputa por recursos y territorios hizo que los grupos se dividiera: los Garífunas se establecieron en el noroeste y obligaron a los Caliponan a moverse al oeste de la isla.

Cuando la noticia de las disputas entre los grupos de pobladores de San Vicente llegó a Francia, su gobierno intentó apoderarse de la isla. Se aliaron con los Caliponan y enviaron (año 1719) unos 500 soldados. Los Garífuna desde las montañas practicaron una guerra de guerrillas, los franceses no pudieron dominarlos y al cabo de unos años optaron por establecer lazos amistosos con ellos. La comunidad Garífuna adquirió de los franceses el gusto por el vino, adoptaron la moneda francesa como medio de intercambio para el comercio, obtuvieron nombres franceses y eventualmente se convirtieron en sus aliados contra de la colonización inglesa.

La firma del Tratado de París de 1763 otorgó a Inglaterra la posesión de la isla de San Vicente, numerosos colonos ingleses comenzaron a llegar, intentando que los garífunas les cedieran sus tierras fértiles para la siembra de caña de azúcar, ante su intransigencia, los provocaron hasta llegar a la guerra declarada, la “Primera Guerra del Caribe”. El 17 de febrero de 1773 firmaron un tratado de paz, los Caribes Negros se reconocían como súbditos del rey Jorge III y se radicaban en la mitad norte de la isla, autorizados a ejercer el libre comercio y la pesca.

En 1776 las Trece Colonias inglesas de Norteamérica redactan su Declaración de Independencia, la acción implicó un retroceso para el Imperio Británico situación que permitió a los caribes -con ayuda francesa- recuperar el control de la isla entre 1779 y 1783, cuando por un nuevo Tratado de París, el Reino Unido reconoce la Independencia de Estados Unidos de América, pero recupera la posesión de San Vicente.

Con James Seton como Gobernador y una numerosa tropa al mando del general Ralph Abercromby, los ingleses están decididos a tomar el control total de la isla. Joseph Chatoyer (Satuyé) comanda la resistencia dando lugar a la “Segunda Guerra del Caribe”, llamada por los ingleses “Guerra de los Bandidos”. Cuenta con la ayuda de Du Valle, su medio hermano, importante jefe garífuna, militar implacable, que había tenido el control de Kingstown y Dorsetshire Hill y de un grupo de franceses inspirados en los ideales de la Revolución que sacudían a su país.

1795, Muere Chatoyer

Chatoyer se reunió con sus seguidores franceses en Chateaubelair, para dirigirse a Dorsetshire Hill, desde donde las fuerzas conjuntas iban a lanzar el ataque a Kingstown.

El 14 de marzo de 1795 un batallón británico llega a Dorsetshire Hill, esa noche muere Chatoyer. Existen varias versiones de lo sucedido:

• Murió en combate.

• Pierde el duelo con el mayor Alexander Leight, quien era experto en esgrima.

• Fallece en una emboscada cuando concurría a negociar.

chatoyer_esposas

Chatoyer con sus cinco esposas. Barauda era la principal. Compañera permanente, aliada y consejera.

Se cuenta que Satuyé (Chatoyer), poseía un amuleto que le otorgaba poderes por lo que ningún mortal podía acabar con su vida, y que ese día Barauda –su esposa principal– lo había escondido para que su marido cesara en sus combates.

La muerte de Chatoyer, derrumbó el ánimo garífuna, produjo el retiro de los franceses y un vuelco en el curso de la guerra. La resistencia indígena continuará bajo el liderazgo de Du Valle hasta su rendición al año siguiente.

Joseph Chatoyer es considerado héroe por los garífunas, símbolo de su resistencia a la colonización europea

Isla San VIcente

Isla San VIcente “Yurumein” en Garífuna

Los ingleses expulsan a los garífunas de San Vicente, 4.644 son embarcados como prisioneros a la isla de Baliceaux, de 130 hectáreas de superficie –entre las de San Vicente y Granada– donde las condiciones para la vida eran imposibles. Sobreviven 2.026 que son transportados a Punta Gorda en la Isla de Roatán frente a las costas de Honduras donde son abandonados el 12 de abril de 1797.

Según una leyenda, los garífunas escondieron entre sus ropas mandioca, que se mantuvo en buen estado gracias al sudor que emanaba de los cuerpos hacinados de los cautivos. Plantaron la mandioca en esa isla, donde creció en abundancia. Cada año, en Belice, al representar su llegada, los lugareños se hacen a la mar y se dejan llevar de regreso a la playa, mientras ondean frondas de palmeras y hojas de bananos como símbolos de la mandioca que dio sustento a sus ancestros.

La mayoría no permanecerá mucho tiempo en la isla, solicitan a los españoles que se lo traslade a la costa hondureña, que los autoriza a cambio de usarlos como soldados o fuerza de trabajo, así arriban a Trujillo antigua capital de Honduras (hoy capital del Departamento de Colón).

En Honduras el clima político no les favorecía, estaban aliados a los españoles cuando se gestaba la independencia centroamericana, así se produce un movimiento poblacional que funda aldeas pesqueras por toda la costa caribeña centroamericana, el mayor número se dirige a Belice. Allí se celebra el 19 de noviembre como el “Día del Arribo” al igual que en Nicaragua, mientras en Guatemala se lo hace el 26 de noviembre y en Honduras el 12 de abril.

Hacia el año 1900 empresas bananeras se establecieron en la costa centroamericana, muchos garífunas se establecieron en lugares aledaños a esas compañías que eran demandantes de mano de obra, para el año 1940 una plaga devastadora provocó su desempleo. Se produjo una nueva migración, esta vez Nueva York constituyó el destino preferido. Hoy hay generaciones garinagu nacidos en Estados Unidos, que envían divisas a sus sitios de origen. Es común que los emigrantes regresen a pasar su vejez a su pueblo natal. Como dijo un antropólogo: “En la historia de la interculturalidad garinagu, la relación con nuevos universos es una constante”.

El pueblo garífuna ha mantenido increíblemente sus interesantes tradiciones culturales, herencia de sus ancestros de África Occidental y de nativos americanos caribes-arahuacos.

Todavía comparten mucho con los indígenas de la selva amazónica: bailes en círculo, prácticas religiosas y creencias, la importancia de la pesca y la yuca como base de la alimentación, etc.; sus antepasados africanos también dejaron una huella profunda: el baile de “la punta”, muchos cuentos, estilos de toque de tambor, cultivo del plátano, sacrificios de gallos y de cerdos. A los rasgos mencionados, los europeos aportaron unos y modificaron otros: muebles de casa, religión, hábitos alimenticios, estilos de vestir y folclore. Los garífunas conservan mucho de lo ancestral a medida que adoptan lo nuevo.

Garifunas Distribución

Distribución del pueblo Garinagu


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Guafa Trío – Marta Gómez / La Raíz

B_Colombia

Detrás de un árbol de cerezos
se escondió la primavera
siembro en un cesto la hiedra,
en un dedal siembro romero
y de la raíz que le crece
se derrama un aguacero.

El cielo en tus ojos brilla,
de tu risa se ilumina,
se alimenta el mundo entero.
Sin ti la palabra calla,
calla el alma, la tonada,
calla oscuro el universo.

Vuela al cielo mariposa,
libélula encantada,
vuela alto, vuela lejos,
pero quédate en mis alas.

Detrás de un árbol de cerezos
se encerró la primavera.
Guardo en un gesto tu abrazo.
en un papel guardo el recuerdo
y de la raíz que le crece
se derrama mi silencio.

El cielo en mis ojos llora,
de tu risa se enamora,
se alimenta el mundo entero.
Sin ti la palabra calla,
calla el alma, la tonada,
calla oscuro el universo.


Marta Gomez

Marta Gómez


Guafa_Trio

Guafa Trío
Ignacio Ramos – Dirección Musical, Flauta Traversa y Maracas
Cristian Camilo Guataquira “Chamy” – Cuatro Llanero
Javier Andrés Mesa – Bajo Fretless Acústico y Bajo Eléctrico