Noche de luna en La Ceiba – Javier Monthiel


Noche de luna en la Ceiba
donde las olas se mecen
se mecen tranquilas
al vaivén de las hamacas.

Veo preciosas ceibeñas
mujeres con cuerpos de diosas
que bailan y gozan
al vaivén de las hamacas.

Que ríen que cantan que gozan
que sueñan con perlas de sol
que bañan con brisas sus cuerpos
sus cuerpos dorados de sol.

Noche de luna en la Ceiba
donde las olas se mecen
se mecen tranquilas
al vaivén de las hamacas

Que ríen que cantan que gozan
que sueñan con perlas de sol
que bañan con brisas sus cuerpos
sus cuerpos dorados de sol.

Veo preciosas ceibeñas
mujeres con cuerpos de diosas
que bailan y gozan en mi
Ceiba tropical.

Carlos Luna


Javier Montiel

Javier Monthiel

José Javier Pérez Ramírez, mejor conocido como Javier Monthiel en el medio artístico nació el 11 de abril de 1967 en el departamento de Ocotepeque en el occidente de Honduras, hijo de Antonio Leiva y Tereza de Jesús Ramírez. Dice haber heredado su pasión por la música de su padre biológico , reconocido saxofonista hondureno y músico de profesión, aunque admite que fue su padrastro Valentín Pérez quien le enseñó a ser honesto, humilde y a amar el trabajo.

 


Carlos Luna

Carlos Luna

Carlos Luna Grajeda, compositor de música y letra de La Ceiba o Noche de Luna en La Ceiba. Nació en la Cuidad de México, el 31 de Octubre del 1941 y es hijo adoptivo de Honduras desde 1967 hasta la fecha. Ademas de La Ceiba es creador de Islas de la bahía, La chica del Boulevar, Que calor, Sampedrana, Juan y su Guitarra, Hoy quiero pensar en ti, La miel de tu boca, El merendón, y Tegucigalpa en Semana Santa. Algunas se han grabado por interpretes nacionales y se han convertido en clásicos.

 


 

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El misterio de La Ciudad Blanca o “Ciudad del Dios Mono” (Honduras)

La Ciudad Blanca o “Ciudad del Dios Mono”, es un sitio arqueológico en el Oriente de la república de Honduras. Primeramente contemplada como una leyenda fantástica, luego como un mito de una civilización con esplendor que desapareció misteriosamente y en la actualidad convertida en centro de estudios arqueológicos.

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La Historia precolombina indica cuales eran las civilizaciones que habitaban lo que hoy es la república de Honduras. Si bien es cierto que al territorio conocido lo denominaban los nativos como Hibueras y otros Guaymuras; fue por medio de los conquistadores españoles, que le quedó el nombre Honduras.

De los pueblos indígenas prehispánicos conocidos en el istmo centroamericano, los más notables fueron los Mayas, los Lencas, los Chibchas, los Misquitos (mosquitos), los Payas, etc. de descendencia e influencia Nahuatl, Nahuas, Quechuas, Toltecas, Aztecas, entre otros. La tenencia de la tierra indica cuales fueron sus naciones y territorios fronterizos, su organización de gobierno, lengua y hasta sus vestigios.

Los españoles empezaron la conquista de América a partir de 1492, comenzando así las posesiones territoriales y sometimiento de los indígenas. A partir de la colonización se emprendió también la exploración de aquellos sitios, a cuyos oídos de los avaros españoles escuchaban de parte de indígenas esclavos que en el nuevo continente se decía que existía la “Ciudad del Oro” o “la fuente de la vida eterna” mitología o realidad, fue buscada en Nueva Galicia (América del Norte), Nueva España, Nueva Granada y Reino de Tierra Firme, (América del Sur) y hasta en la América Insular, sin rastros algunos de tales sitios de los cuales se crearon leyendas fantásticas sobre los mismos, de acuerdo a cuantos exploradores y buscadores de tesoros perdían la vida en su afán por encontrarlos.

Es así, que el Obispo de Trujillo, el español Cristóbal de Pedraza denominado el “Protector de Indios” comenzó su andadura por su jurisdicción territorial, conociendo los nativos y procurando que sus paisanos, no continuasen en lo rentable que era el hacerlos esclavos. Pedraza envió sendas notas al Rey de España y asimismo a los altos mandos en América y Nueva España. Fue en una nota de esas, que el obispo menciono haber estado en una ciudad indígena extraña y que sus edificios eran totalmente blancos, situada al oriente de Comayagua, dicho relato llegó a oídos de Hernán Cortés que se embarcó en la travesía de encontrarla por su cuenta, Cortés fracaso en el intento, como otros muchos y es así como nació la Leyenda de la Ciudad Blanca o Ciudad del Dios Mono.


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Mosquitia hondureña, también llamada La Costa de Mosquitos


Los Misterios de la Mosquitia hondureña: La Ciudad del Dios Mono.

Theodore Morde.

Artículo publicado el 22 de septiembre de 1940 en The American Weekly revista de los sábados de The Milwaukee Sentinel con el título “In the lost city of ancient America´s Monkey God”.

En 1939, Theodore Morde, luego de cinco meses internado en la selva, aseguró haber encontrada la mítica ciudad, que indicó estaba dedicada al Dios Mono.

Inundaciones le impidieron realizar excavaciones, retornando con objetos para probar su hallazgo. En 1940 publicó un artículo, relatando su experiencia, en un semanario norteamericano con el título “In the lost city of ancient America´s Monkey God”.

Falleció sin cumplir su promesa de regresar y sin revelar la ubicación de la “Ciudad Perdida del Dios Mono”

Theodore A. “Ted” Morde nacido el 18 de mayo de 1911, fue aventurero, explorador, diplomático, espía, periodista y productor de noticias de televisión.

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Hay muchos misterios acerca de Morde y su expedición, que incluso llegan a diferentes versiones sobre su muerte

El 26 de junio de 1954, Morde fue encontrado colgando de la ducha de la casa de sus padres en Dartmouth, Massachusetts. Su muerte fue declarada suicidio por el médico forense. (Algunas fuentes normalmente confiables, escritas mucho después, informan que Morde había sido atropellado por un automóvil en Londres, Inglaterra, “poco después” de su expedición a Honduras).


(Traducción realizada en 1950 por iniciativa de Julio Rodríguez Ayestas, director del Archivo Nacional de Honduras.)

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      Estoy convencido de que hemos encontrado el lugar en que estuvo en un tiempo la legendaria ciudad perdida del Mono-Dios, la antigua capital de los extintos Chorotegas, cuya civilización es quizá más vieja que la de los mayas y los aztecas. Los relatos que se refieren a este pueblo indio han despertado tanto el interés de los exploradores que muchos de éstos se han internado en las intrincadas selvas hondureñas en atrevidas investigaciones.

Ciudad Blanca o del Dios Mono: ¿Ciudad o civilización perdida?

Dimos con la ciudad después de haber penetrado en el inexplorado territorio de la Mosquitia, donde la traicionera y tupida vegetación se extiende hasta las mismas márgenes de los ríos y donde la temida malaria, las mortíferas serpientes, los insectos dañinos y las fieras acechan donde quiera a cualquiera que se aventure más allá de la estrecha faja de tierra llamada Costa de la Esperanza Perdida, que bordea las hermosas aguas azules del Mar Caribe.

Durante cinco meses, la expedición del Museo del Indio Americano de la Fundación Heye de Nueva York, navegó impulsándose con remo o pértigas por los inexplorados ríos y arroyos que se precipitan en las altas cordilleras montañosas de Honduras. Navegando cientos de millas en piraguas y abriendo a filo de hacha y machetes senderos a través de la densa vegetación selvática llegamos, por fin, a las ruinas de la ciudad perdida del Mono-Dios.

En el lugar era ideal para una ciudad semejante. Las elevadas montañas formaban en fondo de la escena. Cerca de allí, una rápida catarata, hermosa como un vestido de refulgentes joyas, se precipitaba en el verde Valle de las ruinas Las aves resplandecientes como gemas, revoloteaban de árbol en árbol y los monitos, asomaban sus hociquillos mirándonos con curiosidad desde el denso follaje que nos rodeaba.

No puedo precisar de lo que he hecho la ubicación de la Ciudad del Mono-Dios porque, como ya he dicho, son muchos los que la buscan, atraídos por los relatos que hablan de tesoros, y nosotros queremos encontrarla intacta en nuestro próximo viaje, que será muy pronto. En esa ocasión, esperamos descubrir el Gran Templo y desenmarañar, entre otras cosas, el misterio del parecido de este prehistórico Mono-Dios americano con el Mono-Dios Hanuman, adorado desde hace decenas de siglos en la India.

Las hazañas de Hanuman se cuentan en el Ramayana, uno de los textos sagrados hindúes. Su gran templo se encuentra en Benarés, donde sus sacerdotes cuidan y alimentan a los monos sagrados. Sobre Hanuman y su poder se habla algo en la inolvidable obra de Rudyard Kipling “La Marca de la Bestia”, la cual cuenta lo que sucedió al borracho Fleete cuando pegó su tabaco encendido a la frente de la imagen en piedra roja de Hanuman y como, a una orden del sacerdote leproso, el beodo comió y lloró y corrió a gatas y despidió el mismo hedor de un leopardo hasta que se retiró la maldición.

Hanuman es peculiarmente venerado en la India porque figuró de manera principal en las grandes batallas del héroe Rama, que era la octava encarnación de Vichnú, el Creador, y su bella esposa Sita. Las hazañas de fuerza y valor de Hanuman merecerán, en este mismo artículo, toda nuestra atención. Una reproducción de una lámina religiosa hindú muestra al Mono-Dios llevando a lugar seguro, protegidos en su pecho, que se había desgarrado para este fin, a Rama y a Sita.

El Mono-Dios americano tenía sus sacerdotes y quizás también sus sacrificios humanos. Las leyendas son bastantes explicitas en cuanto a esto. Pero sus monos ya no son adorados, a menos que la horripilante y misteriosa ceremonia llamada la Danza de los Monos Muertos, que describiré más adelante, sea un recuerdo tergiversado de aquella vieja forma de culto religioso.

De acuerdo con las leyes cuya posible verificación era el propósito de nuestra expedición, la muy buscada Ciudad Perdida de Mosquitia fue en un tiempo clave de una civilización cuyo pueblo habitaba toda la región. Los indios no habían hablado de vastas ruinas hoy cubiertas por la selva. En sus mentes supersticiosas, era un sitio al que no debía irse; no obstante la cual, los indios más viejos describían algunas de sus características con detalles curiosamente explícitos, que decían haber conocido por los antepasados suyos que habían visto el lugar.

Esto era así, especialmente en lo referente al Templo. Descubriríamos, según nos dijeron, una larga vía de acceso, escalonada, construida y pavimentada al estilo de las ruinas mayas que había en el norte. Efigies de monos labradas en piedra orlarían esta entrada.

El centro de Templo lo formarían un alto estrado de piedra sobre el cual estaría la estatua del Mono-Dios, frente a ella se encontraría el sitio de los sacrificios.

Inmensas balaustradas flanquearían la escalinata hasta el estrado. Una de las balaustradas comenzaría con la colosal imagen de una araña y la otra con la figura también gigantesca de un cocodrilo.

De labios de algunos viejos indios payas, la moderna tribu que vive ahora cerca de la región que explorábamos, conocimos las leyendas sobre el Mono-Dios que ellos se habían transmitido de generación en generación insistían ellos en que, a pesar de los mil o más años que hace que la vieja ciudad abandonada, se conservaba bastante bien. En la memoria de la tribu estaban bien fijas las principales características de sus maravillas.

La Ciudad Perdida estuvo habitada hace mil años o más por una antiquísima y avanzada tribu llamada de los Chorotegas. No se sabe si ellos mismos construyeron la ciudad o la arrebataron a algún otro pueblo más antiguo, ocupándola desde entonces. Tampoco se sabe mucho acerca de los Chorotegas, a excepción de lo que dicen algunos arqueólogos de que eran contemporáneos de los antiguos mayas y dominaban lo que hoy es el territorio de Mosquitia en Honduras, que entonces no se componía de pantanos y selvas, como ahora, sino de fértiles tierras.

Hábiles Constructores

Hay otros que creen que los Chorotegas existieron antes que los Mayas y que fueron, quizás los precursores de las culturas maya y azteca, que florecieron en los que es hoy México, Guatemala y el norte de Honduras.

Los Chorotegas eran muy hábiles en los trabajos de cantería, por lo que, para suerte de nosotros, erigían construcciones sólidas y perfectas. La Ciudad Del Mono-Dios estaba amurallada. Encontramos algunas de esas paredes en las cuales la magia verde de la selva había causado algunos daños, pero que, no obstante, habían resistido la avalancha de la vegetación. Seguimos uno de esos muros hasta llegar a unos montículos que tienen toda la apariencia de haber sido una vez grandes edificios.

Hay, efectivamente, varias construcciones que todavía están cubiertas por su milenaria mortaja de tierra.

Sabemos que la Ciudad Perdida era de grandes proporciones y que, en su apogeo, debió haber tenido muchos miles de habitantes.

Fueron las lluvias lo que puso fin a nuestra labor allí. Pero cuando cesen regresaremos y emprenderemos la ingente tarea de quitar la selva de encima de la ciudad. La primera tarea será el desbroce y la quema de varios cientos de acres del bosque. Solamente entonces podrán comenzar los verdaderos trabajos de excavación.

Y a juzgar por la magnitud de los trabajos necesarios para limpiar las Ruinas de Copán, se necesitarán varios años para desenterrar la Ciudad Del Mono-Dios.

¡Pero qué descubrimiento se harán durante esos años! Sigue leyendo

Pablo Menacho – Poeta panameño

1.

He querido tantear las puertas,
comenzar a describir los pasos
y andar desandando la nostalgia
para encontrarte
en mi silencio.

– Sólo en tu sombra
caminaban los espacios
de la piel – .

Y he deseado besar los sueños
una mañana
que aprendí a buscar tus ojos
con los versos que empezamos
a esbozar.

2.

Un día
fue otra era indefinida
que los papeles parecían llover
y definirte
ha sido la fotografía
que nos miraba.

Un día
es otro mundo
donde te he de hallar
si acaso encuentro la sonrisa.

3.

Y así
me guardaba tu nombre
para integrarlo al amor
y a nuestros niños.

Quería mencionar
que la ternura
por primera vez nos arrasaba.

Y es que el juego aquel que compartimos
nos está reclamando urgentemente.

4.

Este salón está vacío
sin tus ojos.

Cómo explicarle a todos
que has vivido en esta casa
y darle temas a tu sueño.

5.

Ven:
aquí muchos rostros te reflejan.

Ven,
que mañana seremos dos
dispuestos a vencer el tiempo
y a esperarnos.

 

Dulces claveles en la sangre

El corazón ardía
como una hoguera incontenible
donde se incinera la impotencia
después de tantos años
de navegar sobre las sombras
sin rendirnos nunca
a la salvaje fiera de la nieve.
La misma que plantó una bandera extraña
en nuestro ombligo
donde la rebelión se confundía
con el olor de una mañana
que se resiste a deforestar
la flor de las naranjas.

A la postre,
tuvimos veintidós claveles
cortados con el filo de una noche aciaga
en medio de un aquelarre
de demonios.
Veintidós luces encendidas
que sortearon las borrascas
y vislumbraron el mediodía de un diciembre,
aún lejano y gris, pero posible.

Pero también un faro
iluminando nuestro viaje
con muchas lunas de dolor
descolgadas del tránsito del siglo.

Así vimos el tiempo contraerse
y transformar lo que antes era perpetuo
en años que se contaban largamente
hasta la culminación final
del calendario.

Fue así como llegó
el indescriptible día de la lluvia,
una lágrima que se derramó por la mejilla
de la tierra.

Dedicado por Pablo al Día de los Mártires  –fue un movimiento popular ocurrido en Panamá el jueves 9 de enero de 1964, cuyo objetivo era reclamar la presencia de la bandera panameña en el territorio conocido como la Zona del Canal, una franja de tierra alrededor del Canal de Panamá, que fue cedido a Estados Unidos a perpetuidad mediante el Tratado Hay-Bunau Varilla. Este suceso fue el detonante para que se aboliera dicho tratado y entraran en vigor los Tratados Torrijos-Carter– .

Breve Residencia

1.

Esta calle en donde vivo,
me quedará pequeña
un día.

Mi habitación de gris
y de cemento,
refugio final de los amores,
no tiene espacios
para esta soledad.

2.

Me he ido triste una mañana.
Todo quedó vacío
en nuestra casa
de cristales de luz
que nos unía.

Me he ido triste __lo confieso__

Sólo tus ojos
se han quedado en mi mirada.

3.

Quizás te llame cuando pueda.
Ahora
todo es negro en nuestra duda.

Necesito la voz del aire
y continuar:

4.

He vagado en silencio
con tu nombre.

Mi hermana menor
también lloraba.

¿Cómo estará mi madre
en nuestra ausencia?

¿Cómo estaré de solo
sin tenerte?

5.

Hablaré de los relojes
mientras llueva.

No.
No me perdones la tristeza.

Le hablaré a los niños
de un mañana deferente.


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Pablo Menacho

Nació en Chitré, Provincia de Herrera, República de Panamá, el 2 de octubre de 1960. Es Licenciado en Diseño Gráfico por la Universidad de Panamá. Es diseñador gráfico, editor y escritor.

Ha sido miembro del consejo de redacción de Letrabierta [Carta de Poesía] (1982), del colectivo de escritores La otra columna (1982-1995) y del consejo editorial de la revista Littera (1995) y la revista Alhucema (Granada, España). Fue diseñador gráfico y editor en la Universidad de Panamá (1983-2010), jefe del Departamento de Diseño Gráfico del Instituto Nacional de Cultura (1990-1992) y Gerente Editorial de la Dirección de Publicaciones e Impresos (Secretaría de Cultura de la Presidencia, El Salvador, 2010-2012); columnista colaborador en el diario La Prensa (1980-1982) y Editor Cultural del diario El Panamá América (1993-1998).

Ha obtenido diversos premios de poesía, entre ellos: Primer Premio del VIII Concurso Literario Intercolegial (Ministerio de Educación, 1978), Premio Único del II Concurso Literario convocado por la Dirección de Asuntos Estudiantiles de la Universidad de Panamá, en 1979, Premio Único del Torneo de Poesía de Verano (INAC, 1980), Primera Mención Honorífica en el Premio Signos de Joven Literatura (1985), Segundo Premio en el Concurso de Poesía «Amelia Denis de Icaza» (INAC, 1986), Segundo Premio y Finalista en el Torneo de Poesía de Verano INAC-TEXACO en 1995 y 1996, respectivamente. Obtuvo Primera Mención Honorífica en el Premio Centroamericano de Literatura «Rogelio Sinán» 2001-2002 (poesía) y Mención de Honor en el LXI Concurso Nacional de Literatura «Ricardo Miró» 2003 (Sección Poesía).

Ha realizado dos videos documentales: El águila de Azuero (1995) y Los diablos espejos (2000).

Obra poética publicada:

Futuros ejércitos del mundo (1980)

Voces en la lluvia (1983)

La sola mar (1989)

Serenas estaciones y otros poemas (México, 2001)

Canción sin nombre y otros poemas (2001)

Re/incidencias (2001), Carta a Edmond Bertrand (2004)

Rito de mares y sombras (2008).

Fuente y más datos: Página web de Pablo


 

Los nuevos sembradíos

Dame todos los latidos
y este rostro único y ajeno,
maquillado de palabras y silabeantes acantilados
que conquistan los cabellos de la luz.
La piel que es un paisaje prolongado
que reposa sobre el aire
y las fuentes,
dispersas por la tierra lejana y azul,
donde beberé despacio el néctar de tu cáliz
regocijado en los placeres.

***
Eres todavía un estallido inconjurable
en los adentros
y te nombro con el nombre
de una afilada orquídea,
un aciago temblor de los marasmos.
Y así, cercado de estaciones,
labro el silencio de un mundo agreste
con nuevos conjurados.

***
Porque vendrán otras jornadas,
que reunirán la descendencia:
los seres que poblarán la tierra que dejamos,
los arrebatados soles que tiznan nuestra piel
y los inviernos.
Pero también, un cántaro de agua
y una hoguera, dulce y febril,
como el ardor de la poesía.

***
Y así,
sílabas cimbreantes,
recogidas en medio de la bruma,
desgranarán tu nombre
y luminoso para siempre
tu cuerpo se encenderá en la nocturnidad.
Mañana,
cuando el sol toque la medianía de la tarde,
abonaremos, dulcemente,
los nuevos sembradíos. Sigue leyendo

Rubem Fonseca – Paseo nocturno

Llegué a la casa cargando la carpeta llena de papeles, relatorios, estudios, investigaciones, propuestas, contratos. Mi mujer, jugando solitario en la cama, un vaso de whisky en el velador, dijo, sin sacar lo ojos de las cartas, estás con un aire de cansado. Los sonidos de la casa: mi hija en su dormitorio practicando impostación de la voz, la música cuadrafónica del dormitorio de mi hijo. ¿No vas a soltar ese maletín?, preguntó mi mujer, sácate esa ropa, bebe un whisky, necesitas relajarte.

Fui a la biblioteca, el lugar de la casa donde me gustaba estar aislado, y como siempre no hice nada. Abrí el volumen de pesquisas sobre la mesa, no veía las letras ni los números, yo apenas esperaba. Tú no paras de trabajar, apuesto a que tus socios no trabajan ni la mitad y ganan la misma cosa, entró mi mujer en la sala con un vaso en la mano, ¿ya puedo mandar a servir la comida?

La empleada servía a la francesa, mis hijos habían crecido, mi mujer y yo estábamos gordos. Es aquel vino que te gusta, ella hace un chasquido con placer. Mi hijo me pidió dinero cuando estábamos en el cafecito, mi hija me pidió dinero en la hora del licor. Mi mujer no pidió nada: teníamos una cuenta bancaria conjunta.

¿Vamos a dar una vuelta en el auto? Invité. Yo sabía que ella no iba, era la hora de la teleserie. No sé qué gracia tiene pasear en auto todas las noches, también ese auto costó una fortuna, tiene que ser usado, yo soy la que se apega menos a los bienes materiales, respondió mi mujer.

Los autos de los niños bloqueaban la puerta del garaje, impidiendo que yo sacase el mío. Saqué los autos de los dos, los dejé en la calle, saqué el mío y lo dejé en la calle, puse los dos carros nuevamente en el garaje, cerré la puerta, todas esas maniobras me dejaron levemente irritado, pero al ver los parachoques salientes de mi auto, el refuerzo especial doble de acero cromado, sentí que mi corazón batía rápido de euforia. Metí la llave en la ignición, era un motor poderoso que generaba su fuerza en silencio, escondido en el capó aerodinámico. Salí, como siempre sin saber para dónde ir, tenía que ser una calle desierta, en esta ciudad que tiene más gente que moscas. En la Avenida Brasil, allí no podía ser, mucho movimiento. Llegué a una calle mal iluminada, llena de árboles oscuros, el lugar ideal. ¿Hombre o mujer?, realmente no había gran diferencia, pero no aparecía nadie en condiciones, comencé a quedar un poco tenso, eso siempre sucedía, hasta me gustaba, el alivio era mayor. Entonces vi a la mujer, podía ser ella, aunque una mujer fuese menos emocionante, por ser más fácil. Ella caminaba apresuradamente, llevaba un bulto de papel ordinario, cosas de la panadería o de la verdulería, estaba de falda y blusa, andaba rápido, había árboles en la acera, de veinte en veinte metros, un interesante problema que exigía una dosis de pericia. Apagué las luces del auto y aceleré. Ella solo se dio cuenta de que yo iba encima de ella cuando escuchó el sonido del caucho de los neumáticos pegando en la cuneta. Le di a la mujer arriba de las rodillas, bien al medio de las dos piernas, un poco más sobre la izquierda, un golpe perfecto, escuché el ruido del impacto partiendo los dos huesazos, desvié rápido a la izquierda, un golpe perfecto, pasé como un cohete cerca de un árbol y me deslicé con los neumáticos cantando, de vuelta al asfalto. Motor bueno, el mío, iba de cero a cien kilómetros en once segundos. Incluso pude ver el cuerpo todo descoyuntado de la mujer que había ido a parar, rojizo, encima de un muro, de esos bajitos de casa de suburbio.

Examiné el auto en el garaje. Con orgullo pasé la mano suavemente por el guardabarros, los parachoques sin marca. Pocas personas, en el mundo entero, igualaban mi habilidad en el uso de esas máquinas.

La familia estaba viendo televisión. ¿Ya diste tu paseíto, ahora estás más tranquilo?, preguntó mi mujer, acostada en el sofá, mirando fijamente el video. Voy a dormir, buenas noches para todos, respondí, mañana voy a tener un día horrible en la compañía.


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Rubem Fonseca

Nació en Juiz de Fora, Minas Gerais, Brasil, el 11 de mayo de 1925, es escritor y guionista de cine. Estudió Derecho y se especializó en Derecho Penal. Recién a los 38 años de edad decidió dedicarse de lleno a la literatura. Antes de ser escritor de tiempo completo, ejerció varias actividades, entre ellas la de abogado litigante.
En 2003, ganó el Premio Camões, el más prestigiado galardón literario para la lengua portuguesa, en 2004 recibió el Premio Konex Mercosur a las Letras, y en 2012 el Premio Iberoamericano de Narrativa Manuel Rojas.
En 31 de diciembre de 1952 inició su carrera en la policía, como comisario en São Cristóvão, Río de Janeiro. Muchos de los hechos vividos en aquella época y de sus compañeros de trabajo están inmortalizados en sus libros.
En junio de 1954 recibió una beca para estudiar y después dar clases sobre ese tema en la Fundación Getúlio Vargas, en Río de Janeiro. Fue elegido, entre septiembre de 1953 y marzo de 1954, junto con otros nueve policías cariocas para especializarse en Estados Unidos. Más adelante, mientras litigaba a favor de hombres que caían injustamente en manos de la justicia -por lo general negros-, Fonseca intentó conseguir un puesto como juez. Fue durante esta etapa en la que pudo observar de cerca la corrupción y la violencia, tanto entre ciudadanos como la del Estado hacia estos. La oportunidad de observar esto sería crucial para el desarrollo de su estilo narrativo.​
Conocido por ser una persona recluida que adora el anonimato y se rehúsa a dar entrevistas, prefiere pensar que un escritor puede decir todo lo que a él le parezca importante, independientemente de lo que los lectores puedan opinar al respecto, pero siempre a través de sus obras y no como personaje público que dicta sentencias en cuanto tiene un micrófono enfrente.
Fonseca dice que un escritor debe tener el coraje para mostrar lo que la mayoría de la gente teme decir. La historia a través de la ficción es también una marca de Rubem Fonseca, como en las novelas Agosto en la que retrata las conspiraciones que resultaron en el suicidio de Getúlio Vargas.
Creó, para protagonizar algunos de sus cuentos y novelas, un personaje antológico: el abogado Mandrake, mujeriego, cínico y amoral, además de profundo conocedor del submundo carioca. Mandrake fue transformado en serie para la cadena de televisión HBO.
Escribe también guiones para filmes, muchos de ellos premiados.

El cuarteto de Nos – Cuando sea grande

No quiero quejarme de oreja en oreja
Fijarme si quien me aventaja se aleja
Negar el reflejo que dejo en mi espejo
Ni alojar el rencor entre ceja y ceja

No quiero guardar tantos secretos
Ni estar enfrentado en un cuadro grotesco
Como los Montesco y los Capuleto
No quiero a tu edad quedar obsoleto

Ni perder el vigor ni decir sin rigor
Que todo tiempo pasado siempre fue mejor
Ni llegar a mi casa ofuscado y molesto
No quiero estar cansado de llevarme puesto

Y aunque esta verdad pueda doler,
tengo que decirlo, sin complacer
Pero si ofendo, pido perdón
Cuando sea grande, quiero ser como vos

No quiero cometer tus mismos errores
Ni creer que todos son estafadores
No quiero manejar tus mismos valores
Ni que cada día sea igual a los anteriores

No quiero no poder controlar mis enojos
Ni cargar esa tristeza en los ojos
Mojados y rojos, ajados y flojos
No quiero resignarme a ser mis despojos

Ni echar con vehemencia la culpa a los demás
de lo que es mi incumbencia y responsabilidad
Ni que me de por probar en alguna idiotez
lo que no pude hacer cuando tuve 23

Y aunque esta verdad pueda doler,
tengo que decirlo, sin complacer
Pero si ofendo, pido perdón
Cuando sea grande, no quiero ser como vos

No quiero que ya nada me provoque placer
Ni que cuando el dolor me toque odie el ayer
Ni mirar fotos viejas y ponerme a llorar
O que nombren a alguien y empezar a temblar.

No quiero llevar esa vida mal trecha
con sospechas de dolo y la ilusión desecha
Ni lanzar pestes creyéndome Apolo
Ni que me molesten, una fecha estar solo.

Y aunque esto se preste a mal interpretar
No quiero que crean que es solo por criticar.
Y espero que tan solo sea una declaración
Porque ni yo se si quiero que quieras ser como yo

Y aunque esta verdad pueda doler,
tengo que decirlo, sin complacer.
Pero si ofendo, pido perdón.
Cuando sea grande, no quiero ser como vos
Y aunque esta verdad pueda doler,
tengo que decirlo, sin complacer.
Pero si ofendo, pido perdón.
Cuando sea grande…

Roberto Musso


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EL CUARTETO DE NOS, una banda de rock de Uruguay con 14 trabajos discográficos hasta la fecha, que se han convertido debido a las ventas múltiples, en disco de Oro, Platino y Triple Platino.

Su principal distintivo, se definen, son sus letras afiladas, el manejo de la ironía, la crudeza y la autocrítica del ser, pasando también por los sentimientos más básicos como el amor, la conciencia del paso del tiempo, la vejez y otras emociones.

Las constantes giras anuales por Latinoamérica han llevado a que EL CUARTETO DE NOS, sea una de las bandas rioplatenses más reconocidas y seguidas en América. Presentes en los principales festivales de cada país, con shows propios masivos en las capitales y distintas ciudades, la banda se afianza en los oídos Hispanoparlantes, con miles de seguidores activos.

INTEGRANTES
Roberto Musso -guitarra y voz
Santiago Tavella- bajo y voz
Álvaro Pintos- batería y coros
Gustavo “Topo” Antuña – guitarra y coros
Santiago Marrero- teclados, programaciones y coros

Página oficial : www.cuartetodenos.com.uy

Sugerencia de Coca…
Gracias!

Un tal Dardo Pereyra

Hoy hace 39 años que murió Dardo Pereyra. Nacido el 18 de febrero de 1910, —años difíciles— en Monroe, un pueblo actualmente casi desaparecido, a 20 kilómetros de Salto en la Provincia de Buenos Aires, estación del ferrocarril San Martín, ramal Rawson – Arribeños. Tengo pocos recuerdos transmitidos de su niñez, hizo sus estudios primarios, creo que entonces eran 3 años, sobreviviendo apenas en esa época a una fiebre tifoidea. Alguna vez me mostró una casa, cercana al actual balneario municipal de Salto, donde transcurrió parte de su niñez, frente al río, cuando el agua del manantial, —luego adjudicado a Pancho Sierra, santo y prócer lugareño— discurría entre las toscas elevadas del margen izquierdo del río.

Recordaba de esa época, la visita clandestina de un tío, hermano de su madre, que llegó una noche a visitar a la hermana y partió antes del amanecer, era un “gaucho renegado” al estilo de Juan Moreira, perseguido por la justicia, no sé por qué crímenes, que le dijeron no mucho tiempo después murió enfrentado en duelo criollo con un sargento de la policía, ambos murieron, contaba la historia, “uno sobre el otro, en cruz…”

Abuelo Vicente Pereira

Don Vicente Pereira

Su padre, Vicente Pereira, hijo de portugueses, (la “i latina” se perdió cuando en los registros civiles de principios del siglo XX no se prestaba mucha atención al tema, por lo cual tanto Dardo como sus hijos, pasaron a ser Pereyra con “y”), contaba que escapó al reclutamiento forzado para la lucha en los fortines, ocultándose en un tanque de agua elevado de la estancia “La Paloma” de los Pacheco Alvear, terratenientes de la zona. Fue arriero, hombre de campo toda su vida, curtido, una cicatriz surcaba su cara, la historia cuenta que provocada por un vengativo que quiso cobrarse una vergüenza que le había hecho pasar, dándole un hachazo con su cuchillo mientras dormía con su apero como almohada, dicen que lo corrió facón en mano hasta que la sangre en sus ojos no le permitió ver como para alcanzarlo. Murió en la década del 40.

Borbonia

Borbonia Quiroga

Su madre Borbonia Quiroga, altiva, cultivada —se conserva alguna carta con buena letra y prosa— personaje entrañable a la que llegué a conocer muy poco, murió en el 62, su familia provenía de la zona de Cuyo me contaron; había tenido una amiga que había estado cautiva de los indios y logrado finalmente escapar reintegrándose a la vida en el pueblo de Salto, fortín de avanzada en las épocas de finales del siglo XIX.

Vicente y Borbonia

Borbonia y Vicente

Dardo tuvo cinco hermanos, dos varones uno mayor y uno menor y tres hermanas.

Peón de campo en su juventud, Dardo hombreaba bolsas, jugaba al fútbol y bailaba muy bien el tango, lo cual le proporcionó el apodo de “Tangón”. Seductor, con sus trajes de casimir y sombrero “gacho” como el que usaba Carlos Gardel, exitoso con las chicas de la época y con algunas señoras también, acumuló peleas por celos, fugas en las oscuras noches de los pueblos vecinos y otras historias que mi vieja, risueña, contaba a veces.

Dardo Pereyra

Dardo en Luján

Con amigos

Con amigos (abajo a la izquierda)

Fue peón golondrina, (aquellos que viajaban en los trenes cargueros, a veces sobre los techos de los vagones, hacia pueblos donde había cosecha y la posibilidad de ganar unos pesos), recuerdo que me comentó, que entre otros sitios, había andado por Quequén en el sur de Buenos Aires.

Año 1931 ingresa al servicio militar, con su metro ochenta, su ancha espalda y siendo excelente jinete, fue destinado al Regimiento de Granaderos a Caballo, conociendo por primera vez Buenos Aires en ese año, contaba que recorrían con los compañeros los lujosos prostíbulos de la capital, con sus mujeres europeas en batas de seda y luego terminaban —por lógica— en algún modesto cuchitril, donde alguna criolla le haría olvidar por un rato a su familia y amigos, para esa época, a la incómoda distancia de 180 kilómetros.

Granaderos 1931 1

Segundo arriba de izquierda a derecha

La foto del desfile muestra a los granaderos el 9 de julio de 1931, acto presidido por José Félix Uriburu, que había derrocado el 6 de septiembre del año anterior al presidente Hipólito Yrigoyen.

Granaderos 1931 3

Desfilando el 9 de julio

Por esas épocas supongo, habrá transcurrido un hecho policial en su familia, su hermano dos años menor, Manuel, le había disparado con su “38” un balazo, a alguien con quien había mantenido una disputa en la calle principal de Berdier, frente al “Restaurant Pira”, propiedad de mi abuelo materno. Enterado de los sucedido por boca de su hermano, tomo el revólver y fue a ver si el herido, en caso de haber sobrevivido pensaba hacer la denuncia, en cuyo caso preveía volver a usar el arma para terminar con el problema, por suerte la víctima decidió dejar todo como estaba y la única resultante fue la requisa del Smith y Wesson 38 a manos de la policía, pérdida que siempre lamentó, (eran épocas en las cuales volver a caballo por las noches a la casa, por caminos rodeados a ambos lados por maizales o sombríos montes, hacían de un buen revólver una compañía deseada).

Restaurant Pira

Restaurant y Hotel Pira con las banderas de Argentina y Cerdeña

Paseando un día con él por la vereda del ya abandonado restaurant y hotel de mi abuelo, me mostró el agujero que había dejado en una de las paredes, la bala después de rebotar en las costillas del antiguo rival de la familia.

Documento 06 1941

Dardo en 1941 (Cedula de Identidad)

Alrededor de los 30 años se casó con Octavia Pira, mi vieja, hija de inmigrantes de Cerdeña, que contaba en ese momento con 20, comenzando otra etapa ya mucho más dura, de su vida.

Dardo y Octavia

Dardo y Octavia

Trabajaron duramente, en la localidad de Brandsen, como ayudantes de un capellán mayor del ejército  en tareas de limpieza y mantenimiento de lo que supongo sería una chacra en las afueras de la ciudad.

Más tarde recalaron en Buenos Aires, sé por cartas que se intercambiaban y que aún se conservan, que estuvieron dolorosamente separados un tiempo —habiendo nacido ya mi hermano mayor, en el año 48, (segundo hijo, pues uno anterior murió al nacer o muy pequeño)— Dardo se vino a buscar trabajo para luego de establecido, volver a vivir juntos.

Logrado esto se radicaron en Ciudadela, —Estación ferroviaria al Oeste del Gran Buenos Aires— en un ambiente que estaba destinado a cochera, de la casa en la que vivía su hermano menor Manuel.

De ese sitio fue secuestrado una noche por la policía, en las oscuras épocas de la llamada “revolución libertadora”, durante una serie de eventos que culminaron con los fusilamientos del General Valle y en José León Suarez de 12 civiles, el 9 de junio de 1956, como represalia a un levantamiento contra el gobierno militar —buscaban en realidad a un primo de él que vivía en un sitio cercano y pertenecía a la resistencia peronista contra el régimen— y luego de varios días en la comisaría de Ciudadela, donde negaban su presencia a la familia, fue trasladado a la cárcel de Olmos, donde permaneció un par de meses bajo amenaza de fusilamiento inminente.

Segunda vez que estuvo a punto de morir por ser peronista, aunque ni siquiera estaba afiliado al partido; la primera había sido cuando, trabajando en la fábrica Mercedes Benz, fue trasladado con sus compañeros en ómnibus hacia la Plaza de Mayo el 16 de junio de 1955, —día del criminal bombardeo y ametrallamiento contra la casa de gobierno y la población civil, perpetrado por la aviación naval con el objetivo de matar o derrocar a Juan Domingo Perón— cuando las bombas comenzaron a caer estaban ya en el centro, a pocas cuadras, pero lograron detener los ómnibus y huir a salvo.

En alguno de los inolvidables paseos que hacíamos cada tanto los domingos, durante mi niñez, me mostró los agujeros de la metralla naval en los frentes cubiertos de granito del actual edificio de la AFIP frente a Plaza De Mayo.

Llegado el año 1958 nace su segundo hijo —yo— y se mudan a Haedo, también en el Oeste del Gran Buenos Aires, a una casa de un cuñado que estaba deshabitada, sobre la Avenida Gaona aun de tierra, a metros de donde hoy se encuentra el Showcenter de Haedo, trabaja en la fábrica de telas plásticas Plavinil en Villa Lugano de la Ciudad de Buenos Aires, saliendo de casa cada día a las 4 de la mañana para retornar a las 17 hasta que se jubiló. En dicha fábrica —contado por mi madre— le ofrecieron el puesto de capataz, ascenso que declinó por no querer mandar sobre sus amigos y compañeros de trabajo, me lo contó con orgullo, aun sabiendo que ese ascenso habría significado una mejoría en su estándar de vida, pero para él siempre prevaleció la idea del compañerismo por sobre los bienes materiales, —que les eran escasos— reflejando su elección la forma de vida elegida, sobre la cual nunca se permitió transar.

1963

Año 1963, Alberto, Juan Carlos, Octavia y Dardo en el cumpleaños de un vecino.

Allí vivió el matrimonio y sus dos hijos hasta el año 1967; luego que le anoticiaran que debía devolver la casa, lograron comprar en cuotas, un terreno a pocas cuadras y con mucho esfuerzo y la ayuda de vecinos y familiares se levantó la que fue la primera casa propia, utilizando dos paredes medianeras antiguas existentes y contando con la mano de obra de algún albañil, lento pero económico, que fue levantando el resto de las paredes de las dos habitaciones, baño y cocina que conformaron la vivienda. Recuerdo el día que se techó, día de solidaridad de familiares y amigos y correspondiente asado.

Esa es la época que mejor puedo testimoniar por haberla compartido. En esa casa, a través del primer televisor que tuvimos, teniendo él la edad con la que cuento ahora, —en ese momento yo tenía 11—  vivimos la llegada del hombre a la luna, cuestionada su realidad después, pero inolvidable para quienes lo presenciamos entonces.

Eran tiempos de vecindario en formación, había muchos terrenos aún baldíos en esas manzanas y era común la amistad y ayuda entre vecinos, con los chicos jugando hasta tarde en la noche en la calle, primero de tierra y más tarde asfaltada, mientras los padres y madres tomaban mate y charlaban mientras espantaban los abundantísimos mosquitos que por allí pululaban.

Se organizaba cada tanto un asado multitudinario siendo siempre él, el encargado de la parrilla, al igual que en Plavinil, donde esa tarea siempre estuvo a su cargo con reconocimiento y agradecimiento de sus compañeros.

De esos tiempos recuerdo muy intensamente las manifestaciones de sus pasiones, el tango, Boca Juniors y Perón.

El tango lo llevaba consigo todo el tiempo, los silbaba o cantaba mientras hacía alguna tarea y lo bailó con destreza y buen gusto toda su vida.

Con el fútbol tenía una sufrida relación, por ejemplo, recuerdo que llegó a  permanecer puteando a un tal Curioni, un jugador de Boca desafortunado en la concreción de los tantos, hasta media hora luego de haber finalizado el partido, por haber errado un par de goles que habrían definido el resultado a favor de su equipo, escuchaba los partidos por la radio portátil, caminando de un lugar a otro e insultando a viva voz a quien correspondiere en cada situación.

Respecto a su fervor peronista, la historia involucra a un vecino extremadamente anti peronista —vulgarmente conocido como “gorila”— que cada 16 de septiembre, aniversario del golpe militar que había derrocado a Perón en 1955, colgaba en una de las ventanas de su casa, que daba a la calle, una bandera argentina; don Dardo, como lo llamaban los vecinos, pasaba una y otra vez por la vereda, silbando lo más fuerte que le salía la “Marcha Peronista”, que identificaba a Perón y su pueblo, con la esperanza que el gorila vecino saliera a increparlo, pero… Pese a que cada año lo hacía, pasando capaz diez veces en el día, el susodicho nunca asomó ni la nariz de su casa.

En el año 73 falleció con 53 años de edad, Octavia, su compañera durante más de treinta años a la cual seguía llamando “Tavita” y ella a él “Dito”, haciéndose él a partir de ese momento cargo del hogar, con todo lo que conllevaba, nunca le oí quejarse de su suerte. Ya jubilado utilizaba algún terreno que aún quedaba sin construir vivienda en él, para, con permiso de los dueños, hacer quintas en las que sembraba tomates, lechuga, zapallitos, ajo, cebollas y todo lo que era factible cultivar en pequeña escala, disfrutando todos de excelentes verduras en calidad y cantidad, provenientes de su labor.

Fueron esos años en los cuales lo llegué a conocer mejor, ya llegado el momento de mi servicio militar, cuando charlábamos mientras le cebaba unos mates en tanto él regaba las plantas de la quinta de turno o cuando compartíamos un whisky mientras veíamos por la noche el partido de Boca de la fecha después de cenar.

Dardo en los 70's

Dardo en los años 70

Lamentablemente llegó ese 14 de julio de 1978, tenía 68, cuando una operación luego de estar un tiempo internado en el Hospital Posadas, terminó con sus días, capaz la enfermedad, capaz el cirujano, quizá el anestesista… Algo provocó que ese viaje al quirófano fuera el último que emprendiera, tras una noche que tuve la suerte de compartir con él en el desvelo del miedo a la operación que vendría, donde charlamos como amigos, en voz baja, con la luz tenue que entraba desde las ventanas de la habitación, hasta que llegó con la mañana, el momento de la despedida…

Pocos días atrás había terminado el mundial de fútbol del año 1978, que había ganado Argentina, mundial controvertido, utilizado como tapadera por el gobierno militar de turno para cubrir sus asesinatos y violencia institucional, pero siempre para mí un recuerdo grato, porque fue su última gran alegría, un sueño hecho realidad como futbolero fanático que fue.

Dardo fue un hombre que hizo un culto de la humildad, la amistad y el compañerismo, buen marido, buen padre, querido por familiares y vecinos, conciliador pero firme en sus convicciones, cabrón cuando se le daba, pero por sobre todo buena persona, ese fue don Dardo Pereyra, mi viejo.

Juan Carlos Pereyra

Gaby Moreno – Luna de Xelajú

Luna, gardenia de plata,
que en mi serenata
te vuelves canción.
Tu que me viste cantando,
me ves hoy llorando
mi desilusión.

Calles bañadas de luna
que fueron la cuna
de mi juventud.
Vengo a cantarle a mi amada,
mi luna plateada
de mi Xelajú.

Luna de Xelajú…
Que supiste alumbrar
en mis noches de pena,
por una morena de dulce mirar.

Luna de Xelajú…
me diste inspiración,
la canción que te canto,
regada con un llanto
de mi corazón.

En mi vida no habrá
más cariño que tú, mi amor…
Porque no eres ingrata
mi luna de plata, luna de Xelajú.

Luna que me alumbró
en mis noches de amor,
hoy consuelas la pena
por una morena, que me abandono.

Paco Pérez


“Luna de Xelajú” es un popular vals-canción de Guatemala. Fue compuesta por Paco Pérez (1917-1951), cantante nacido en Huehuetenango.

Xelajú es el nombre utilizado por la etnia k’iche’ para la ciudad guatemalteca de Quetzaltenango. La canción fue dedicada a Eugenia Cohen, una bella dama que enamoró al autor de la canción, pero que luego lo abandonó por el rechazo de sus padres a la relación.


GM

Gaby Moreno

Gaby Moreno nació en Ciudad de Guatemala, Guatemala, el 16 de diciembre de 1981, es cantautora y guitarrista. Su música ha sido influenciada por los ritmos soul, folk, blues, rock y bossa nova y la música tropical además de las influencias latinoamericanas de su país natal. Actualmente reside en Los Ángeles, California.

En el año 2013 ganó el premio Grammy por su álbum “Postales”

 Discografía

2008: Still the Unknown (lanzamiento independiente).
2010: A Good Old Christmastime (EP).
2011: Illustrated Songs
2012: Postales (Metamorfosis).
2012: Didn’t it rain (álbum) (Participación en el álbum de Hugh Laurie).
2014: Posada (álbum).
2016: Ilusión (álbum).